El Reino Ahora y el Nuevo Orden Mundial (I)

Consideraciones sobre el Reino y la Iglesia

 

INTRODUCCIÓN
¿Es ahora el Reino, o todavía tiene que venir?… En primera instancia, la pregunta puede parecer sin importancia, pero:

  • El caminar presente y futuro de la Iglesia depende de cual sea la respuesta.

Si preguntáramos a muchos cristianos sinceros hoy en día, obtendríamos diferentes opiniones, porque,

  • Existe demasiada enseñanza controversial acerca del asunto, y
  • Poca claridad de entendimiento acerca de la cuestión.

“Nuevas revelaciones” acerca del “Reino” se están enseñando por todas partes; a través de:

  • Libros, la televisión cristiana, la radio, conferencias, seminarios, vídeos, DVD´s, libros y cintas o CDs.

¿De qué reino hablamos?
Por lo tanto, primeramente, nos es necesario entender de qué reino estamos hablando cuando hacemos esa pregunta.

 

Cuando Daniel estaba ante Nabucodonosor interpretándole su sueño, el profeta mencionaba acerca de los diferentes reinos que existían y que se iban a levantar en la tierra (Dn. 2: 36-43).

 

Al mencionar todos aquellos reinos que daban un total de cuatro, Daniel prosiguió hablando de otro reino: “En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2: 44)

 

Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar que viniera el Reino, ese es el Reino al que hacía alusión Daniel: El prometido Reino Mesiánico.

 

Ese Reino es el llamado “Reino Mesiánico” o “Reino de Cristo”. Será este un Reino literal, no sólo espiritual, que abarcará todo el planeta (ver Dn. 2: 44; 7: 13, 14; Is. 9: 6, 7; Hchs. 1: 6, 7; Ap. 20: 6, etc. etc.).  Es el Milenio.

 

 1. LA PREGUNTA DE LOS DISCÍPULOS DE CRISTO
Sabemos que la Iglesia aquí en la tierra debe vivir en el Reino de Dios, pero, ¿se le ha encomendado a la Iglesia que establezca ese Reino?

 

Los discípulos le preguntaron a Cristo momentos antes de Su ascenso a los cielos:

 

¿Restaurarás el Reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1: 6, 7).

 

La respuesta fue, no acerca de la restauración del Reino a Israel, sino acerca de cuándo se iba a producir, que sólo el Padre iba a disponer, y que así nos ha sido revelado posteriormente en el libro de Apocalipsis: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos…” (1: 1); y (Ap. 20).

 

Por lo tanto, partimos de la base de que el Reino iba a ser restaurado a Israel, pero Cristo no dijo cuándo. Era (y es) cosa sólo del Padre.

 

El orden de los tiempos es importante
El hecho es este: Cuando se fue el Rey, se fue la esperanza del Reino…¡Hasta que el Rey vuelva!, cuando Jesucristo vuelva como Rey de los judíos para establecer Su Reino desde Jerusalén.

 

Las profecías del Antiguo Testamento acerca de dominio mundial, paz, justicia, Reino de Dios en la tierra, verdadera Teocracia serán cumplidas, solamente cuando Cristo regrese en gloria, jamás antes.

 

Esa es la respuesta a la pregunta acerca de cuando será restaurado el Reino a Israel que los discípulos ansiosamente le formularon al Maestro.

 

Nótese que el Señor Jesús es el León de la tribu de Judá, la raíz de David (Ap. 5: 5) y eso no ha cambiado. Dios todavía no ha terminado con Israel.

 

2. LO QUE SE ENSEÑA EN MUCHOS CÍRCULOS ECLESIALES
A – La Iglesia está llamada a establecer el Reino en esta tierra.

B – Se anima a todos los creyentes a avanzar en esa acción.

 

Con ello se predica y se enseña como cierto:

  • El Avivamiento Mundial;
  • La Reforma total a escala Mundial;
  • La Cristianización del Planeta;
  • El Establecimiento del Reino, sin el Rey presente.
  • El Reino de la Iglesia de Cristo.

No obstante, la Iglesia no está aquí y ahora para establecer el Reino en este mundo.

 

3. RAZONANDO
El hombre, aun el cristiano, no está capacitado para ejercer dominio sobre los demás hombres, ni en el nombre de Cristo. El mismo Señor enseñó así a sus discípulos:

“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20: 25-28).

 

Sin embargo, el Reino Ahora (Kingdom Now), dogmatiza acerca del hecho de que la Iglesia, aun sin Cristo presente, debe mandar sobre las naciones y sujetarlas a sí misma.

 

Sólo Cristo lo hará
Sólo Cristo puede gobernar a los hombres según la voluntad de Dios, y lo hará cuando regrese.

 

Leemos en la Palabra: “Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti” (Salmo 22: 27).

 

Aquí el salmista David, inspirado por el Espíritu Santo nos dice que en un futuro se volverán al Señor todas las familias de las gentes desde todo rincón del planeta.

 

Esto no ha ocurrido jamás, y no ocurrirá, sino hasta cuando Cristo vuelva en gloria.

 

La confirmación de esto último, la tenemos en el versículo siguiente: Porque de Jehová es el reino, y Él regirá las naciones(V. 28) Pero veamos:

 

A. Los dominionistas siempre han fracasado
Si como postulan los dominionistas, el profetizado Reino Mesiánico en la tierra debe ser establecido por la Iglesia, entonces deberíamos haber experimentado una dominación y una paz mundiales antes del regreso de Jesucristo, que hubieran empezado desde el momento de la Ascensión de Cristo a los cielos, aunque hubiera sido de modo progresivo.

 

No obstante, jamás la Iglesia de Jesucristo ha conseguido que se haga la voluntad de Dios en este planeta, entre otras razones, porque ese no es su llamamiento, y todos los esfuerzos que se han hecho para establecer por la fuerza el Reino, han fracasado y han sido de gran vergüenza y oprobio, blasfemando el nombre de Cristo.

 

Si lo que se pretende es que ahora es el tiempo como enseñan muchos, significaría que los cristianos deberíamos:

  • Tomar posiciones de poder en todas las naciones y estamentos de todo tipo;
  • Progresivamente, ir sacando del medio a los dirigentes impíos;
  • Imponer un supuesto gobierno de Dios, o Teocracia en este mundo.

 

A esto se le llama Dominionismo o Teología del Dominio, y el nombre corto es Reino Ahora (Kingdom Now).

 

B. El papel de la Iglesia en este tiempo
En estos últimos años, e in crescendo, conforme nos vamos aproximando al momento del Rapto de la Iglesia y la consiguiente resurrección de los muertos en Cristo, se va escuchando a viva voz por parte de muchos líderes cristianos de renombre, expresiones que no puedo encontrar en ningún lugar en mi Biblia:

 

“Dios levanta a Su Iglesia para conquistar y gobernar las naciones”;

“Vamos a dominar las naciones para Cristo”;

 

Vamos a discipular las naciones”,

 

Todo ello llevado a cabo como Iglesia, encabezada ésta por supuestos líderes muy ungidos, y en este tiempo.

 

Insistimos: No es esta la tarea de la Iglesia.

 

Si la Iglesia va a dominar sobre las naciones, levantando la bandera de Cristo en cada una de ellas, entonces debemos entender que aquí en esta dispensación, la Iglesia va a destruir al maligno y su sistema.

 

Esto es una herejía clara, porque la Biblia dice

  • Que en esta dispensación “…el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5: 19b);   y sólo Cristo en Su venida le atará por mil años (Ap. 20: 1, 2)
  • (Jesús dijo) “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18: 36);
  • Que sólo cuando suena la séptima trompeta (al final de la Gran Tribulación), “El reino de este mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo…” (Ap. 11 15)
  • Que sólo Cristo hará esa labor (Ap. 20)

 

C. ¿Cristo no puede todavía regresar?
Hay líderes renombrados que aseguran que Cristo no puede venir todavía ya que la Iglesia no ha cristianizado este mundo todavía; no lo ha dominado para Él.

 

Estos creen que es la Iglesia la que tiene que hacer ese trabajo, por eso, se atreven a decir que ciertamente Cristo no vendrá en los próximos cincuenta años, como poco.

 

Existe una encuesta que dice que, matemáticamente, según avanza la maldad sobre este planeta, se calcula que se necesitarían ¡30.000 años! para supuestamente cristianizar (que no convertir), este mundo.

 

Por lo tanto, el papel de la Iglesia de Jesucristo es otro que el que muchos enseñan.

 

D. La Iglesia está aquí y ahora para

  • Dar testimonio de Cristo al mundo (Hchs. 1 8);
  • Predicar el Evangelio (Mc. 16: 15);
  • Hacer discípulos y bautizarlos (Mt. 28: 19);
  • Soportar la persecución si es preciso (2 Ti. 3: 12);
  • Influenciar la sociedad, siendo sal y luz, buscando mediante la oración y el buen testimonio, el cambio de los corazones de los hombres (Mt. 5: 13, 14; 1 Ti. 2: 1).
  • Luchar espiritualmente bajo la dirección del Espíritu Santo (Ef. 6: 12).

 

La verdadera Iglesia, en comparación del resto de la humanidad, nunca será más que una minoría, menospreciada y rechazada como lo fue su Maestro (Mt. 7: 13, 14; 22: 14; Lc. 12: 32; Jn. 15: 20)

 

No seamos ingenuos. No olvidemos que el mundo detesta el Reino de Dios y su Espíritu.

 

Así como la Iglesia y el mundo son antagónicos, así el Reino de Dios y el mundo son antagónicos.

 

Por eso el apóstol Juan nos exhorta a no amar el mundo: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2: 15-17)

 

El Reino en el cual la Iglesia vive/Nuestra ciudadanía
Jesús jamás habló del Reino Mesiánico como una realidad presente terrenal en la Iglesia. Los judíos rechazaron a su Mesías, y consecuentemente el Reino prometido fue rechazado también.

 

Por esa razón, Jesús, el Rey de Israel retornó al Cielo, y está sentado a la diestra del Padre en espera del tiempo de la Regeneración (Mt. 19: 28), cuando sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (S. 110: 1), y eso será en el Armagedón (Ap. 16: 16; 19: 11: 21).

 

El Reino en el que ahora vivimos los verdaderos cristianos, no es un Reino terrenal, sino espiritual.

 

Jesús mismo aclaró que Su Reino no era de este mundo (Jn. 18: 36), y esto sigue siendo así.  Recordemos que la Biblia dice que “Nosotros somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5: 19).

 

Los cristianos estamos en la tierra de paso. No hemos sido colocados aquí para echar raíces en este actual orden de cosas. Nuestra ciudadanía está en los cielos, no aquí en la tierra (Fil 3: 20).

 

En el momento de nuestra conversión a Cristo, pasamos de ser ciudadanos del mundo, a ser ciudadanos del Cielo; cambiamos de “nacionalidad”; por ello, nuestra visión es celestial, no terrenal (Col. 3: 1-3)

 

Dice la Palabra que “nuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3: 3), y que Cristo, que es nuestra vida, cuando sea manifestada, entonces seremos (y sólo entonces) seremos manifestados en gloria (no antes)..

 

El Reino de Dios se acercó con la venida de Jesús a esta tierra, y se quedó en la Iglesia, y para la Iglesia. Por ello Jesús exhortaba de este modo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1: 15)

 

¡La Iglesia de Cristo sí debe vivir en el Reino de Dios!

 

La Iglesia es extranjera y peregrina en este mundo, por eso, llegará un día en que Cristo vendrá a por ella (1 Co. 15:  51-53; 1 Ts. 4: 13-18).

 

La ciudadanía de la verdadera Iglesia no es terrenal, es celestial: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3: 20, 21).

 

Los cristianos vivimos en el Reino de Dios, estando aquí en la tierra. Es algo así como Dios nos ha construido una Embajada aquí en la tierra.

 

Esta es una Embajada invisible e intangible, pero real; y como embajadores del Reino de Dios que somos, cumplimos (o deberíamos cumplir) con el mandamiento de ser Sal y ser Luz en este mundo de densas tinieblas (Mt. 5: 13, 14), dando testimonio de Cristo a los demás.

 

Así que, en esta actual dispensación de la gracia y la verdad (Jn. 1: 17b) la cuestión del Reino de Dios aquí en la tierra, sólo atañe a la Iglesia, en cuanto a la Iglesia.

 

Cuando la Iglesia no esté, cuando volvamos a casa, cuando el Señor venga y nos arrebate (1 Ts. 4: 13-18) debido a que nuestra ciudadanía es celestial, después de ciertos hechos que deberán ocurrir en este mundo, volverá el Rey, y nosotros con Él, para establecer el Reino Mesiánico, siendo Israel la nación clave en cuanto a todo esto.

 

Jesús predicó el evangelio del Reino (Mt. 24: 14), que son las Buenas Nuevas para la entrada de los verdaderos creyentes en Cristo al Reino de Dios, por medio de poner fe en Cristo y en su obra de la cruz y posterior resurrección.

 

De esta manera, nacemos del Espíritu (Jn. 3: 3) y ya pasamos a ser ciudadanos del reino de los cielos. Este es el mensaje que predicaron los apóstoles y la Iglesia primitiva (Hchs. 8: 12; 28: 31), y es el mensaje que hay que seguir predicando sin añadiduras.

 

Por lo tanto, nada tiene que ver todo esto con establecer el Reino visible sobre la tierra, tal y como pretenden miles de dominionistas, y otros muchísimos que no saben que lo son; a través de, no sólo enseñanza hablada o escrita, sino también a través de numerosos cánticos (cada vez más) de muchos autores y cantantes cristianos modernos, que llenan el tiempo de alabanza y adoración de muchos congresos y de muchos cultos de las iglesias con ese tipo de mensajes.

 

El gobierno de la Iglesia sólo puede ir hasta donde permite su Cabeza, esto es, Cristo; y hasta el momento (hasta que Él vuelva en gloria), ese gobierno y acción son espirituales sobre esta tierra (Ef. 1: 20-23).

 

¿Cuál es la esperanza de los creyentes?
La realidad, como creyentes, al igual que Jesús, es que no somos de este mundo, y por lo tanto, podemos esperar el mismo trato que le dieron a Él cuando estuvo entre nosotros (Jn. 15: 18, 19).

 

Esto no es fatalismo ni negativismo, ni tampoco “teología de la resignación” como  algunos sugieren, y si lo es, entonces la crucifixión de Jesús fue también un error, y sabemos que en ningún modo fue así.

 

Gracias a la cruz, hoy podemos, los creyentes, tener la seguridad de que, a pesar de que todavía “no se ha manifestado lo que hemos de ser, sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cómo es” (1 Juan 3: 2) Somos salvos por medio de la fe; todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser; ¡no adelantemos los tiempos!

Entendamos esto: El Dominio Mundial de la Iglesia  (Reino Ahora) es un concepto que no está apoyado por ninguna evidencia escritural; sólo descansa en un impacto emocional para ser aceptado.

 

E. La profecía bíblica, por los suelos
Es lamentablemente curioso el hecho de que en la actualidad es menor el énfasis en los círculos Restauracionistas y afines, acerca de la necesidad de prestar atención al cumplimiento de la profecía bíblica, ya que se enseña que el Anticristo, la Tribulación y la apostasía de la Iglesia son temas prácticamente irrelevantes.

 

Mientras ponen su mira en una “nueva era” de paz y éxito de la Iglesia, sin tomar en cuenta las profecías de la Tribulación, no esperando en este tiempo la venida de Cristo a por los suyos,

 

¡Muchos verán en el Anticristo un príncipe de paz, ya que éste prometerá engañosamente a todos, los mismos postulados que ellos persiguen!

 

Es fácil para el creyente corriente y sencillo llegar a pensar que todo el mundo es bueno (porque él lo es). Eso se llama ingenuidad.

 

La realidad es que vivimos en tiempos muy peligrosos en el cual existen hombres amadores de sí mismos, lobos rapaces que no perdonan al rebaño, falsos profetas y maestros que introducen encubiertamente herejías destructoras, falsos apóstoles que se disfrazan como apóstoles de Cristo (2 Ti. 3: 1; Hchs 20: 29; 2 Pe. 2: 1; 2 Co. 11: 13), y a la cabeza de todos ellos está el propio Satanás, empeñado en que no se cumpla lo que Cristo prometió: “Que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia” (Mt. 16: 18).

 

Por ello, cuando se intenta sacar a la Iglesia de su posición y papel auténticos, para encaminarla en una dirección que no es la del Espíritu Santo, como pretenden entre otros, los defensores del establecimiento del Reino Ahora, el diablo toma ventaja, y tristemente muchos serán dañados.

 

No hay Reino sin el Rey. Cuando venga el Rey, tendremos Reino.

 

4. ¿CUÁLES SON LAS MOTIVACIONES VERDADERAS QUE IMPULSAN A PRETENDER “ESTABLECER EL REINO AHORA”?

 

Básicamente motivos de índole carnal:

  • Búsqueda de reconocimiento.
  • Pretensión de derechos por ser “reyes” y “sacerdotes” de Dios.
  • Ambición y codicia.
  • Orgullo religioso.
  • Carencias de tipo personal.
  • Engaño.
  • Gloria terrenal para la Iglesia.
  • Transformación de la humanidad (en el mejor de los casos)
  • Etc.

 

Muchos líderes cristianos presentan la doctrina del establecimiento del “Reino Ahora”, como:

  • La única opción adecuada para la salvación de este mundo;
  • El único motivo práctico y realista de la existencia de la Iglesia.

 

Esta visión atractiva de gloria no deja de ser un delirio, un engaño.

 

En realidad es la visión de los globalistas y de los arquitectos del “Nuevo Orden Mundial”: “Un mundo; una iglesia, Una Love Parade”.

 

No deja de ser la meta de la llamada Nueva Era y de un sinfín de grupos afines, a la cabeza de ellos, el mismo Vaticano, inspirados y dirigidos por el mismo diablo.

 

Contrariamente a lo que enseñan, Cristo volverá en el peor de los tiempos en la tierra
Enseñan que la Iglesia está aquí para establecer el Reino, y que hasta que la tierra no esté llena del conocimiento de la gloria de Dios (Hab. 2: 14), creen que el Señor Jesús no volverá.

 

Contrariamente, Él en el Monte de los Olivos, profetizó acerca de la tremenda maldad, rebelión y hasta negación del verdadero Evangelio que iba a ir ocurriendo in crescendo hasta Su venida en gloria (Mt. 24:3-26).

 

Posteriormente, la revelación de Dios vino a Juan en su Apocalipsis, donde clara y literalmente la Palabra de Dios nos hace conocer las cosas terribles que vendrán sobre este mundo.

 

Este mundo que cada vez le da más la espalda a Dios está para ser juzgado a través de los juicios y plagas de Dios, tal y como lo leemos en el libro de Apocalipsis. Juan ve que la mayor parte de la humanidad “blasfemaba contra el Dios del cielo, y no se arrepentía de sus iniquidades” (Ap. 9: 20, 21).

 

Aunque, al menos, la tercera parte de la humanidad morirá durante la Tribulación, ni siquiera el resto, en ese tiempo se arrepentirá (Ap. 16: 11; 9: 15-20).

 

Como puede verse, a la luz de la Escritura, esto está lejos de considerarse un avivamiento y reforma mundiales, y aunque a muchos les cueste creerlo, esto es lo que está para venir, nos guste o no.

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