Las siete parábolas de los misterios del reino de los cielos (Primera parte)

Las siete parábolas de los misterios del reino de los cielos (Primera parte)

 

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.” (Mt. 13: 10, 11).

 

En Mateo 13, el Señor Jesús tiene mucho interés en que sus amados discípulos – y por extensión todos nosotros, sus discípulos de estos días – aprendiéramos los pormenores y características del Reino de Dios. Para ello empleó un total de siete diferentes parábolas, denominadas por el Señor: “Los misterios del Reino de los cielos”.

 

  1. El Sembrador
  2. El trigo y la cizaña
  3. La semilla de la mostaza
  4. La levadura
  5. El tesoro escondido
  6. La perla de gran precio
  7. La red

 

En las Escrituras, un misterio es una verdad escondida a lo largo de los tiempos, y que finalmente ha sido dada a conocer abiertamente a través de la revelación neotestamentaria, y esto a su vez, también fue un proceso desde Juan el Bautista, hasta el libro de Apocalipsis, con el que se cerró el canon bíblico

 

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En Mateo 13, el Señor se dirigía en parábolas a los que le escuchaban, que eran judíos, en un contexto todavía veterotestamentario. El concepto “Iglesia”, era algo que no se conocía todavía, por eso les hablaba en otros términos, como el de “El Reino de los cielos”.

 

La fórmula que el Señor empleó: “El Reino de los cielos es semejante a…” – cada vez que narraba una parábola – era la realización del mejor intento posible de hacer entender a personas muy cegadas espiritualmente, la realidad espiritual que empezó a acontecer a partir de la predicación de Juan el Bautista, seguida de la de Jesús y que llegó a su punto álgido a partir del rechazamiento del Reino Mesiánico por parte de los judíos, y el consiguiente surgimiento de la Iglesia en el libro de Hechos.

 

El desvelamiento de los “misterios del Reino de los cielos”, constituye la explicación a diferente nivel (por parábola y abiertamente) de la realidad de la predicación del Evangelio del Reino, de su efecto y reacción en un mundo perdido, convulsionado y condenado por causa del pecado principiando en Israel, así como de la reacción y obra de las tinieblas al respecto. Por tanto, el entendimiento de lo que es el Reino de los Cielos, es prerrogativa de los discípulos de Cristo; a ellos les es concedido esa revelación, y no a los impíos impenitentes.

 

No obstante, el Señor en su misericordia, no excluyó del todo a las gentes que le rodeaban, y se dirigió a ellos también desde la barca, pero esta vez a través de parábolas (ver Mt. 13: 1, 2), “y les habló muchas cosas por parábolas…” (v. 3).

 

No les es dado porque no lo pueden recibir a causa de su incredulidad.

 

Por ello, extrañados sus discípulos, en un momento dado le inquirieron preguntándole por qué hablaba en parábolas – es decir – por qué no hablaba específicamente, sino a través de ilustraciones de la vida corriente.

 

Esta vez, la respuesta del Maestro fue diáfana: “El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.” (Mt. 13: 11), e insistió diciendo que a todo aquel que tenga – entiéndase, luz de parte de Dios por ser creyente – se le dará más, pero a aquel que en un momento se le dio y no quiso hacer caso de ese don, aun eso que recibió se le quitaría (Mt. 13: 12).

 

La habilidad de comprender la verdad espiritual, es un regalo de Dios. Nadie puede entender las cosas de Dios, si no es por el Espíritu Santo (Jn. 14: 15-17)

 

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” (2 Corintios 4: 6)

 

En cambio, los infieles o reprobados, aunque algunos se llamen a sí mismos creyentes (tal era el caso de muchos de los judíos que escuchaban las parábolas de Jesús), carecen de ese privilegio. Estos que son sabios en su propia opinión, han cosechado las consecuencias de su incredulidad y rebelión, y una de ellas es ceguera espiritual: “Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden”, les dijo el Señor (Mt. 13: 13). Todo ello ya fue profetizado por Isaías (ver 6: 9, 10). El apóstol Pablo también habló de los incrédulos cuando escribió:

 

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2 Corintios 4: 3, 4)

 

El enemigo ciega los ojos de los que ya son incrédulos, y lo son porque no creen, por eso el diablo les ciega”

 

El diablo ciega el entendimiento de aquellos que no quieren creer – que son incrédulos. Este es el caso de todos aquellos que escucharon una vez el Evangelio, y no hicieron caso. Esta realidad queda perfectamente detallada en la primera sección de la parábola del Sembrador y en su posterior explicación a los discípulos:

 

“…el sembrador salió a sembrar, y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron… Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el maligno, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.” (Mateo 13: 4, 19)

 

En un camino no es el lugar de plantar la semilla, sino en el campo. En un camino la semilla cae por error.

 

Las siete parábolas de Mateo 13, describen – tomándolas en su conjunto – el resultado de la expresión del Evangelio en el mundo durante la dispensación del mismo. Comienza con la siembra, la cual emprendió primeramente el Señor Jesús a través de su ministerio en Israel, y terminará con la siega mencionada en Mt. 13: 40-43 o 13: 47-50.

 

En el cristianismo profesante, encontramos una mezcla comparable al trigo con la cizaña (V. 24-30) o con la red que recoge “toda clase de peces…recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera” (V. 47, 48)

 

El pastor Paul David Washer, ante 5.000 jóvenes en el Youth Evangelism Conference de 2002, en Montgomery, Al, (USA), conferencia a la cual no fue invitado más, a causa de que su mensaje veraz y radical incomodó presumiblemente a más de uno, dijo que:


 “Estoy aquí hoy entre vosotros, y no le preocupa a mi corazón tu autoestima, no me preocupa si te sientes bien contigo mismo o no, o si la vida te está saliendo como quieres o no; o si tu chequera está bien llena o no. Sólo hay una cosa que me ha quitado el sueño la pasada noche; sólo hay una cosa que me ha atormentado toda esta mañana, y es esta: Dentro de cien años, la gran mayoría de las personas que están en este edificio, posiblemente estarán en el infierno; y muchos de los que incluso profesan a Jesucristo como Señor, pasarán la eternidad en el infierno…”  

 

El pastor Washer, justamente se estaba refiriendo a todas esas personas que se creen trigo, pero en realidad son cizaña (de todos es sabido que la cizaña se asemeja mucho al trigo). Muchos creen que son de Dios – como aquellos judíos del tiempo de Cristo (ver Jn. 8: 41) – pero en realidad no lo son. Otros no cuidan su salvación, cuando la palabra nos ordena que la cuidemos con temor y temblor: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Fil. 2: 12)

 

El pastor Paul David Washer  

 

Los misterios del Reino de los Cielos

 

Primer misterio. El sembrador

 

“Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó,  y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;  pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.” (Mateo 13: 1-9)

 

A partir del momento en que Juan el Bautista fue por el desierto de Judea declarando con voz en cuello que todos debían arrepentirse, ya que el Reino de los Cielos se había acercado (Mt. 3: 2), y asimismo ocurriera con el Señor Jesús después que Juan fuera encarcelado, que marchó a Galilea, diciendo exactamente lo mismo: que el tiempo se había cumplido y que el Reino de Dios se había acercado y que creyeran en el Evangelio (Mr. 1: 14, 15), la figura del sembrador cobró protagonismo.

 

“El Sembrador”

 

Como dijimos, Jesús en todo nos da ejemplo, y Él mismo – después de Juan el Bautista (Mt. 3: 2) – principió la siembra echando la preciosa semilla que es la Palabra del Reino (ver Mt. 13: 19), es decir, la Palabra de Dios (ver Lc. 8: 11).  La necesidad y urgencia de buscar el obedecer a Dios conforme a Su voluntad, es definitivamente la Palabra del Reino.

 

Tanto la semilla que sembró el Sembrador – Jesucristo – como la que sembraron sus discípulos, y se sigue sembrando hoy en día, según donde caiga, da fruto constante o no. La que cae junto al camino no puede germinar, porque las aves se la comen – esto es – el diablo se apresura a robarla del corazón del oyente pasivo e inapetente de las cosas de Dios (Mt. 13: 19).

 

La que cae en los pedregales, germina rápido, pero pronto se seca, porque apenas hay tierra – esto es – que el que oye la palabra se goza al momento, pero al venir los seguros conflictos y aflicciones que implican la vida cristiana, da marcha atrás o tropieza (Mt. 13: 21).

 

La que cae entre espinos, en un principio germina, pero pronto la fuerza de la mala hierba se impone y la ahoga – esto es – que los afanes de este mundo y sus engaños, hacen que ese oyente se aparte del beneficio de la Palabra de Dios (Mt. 13: 22). En cambio, la semilla – la Palabra de Dios – que cae en buena tierra, siempre da fruto – al 100%, al 60%, al 30% – esto es –  el que oye y entiende la Palabra, y la pone por obra en esa misma proporción.

 

“Los espinos ahogan la plantita que surge de la semilla germinada. Por eso es tan importante guardarse de este mundo”

 

El lugar donde cae la semilla – la cual es siempre la misma – es el corazón de cada persona. Si el corazón es buena tierra, la planta que sería la vida en Cristo de cada quien, y que brotaría de la semilla, crecería sana y robusta en Dios. Si el corazón es mala tierra, aunque llegara a brotar esa semilla – que es la Palabra de Dios – pronto dejaría de existir.

 

“El Sembrador va sembrando”

 

Todo este proceso de siembra/cosecha/no cosecha, ha sido hasta la fecha el modus operandi en el cristianismo principiando con Juan el Bautista hasta nuestros días, y así será hasta el último día. Este es el misterio desvelado de la Parábola del Sembrador.

 

Juan el Bautista, el verdadero revolucionario

 

“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.” (Mateo 3: 1-3)

 

El Reino de los cielos empezó a sufrir violencia a partir de Juan el Bautista, porque el Reino de los Cielos se acercó a la tierra; se acercó a los hombres perdidos y condenados, los cuales reaccionaron de diferentes maneras. Unos rechazándolo abierta y hasta violentamente; otros pocos, entendiéndolo lo suficiente como para querer de veras entrar en él.

 

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia…”  (Mt. 11: 12)

 

Juan el Bautista, desde el momento en que comenzó su ministerio de predicación (Mt. 3: 1) provocó una fuerte reacción, y el diablo a través de Herodes matándole, intentó también con violencia detener el avance de la enseñanza del Reino de los Cielos.

 

El Reino sufrió violencia por todo lo mencionado, pero Jesús de Nazaret prosiguió con Su predicación, y después de Su ascensión a los cielos, este Evangelio del Reino siguió siendo proclamado, y lo será hasta el Día del Señor (2 Ts. 2: 2).

 

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.”  (Mt. 11: 12)

 

Esos violentos mencionados por el Maestro (en Gr. biastes – “que usan de fuerza”), son los que “se esfuerzan en entrar en el Reino” (Lc. 16: 16). Ese esforzarse en entrar en él implica el pasar por la puerta estrecha, entrando y manteniéndose en el camino angosto que lleva a la vida:

 

(Mt. 7: 13, 14) “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

 

La única manera de entrar en el Reino de Dios, es a través de esa puerta estrecha que es la fe, únicamente en Jesucristo, permaneciendo y avanzando por el camino angosto. El Señor continuamente enfatizó la dificultad de seguirle (Mt. 10: 38; 16: 24; Jn. 15: 18, etc.), por esa razón, y volviendo a la parábola del sembrador, mucha de la semilla que cayó y germinó, a la postre no prosperó. Esto mismo les ha pasado y les pasa a muchos en muchas partes del globo terráqueo. Empezaron, se esforzaron, pero no prevalecieron.

 

“La semilla no sabe donde cae”

 

Somos bienaventurados

 

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. (Mateo 13: 16, 17)

 

Aquí tenemos una aclaración necesaria para lograr entender lo que veníamos diciendo. Lo que fue un gran misterio por siglos, dejó de serlo cuando fue revelado con toda luz. Previamente, al profeta Isaías le fue revelado el rechazo y la crucifixión del Rey (Is. 53); y también al profeta Zacarías (Zac. 12: 7), entre otros.

 

A Daniel se le dio a saber que un día el Hijo del Hombre recibiría el Reino, y que habría una salvación para muchos (Dn. 7: 7: 13, 14; 12: 3), pero todas estas maravillas ellos no las iban a gustar en su tiempo, a diferencia de los discípulos de Cristo, y de todos nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos (1 Co. 10: 11). El apóstol Pedro habló de todo ello con claridad:

 

“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.  A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.” (1 Pedro 1: 10-12)

 

Y que esta salvación, no sólo iba a ser reservada para los judíos, sino también para los gentiles, lo cual fue todavía más sorprendente:

 

“… podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio” (Efesios 3: 4-6)

 

“Cuando la semilla cae en el pedregal”

 

Segundo misterio. El trigo y la cizaña

 

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;  pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.  Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.” (Mateo 13: 24-30)

 

Esta es otra parábola que Jesús interpretó para sus discípulos. Fue un misterio que el Señor Jesús les reveló, antes de que su realidad intrínseca se manifestara de manera comprensible. Este misterio revelado, no tenía que ver con Israel, sino con lo que sería a partir de Ananías y Safira principalmente la realidad de lo que llamamos Iglesia (Hchs. 5). Ya el Señor lo advirtió antes de que llegara a ocurrir, de ese modo ese desvelamiento del misterio fue en sí mismo un acto profético.

 

Aquí de nuevo el Señor compara el Reino de los Cielos con toda una actuación antagónica que nos ayuda ha entender la realidad de lo que ocurre y de lo que nuestros ojos de carne no siempre se aperciben. Es el intento del enemigo de contaminar, profanar, e infiltrar su mala semilla allí donde Cristo siembra su semilla.

 

Es, y ha sido la realidad vivencial que como somnoliento espectador ha contemplado el mundo, y que ha experimentado y experimenta lo que comúnmente llamamos Iglesia a lo largo de los siglos, y debo decir que en mayor proporción, en estos últimos días, previos al retorno del Señor a por los suyos, cuando la lucha espiritual se intensifica exponencialmente.

 

La parábola del trigo y la cizaña, en realidad, no es una descripción del mundo como tal, sino que lo es de todos aquellos que profesan pertenecer al Reino. Unos verdaderamente pertenecen a él, otros muchos, no. Así pues, el Señor nos vino a decir por esa parábola, que el Reino de los cielos aquí en la tierra y en la Iglesia, sufre contaminación y plaga desde el principio de la misma, y también es eso parte de la violencia que padece ese Reino (Mt. 11: 12).

 

Los primeros cizaña que el libro de Hechos nos muestra como tales, fueron Ananías y Safira, y a diferencia de la sucesiva cizaña según el contexto de la parábola y su explicación, éstos – decimos – sí fueron cortados de raíz y de inmediato (Hchs. 5: 1-11). Más adelante estudiaremos más de cerca el caso de estos dos cristianos profesantes, falsos por demás.

 

Escudriñando

 

Como el Señor refiere, Él mismo es el Sembrador que siembra la buena semilla (Mt. 13: 37). Esa buena semilla aludida es ya el fruto de la Palabra en la vida del que la recibió con fe. Leemos así:

 

“…siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1: 23)

 

El Señor, por tanto, se está refiriendo a las personas que nacen de nuevo (Jn. 3: 3) por creer y recibir a Cristo (Jn. 1: 12): “….la buena semilla son los hijos del Reino…” (Mt. 13: 38b). Todas estas personas, de todos los tiempos, vivían y viven en el mundo (Mt. 13: 38), cumpliéndose así las palabras de Jesús:

 

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3: 16)

 

Este mundo aludido (kosmos en Gr.) no lo es en el sentido de lo pecaminoso per se, sino que se refiere a las gentes en general; la humanidad, la cual Dios ama, y por la cual, Cristo fue entregado.

 

Así que el Sembrador – que es Cristo – siembra el mundo de hijos del Reino – es decir, de verdaderos cristianos – componiendo de esta manera Su trigal. Esto nos enseña que ese trigal, es decir la verdadera Iglesia, reside en el campo, que es el mundo: “El campo es el mundo…”  (Mt. 13: 38)

 

“El campo es el mundo”

 

Hasta aquí, vemos dos realidades opuestas que coexisten: El Reino de Dios, el cual está en la Iglesia, y el reino del maligno el cual está en el mundo, y el mundo bajo éste:

 

“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.” (1 Juan 5: 19)

 

Los hijos del maligno

 

Pero no queda ahí la cosa. Resulta que el diablo – el enemigo de Cristo – el cual como ladrón ha venido a matar, hurtar y destruir (Jn. 10: 10), de forma subrepticia, ha sembrado y sigue sembrando su propia semilla, la cual son sus hijos (Mt. 13: 38b). Esos hijos del diablo son muy parecidos en apariencia a los hijos de Dios, por eso el Señor nos habla del trigo (sus hijos), y de la cizaña (los hijos del diablo).

 

Nótese que esos hijos del diablo, son hijos, porque – a sabiendas o no – atienden a su voluntad. Los impíos ateos, aunque perdidos de igual manera, no se les debería considerar como hijos del diablo, porque viven de forma ausente a él. Escribe al respecto Scofield:

 

“A los que son meramente incrédulos, no se les llama nunca hijos del diablo; sólo a los incrédulos religiosos se les denomina así”

 

“El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.” (Mt. 13: 38) Comparemos este versículo que nos habla de los hijos del maligno como cizaña, con los judíos de Jn. 8: 38-44, o los fariseos de Mt. 23: 15.

 

En cuanto a los judíos que escuchaban a Jesús; (Juan 8: 44, 45) “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.”

 

Si nos damos cuenta, los que son en definitiva hijos del diablo, son creyentes, pero lo son a su manera, conforme a sí mismos y no conforme a Dios, aunque se consideren hijos de Dios. Estas personas no pueden recibir la verdad, y eso mismo les reprochó Cristo. Estas son personas engañadas a conciencia, empezando por ellas mismas, por haber rechazado la verdad de Dios.

 

Y en cuanto a los fariseos y escribas; (Mateo 23: 15) “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.”

 

Estos todavía iban más lejos en su maldad. No solamente no se contentaban con ser lo que en realidad eran – es decir, hijos del diablo – sino que además se esforzaban concienzudamente en conseguir hacer nuevos seguidores suyos, quizás por, entre otras cosas, justificarse mejor a sí mismos, y demostrarse y demostrar que eran “grandes hombres de Dios”.

 

La cizaña

 

La cizaña es muy parecida al trigo. Según la Real Academia Española de la Lengua, la cizaña  es una:

 

“Planta anual de la familia de las Gramíneas, cuyas cañas crecen hasta más de 1 m, con hojas estrechas de 20 cm de largo, y flores en espigas terminales comprimidas, con aristas agudas. Se cría espontáneamente en los sembrados y la harina de su semilla es venenosa.

 

La cizaña es un tipo de mala hierba que puede ser apenas distinguida del trigo hasta que este madura por completo. Cuando alguien odiaba a alguien, sembraba el campo de trigo del odiado con cizaña, con la intención de destruir el sustento de esa persona. Como nos dice MacArthur:

 

“Esta es una ilustración de los esfuerzos de Satanás por engañar a la iglesia mezclando sus hijos con los de Dios, haciendo en algunos casos que sea imposible para los creyentes discernir a los falsos de los verdaderos”.

 

Y añadimos a este comentario que el enemigo no sólo quiere engañar, sino destruir las iglesias de Cristo desde adentro a modo de caballo troyano.

 

“Según la Ilíada de Homero, el caballo gigante de madera fue utilizado por los griegos para entrar subrepticiamente en Troya, y destruirla por la noche desde adentro cuando todos dormían”

 

Lo que el Señor Jesucristo nos intenta trasladar, entiendo que básicamente son dos cosas:

 

1. La Gran Ramera;

 

2. Los falsos hermanos.

 

Por un lado, el diablo ha levantado su propia expresión de lo que es la Iglesia. La Biblia la llama la Gran Ramera (Ap. 17).

 

(Apocalipsis 17: 1) “Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas”.

 

Conque la cizaña se parece al trigo, la Gran Ramera se parece a la verdadera Iglesia, pero como la harina de la cizaña es venenosa, el fruto de la Gran Ramera también lo es. Ahora bien, la Gran Ramera es conocida por la verdadera Iglesia, de la cual siempre busca el apartarse:

 

“Oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18: 4)

 

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10: 27, 28)

 

Los verdaderos hijos de Dios, conocen y siguen el Espíritu de Cristo, y aunque por un momento pudieran ser engañados algunos, a la postre se aperciben del error y se apartan del mal.

 

Por otro lado, el Señor nos está hablando de algo, si cabe más peligroso por lo cercano y engañoso que resulta ser, y que ya hemos comenzado a describir arriba. Derivado de la Gran Ramera, innumerable cizaña está sembrada en el contexto del trigal. A modo de un serial de espionaje, se trata de infiltración aquí.

 

Aprovechando la semejanza de la cizaña con el trigo, a primera vista pasan desapercibidos los hijos del maligno en el trigal. Levantan las manos para alabar, cantan los cánticos, llevan sus biblias bajo el brazo, hablan el lenguaje evangélico, saben decir muy bien: ¡Dios le bendiga, pastor!, ¡Dios le bendiga, hermano! Oran, profetizan, hasta hablan en lenguas. Saben sonreír, aparentar humildad y amor. Son melosos, cariñosos y aparentan ser compasivos y preocuparse por los demás. ¡Parecen auténticamente cristianos!, pero no lo son. Son cizaña.

 

Aprovechando el sueño de muchos que deberían ser responsables de velar (Mt. 13: 25), lo cual se puede interpretar como negligencia, ingenuidad, falta de sagacidad, falta de discernimiento, pasividad, indolencia, ambición de almas, etc. el diablo ha sabido introducir, provenientes de la Gran Ramera o de su espíritu a sus enviados, los cuales se han infiltrado en el trigal, haciéndose pasar por trigo. La meta del diablo es ahogar el trigo, y transformar el trigal en un campo de cizaña. Una inmensa mayoría de la cizaña no se apercibe de lo que en realidad es – hijos del diablo – otros sí saben y hasta siguen una agenda específica.

 

“El diablo es el sembrador nocturno, esta vez de cizaña”

 

Escribe Scofield:

 

“El trigal de Dios llega a ser inmediatamente la escena de la actividad satánica, donde los hijos del reino se encuentran reunidos, allí “entre el trigo” (vs. 25, 38, 39), Satanás “siembra” “los hijos del malo”, quienes profesan ser hijos del Reino…Es tan grande el poder del diablo para engañar, que a menudo los mismos que representan la cizaña creen ser los hijos del Reino”.

 

Al respecto de esto último leemos así en Mateo  7: 21- 23;

 

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

 

Sea que sean conscientes de servir al diablo, como que no, es menester que seamos muy precavidos.  Esa es la razón por la cual no deberíamos decir a cualquier desconocido: “¡Bienvenido!” sin antes llegar a tener la certeza de que realmente es trigo. La Biblia así nos lo enseña:

 

(2 Juan 10, 11), “Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.”

 

Con demasiada facilidad, y hasta con negligencia, se deja el púlpito a cualquiera, y eso no es otra cosa sino “dormir”, y de tal sueño el diablo – que nunca duerme – de seguro que se aprovechará para introducir a sus hijos más de una y de dos veces; ¡Créanme!

 

Al final, todo se sabe, y Dios lo hará

 

“Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.” (Mateo 13: 28, 29)

 

Es tan parecida la cizaña al trigo, que cuando se le pregunta al Señor si se la puede arrancar, la respuesta es que no, ya que se puede por equivocación arrancar el trigo también, pero que en un momento determinado, cuando el Gran Trigal del Señor esté maduro para la siega, Él enviará a sus ángeles con instrucciones precisas los cuales harán esa definitiva separación (Mt. 13: 41, 42). Obviamente, el Señor no está diciendo aquí que hagamos imposibles. No podemos arrancar lo que no sabemos que es malo, sólo porque nos lo pudiera parecer. Cosa diferente es cuando sí lo sabemos fehacientemente.

 

Por eso, muchos han interpretado esto como que nada se puede hacer para evitar la cizaña, y tal pasividad ha sido una bonita excusa para abrir de par en par las iglesias a todo el mundo, de cualquier manera, y enseguida hacerles miembros, sin discernir, sin examinar.

 

De este modo se permite que cualquiera de cualquier forma entre en las iglesias, y luego vienen los problemas. Esto no es lo que el Señor está diciendo. Los pastores, ancianos, y también todos los miembros fieles y verdaderos de cada congregación, tienen la responsabilidad de velar por ella, y de no dormir. Pablo amonesta de la siguiente manera:

 

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.” (Hechos 20: 28-30)

 

Si se permite al maligno entrar en la congregación, no dude usted que lo hará. Las autoridades espirituales que Dios ha puesto en sus congregaciones, deben realizar su cometido, actuando con responsabilidad.

 

Entendemos que las palabras del Señor aquí, tienen en gran manera un sentido general y escatológico. Entendemos también – por tanto – que los verdaderos cristianos jamás podremos por nosotros mismos erradicar del todo esa plaga introducida por el maligno, pero siguiendo el principio de no cansarnos de hacer el bien, según tengamos oportunidad (Gál. 6: 9, 10), deberemos hacer lo que esté en nuestra mano hacer, siguiendo el principio expresado por Pablo a los ancianos de Efeso que hemos leído arriba.

 

La separación eterna

 

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”:

 

Mientras tanto, mientras todavía perdura la dispensación de la gracia y la existencia de la Iglesia como tal en este mundo actual, por lo general trigo y cizaña crecen juntos, aunque sólo en lo externo. En la economía de Dios, existe la separación tajante, porque: “Conoce el Señor a los que son Suyos…” (2 Ti. 2: 19). En ese sentido, el Señor ya tiene recogidos en manojos la cizaña (Mt. 13: 30), así como nosotros, los verdaderos hijos del Reino estamos ya resucitados y sentados en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Ef. 2: 6). Tanto es verdad una cosa como es la otra.

 

Y en relación a los eventos en lo natural que están por venir al respecto, al final de la presente edad la cizaña se pondrá aparte para el fuego eterno (v. 40), pero el trigo se recogerá primero en el alfolí (véase Jn. 14: 3; 1 Ts. 4: 14-17).

 

“El lago de fuego, llamado también infierno, es una realidad aplastante que muchos hoy en día niegan. Es el lugar específico adonde irán Satanás y sus trillones de millones de demonios, así como toda la humanidad impía, que no tiene a Cristo”

 

El falso evangelio producto de la cizaña

 

(Gálatas 1: 6-9) “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”

 

En el mismo espíritu de la cizaña, la cual fue sembrada (y es sembrada) por el diablo a través de todos sus agentes entre el trigal, existe un falso evangelio que es predicado por todas partes hoy en día, que sólo muestra exagerándolo, la cara amable y triunfalista de la fe, absolutamente obviando el hecho de que esta humanidad está perdida y bajo condenación, aunque salga y luzca el sol cada día, y cada día, muchos – otros no – puedan tener su pan sobre la mesa, y gasolina en el tanque de sus automóviles.

 

Lo cierto es que comparativamente, en esta generación son muy pocos los que se salvan, porque primeramente, no admiten su estado de condenados, sino que esgrimiendo su propio y muy corto sentido de la justicia, han llegado a creer que no son tan malos (PSYCHO MANTIS) (muchos creen que son buenos), y por tanto no necesitan entrar por la puerta estrecha, y mucho menos transcurrir por el camino angosto que lleva a la verdadera vida. Prefieren el ancho y autocomplaciente camino que lleva al infierno, aunque no saben (o más bien, no quieren saber) que eso es así.

 

Ese falso evangelio no parte de la extrema y absoluta necesidad que tiene el hombre de reconciliarse con Dios, arrepintiéndose de su pecado y su vida pecaminosa y creyendo en el Salvador recibiéndole en su vida, y viviendo todos los días del resto de su existencia en esta tierra absolutamente entregado a Dios y en obediencia a Él (Gál. 2: 20). Por el contrario, ese falso evangelio está enfocado en el bienestar del individuo, en su sentido de la autoestima, de cómo amarse a sí mismo, de cómo ser materialmente próspero.  Es un falso evangelio que incita al creyente a centrarse en sí mismo; por lo tanto, a avanzar en su egocentrismo.

 

Es decir, parte del posicionamiento jesuita de que el individuo es básicamente bueno – a diferencia de lo que la Biblia dice, que el hombre es malo, y de que el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud (Gn. 8: 21); y que por tanto, sólo cabe realizar algunas mejoras y ajustes en cuanto a su “calidad de vida”, y para ello vino el Salvador a este mundo, para hacer que la vida del hombre sea lo más feliz y exitosa posible. ¡Menuda blasfemia! Ese falso evangelio enseña que el hombre tiene el derecho a disfrutar de su vida, a sentirse bien consigo mismo y con los demás, ser una persona y un líder de éxito, prosperar, ser feliz y aprender a serlo.


“¡Tu mejor vida comienza hoy! – enseña Joel Osteen – Dios quiere que tu disfrutes tu vida ahora…La felicidad es una elección”

(Joel Osteen “Your Best Life Now”, p. 269)

 

Es un evangelio absolutamente antropocéntrico, que enseña a visualizar “el campeón que hay en uno”, y que ese dios de esos predicadores, a modo de papa Noel o genio de la lámpara de Aladino, siempre está de pie, dispuesto a satisfacer esos presuntos derechos del hombre. Es un falso evangelio basado en el hombre y para el hombre. Veamos como enseña de ese modo – dirigiéndose a personas impías – el hombre que pastorea la iglesia más grande numéricamente hablando de EEUU:

 

“Hay una semilla en ti que está tratando de enraizarse. Este es Dios intentando hacer que tú concibas. El está intentando llenarte con tanta esperanza y expectativa en cuanto a que la semilla crezca y conlleve una tremenda cosecha. Es tu tiempo. Tú puedes haber estado enfermo  por mucho tiempo, pero este es tu tiempo para estar bien. Tú puedes estar atado por toda clase de adicciones, toda clase de malos hábitos, pero este es el tiempo para ser libre. Tú puedes estar pasándolo mal financieramente, con toda clase de deudas, pero este es el tiempo para salir de ahí. Este es tu tiempo para crecer. Amigo, si tu te pones de acuerdo con Dios, este puede ser el momento más grande de tu vida”

 

(Joel Osteen “Your Best Life Now”, p. 10)

 

Esto… perdonadme un momento, por favor. Me acabo de acordar de algo justo ahora….

 

 

Seguimos…

 

Joel Osteen, porque de nuevo de él se trata, enseña a la gente a “hallar su vida”. Como él miles más por todas partes hacen lo mismo e incluso peor, en estos últimos días. En cambio Jesucristo enseñó todo lo contrario, cuando dijo:


“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10: 39)

 

Estos falsos maestros, no enseñan una vida de entrega y rendición absoluta al Señor donde el Señorío de Cristo es el todo en la vida del creyente, enseñan todo lo contrario. Enseñan el señorío del hombre, y a Dios como servidor del hombre.

 

“¿Qué ocurrirá con todos aquellos falsos maestros que en el nombre de Jesús enseñan herejía constantemente y seducen a su audiencia, muchas veces para su propio beneficio? En la foto, Joel Osteen.”

 

La Biblia enseña que no hay justo, ni aun uno; que todos hemos pecado, y en cuanto a nosotros mismos, estamos destituidos de la gloria de Dios, y que somos justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús (Ro. 3: 10, 23; 24). Esta es la puerta estrecha. Es la puerta que por ser tan estrecha, sólo puede pasar el individuo absolutamente despojado, habiendo dejado atrás de ella todo bagaje posible; todo lo malo y todo lo que suponía que tenía valor. Es la puerta de la renuncia a uno mismo. Es la puerta por la que uno entra por tomar su cruz y seguir a Cristo por ese camino angosto que a pesar de serlo, es el único camino que transcurre por en medio de este mundo depravado y perdido, y que lleva a la vida eterna.

 

Ese es el Evangelio del Reino, porque el Reino es la voluntad de Dios que empieza a cumplirse en la vida del individuo que entra por la puerta estrecha y sigue por el camino que es Cristo (Jn. 14: 6)

 

Ananías y Safira

 

“Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.  Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.” (Hechos 5: 1-11)

 

Podemos ver dos cosas en este relato. En cuanto a Ananías y Safira, Ananías y Safira amaban más dos cosas: La buena opinión de los demás/el dinero. Ellos no tenían el Espíritu de Cristo, por esa razón ni se dieron cuenta de que estaban mintiendo a Dios. Estas dos actitudes son absolutamente contrarias al Reino. Fijémonos que el propio Satanás pudo tener acceso al corazón de ese Ananías para llenarlo con su destrucción. No tenían temor de Dios, esa es una característica de aquellos que no tienen el Espíritu de Cristo, aun y llamándose cristianos. Son cizaña – se parece al trigo – pero no es trigo.

 

La segunda cosa que podemos ver – y como excepción – es la manifestación visible del poder de la justicia del Reino de los cielos en la Iglesia, esta vez a través de Pedro. Este fue un anticipo de esa justicia que será manifestada en el Reino Milenial:

 

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre” (Apocalipsis 2: 26, 27)

 

“Cuando uno constantemente busca el caer bien a todo el mundo, debería analizar sus motivos”

 

Como una excepción a la regla, el Señor usando la boca de Pedro, extirpó de la iglesia esa cizaña, y lo hizo para dar ejemplo a la iglesia desde el mismo comienzo de la misma. Por lo tanto no hemos de esperar que ese juicio vuelva a efectuarse de la manera como lo fue con esos dos siempre. Ahora mismo la iglesia – a modo de trigal – está infestada de Ananías y Safiras. Pero tenemos la promesa de que al final, toda esa cizaña será – no sólo apartada, como le consta al Señor – sino arrancada y echada al fuego eterno.

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