¿ES AHORA EL REINO, O TODAVÍA TIENE QUE VENIR?

Introducción

Conforme nos vamos acercando, como verdadera Iglesia de Jesucristo, al momento del Rapto y Resurrección de los muertos en Cristo, la maldad en forma de espíritu de apostasía crece por momentos entre los creyentes a nivel mundial, intentando persuadir, seducir y engañar a muchos, aun a los fieles seguidores del Maestro (Mt. 24: 24)

Es obvio que se ha estado formando detrás de las “bambalinas” eclesiales el tejido maligno preciso para ayudar al futuro levantamiento de una falsa iglesia mundial; la iglesia del Anticristo, encabezada por el Falso Profeta, por mano de pretendidos ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras (Ap. 13: 11-17; 2 Co. 11: 15). Por lo tanto, hoy más que nunca debemos tener presentes las palabras de la Escritura: “El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos ; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo (2 Timoteo 2: 19)

Esa es la razón por la cual, todos los que somos conocidos por el Señor, debemos hoy en día más que nunca ” Velar y orar ” para no ser engañados por las ” grandes señales y prodigios ” engañosos, así como por las “doctrinas de demonios ” que son el caldo de cultivo de la gran ” apostasía” que facilitará el levantamiento del “hombre de pecado ” (el Anticristo), y de ese modo, ” ser tenidos por dignos de escapar de las cosas ” que vendrán en breve sobre este mundo enemigo de Dios y de Su Palabra. (Lc. 21: 36; Mt. 24: 24; 1 Ti. 4: 1; 2 Ts. 2: 3; Lc. 21: 36b)

Este es el motivo de este pequeño tratado de apologética, poner a la luz el error, para apartarnos del lastre que conlleva y avanzar en el camino de santidad de Cristo, solamente llevando Su yugo (que es fácil) y Su carga (que es ligera) (Mt. 11: 30)

No temas al hombre; teme a Dios y apártate del mal…

Que el Señor te bendiga con Su verdad, Su Palabra es verdad.

¿ES AHORA EL REINO, O TODAVÍA TIENE QUE VENIR?

Si hiciéramos esta pregunta a muchos cristianos hoy en día, obtendríamos diferentes respuestas; y es que existe demasiada enseñanza controversial acerca del asunto. Es mi propósito aclarar esa cuestión en lo posible, para que no nos llevemos a engaños y a falsas esperanzas que puedan desembocar en un posterior enfriamiento de nuestra fe; para intentar evitar que, al menos en algunos, se cumpla en lo posible las proféticas palabras de Cristo:

” Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24: 24)

1. La pregunta de los discípulos de Cristo

Los discípulos le preguntaron a Cristo momentos antes de Su ascenso a los cielos: ” ¿Restaurarás el Reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1: 6, 7). La respuesta fue, no acerca de la restauración del Reino a Israel, sino acerca de cuándo se iba a producir. Por lo tanto, partimos de la base de que el Reino iba a ser restaurado a ISRAEL, pero Cristo no dijo cuándo. Era (y es) cosa sólo del Padre.

Hoy en día se habla mucho del Reino, en cuanto a que la Iglesia está estableciendo el Reino en esta tierra, y se anima a todos los creyentes a avanzar en esa acción, pero, ¿es eso verdad? ¿Realmente la Iglesia está aquí y ahora para establecer el Reino en este mundo? ¿Es el papel de la Iglesia de Jesucristo establecer el Reino?

Estas preguntas son importantes, porque si la respuesta a ellas es sí, entonces entendemos las pretensiones y creencia de ciertos líderes cristianos de ver, no sólo un avivamiento mundial, sino una reforma total, que traiga consigo una cristianización del planeta, el reino establecido. Pero si la respuesta es no, entonces es preciso que revisemos nuestros postulados y nuestra creencia, porque, hermanos, ciertamente la respuesta es un rotundo NO: La Iglesia no está aquí y ahora para establecer el Reino en este mundo.

Razonando

Si el profetizado Reino de Dios en la tierra debe ser establecido por la Iglesia, entonces deberíamos esperar una dominación mundial y una paz antes del regreso de Jesucristo, que hubieran empezado desde el momento de la Ascensión de Cristo a los cielos, aunque hubiera sido de modo progresivo. No obstante, jamás la Iglesia de Jesucristo ha conseguido que se haga la voluntad de Dios en este planeta, entre otras razones, porque ese no es su llamamiento, y todos los esfuerzos que se han hecho para establecer por la fuerza el Reino, han fracasado y han sido de gran vergüenza y oprobio, blasfemando el nombre de Cristo (véase las Cruzadas).

Si lo que se pretende es que ahora es el tiempo, significaría que los cristianos deberíamos tomar posiciones de poder en todas las naciones y estamentos de todo tipo, y progresivamente, ir sacando del medio a los dirigentes impíos, hasta que efectivamente, un supuesto gobierno de Dios fuera establecido, eso, entre otras muchas cosas afines; pero, ¿es esto lo que la Iglesia debe hacer hoy?, y ¿cómo supuestamente debería hacerlo?

¿Las profecías del Antiguo Testamento acerca de dominio mundial, paz, justicia, Reino de Dios en la tierra, verdadera Teocracia serán cumplidas en este tiempo? ¿Antes de que Cristo vuelva? ¿Cómo se puede hacer esto sin Cristo presente? ¿Cómo se puede hacer esto, cuando los enemigos de Cristo están por doquier, así como estuvieron en el tiempo en el que Él vino como siervo, como Cordero, a dar Su vida por los hombres? ¿Qué ha cambiado? La respuesta es: Nada ha cambiado de momento.

¿El Cuándo lo sabemos?

El hecho es este: Cuando se fue el Rey, se fue la esperanza del Reino…¡Hasta que el Rey vuelva!, cuando Jesucristo vuelva como Rey de los judíos para establecer Su Reino desde Jerusalén.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta acerca de cuando será restaurado el Reino a Israel que los discípulos ansiosamente le formularon al Maestro es: Cuando Él vuelva en gloria.

Es Jesucristo quien establecerá el Reino con Su venida gloriosa. Entonces, y sólo entonces, se cumplirá la oración: ” Venga a nosotros Tu Reino “.

¿¡Reino Ahora!?

Y sin embargo, tenemos, bajo la bandera de los Dominionistas (Teología del Dominio o Reino Ahora), a los Reformistas Apostólicos (New Apostolic Reformation), Restauracionistas (Restoration Movement), etc. que parece no hacen caso a las palabras de Jesús cuando respondió acerca de la restauración del Reino: ” No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1: 7), sino que ellos por su cuenta ya están anunciando la restauración del Reino para ahora.

El Reino en el que ahora vivimos los verdaderos cristianos, es un Reino no terrenal, sino espiritual. Jesús mismo aclaró que Su Reino no era de este mundo (Jn. 18: 36), y esto sigue siendo así.  La Biblia dice que ” Nosotros somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno ” (1 Juan 5: 19).

El papel de la Iglesia de Jesucristo es otro al que muchos enseñan. La Iglesia está aquí y ahora para predicar el Evangelio, soportar la persecución si es preciso, influenciar la sociedad, sólo buscando mediante la oración y el buen testimonio, el cambio de los corazones de los hombres. La verdadera Iglesia, en comparación del resto de la humanidad, nunca será más que una minoría, menospreciada y rechazada como lo fue su Maestro (Mt. 7: 13, 14; 22: 14; Lc. 12: 32; Jn. 15: 20)

Contrariamente a lo postulado por los que creen que la Iglesia está aquí para establecer el Reino, y que hasta que la tierra no esté llena del conocimiento de Dios, el Señor Jesús no volverá, Éste, en el Monte de los Olivos, profetizó acerca de la tremenda maldad, rebelión y hasta negación del verdadero Evangelio que iba a ir ocurriendo in crescendo hasta Su venida en gloria (Mt. 24:3-26)

Así que no debemos esperar que en este mundo se imponga la Ley de Dios, y que sea cristianizado, ni por fuerza ni por bondad, antes que regrese en gloria Jesús, sino radicalmente todo lo contrario. Además, Dios no busca hombres de “buena voluntad” que llenen la tierra, sino que Él tiene “buena voluntad para con los hombres”, en el sentido de que, desea la verdadera salvación de sus almas, y esta salvación no es corporativa, sino individual.

Cuidado con las doctrinas

Jesús advirtió vehementemente acerca de un falso evangelio que se levantaría en nuestros días, con falsos profetas y maestros, que viniendo en Su nombre, iban a engañar a muchos cristianos (Mt. 24: 4, 5; 23-28).

Pablo advirtió también: ” Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1)

Muchos líderes, bien intencionadamente o no (cada uno sabe), enseñan que la Iglesia sobretodo y primeramente a través de los apóstoles y profetas, está para “discipular a las naciones”. Me gustaría que alguien me facilitase alguna reseña en el Nuevo Testamento que diga tal cosa. Lo más parecido a esto, es lo dicho por el Señor Jesús cuando dijo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28: 19), hablándonos de una salvación personal e individual entre los habitantes de las naciones, y no de una salvación corporativa o nacional, como éstos proponen.

También enseñan que “hemos de tomar las naciones para Cristo”, como si la Iglesia tuviera el mandamiento y la responsabilidad de subyugar a las naciones, en este caso, y ponerlas a los pies de Cristo. Esto último es lo que los judíos esperaban que hiciera el Mesías cuando vino contra sus oponentes los romanos, pero como no ocurría, le rechazaron. La realidad es que los habitantes de las naciones son todos y cada uno de ellos libres de escoger o rechazar a Cristo (con lo que ello implica en términos de eternidad individual). Aun Dios, en Su paciencia, permite esta dispensación de Su gracia para todo aquel que la quiera aprovechar.

Algunos postulan que el problema estriba en los principados y en las potestades satánicos que tienen atadas a las personas para que no se conviertan, y para ello citan: ” 3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4: 3, 4) . Sin embargo lo que el apóstol Pablo está diciendo no es eso, sino lo contrario. Lo que dice es que el diablo toma ventaja de la incredulidad de las gentes para cegarlas. El problema es la incredulidad de las gentes, no el diablo, en primera instancia. El diablo no puede impedir en ningún modo que las personas que Dios ha de salvar, se salven.

La Iglesia no puede salvar, ni puede tomar las naciones para Cristo, ni establecer el Reino, ni echar fuera de este mundo los principados demoníacos, todo esto es una falsa enseñanza. Básicamente, el diablo sigue en este mundo (hasta que vuelva Cristo en gloria para ser atado por mil años en el abismo Ap. 20: 3), por el derecho que tiene a causa de los impíos y de su pecado. Sólo en la medida en que el Espíritu Santo lo dirija, deberemos atar y luchar espiritualmente contra él (Efesios 6: 12), pero nunca creamos que literalmente echaremos del planeta a los principados y potestades antes de que vuelva Cristo. Eso es, como mínimo, una falacia y una pérdida de tiempo y esfuerzo.

En este mundo, tal y como lo conocemos, las cosas NO van a ir a mejor, sino a peor. Quienes predican y enseñan que la Iglesia va a transformar este mundo y dominarlo en el nombre de Cristo, se equivocan en manera total, y engañan a los creyentes que les creen. Este mundo que cada vez le da más la espalda a Dios está para ser juzgado. En el libro de Apocalipsis, Juan ve que la mayor parte de la humanidad ” blasfemaba contra el Dios del cielo, y no se arrepentía de sus iniquidades” (Ap. 9: 20, 21) . Aunque, al menos, la tercera parte de la humanidad morirá durante la Tribulación, ni siquiera el resto en ese tiempo se arrepentirá (Ap. 16: 11; 9: 15-20). Como puede verse, a la luz de la Escritura, esto está lejos de considerarse un avivamiento y reforma mundiales.

Sellados con el Espíritu Santo de la promesa

¿Cuál es la esperanza de los creyentes? La realidad, como creyentes, al igual que Jesús, es que no somos de este mundo, y por lo tanto, podemos esperar el mismo trato que le dieron a Él cuando estuvo entre nosotros (Jn. 15: 18, 19).  Esto no es fatalismo ni negativismo, y si lo es, entonces la crucifixión de Jesús fue también un error, y sabemos que en ningún modo fue así. Gracias a la cruz, hoy podemos, los creyentes, tener la seguridad de que, a pesar de que todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser, sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cómo es ” (1 Juan 3: 2) Somos salvos por la fe; todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser.

Basados en el Espíritu Santo

Aunque la Iglesia debe vivir en el Reino espiritual de Cristo, manifestándolo por doquier, la Iglesia no es el Reino en la tierra prometido a Israel. Cuando venga el Rey, vendrá el Reino, será el Milenio, y las naciones serán regidas con vara de hierro por Cristo (Ap. 19: 15). Todavía ahora no es el tiempo del Reino en su manifestación terrenal, cuando venga el gobierno Teocrático, es decir, Cristo visible, gobernando las naciones desde Jerusalén. Todavía ahora vivimos en el tiempo de la Iglesia; el tiempo de la gracia; en el tiempo de la predicación del evangelio, como decía Pablo: ” Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; 4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, 5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2: 1-5). El único poder que debemos ejercer a la hora de esparcir el Evangelio, no es el que brinda el dinero o el temporal, ni las influencias de este mundo; es el poder de Dios por el  Espíritu Santo.

2. ¿Cuál debería ser entonces la experiencia del Reino entre los cristianos?

Jesús jamás habló del Reino como una realidad presente terrenal en la Iglesia. Los judíos rechazaron a su Mesías, y consecuentemente el Reino prometido fue rechazado también. Por esa razón, Jesús, el Rey de Israel retornó al Cielo, y está sentado a la diestra del Padre en espera del tiempo de la restauración, cuando sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (S. 110: 1), y eso será en el Armagedón (Ap. 16: 16; 19: 11: 21).

Mientras tanto, la experiencia del Reino entre los creyentes (tanto de origen gentil como judío) deberá ser:

a) En Cristo, como Rey en los lugares celestiales.

b) No como Rey (de facto) en este mundo todavía, ya que El dijo que Su Reino no era de este mundo (Juan 18: 36).

c) En demostración de Su autoridad sobre los poderes espirituales (Mt. 12: 28; Ef 6: 12; Lc. 10: 19; Mc. 16: 17, 18, etc.)

d) La de un gobierno espiritual invisible en el poder del Espíritu Santo.

e) En constante esperanza eterna.

f) Voluntaria y por fe.

g) Personal e individual.

h) Espiritual.

i) En espera del Rapto y de la Resurrección.


La Iglesia es extranjera y peregrina en este mundo, por eso, llegará un día en que Cristo vendrá a por ella (1 Co. 15:  51-53; 1 Ts. 4: 13-18)

El gobierno de la Iglesia sólo puede ir hasta donde alcanza el gobierno de su Cabeza, Cristo; y hasta el momento (hasta que Él vuelva en gloria), ese gobierno es espiritual, en los Cielos (Ef. 1: 20-23). Este es un dominio espiritual: ” Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 12)

3. ¿Estamos en el Milenio?

Parte de la enseñanza “restauracionista” (entiéndase, Movimiento de la Restauración), tiene como base que los eventos del libro de Apocalipsis ya han sucedido, que son historia, y que el Reino de Cristo como Rey sobre la tierra es ahora. Creen que el Reino es ahora, llamado el Milenio (Ap. 20: 2-4). Por lo tanto, las creencias de este “movimiento de la restauración”, que muchos comparten aunque no sepan que se llama así, tienen su naturaleza en la posición  POST-MILENIAL.

Los post-milenialistas creen:

a) Que la Iglesia reinará triunfante antes del regreso de Cristo (Reino Ahora).

b) Que la Iglesia es el instrumento que Dios está usando para hacer que Cristo venga en gloria, en poder universal y gloria.

c) Que la apostasía, la tribulación, el Anticristo y otros, son eventos pasados.

d) Que la resurrección y el juicio final ocurrirán con la Venida de Cristo en gloria.

Muchos, sin ser conscientes ni darse cuenta, son postmilenialistas en su credo. Esa es la razón por la cual, muchos esperan que en este tiempo ocurran las cosas que sólo ocurrirán a partir de la venida en gloria de Cristo, cuando realmente empiece el Milenio, o el Reino de Dios sobre esta tierra. Sólo hay que prestar una mínima atención a cómo va este mundo para ver que de ninguna manera estamos en el Reino que Dios prometió a Israel.

4. La cuestión del post-milenialismo

El concepto de victoria universal (a todo nivel) de la Iglesia, y el Reino en el día de hoy, antes de la venida del Rey, no pueden basarse en un entendimiento pre-milenial, esto es, el Reino es a partir de la venida del Rey. El postmilenialismo es la creencia de que Jesús estableció Su Reino en el momento de su Ascensión a los cielos, y que ahora está reinando de facto a través de Su Iglesia. Entonces, El no volverá hasta que progrese un periodo significativo de gobierno cristiano en este mundo. Los que así creen, dicen que hay que cristianizar todo el mundo, tomando el gobierno de las naciones, y trayendo paz a la humanidad. El modismo que emplean comúnmente es el de “dominar”.

Esta creencia se da de bruces con la respuesta de Jesús a sus discípulos cuando en el momento en que Él iba a ser ascendido a los cielos, le preguntaron si en ese tiempo Él iba a establecer el Reino (ver Hchs. 1: 6, 7)

¿Qué creían los primeros discípulos?

Además de la evidencia bíblica, lo cual es más que suficiente, no está de menos echar un vistazo a lo que creía la Iglesia primitiva. La idea de que la Iglesia iba a reinar victoriosa en este mundo antes de la venida del Rey, no existía. Todos los escritos de los primeros discípulos (así como la misma Biblia), son de corte PRE-milenial, es decir, que habrá un Reino literal que durará mil años y que comenzará justo con la venida de Cristo en gloria en esta tierra (Ap. 20: 4-7).

Para encontrar la primera doctrina de corte post-milenial, deberemos avanzar a partir de los primeros discípulos en la historia de la Iglesia, e ir hasta el tiempo de Orígenes (alrededor del 200 d.C.). Este hombre, estudiante de filosofía pagana, y basándose a la hora de interpretar la Escritura en el sistema alegórico griego, introdujo muchas herejías en el seno de la Iglesia.

El creía en un tipo de reencarnación de las almas, en la eventual salvación del diablo, y en el conocimiento oculto de la Palabra, dirigido a una supuesta auto-deidad del hombre. En otras palabras, él podría ser un actual miembro de la Nueva Era. Este fue el hombre que encasquetó el postmilenialismo a los creyentes. Orígenes no creía que Jesús iba a reinar de forma visible sobre la tierra. El enseñaba que Jesús era el Logos, el principio divino de la razón de la creación, subordinado al Padre, es decir, un ser creado. Contrariamente, los Padres de la Iglesia escribían acerca de su fe en el Retorno de Cristo para establecer Su Reino desde Jerusalén. Veamos:

Justino Mártir (100-165):

“Yo, y todos los demás que son verdaderos cristianos, sabemos que habrá una resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, que será edificado, adornado y engrandecido tal y como los profetas Ezequiel, Isaías y otros declararon. Además de esto, cierto hombre con nosotros, llamado Juan, un Apóstol de Cristo, predijo por una revelación dada a él, que aquellos que creyesen en nuestro Cristo, pasarían mil años en Jerusalén y que después, por decirlo brevemente, la resurrección eterna y el juicio de todos los hombres, se produciría”

Ireneo (130-200) :

“Cuando ese Anticristo haya devastado todas las cosas de este mundo, reinará durante tres años y seis meses, y se sentará en el templo de Jerusalén. Entonces el Señor vendrá desde el Cielo sobre una nube y en la gloria del Padre, enviando a ese hombre y a aquellos que le siguen al lago de fuego, pero trayendo para los justos los tiempos del Reino; esto es, el Descanso, el Santo Día del Sabbat, y restaurando a Abraham la herencia prometida, en cuyo Reino el Señor declaró que muchos viniendo del este y del oeste, se sentarían con Abraham, Isaac y Jacob”

Tertuliano (160-220):
“Pero confesamos que un Reino nos ha sido prometido sobre la tierra, aunque antes que en el Cielo, sólo que en otro estado de existencia, y mucho de ello será después de la resurrección de ellos, durante mil años en la divinamente construida ciudad de Jerusalén”

Es una realidad el hecho de que no se ha encontrado un escrito que apoye el postmilenialismo antes del tiempo de Orígenes. Después de él, apenas se halló, hasta que llegamos a Agustín de Hipona. Este, cambió muchas de las doctrinas de los primeros creyentes, y así abrió camino a los credos del catolicismo romano hasta hoy.

El error de Agustín y su influencia

Agustín de Hipona (354-430) fue un filósofo que se convirtió al cristianismo después de de conocer y experimentar diferentes herejías: ( Maniqueísmo, filosofía dualista de Persia; Escepticismo , filosofía occidental; Neoplatonismo , búsqueda del desarrollo y síntesis de las ideas metafísicas de Platón). Dice la Enciclopedia Encarta:

“Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y de los antiguos filósofos griegos ” . Aquí vemos que su enseñanza no fue enteramente escritural. Por lo tanto, se puede decir que dio a la Iglesia del Estado su base de sacerdocio autoritario y sus rituales sacramentales.

Su visión de la Iglesia como un Reino, definido en su libro “La Ciudad de Dios ”, influenció a la Iglesia en un tiempo en el que una enseñanza firme era muy necesaria. La Iglesia, usó las enseñanzas de Agustín para justificar la idea de su poder temporal; el bautismo de infantes; su riqueza terrenal y poder, así como su influencia sobre las multitudes en relación con todos los asuntos de la vida, muerte y salvación.

La influencia de Agustín fue esencial para que a lo largo de los siglos el catolicismo romano hubiera rechazado cualquier idea acerca de un futuro Reino Mesiánico en Tierra Santa. De hecho, cada vez se volvió más antisemita en sus creencias, hasta el punto de apoyar (el Vaticano) a Hitler y a Mussolini en sus esfuerzos de destruir a los judíos.

¡Ninguna doctrina basada en el premilenialismo (el Rey antes que el Reino), hubiera podido ser aceptada o permitida, que pusiera en algún peligro el poder terrenal y la influencia de la “única, santa y eterna indivisible iglesia de Roma”! Esa es la razón por la cual, el premilenialismo, cuando surgió de nuevo, sólo fue creído por una minoría de creyentes, como los Anabaptistas, los Moravos, y los Irvingitas, aquellos que habían roto con las enseñanzas de la llamada iglesia visible de entonces.

Los judíos siempre entendieron que el Reino era algo literal, futuro; un reino terrenal de Dios que había de venir. Jesús nunca corrigió a los judíos de su día, aunque sí les desafió acerca de otros muchos aspectos de sus creencias. Cuando estaba entre nosotros, Jesús habló de su propia presencia sobre la tierra como una demostración del gobierno del Reino, y sin embargo enseñó a sus discípulos a orar para que el Reino viniera. Nunca jamás asoció Su resurrección con el levantamiento de un Reino judeo-gentil supuestamente llamado Iglesia, y ni tampoco eso estaba en la mente de los primeros cristianos.

El “ Oxford Diccionario de la Iglesia Cristiana ” (una obra de corte liberal), dice acerca del Reino de Dios:

“Antes de St. Agustín, la identificación del reino con la Iglesia parece que nunca fue establecida, pero a partir de entonces (alrededor del 400 d.C.), vino a ser general”

La idea de que la Iglesia reinaría victoriosa como un Reino en la tierra, antes de la venida en gloria de Cristo, no estaba patente en la Iglesia primitiva, ni tampoco está patente en la Biblia si se es honesto en su interpretación. Como venimos diciendo, la Biblia misma y todos los escritos de antes de Orígenes, y sobretodo, antes de Agustín de Hipona, son premilenialistas, es decir, enseñan que el Milenio (mil años literales), es decir, el Reino de Dios sobre la tierra, no será sino a partir de que vuelva Cristo en gloria a este mundo, destruyendo a Sus enemigos, reunidos a la sazón en Har Megiddo (Armagedón) Ap. 16:13-16; 19: 11-21; 20: 3-6; Dn. 2: 44, 45; 7: 7-14; etc. etc.)

Incluso historiadores liberales y amilenialistas, no tienen otro remedio que admitir que el premilenialismo fue “observado y creído extensamente por la Iglesia primitiva” (cita de T.W. Allies 1813-1903). Uno de los más prestigiosos historiadores de la Iglesia, Phillip Schaff (1819-1893), dijo: “El punto más chocante en la escatología de la era pre-nicena (antes del año 325), es el prominente Chileanismo o Milenialismo; es decir, la creencia del reino visible de Cristo en gloria sobre la tierra con los santos resucitados durante mil años, antes de la resurrección general y el juicio”

Constantino
El error en el que están cayendo todos los proponentes del “Reino Ahora”, es exactamente el mismo que aquél de aquellos líderes cristianos del tiempo del emperador Constantino. Siguiendo a Constantino, que dijo haberse convertido al cristianismo (él nunca abandonó el paganismo en realidad), establecieron los principios de lo que luego vino a ser la Iglesia Católico Romana, el fútil intento de teocrizar el mundo entero.

El hombre, aun el cristiano, no está capacitado para ejercer dominio sobre los demás hombres en el nombre de Cristo. El mismo Señor enseñó así a sus discípulos: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20: 25-28). Sólo Cristo puede gobernar a los hombres según la voluntad de Dios, y lo hará cuando regrese. La Iglesia no es llamada a ejercer esa función; ya lo intentó, y fracasó estrepitosamente, y a causa de ello, el camino de la verdad fue blasfemado. ¡Cuánta gente hay en día de hoy que no quiere saber nada de la verdad de Cristo, a causa del pésimo ejemplo de una iglesia que se levantó en su día pretendiendo desempeñar el papel de Cristo Rey en esta tierra! (y todavía continúa).

5. Es menester buscar de veras a Dios en esto
Siendo el caso, es menester ponerse delante del Espíritu Santo, para discernir cuáles son las motivaciones verdaderas que impulsan a pretender “establecer el Reino ahora”. Nos daríamos cuenta de que en muchos casos esos motivos son básicamente carnales. Obedecen a la búsqueda de un reconocimiento, de un derecho, de una ambición o codicia, de un orgullo religioso, de una actitud personalista.

En el mejor de los casos, es la búsqueda de una gloria terrenal para la Iglesia, y consecuentemente, de una eventual transformación de la humanidad bajo el magisterio y supuesto poder de ella. Esto último no deja de ser atractivo, especialmente para aquel creyente que vive preocupado por el creciente estado caótico de este mundo.

Muchos líderes cristianos presentan la doctrina del establecimiento del “Reino ahora”, como la única opción adecuada para la salvación de este mundo, y el único motivo práctico y realista de la existencia de la Iglesia. Lamentablemente, esta visión atractiva de gloria no deja de ser un delirio, un engaño.

En realidad es la visión de los globalistas y los arquitectos del “Nuevo Orden Mundial”: “Un mundo; una iglesia”. No deja de ser la meta de la llamada Nueva Era y de un sinfín de grupos afines, inspirados por el mismo infierno. Y este deseo del alma el: “levantarse y tomar la tierra”, está haciendo que miles de cristianos vayan en la dirección del Anticristo, pretendiendo establecer un reino mundial terrenal antes de la venida de Cristo… Entendamos esto: El Dominio Mundial de la Iglesia es un concepto que no está apoyado por ninguna evidencia escritural; sólo descansa en un impacto emocional para ser aceptado.

Es lamentablemente curioso el hecho de que en la actualidad es menor el énfasis en los círculos restauracionistas acerca de la necesidad de prestar atención al cumplimiento de la profecía bíblica, ya que se enseña que el Anticristo, la Tribulación y la apostasía de la Iglesia son temas prácticamente irrelevantes. Mientras ponen su mira en una “nueva era” de paz y éxito de la Iglesia, sin tomar en cuenta las profecías de la Tribulación, no esperando en este tiempo la venida de Cristo a por los suyos, ¡quién sabe si muchos verán en el Anticristo un príncipe de paz, ya que éste prometerá engañosamente a todos, los mismos postulados que ellos persiguen!

Es fácil para el creyente corriente y sencillo llegar a pensar que todo el mundo es bueno (porque él lo es). Eso se llama ingenuidad. La realidad es que vivimos en tiempos muy peligrosos en el cual existen hombres amadores de sí mismos, lobos rapaces que no perdonan al rebaño, falsos profetas y maestros que introducen encubiertamente herejías destructoras, falsos apóstoles que se disfrazan como apóstoles de Cristo ( 2 Ti. 3: 1; Hchs 20: 29; 2 Pe. 2: 1; 2 Co. 11: 13), y a la cabeza de todos ellos está el propio Satanás, empeñado en que no se cumpla lo que Cristo prometió: “Que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia” (Mt. 16: 18). Por ello, cuando se intenta sacar a la Iglesia de su papel y posición auténticas, para encaminarla en una dirección que no es la del Espíritu Santo, como pretenden entre otros, los defensores del establecimiento del Reino ahora, el diablo toma ventaja, y tristemente muchos serán dañados.

No hay Reino sin el Rey. Cuando venga el Rey, tendremos Reino

bibliografía :

Tricia Tillin……The Restoration Movement; an examination of the Kingdom Dominion.

Jeannette Haley……Kingdom Theology.

Enciclopedia Encarta.

Fuente: Centrorey.org

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