Novio no creyente. Novia creyente

“Tengo un novio de cuando no era creyente. Él sigue la vida de siempre y sé que estoy en yugo desigual ¿Debo dejarlo?”

Jesús enseñó que si un ojo nos era causa de que perdiéramos nuestra alma, que es lo más valioso que tenemos, deberíamos estar dispuestos a sacarnos ese ojo con tal de salvar nuestra alma.
»Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.” Mateo 5: 29-30

En otras palabras, ahora que usted es salva, no pierda su salvación, no eche a perder su destino eterno por un hombre que no es creyente. Si ustedes estuvieran casados o si tuvieran hijos seria diferente, pero sin estarlo, usted tiene la libertad y estoy seguro que el Espíritu le está redarguyendo a que lo deje.

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Y vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: «Habitaré y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo». Por lo cual, «Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor” 2 Corintios 6:14-16

Sé que será una decisión difícil. Pero ¿Quién dijo que lograr la salvación sería fácil?

Estamos en medio de una batalla campal. Las tinieblas luchan contra la luz. Nosotros, como hijos de la luz no deberíamos dejarnos influenciar por los hijos de las tinieblas y el único contacto que debemos tener con ellos es para tratar de traerlos a la luz. No debemos nunca ponernos a nosotros mismos en una situación donde sean ellos los que terminen trayéndonos a nosotros hacia las tinieblas.

“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no solamente cuando estoy presente, sino mucho más ahora que estoy ausente, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2: 12

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