El cristianismo y la psiquiatria actual

EN EL PRIMER DiA de un curso elemental de psicología en la John Hopkins University hace unos veinte años, un profesor estaba sentado ante su escritorio, leyendo silenciosamente el diario de la mañana. Sonó el timbre, pero no pareció darse cuenta de ello. Entonces empezó a leer en voz alta los titulares de los artículos de la primera página. Estos mencionaban los difíciles problemas del mundo, hablaban de actos inhumanos del hombre contra su prójimo y, por lo general, daban la pincelada de sensacionalismo de primera página que uno puede leer cada día. A continuación, miró al frente, y dijo: «El mundo está en confusíón.» Dedicó el resto de la hora a explicar cómo la psicología es la única esperanza del mundo para ordenar su estado de confusión.

 

Pero los titulares de los diarios no han mejorado; el crimen está en ascenso; nuestras calles se han vuelto inseguras; en nuestras ciudades la gente se amotina; y las instituciones mentales, a pesar de los tranquilizantes, continúan haciendo un buen negocio. De hecho, la misma psiquiatría, este hijo ilegítimo de la psicología que históricamente ha proclamado las más grandiosas pretensiones, se encuentra ella misma con problemas muy serios.

 

La psiquiatría está en confusión

 

Psiquiatras eminentes se han desilusionado. En .1955 la Asoclaclón Psiquiátrica Americana celebro un simposio sobre “Progresos de psiquiatria”. Aquí tenemos el tipo de información que apareció en los informs publicados : «La psicoterapia está en la actualidad en un estado de confusión de manera casi exacta a como lo estaba hace 200 años”. En una conferencia ante la A.P.A. el año siguiente, 1956, Percival Bailey dijo

 

“La gran revolución en la psiquiatria ha resuelto pocos problemas… Uno se pregunta hasta cuando los antiguos errores de Freud continuaran intoxicando la psiquiatria”.

 

Los pacientes, incapaces de recuperarse despues de años de analisis y de un gasto de miles de dolares, se han estado también preguntando acerca de las pretensiones de la psiquiatria, Algunos, al empeorar, han empezado a sospechar que muchos de sus problemas son iatrogenicos (esto es, inducidos por el mismo tratamiento). H.J. Eysenck, director del departamento de psicologia de la Universidad de Londres, escribio recientemente:

 

“El triunfo de la revolucion freudiana parecia completo. Tan solo una cosa iba mal. Los pacientes no parecian ponerse mejor”.

 

En su libro Human Behavior, An inventory of scientific findings, que constituye un repaso del progreso de las ciencias del comportamiento humano en nuestra epoca, Berelson y Steiner dicen:

 

“No ha sido demostrado aún que la psicoterapia sea más efectiva que la orientacion medica general en el tratamiento de las neurosis o de la psicosis. Por lo general, la terapia funciona mejor con personas jóvenes, de clase alta, con una buena educación, y que no estén seriamente enfermos,”

 

Incluso los periodistas divulgadores han llegado, por fin, a ser más conscientes de la reciente desilusión con la psiquiatría. En un artículo en This Week Magazine del 18 de septiembre de 1966 titulado «Farewell to Freud» (Adiós a Freud), Leslie Lieber concluye:

 

Una vez portador de brillantes promesas, en la actualidad el psicoanálisis apenas parece valer los millones que se están invirtiendo en él cada año. En los Estados Unidos existen aproximadamente 18.000 psiquiatras -frente a 484 en Francia y 1.000 en Italia. Y alrededor del nueve por ciento de los que ocupan el puesto de oyentes de sofá a lo largo de esta inmensa nación son psicoanalistas… Muchos de estos doctores y pacientes han empezado a reconsiderar: ¿Han sido los resultados del psicoanálisis lo bastante buenos cómo para justificar las horas de atormentante autoexamen, los años de penosos sondeos, y los alrededor de 25.000 dólares gastados para el «tratamiento» completo? En resumen, ¿valen la psiquiatría y el psicoanálisis los millones que al año los americanos se gastan en ellos?… La verdad es que, no solamente es casi inexistente el dramático adelanto y la cura, sino que miles y miles de personas que han gastado millones y millones no están seguros en absoluto de que sean ni un poquitín menos «neuróticos» que antes de que empezaran sus tratamientos de cinco sesíones-por-semana, 25-dólares-por-sesión en el sofá del psicoanalísta… Pero mucho más significativo que el gradual desencanto de los pacientes lo es la deserción de los mismos analistas del redil freudiano. Muchos doctores están en la actualidad desafiando vehementemente la necesidad de hacer largos y profundos sondeos en el subconsciente.

 

Citando al doctor H. J. Eysenck, Lieber continúa:

 

Los estudios efectuados muestran que de los pacientes que pasan alrededor de 350 horas en el sofá del psicoanalista para mejorar sólo dos de cada tres muestran una

mejora al cabo de un período de varios años. No obstante, la mosca en este ungüento es que el mismo porcentaje mejora también sin análisis o bajo el cuidado de un médico normal. En realidad, la misma relación -dos personas de cada tres- mejoraba también en los hospitales mentales indiferentemente del tratamiento que se les aplique. Desafortunadamente, el analista mterpreta a menudo la mejoría como un resultado de su tratamiento. No le preocupa que otras personas utilicen otros métodos con los mismos efectos: hípnosís, electrochoque, baños fríos, la imposición de manos, la extracción de dientes para eliminar focos de infección, la sugestíon, placebos, confesión, oración.

 

Pero Lieber no ha terminado aún:

 

Otro disidente es el Dr. Thomas A. Szasz, profesor de Psiquiatria en la Universidad Estatal de Nueva York, Upstate MedIcal Center y autor del libro: The Ethics of Psychoanalysis. Citando a Szasz: «Los adherentes a esta exagerada fe… utilizan un escudo de ilusión que esconde algunas realIdades muy feas …» Así, cuando leemos en un períódíco que el alcoholico, el violador o el vándalo… recibírán «Cuidados psiquiátricos», quedamos asegurados de que el problema está siendo tratado de una manera efectiva y lo dejamos de consIderar. Mantengo que no tenemos derecho a esta fácil huida de la responsabilidad.

 

No parecen haber dudas, entonces, de que se deben hacer muchas reconsIderaciones. y los cristianos deberían estar en la vanguardia de aquellos dedicados a estas reconslderaciones.

 

La ética freudiana

 

Un logro que sí debería ponerse en el haber del freudianismo es el papel principal que ha jugado en el colapso actual de la responsabilidad en la moderna sociedad americana. Otro es la contribución de Freud a las presuposiciones fundamentales de la nueva moralidad. Freud, tornando la gula de Charcot, bajo quien estudió en Franera, adoptó y popularizó los puntos de vista de las dificultades humanas bajo un modeló médico. Antes, las personas «mentalmente enfermas» eran consideradas como remolones y no como pacientes. Este modelo médico ha sido difundido muy ampliamente en los últimos tiempos especialmente mediante la propaganda, con la utilización de los términos «enfermedad mental» y «salud mental». Este modelo ha sido diseminado de una manera tan fructuosa que la mayor parte de las personas en nuestra sociedad creen superficialmente que las causas profundas de las dificultades con las que se enfrentan los psiquiatras son enfermedades y dolencias,

 

Harry Milt, director de Información Pública de la Asociación Nacional para la Salud Mental, en un opusculo titulado «Cómo tratar con problemas mentales», da una típica muestra de este tipo de propaganda cuando dice: «La comprensión llena de simpatía, del tipo que se le manifiesta a una persona que está enferma con una enfermedad física», es lo que la persona mentalmente enferma debe tener. Y dice a continuación:

 

Uno consiente cosas porque sabe que él está enfermo, que no tiene la culpa de su enfermedad, que necesita de nuestra simpatía y comprensión. La persona con un problema mental está también enferma, y tampoco puede hacer nada con respecto a ello la mayor parte de las veces.

 

La idea de Milt es que no hay más razón para avergonzarse de una enfermedad mental que de la que habría para avergonzarse de la varicela o de las paperas.

 

La extensión con que la ética freudiana ha penetrado en el pensamiento contemporáneo puede ser apreciada por medio de su influencia en el pensamiento acerca del crimen. Algunos echaron la culpa del asesinato del presidente John F. Kennedy a DalIas, en lugar de dársela a Oswald. Cuando Charles Whitman disparó sobre transeúntes inocentes desde una torre en Texas, armado con un rifle, muchos dijeron que la sociedad debía tenerse por culpable de aquel hecho. Cuando un inmlgrante jordano asesinó al senador Robert F. Kennedy, la televisión se llenó de acusaciones en contra del público americano. Ya no se tiene por responsable al asesino mismo. «No podía hacer nada con respecto a aquello» se ha hecho una frase muy popular desde Freud. Richard T. LaPiere acusa:

 

Los psiquiatras han estado intentando… deslucir, si no realmente extraer, los «colmillos» de la ley -y ello sobre la asunción distintivamente freudiana de que para el criminal es completamente natural actuar como actúa y que es bien irrazonable por parte de la sociedad el hacerle pasar por un juicio por manifestar su personalidad antisocial.

 

La idea de que la causa de los problemas personales es una enfermedad, vicia todas las nociones de responsabilidad humana. Ahí está el quid de la cuestión. La gente ya no se considera responsable de sus malas acciones. Pretenden que sus problemas son alogénicos (causados por otros) en lugar de autogénicos (autocausados). En lugar de asumir la responsabilidad personal por su comportamiento, echan la culpa a la sociedad.

 

Por ejemplo, Wayne Oates dice que la «enfermedad mental resulta del «rechazo y de la explotación del individuo por la comunídad», en el Baker’s Dictionary of Practical Theology (Grand Rapids:Baker Book House, 1961), p. 303.

 

Es fácil echar la culpa a la sociedad, ya que lo que es culpa de todos resulta no ser responsabilidad de nadie. Pero en la actualidad se está exonerando hasta la sociedad: dice la gente que la nuestra es una «sociedad enferma». Otros echan la culpa, de manera específica, a la abuela, a la madre, a la iglesia, al maestro de la escuela o a algún otro individuo determinado, por sus acciones. El psicoanálisis de Freud resulta ser una expedición arqueológica al pasado en la que se efectúa una búsqueda de otros sobre los que cargar la culpa por el comportamiento del paciente: La idea fundamental es la de descubrir cómo otros le han dañado. Al buscar excusas y desviar la culpa, el psicoanálisis constituye por sí mismo una extensíón del problema que pretende solucionar. No debería ser difícil ver cómo la irresponsabilidad es lo que aquí se subraya y cuántos de los problemas domésticos y mundiales que tenemos que afrontar en nuestra época están directamente relacionados con ella. La acusación de D, Elton Trueblood no parece ser lo suficientemente ínténsa: «Se mina toda la base de la responsabilidad humana.»

 

Como desarrollo natural de este enfoque, para citar tan sólo una consecuencia, la disciplina paterna se ha roto. Richard T. LaPiere escribió que el concepto de Karen Horney

 

de la necesidad de seguridad se ha hecho central en el pensamiento de los psicólogos clínicos y pediátricos… El índívíduo, tal como ella lo contempla, constituye por naturaleza un organismo muy delicado… A no ser que su socíedad le trate con la mayor de las consideraciones, su sentido de la seguridad es puesto en peligro… y se vuelve neurótico,”

 

Los padres tienen miedo de que, si realmente los eventos en el pasado de uno pueden realmente provocar futuras díficultades psicológicas, podrían dañar las vidas de sus hijos por posibles choques traumáticos experimentados en la aplicación de métodos disciplinarios. Así, las instrucciones escríturales de Proverbios acerca del castigo físico (19:18; 23:13; 22:15; 13:24; 22: 6; 23:14; 29:15,17) han sido generalmente abandonadas.”

 

Es interesante notar que Dios asegura a los padres reacios que el castigo corporal, administrado de manera apropiada, no dañará al niño (Pr, 23:13). De hecho, dar unos azotes resulta ser un castigo más humano que muchos otros castigos más prolongados que bordean el ser más parecidos a la tortura que al castigo.

 

El énfasis permisivo de Dewey, según el cual fue educada la generación actual, se ajusta limpiamente al «paquete» freudiano.

 

Hay otro mal que se deriva del modelo médico. Las enfermedades son a menudo misteriosas, especialmente para el lego. La enfermedad es algo que viene de afuera, y las enfermedades graves deben ser curadas desde afuera -por otro- por el experto. La persona enferma se siente impotente, y por ello se dirige al médico. El médico de manera análoga a la enfermedad que ha invadído al paciente, resuelve el problema desde afuera.

 

Un estudio reciente de Allport y Plos mostró que el lenguaje de la’psiquiatría tenía cinco veces más términos implicando pasividad y el ser influido que términos implicando acción. (G. W. Allport, «The Open System in Personality Theory», Journal of Abnormal and Social Psychology, noviembre de 1960, pp. 301-310). La Impotencia pasiva, característica de la teoría y de la práctica psiquiátrica, evidentemente consonante con el modelo médico. conduce también a la desesperanza.

 

Así vemos otra vez que la impotencia, desesperanza e irresponsabilidad personales son los resultados naturales del modelo médico. Si los problemas a los que una persona se enfrenta para vivir son básicamente problemas de enfermedad, patologícos, y no de comportamiento, no tiene esperanza alguna, excepto la de que pueda haber una medícína o terapía aplicable a su caso. Ya que no existe ninguna cura médica para las personas que sufren estos problemas, pasan de la desesperación a una desesperacion más profunda aún.

 

El caos ético y la impotencia que ha resultado de todo ello, se ve incluso en el humor de nuestra época. Una moderna cancion folk de Anna Russel, por ejemplo, caractenza el período en el que vivimos (obsérvense especíalmente las dos últimas líneas):

 

Fui a mi psiquiatra para ser psicoanalizada,

Para descubnr por qué maté al gato y cegué a mi esposo

Me estiró en un sofá bajo para sonsacarme suavemente .

y he aquí lo que extrajo de mi subconsciente mente:

Cuando tenía un año, mi madre dejó mi muñeca en el coche escondida,

y por ello, naturalmente, me paso todos los días bebida.

Cuando tenía dos anos vi a mi padre besar a la criada un día,

y es por ello que ahora sufro de cleptomanía.

A los tres era un sentimiento dividido frente a mis hermanos,

y por ello, naturalmente, enveneno a todos mis enamorados.

Pero soy feliz: ahora he aprendido la lección que esto me ha enseñado:

Que todo el mal que hago no es culpa mía, sino que otro lo ha provocado.

 

La posición de «víctima» es frecuente. Sylling escribió recientemente: «La mayor parte de las madres solteras son víctimas de los problemas de sus padres». Esta asunción extraña y antibíblica le lleva a la conclusíón de que «la implicación sexual por parte de la muchacha es casi incidental. Su verdadero problema, cree él, no es el pecado, sino unaas necesidades y deseos básicos que sus padres han dejado de facilitar de manera más saludable. (En Baker’s Dictionary of Practical Theology, Grand Rapids: Baker Book House, 1961, p. 234.)

 

Thomas S. Szasz hizo la siguiente contundente observación:

 

Pretender que todos los hombres, incluso aquellos etiquetados como «paranoicos», deberían ser tratados de manera seria, como seres humanos responsables, es algo así como profanar la bandera de la psiquiatría. Es un bofetón en la cara de uno de los principales supuestos de Ia psiquiatría como institución social, cual es que las acciones de las denominadas personas enfermas mentales no deben ser tomadas seriamente, en el sentido de que sean responsables de lo que hacen.

 

Psychiatry and Responsibility (Princeton: Van Nostrand Press, 1962); p. 3. El punto de vista alogénico lleva a una degradación general de la responsabilidad humana..Al.hombre se le considera un peón irresponsable. El tratamiento psiquiátrico facilitado. sale, evidentemente, de esta presuposición. Su orientación mecanícista y manipuladora manifiesta una antropología antíbíblica que niega la imagen de Dios (distorsionada, pero inherente) en el hombre.

 

No hay nada de extraño, por todo ello, en que la revista Look llamara a la psiquiatría, a lo largo de 21 páginas, «la ciencia confundida».”

 

En el año 1965 el autor asistió a un instituto de salud mental para pastores. Un participante era el capellán de un hospital mental estatal. El resumen de su conferencia fue el siguiente:

 

Ante todo, es poco lo que vosotros podéis hacer, como ministros, en un hospital mental. En segundo lugar, lo que podéis hacer es apoyar el derecho del paciente de sentirse dañado por otros. En tercer lugar, es importante comprender que en una institución mental, las personas con culpabilidad ya no están más sujetas al reproche de otros desde afuera, la presión se desvanece, y de esta manera pierden su culpabilidad de una manera tranquila, y se curan. En cuarto lugar, no debemos considerar a las personas en los hospitales mentales como violadores de la conciencia, sino como víctimas de sus conclenclas. En último lugar, cuando contemplamos su comportamíento errático, a nosotros nos parece pecado, pero no lo es: el paciente no es realmente responsable de sus acciones. El no puede hacer nada respecto a la manera en que actúa: está enfermo. A menudo se culpa a sí mismo por aquello por lo que no puede hacer nada, por lo que no es culpa suya, y ello es la causa de sus problemas. Consecuentemente, la consideración del mal comportamiento como digno.de censura es tabú en un hospital mental. El enfoque religioso acostumbrado de responsabilidad, culpabilidad, confesión y perdón no es bueno aquí. Las conciencias de los pacientes ya son demasiado severas. Estas personas son moralmente neutras, y todo lo que podemos hacer es servirles de válvulas de escape,”

 

El desnudo determinismo de este punto de vista, con su consecuencia inevitable. excusando de su comportamiento a la persona tratada, es evidente. Dice Lawrence LeShan que esta filosofía ha conducido «los intentos del terapeuta de excusar el comportamiento negativo e indeseable del paciente sobre la base de que éste había quedado determinado por el pasado y que, por tanto, no tenía razón alguna por sentirse culpable por causa de él,. (Lawrence LeShan. «Changing Trends in Psychoanalytically Oriented Psychoterapy», Mental Hygiene, julio 1962, pp. 454-463).

 

Este resumen literal de la conferencia del capellán, expuesto tan sucíntamente como cualquier otro, constituye la exposición del punto de vista institucionalizado de nuestra época. En este libro se desafían cada uno de los puntos que él defendía.

 

La teoría y terapia freudianas

 

¿De dónde viene todo esto? ¿Qué base tiene? La respuesta se encuentra en los fundamentos de la teoría y terapia freudianas. Freud veía al ser humano como desgarrado por dentro. El hombre, decía, tiene unas necesidades primitivas básicas, impulsos o presiones que buscan su expresión. A éstos Freud los denominó el id (sexoy agresión). Pero en el hombre hay también el superego (burdamente equivalente a lo que más a menudo ha sido llamado la conciencia). El superego es introducido de manera social en el individuo por sus padres, la iglesia, los maestros, etc. El superego es el villano en el sistema freudiano. Según Freud, el problema con los enfermos mentales es la sobresocialización del superego. Una concíencia excesívamente socializada es excesivamente severa y excesivamente estricta. Los enfermos mentales son

víctimas del superego. El ego, la tercera unidad del hombre, es el árbitro, o el yo consciente. El conflicto surge cuando el id desea expresarse, pero es frustrado por el superego. Las necesidades primitivas buscan expresarse, pero el superego excesivamente severo que se interpone Impide que el Id se exprese en la vida consciente del individuo. Esta batalla, que tiene lugar en el nivel subconsciente, es la fuente de sus dificultades; El ego opera a un nivel muy diferente que el id o el superego. El ego funcIona en el nivel de la responsabilidad, mientras que el Id y el superego funcionan en el nivel de la irresponsabilidad. Cuando el id es reprimido por el superego, la persona que se halla en este conflicto experimenta lo que Freud llamaba «sentimientos de culpabilidad». No obstante, estos sentimientos de culpabIlIdad no provienen de una verdadera culpabilidad. Ya que su sentimíento de culpabilidad es falso, no hay necesidad de confesar su pecado tal como el capellán señalara, sino más bien lo que necesita es librarse de una falsedad. Así que, naturalmente, la terapia consiste en hacer que uno llegue a sentírse bien eliminando la falsa culpabIlIdad. El terapeuta consigue esto tomando posición a favor del id y en contra del superego. Busca debilftar, diluir y derrotar al superego, de manera que deje de presentar sus íntímídatorías demandas. La ventilación (un aireamiento de los sentímientos que uno tiene reprimidos) forma parte del proceso. La siguiente parte crucial es la resocialización de acuerdo a unas normas razonables y realistas.

 

La terapia de Albert Ellis representa claramente la aplicación moderna de estos principios. En la coleccIón de cintas magnetofónicas de la A.A.P.; volúmen n,” 1, títulado «Loretta» Ellis concluye una entrevísta con un fuerte ataque en contra de la conciencia de Loretta. Le amenaza con que no será dada de alta del tratamIento hasta que no rechace sus valores morales. Oigamos los siguientes fragmentos:

 

En realidad tu problema lo constituye el hecho de que tienes una gran cantidad de lo que yo llamo «deberías», «tendrías que», «debo». El punto principal como ya he dicho antes, según mi estimación, es que mantíenes un montón de «deberías», «tendrías que» y «debo» que, desafortunadamente, te enseñaron cuando eras muy joven. Estas cosas te las enseñaron tu padre. tu madre, tu iglesia… Pero si no tuvieras este concepto del deber que, desgraciadamente está derrotando tus propios fines, entonces no creerías esto y no tendrías problemas.

 

Después de una objeción a este ataque por parte de Loretta, Ellis le dice:

 

Bueno tienes todo el derecho a mantener tus posturas, pero, por desgracia, mientras las mantengas vas a contInuar en este hospital mental. Ahora bien, cuando cambies tus puntos de vista podrás salir.

 

Loretta, objetando aún con firmeza, replica triunfalmente: «Bueno, mientras tengamos aire acondicionado la cosa no está tan mal.»

 

Despues de leer este asalto contra el sistema de valores del cliente, uno se asombra de la increíble superficialidad con que un cristiano conservador escribe gloriosamente: «El pastor facilita la consolación cristiana y el psiquiatra facílíta la terapia precisa y ninguno entra en conflícto con el otro.»

 

Wesley W. Nelson, en Baker’s Dictionary of Practical Theology P. 300. Cp. también Frieda Fromm-Reichmann: «Ello también hace posible en ocasiones. que el paciente utilIce al psícoanalísta como su nueva conciencía mientras que está revisando sus propias normas morales que han interferido». (Patríck Mullahy, ed., Interpersonal Relations, Nueva. York: Science House, 1967, p. 125.)

 

Esta forma de compartir los papeles no constituye un fenómeno aislado. C. Clifford McLaughlan escribía:

 

Se podría decir que la psiquiatría mira hacia el pasado y trata de desvelar. y deshacer los fallos y los problemas del pasado. La religión mira al futuro, y señala lo que puede llegar a ser, después de que los errores y problemas del pasado han dido hallados y desechos.

 

Y E. ManseIl Pattison afirma, de manera confiada:

 

…las creencías religiosas del terapeuta y del paciente no constituyen factores cruciales en la psicoterapia, sino más bien el modo en que el terapeuta maneja sus propias creencias y las de su paciente,

 

En.el Baker’s Dictionary of Practical Theology (Diccionario de Teología Práctica de Baker), que contiene una de las compilaciones más recientes de ensayos conservadores,se encuentran frecuentemente (aunque no exclusIvamente) bífurcacíones de este tipo. Al ministro se le supone  Iimitado en su educación, capacidad e instrumentos, y tiene que inclinarse ante el psiquiatra y remitirse a él. En resumen, no se le considera calificado para orientar. Parece que nunca se suscite el interrogante: .Es la psiquiatría una disciplina válida?

 

Uno de los propositos de este libro es el de mostrar que la Psiquiatria (no la psícología) constituye una usurpación de la obra del ministro cristiano. Los psiquiatras no operan corno médicos. Su meta es la personalidad y el cambio de comportamiento, y su método es la alteración del comportamiento. Esta usurpación se ha llevado a cabo declarando «enfermas» a un montón de personas que no lo están, y poniéndolas así bajo la cubierta de la medicina..Freud mismo predijo esta usurpación de la obra del mínistro, Escribió a Pfister acerca del «enorme número de adultos.que no están enfermos en el sentido médico pero que, no obstante, tienen una necesidad extrema de análisis» y predijo también que «la cura de almas (el término utilizado para denominar el cuidado pastoral) llegará a ser un día una profesión no-eclesiástica e, incluso, no relígícsa, con toda aceptación» (Psychoanalysis and Health, op. cit., p. 1.). Asi, la ínstítución del modelo médico sirvió de medio de usurpación; Cp. Ronald Leifer In the Name oi Mental Health (Nueva York, Scíence .House, 1969), p. 167: “El psicoterapeuta paganízante es así un equIvalente funcional y un recambio de la estructura famIliar extendida, el casuista, y ei director espiritual».

 

Si el punto de vista de Freud fuera correcto, esto es, que surge un problema cada vez que id es reprimido por una conciencia excesivamente estricta o superego, entonces la realidad es que, en nuestros días, debería existir una gran extensión de salud mental, en lugar de una cantidad sin paralelo de problemas personales, porque nuestros días no corresponden a una epoca de represión, sino de permisividad. Si nunca ha habido un tiempo en que la tapadera haya sido levantada, en el que haya habido una rebelión amplia y abierta contra la autoridad y la responsabilidad, este tiempo es el nuestro. Y a pesar de ello, un número sin precedente de personas se encuentran sumidas en problemas. Si el freudianismo es verdadero, las personas más inmorales o, por lo menos, las más amorales, deberían ser las más saludables, mientras que, de hecho, lo opuesto es lo cierto. Las personas que están en las instituciones mentales y las que acuden a las sesiones de orientación son, invariablemente, personas con fuertes dificultades morales. «Dificultades morales» no siempre significa violaciones sexuales; éste es tan sólo un aspecto de ello. Lo que se halla más frecuentemente entre las personas con problemas morales es la inmoralidad de todo tipo, irresponsabilidad hacia Dios y hacia el hombre (esto es, la violación de los mandamientos de Dios).

 

La revolución en la psicología

 

Pero se ha estado cuajando una revolución que está principalmente limitáda todavía al campo de la psicología. Hay un número creciente de individuos jóvenes y vigorosos que han empezado a desafiar las tradicionales Ideas freudIanas y rogerianas. Algunos de los hombres de este movimiento son: Steve Pratt, William Glasser G. L. Harrington, William Mainord, Perry London y O. Hobart Mowrer.

 

Naturalmente. existen. numerosas diferencias entre ellos. Se puede encontrar una afirmaclón concisa de algunas de las similitudes y diferencias más significativas entre Mowrer, Glasser y Szasz en Glen A. Holland, Three Psycotherapies Compared and Evaluated» (The

DisCoverer, Urbana; Volumen 3, No. 3, mayo 1966).

 

Este último es el decano no oficial del movmnento.

 

La esencia del ataque que este movimiento lanza contra el sistema institucionalizado puede resumirse en una sola palabra; el nuevo movimiento es diametralmente opuesto a la formulación irresponsable freudiana. Mowrer pregunta, en efecto: ¿Vamos a reemplazar el modelo médico por el modelo moral? Thomas Szasz, en su libro The Myth of Mental Illness, contesta afirmativamente. En la línea de Harry Stack Sullivan, Szasz define su psiquíatría como «una teoría de conducta personal». Los que abogan por la revolución apremian con este asunto: ¿Debemos hablar aún del id reprimido? La respuesta que dan es: No. En lugar de ello, dicen, es ya hora de hablar de un superego (conciencia) suprimido. Continúan diciendo: ¿Debemos tratar de eliminar los sentimientos de culpabilidad (falsa culpabilidad)? Nunca; en lugar de ello debemos reconocer la culpabilidad como real y tratar directamente con ella. La culpabilidad psicológica es el temor de ser descubierto. Es el reconocimiento de que uno ha violado sus normas. Es el dolor de haber actuado como uno sabe que no hubiera debido hacerlo,

 

Los «sentimientos de culpabilidad» son considerados por los freudlano s como una culpabílídad falsa; esto es, culpabilidad acerca del conflicto id/superego y no la violación de las normas propias. Un mterrogante típico al llegar a este punto es: «¿Cómo podría Susana ser culpable por PIntarse los Iabios?» Podría serlo, si Susana proviniera de un hogar en el que se le hubiera enseñado que pintarse los labios es pecado. Ahora bIen, si en la facultad ha empezado a pintarse los labios para no ser diferente de las demás estudiantes, pero está haclendolo en contra de sus normas, será culpable de pecado, y su culpabilidad será real. Incluso aunque pintarse los labios no sea pecaminoso en sí mismo, el acto de Susana es pecaminoso porque «no procede de fe» (Ro 14:21-23). Cuando Susana utilizaba lápiz de labios, estaba convenclda de que su acto era (o podía haber sido) un pecado contra Dios, y, a pesar de ello, lo hacía. Es de esta rebelión en contra de Dios de lo que ella es culpable y por la cual su conciencia la condena justamente. Susana debe confesar su pecado para hallar perdón y alivio y no se le debe decir que su culpabilidad es falsa. Más tarde, si es importante que se haga, se puede consíderar el asunto de si la norma de Susana es bíblica o no; pero se trata de un asunto distinto del otro. Y, a pesar de. ello, se ha confundido de manera repetida.

 

Además, insisten en que la ventilación de los sentimientos debe ser sustituida por la confesión de lo que se ha hecho mal. Ya no hablarán más de problemas emocionales, sino de problemas de comportamiento. Dicen que el término «enfermedad mental» debe ser sustituido por otras palabras que indiquen un comportamiento irresponsable. Las personas de las que antes se pensaba que se habían apartado de la realidad son consideradas ahora como que intentan escapar de ser descubiertas. Naturalmente, los revolucionarios rehúsan ponerse del lado de los deseos, y procuran por todos los medios ponerse del lado de los deberes.

 

No se puede poner fácilmente de lado a este movimiento. La «terapia» (esta palabra es retenida de manera inconsistente por la mayoría de ellos) seguida por aquellos que aceptan la nueva postura ha tenido mucho éxito en contraste con los fracasos freudianos. Por ejemplo, G. L. Harrington, en un hospital de veteranos de guerra en Los Angeles, trabajó con 210 pacientes varones en el edificio 206. El edificio 206 era el final del trayecto. Se había abandonado toda esperanza con respecto a estos hombres. Muchos no podían ni siquiera hacerse cargo de Sus propias necesidades más elementales. Anteríormente la media de altas del edificio 206 había sido de solamente dos cada año, pero después del primer año del programa de responsabilidad de Harrington, 75 hombres fueron dados de alta del hospital, y al siguiente año predijo que 200 recibirían el alta; esto es, casi todos los ingresados. Glasser, en la Ventura State School para Mujeres en California, obtuvo un éxito de un 80 por ciento con sociópatas endurecidas en un programa estructurado de responsabilidad total. Por éxito, Glasser entiende que no hay nuevo ingreso ni futuras violaciones de la ley. El autor tuvo la oportunidad de presenciar de primera mano los rápidos y espectaculares resultados del programa de Mowrer en Illinois.

 

Freud: un enemigo, no un amigo

 

Freud colgó su letrero un domingo de Pascua. Para alguien para quien toda acción tenía un significado, por escondido o poco Importante que éste fuera, ciertamente un hecho tan público como aquél tenía que ser consIderado como simbólico. Que Freud tenía en poco a la religión en general y en menos al cristianismo en partIcular es un hecho histórico. El se llamaba a sí mismo «un judio totalmente impio» y «un pagano sin arrepenimiento». Cuando él era niño, algunos que se decían crístíanos empujaron y arrastraron a su padre, llenando de barro sus ropas. El anciano no replicó. Freud se avergonzo y pensó que su padre tenía que haberse defendido. Prometió que algun día se las pagarían. A los ojos de algunos, el psicoanálisis fue el arma que utilizó.

 

Los libros de Freud Moisés y el monoteísmo, El futuro de una ilusián, y Totem y tabú son libros en los que hace pasar a la religión un mal rato. Para él, el crístíamsmo era una ilusión que tenía que ser disipada. Como todas las otras relígíones, era una señal de neurosis. La religion, enseñaba él, nacía del temor del gran universo sin riendas que rodeaba al hombre primitivo. Al principio no habla tal cosa como escrúpulos morales. Pero debIdo a que cada hombre quería seguir sus propios deseos (instintos), chocaba con otros que intentaban hacer lo mismo..A fin. de sobrevivir, los hombres vieron que era necesario vivr y trabajar juntos. Así, la moralidad fue el resultado del crecimiento de la sociedad, que podía existir solamente adoptando códigos de conducta. La conciencia (el superego) surgió debido a que las violaciones del código de conducta eran castigadas severamente por la multitud, Como desarrollo de ello se Ilegó a decir que el codIgo, estaba promulgado por un dios (o dioses), elevando asi de categoria al código moral. La religión pertenece a la infancia de la raza. El hombre tiene que salir de la infancia, y ello quiere decir que el hombre tiene que salir de la religión. Llama a los relatos bíblicos «cuentos de hadas», La religión fue inventada, decía él, para suplir las necesidades del hombre. Al llegar a la mayoría de edad, ya no necesita más de la religión. Antes de adoptar principios freudíanos, los cristianos deberían conocer estas presuposiciones freudianas básicas, que subyacen en todo lo que él escribió.

 

Una objeción posible que podría hacerse es que aquellos que se oponen a Freud se han buscado una nueva cabeza de turco, esto es, el mismo Freud. Ocupando el lugar de la sociedad, o de miembros particulares de la sociedad, Freud ha venido a ser el chico malo que se lleva los azotes. Si esto es realmente así, de nuevo el cliente puede sacarse de encima su responsabilidad. El ataque en contra de Freud puede, aparentemente, constituirle en la causa de todos los males de la sociedad moderna. Pero no existe nada más que una similitud aparente. Nadie dice que Freud o sus creencias hayan provocado enfermedades en el paciente. Todo lo que se puede decir de Freud es que sus puntos de vista han alentado a las personas irresponsables a persistir y a expandir su irresponsabilidad. Ha aprobado el comportamiento irresponsable y

ha provocado el que llegue a ser respetable. Sus puntos de vista son iatrogénicos (el tratamiento es causa) solamente en que pueden causar complicaciones secundarías.

 

En un reciente artículo irónico titulado «Parnassian Psychiatry», Jay Silber divide los actuales sistemas psiquiátricos en tres tipos: líricos, épicos y narrativos. La psiquiatría lírica, a la que califica como la forma más “fértil» de psiquiatría en la actualidad, tiene como su gran obra la creación de «problemas, conflictos y profundídades que nunca habían sido totalmente reconocidas por el paciente. que, de otra manera, hubiera podido encontrar necesario continuar indefinidamente en una existencia rutinaria aburrida. Esta es una buena sacudida al tema iatrogéníco, que merece una seria consideración. (Jay Silber, Medical Opinion ana Review, agosto de 1969, p. 61.)

 

Freud no ha hecho que la gente se haga irresponsable; pero ha facilitado una solución filosófica y pseudocientífica a las personas irresponsables, a fin de que éstas la utilicen para justificarse a sí mismas. Freud es una causa de los males de la sociedad moderna sólo como un factor de complicación, no como la causa básica de estos males. La causa esencial es el pecado.

 

¿Adónde nos lleva todo esto?

 

Todo esto es de interés para el cristiano. Mowrer pregunta: «¿Ha vendido la religión evangélica su derecho de primogenitura por una confusión de potaje psicológico?» Este interrogante es muy penetrante. Cada consejero conservador debe considerar la pregunta de Mowrer como un reto por implicación. Casi todos los libros recientes de orientación para ministros, incluso los conservadores, están escritos desde el punto de vista freudiano, en el sentido de que se apoyan principalmente sobre las presuposiciones de la ética freudiana de la no-responsabilidad. Allí donde estos libros se siguen, la utilización de principios freudianos por parte de ministros ha servido para perpetuar las hostilidades y resentimientos ya existentes y ha tendido a hacer más grandes las brechas en la comunicación al alentar a los asesorados a echar las culpas a otros. Los institutos de salud mental están dirigidos a persuadir a los ministros de que no pueden (a menudo la fraseología es que «no deben atreverse a») ayudar a los «enfermos mentales». Las grandes palabras en tales conferencias son «deferir» y «remitir».

 

Wiesbauer escribe así: «La principal preocupación de cada clérigo debe ser el procurar que los enfermos mentales reciban ayuda

psiquiátrica tan pronto como sea posibie», Henry H. Wiesbauer Pastoral Help In Serious Mental Illness (Nueva York: The National Assocíation for Mental Health, s.f.), p. 3.

 

Los maestros de escuelas cristianas se ven impotentes, temiendo disciplinar a sus estudiantes por si pudieran dañarle psicológicamente. Por ello tienden a apoyarse en especialistas, tanto dentro como fuera del sistema, sin reconocer el hecho de que, en sus propias aulas, ellos tienen una de las mejores oportunidades disponibles para la orientación: el contacto diario, permitiéndoles tener condiciones casi ideales para el cambio y el crecimiento. Este libro hace sonar una nota enteramente nueva, una nota que hace mucho tiempo que debía tocarse. En lugar

de deferir y de remitir a psiquiatras inmersos en sus dogmas humanísticos, los ministros del evangelio y otros obreros cristianos que han sido llamados por Dios para ayudar a Su pueblo a salir de sus angustias, serán alentados a reasumir sus privilegios y responsabilidades. ¿Han de deferir y remitir? Sólo como una excepción, nunca como una norma, y entonces solamente a obreros cristianos más calificados. Su obra es conferir. La tesis de este libro es que consejeros cristianos aptos, instruídos de manera apropiada en las Escrituras, están calificados para aconsejar: mucho más calificados que los psiquiatras o que ningún otro. Hablando en la Universidad de Harvard en noviembre de 1958, Leo Steiner hizo esta afirmación:

 

El ministerio comete un error enorme cuando cambia lo que tiene por el ropaje psicoanalítico… ¿Donde estará el psicoanálisis de aquí a 25 años?.. yo predigo que tomará su lugar en compañía de la frenología y el mesmerísmo.

 

La verdadera cuestión para el ministro es el traslado del consultante. Al llegar a este punto, no puede evadir esta cuestión. Debe preguntarse: ¿Enviaré a mi consultante al psiquiatra o a una institución mental, o puedo hacer algo por él?

 

El traslado de cualquier tipo debería ser considerado por un ministro solamente como último recurso. El hecho de que un consultante haya buscado un consejero cristiano debería ser considerado por sí mismo. como algo significativo. Puede que le haya seleccionado a él precisamente porque esta consciente de su pecado y de su necesidad de perdón. Los pastores empezaron muy pronto a ceder terreno. Un estrecho amigo de Freud, Oskar Pfíster, que era un ministro liberal, tipifica la capitulación que ha tenido lugar en general durante los últimos cincuenta años. Cp, Hemnch Meng y Ernst L. Freud (eds.), Psychoanalysis and Faith (Nueva York: Basic Books, Inc., 1963)

 

En vista de estos recientes cambios, debe evaluar de nuevo la propaganda de la última generación y preguntarse otra vez: «¿Qué puedo hacer yo?» Pero, a fin de poder dar respuesta a esta pregunta, le es necesario llegar, ante todo, a algunas conclusiones acerca de la verdadera naturaleza de los problemas de los llamados «enfermos mentales». La cuestión tiene que ser considerada a partir de una perspectiva bíblica, empezando con presuposiciones escriturales, rehusando bautizar a Freud (o a Mowrer, por lo que pueda atañerle).

 

Una consideración así revela que el punto central se reduce a una consIderacIón de la siguiente cuestión: El problema fundamental de las personas que acuden a una consulta personal, ¿es enfermedad o pecado?

 

La cuestión aguí es si los problemas no medicos de los consultantes son alogenicos (originados por otros) o autogenicos (causados por uno mismo)

 

A esta cuestión se dirige el tercer capítulo. Pero antes de pasar a el. tenemos que considerar un asunto preliminar crucial.

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