EL ARCA Y EL LUGAR SANTISIMO

«Harás también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor. Fundirás para ella cuatro anillos de oro que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado. Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas. Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella. Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio y su anchura de codo v medio. Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros, el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines. Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mande para los hijos de Israel.» (Exodo 25:10-22.)

 

«Porque fue preparada la parte anterior del tabernáculo, en la que estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición; ésta se llama el Lugar Santo. Tras el segundo velo, estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que retoñó, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no es ahora el momento de hablar en detalle.»

 

No tenemos por qué entrar a hablar de la forma y dimensiones de esta porción restante del Tabernáculo. Se puede entender fácilmente que esta cámara interior era un cubo perfecto, separado del santuario externo por una hermosa cortina llamada el velo, el cual contenía el trabajo más exquisito de toda la estructura, pues estaba forrada de oro y adornada con bordados primorosos. Contenía un solo mueble, llamado arca, de dos codos y medio de longitud y de un codo y medio de anchura y otro tanto de altura. Se guardaban en su interior las dos tablas de la ley; y durante un tiempo, una urna con maná, guardado del desierto, y la vara de Aarón, que había florecido, símbolo. de la autoridad divina del sacerdocio. El arca tenía también varas para ser transportada, con anillos para las varas. Encima de ella había el propiciatorio, de oro macizo, con las salpicaduras de la sangre que el Sumo Sacerdote, una vez al año, traía adentro del Lugar Santísimo. Y encima de este propiciatorio había las figuras aladas de dos querubines, mirándose uno a otro, con las alas extendidas, donde brillaba constantemente la presencia de Dios, llamada Shekinah, y que parece haberse extendido en forma de nube que guiaba y protegía al pueblo en sus viajes por el desierto.

 

Esta cámara era el punto principal de interés del Tabernáculo. Era la cámara de la presencia de Dios. Era visitada una vez al año por el Sumo Sacerdote, en el Día de la Expiación, el cual llevaba los nombres del pueblo en su pectoral y sus hombros y hacía reconciliación por sus pecados. Esto representaba la más alta y profunda comunión del alma con Dios. Esta cámara interior es el lugar secreto del Altísimo, donde podemos entrar ahora por medio de la sangre de Jesús, abierta para todos desde la muerte del Salvador, y que derrama su luz y su gloria sobre nuestras vidas. Es también un tipo glorioso y válido de todo lo que no nos ha sido revelado todavía, la gloria del mundo eternal. Es un tipo de la luz que es inaccesible, la misma luz de su presencia, ya que El mismo es la gloria de la ciudad que no tiene necesidad de sol, sino que el Cordero es la luz de la misma.

 

1. La primera lección está relacionada con el velo que en otro tiempo separaba esta cámara sagrada, pero que ahora ha sido quitado, y ya no la separa.

 

Este velo representaba las obstrucciones que se interponían entre el alma y Dios en la dispensación hebrea y oscurecía la plena revelación de su presencia y su gracia. Y representa, por otra parte, la eliminación de estas obstrucciones, y la revelación que nos ha llegado desde entonces por la obra consumada de Cristo. De modo que, por una parte, representa la separación, y por otra la revelación, lo que antes nos separaba de Dios y ahora el camino por el cual llegamos a la más íntima comunión con Dios. Se nos dice que este velo era la carne de Jesucristo y que cuando su carne fue rasgada en la Cruz, este velo quedó partido en dos, y el Lugar Santísimo quedó abierto y a la vista, para que pudieran entrar en él todos los que creen y confían en El. Ahora bien, no puedo por menos de creer que esto es típico también de la vida completa en carne del pueblo de Dios y que la muerte del Señor Jesucristo es típica de la muerte en la que entramos todos cuando nos consagramos a Dios. Y la eliminación del velo, que fue retirado por su muerte, representa la muerte que sufrimos nosotros cuando morimos con Cristo, y somos levantados en novedad de vida. En tanto, queridos amigos, que vuestra carne persiste, no es posible que entréis en el Lugar Santísimo. No podéis verlo. La vieja naturaleza impide ver la gloria de Dios. Pero cuando el yo muere, el velo es rasgado en dos, la gloria de Dios se muestra v la voz del Espíritu dice: «Teniendo entera libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él abrió por nosotros, a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe.» Así, pues, todo lo que te ayuda a morir al yo, te ayuda a vivir en El, y es la apertura de la gloria de Dios en ti. Y si puedes decir: Estoy muerto con Cristo», y «He resucitado con Cristo», estoy seguro que puedes entender algo del lenguaje del apóstol en su epístola: «Que Cristo habite en vuestro corazón por la fe; para que podáis conocer la altura, la profundidad y la longitud y la anchura del amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento y podáis ser llenos de toda la plenitud de Dios.»

 

Amado, ¿ha sido el velo rasgado en dos para ti porque ya has muerto al yo? Si es así, tu corazón es un Tabernáculo santo, y no hay barrera entre tú y el trono de Dios.

 

2. Entremos reverentemente y demos una mirada al propiciatorio. Esta es la cubierta de oro del arca del pacto. La cubierta es el propiciatorio. Es del mismo oro que fue trabajado para hacer los querubines que lo cubren. Son todos ellos de una pieza. Ahora bien, esto significa literalmente en hebreo cubierta de sangre y la interpretación es que guarda algo; cubre algo que de nosotros no quisiéramos ver. ¿Qué es lo que cubre este propiciatorio?

 

Imaginémonos por un momento, el arca, con su cubierta, que es el propiciatorio. Imaginemos también que el registro de tus pecados está en esta urna, que la ley quebrantada está allí, la ley, cada una de cuyas líneas clama al cielo contra ti, como testigo de tus pecados. La has quebrantado; apela a Dios para que se te juzgue. Imagínate ahora que no hay cubierta en el arca, que está abierta: y que tus pecados están grabados en las tablas de piedra, dando testimonio para siempre contra ti. Y ahora, encima el ojo terrible del Shekinah, que está considerando lo escrito en las tablas. La vista de Dios está fija, mirando hacia las tablas: ¿no desearías que hubiera algo que se interpusiera entre las tablas y su vista? Si apareciera un ángel y con una mano colocara una cubierta de oro, imperecedera y fija, que para siempre cubriera el registro de tu pecado, v con la otra rociara sangre, que respondiera por tu pecado y proclamara: «Castigado, perdonado, rescatado. A cuenta mía, Padre, perdónalo•, ¿no considerarlas que esta cubierta es gloriosa? Esto es exactamente lo que es. Oigamos a David: «Bendito el hombre cuyos pecados son perdonados y cubierta su maldad.» Es la misma palabra usada para el propiciatorio. Y otra vez: «No ha visto iniquidad en Jacob, ni maldad en Israel. ¿Por qué? Porque estaba cubierta. ¡Oh, amado, este es el significado de la salvación: quedar cubierto para siempre por la sangre de Jesús, por la justicia de Jesús!

 

Y por ello el propiciatorio ha venido a representar la misericordia de Dios. Pero, más adelante, ha venido a significar el privilegio de la comunión, a base de la expiación e intercesión de Cristo.

 

El Señor dice: «De allí me declararé a ti. y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines.» No hay nada ahora, ni culpa ni pecado ni temor. Puedes traer tus deseos y tus necesidades, y puedes volver una y otra vez, pues ya no hay velo. El velo ha sido retirado, y la voz de amor dice: «Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe», y «Acerquémonos pues, confiadamente, al Trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.» (Hebreos 4:16.) ¡Oh, amados!, ¿conocéis el bendito significado del propiciatorio?

 

Nuestro corazón palpita de amor y alabanza, al pensar en lo que esto significa. «Amo a Jehová, pues ha escuchado la voz de mis súplicas, porque ha inclinado a mi su oído cuantas veces le he invocado en mi vida.» (Salmo 16:1-2.)

 

3. Miremos ahora el arca. Es un tipo especial de Cristo; El es el sacrificio, y la gloria y el mismo centro de la salvación y la reconciliación con Dios. El significado más alto de este antiguo Tabernáculo es, pues, el evangelio eterno. Y este arca, y todo lo que se refiere al arca, son tipos de Cristo y de la salvación. El propiciatorio era la cubierta del arca, y los querubines eran una extensión del propiciatorio. Esto significa que Jesucristo es el primero y el último, la sustancia, el Alfa y Omega de este glorioso mundo del cual el arca es la figura. No hay nada allí sino el arca y lo que la acompaña. Y si llegamos al cielo veremos sólo a Jesús. Si miramos al Padre, veremos a Jesús como la plenitud de su gloria. Los ángeles le sirven. No tengo nada en el cielo sino Jesús, y no debería tener nada en la tierra. Deberíamos poder decir: «Jesús, hermoso entre diez mil: No tengo ningún deseo sino de Ti.» Y Jesús llenará todo tu corazón si le dejas. Basta para el altar de sacrificios, para el Lugar Santísimo, para tu corazón.

 

Este arca gloriosa dirigía al pueblo; era una constante garantía de dirección y de victoria; dondequiera que iban, el arca iba delante, según vemos en Números 10:33: «Buscándoles lugar de descanso.» Y cuando llegaron a la orilla del Jordán, y no había manera de pasar el río, que iba de crecida v les separaba de la tierra de provisión, cuando él arca entró en el agua, las olas se apartaron e Israel pudo cruzarlo en triunfo. Nos señala a Jesús, nuestro gran Capitán Guía. Cuando lleguemos a las procelosas aguas de la tribulación, El nos las hará atravesar; y cuando el río salga de madre inundando sus riberas en el Jordán de la muerte, también se apartarán sus aguas, y seguiremos adelante en seco, vencedores de la muerte. «El que guarda mis mandamientos no verá la muerte.» El cristiano dirá: «¿Donde está la muerte? No puedo verla, no puedo ver ni rastro del río; no veo sino a Jesús; no hay nada más que las puertas del cielo; la muerte no existe.»

 

El arca contiene la perfecta justicia de Jesús. Leemos que había tres cosas en el arca: primero, las tablas del pacto; segundo, la vara de Aarón que floreció; tercero, la urna de maná recogido en el desierto como recuerdo. El primero de estos objetos nos enseña que Jesucristo, nuestra arca. tenía en su mismo corazón y en su misma naturaleza, la perfecta justicia de Dios. La divina ley estaba guardada en su pecho, y tan perfectamente guardada que nos trajo la perfecta justicia. Jesús fue el único que la guardó o que podía hacerlo. Las primeras tablas fueron rotas, símbolo, yo creo, del hecho que cuando Dios dio la ley a Adán, éste la infringió; pero la segunda vez dio la ley a Moisés guardada en el arca. De modo que, bajo la nueva dispensación, Jesús vino para guardar la ley. Aunque la ley ha sido el testigo de nuestro pecado, El la cumplió.

 

Esta es una historia antigua, pero será contada en tanto que el hombre viva, y siempre será nueva para alguien. De modo que la cuento hoy otra vez, la única manera en que el hombre puede ser salvo es aplicándose la justicia de Cristo. Esta es tu justificación.

 

Pero, hay otra idea más grande que ésta, y que espero no será difícil de entender. No basta que Jesucristo haya guardado la ley por ti, sino que Jesucristo quiere entrar en tu corazón y guardar la ley en ti. De modo que no sólo había la ley en el arca, sino que el arca estaba en el santuario. Si tú eres la morada del Espíritu Santo, en el mismo centro de tu alma allí está Cristo, como estaba en el Tabernáculo. Pero la ley estaba guardada en

el mismo corazón del arca; y también la misma santidad de Jesús se hallará dentro de ti, si El está en ti. Abre tu corazón, amado, y déjale entrar y El te traerá justicia y santidad. Si Cristo está en ti, su santidad está en ti, y El lo guarda todo. Este es el secreto de la santidad divina: Cristo en el corazón, nuestra vida y nuestra justicia.

 

Había otro objeto en el arca: la vara que floreció. Esta es una imagen del sacerdocio de Aarón y los retoños representan su lozanía. Siempre estaba lozana. Representa a Jesús a la diestra de Dios rogando por nosotros. Y los brotes de la vara sugieren el vigor de las intercesiones de Cristo. Hay algo nuevo cada mañana. Oh, amigo en tu corazón esta mañana, hay rosas que no estaban abiertas antes; hay lirios cuya suave fragancia apareció esta mañana; hay gotas de rocío que vienen a refrescar tu alma. Aquí hay flores recientes de paz, gozo y sanidad. ¿Has olido estas flores? Luego no hay nada inmundo en tu corazón. ¿Te has refrescado en estas gotas de rocío? Luego hay refrigerio en ti esta mañana.

 

La urna de maná significa su constante provisión, el pan celestial guardado para ti. Puede que no tengas pan a la mesa, pero hay pan dentro del alma.

 

Fue notable que cuando esta arca fue llevada al templo de Salomón, sacaron de ella dos cosas, y sólo quedó una. En el desierto contenía las tres, pero cuando la bajaron de la cima del Monte Moría, la urna de maná y la vara fueron quitadas y sólo quedó la ley. Creo que esto significa que cuando lleguemos al hogar no necesitaremos más maná; ni la vara florecida, pues tendremos los frutos gloriosos del paraíso. En vez de las gotas de rocío y las flores y la promesa de los frutos tendremos el árbol que da sus frutos cada mes.

 

4. Los querubines que cubrían el propiciatorio con sus cuatro caras —de león, de buey, de hombre y de águila—, representaban la humanidad del hombre, la fuerza del buey, la majestad del león y el vuelo del águila, atributos de Jesucristo, y que también pertenecen a sus hermanos. Ahora marchamos llevando delante no ya el arca sino la imagen de la gloria de los redimidos. Poco a poco tendremos la realeza de Jesús, seremos fuertes como Jesús, tendremos eminencia como Jesús dentro de una esfera mucho más modesta puesto que somos humanos, mientras que El es divino, y seremos inmaculados como es hoy el Hijo del Hombre. Dios ha puesto esta imagen delante de nosotros, para que la podamos ver todos. Este es nuestro futuro destino. (Véase 1.a Juan 3: 2.)
5. Finalmente, entre las alas de estos gloriosos querubines brillaba la luz del Shekinah, la misma presencia de Dios. Esto es lo mejor de todo. Esta es la luz que no mengua. Este es el sol que no decrecerá en su resplandor, sino que Dios será nuestra luz eterna. Su brillo es mayor que diez mil soles; y aun en gloria reflejada, los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.

 

En resumen: primero, vive en la cámara interna; la puerta está abierta siempre; deja que tu vida terrena transcurra en el cielo y en la plenitud de la gracia y la gloria del cielo; segundo, mantén viva tu esperanza. Hay algo mejor todavía: mantén fijos tus ojos en el cielo, pues donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón.

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