Job 4

Job 4 (RV60) -Elifaz reprende a Job

1 Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
2 Si probáremos a hablarte, te será molesto;
Pero ¿quién podrá detener las palabras?
3 He aquí, tú enseñabas a muchos,
Y fortalecías las manos débiles;
4 Al que tropezaba enderezaban tus palabras,
Y esforzabas las rodillas que decaían.
5 Mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas;
Y cuando ha llegado hasta ti, te turbas.
6 ¿No es tu temor a Dios tu confianza?
¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?
7 Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido?
Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?
8 Como yo he visto, los que aran iniquidad
Y siembran injuria, la siegan.
9 Perecen por el aliento de Dios,
Y por el soplo de su ira son consumidos.
10 Los rugidos del león, y los bramidos del rugiente,
Y los dientes de los leoncillos son quebrantados.
11 El león viejo perece por falta de presa,
Y los hijos de la leona se dispersan.
12 El asunto también me era a mí oculto;
Mas mi oído ha percibido algo de ello.
13 En imaginaciones de visiones nocturnas,
Cuando el sueño cae sobre los hombres,
14 Me sobrevino un espanto y un temblor,
Que estremeció todos mis huesos;
15 Y al pasar un espíritu por delante de mí,
Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo.
16 Paróse delante de mis ojos un fantasma,
Cuyo rostro yo no conocí,
Y quedo, oí que decía:
17 ¿Será el hombre más justo que Dios?
¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
18 He aquí, en sus siervos no confía,
Y notó necedad en sus ángeles;
19 ¡Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!
20 De la mañana a la tarde son destruidos,
Y se pierden para siempre, sin haber quien repare en ello.
21 Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos?
Y mueren sin haber adquirido sabiduría.

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Comentario a Job 4

Fuente: “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.” Libros poéticos – Job -Tomo-2. Editorial CLIE.

Una vez que Job ha dado salida a sus quejas, sus amigos comienzan ahora a dar salida a sus juicios sobre el caso. El asunto en cuestión era sobre si Job podía ser un hombre íntegro o no. Satanás no había podido negar que Job perseveraba en su integridad a pesar de su gran aflicción, pero los amigos de Job se aferran a su juicio de que, si Job fuese un hombre íntegro, no estaría sufriendo de esta manera; por consiguiente, le urgen a que declare que ha sido un hipócrita en sus actividades de piedad y caridad. Job se negará a ello, pues, aun cuando se reconozca pecador, puede confesar sinceramente que su corazón ha sido siempre recto en la presencia de Dios. Elifaz es, de los tres amigos, el que inicia el diálogo en este capítulo, en el cual,

I. Da a entender que ya no puede callar por más tiempo (v. 2).

II. Reconoce las muchas y buenas obras de Job (vv. 3, 4), pero,

III. Le acusa de hipocresía, fundándose para ello en los tormentos que ahora sufre y en la forma como se comporta bajo la tribulación (vv. 5, 6).

IV. Sienta el principio de que cada uno recoge lo que ha sembrado (vv. 7-11).

V. Corrobora su aserto mediante una visión que había tenido, en la que pudo contemplar la incontestable santidad y justicia de Dios, así como la condición vil, débil y pecaminosa del hombre (vv. 12-21). Con todo esto, intenta doblegar el ánimo de Job y hacer que se arrepienta y tenga paciencia bajo su tribulación.

Versículos 1-6

I. Comienza Elifaz excusándose de tener que molestar a Job con el discurso que va a pronunciar, pero no tiene más remedio que hacerlo (v. 2). Si lo que va a decir fuese atinado, podría servimos de ejemplo en el modo de tratar a aquellas personas a quienes nos vemos forzados a reprender. Deberíamos mostrar la mayor humildad y mansedumbre posibles (v. Gá. 6:1).

Por otra parte, el callarse por no ofender a los que tenemos que reprender es una necia compasión.

II. Presenta un doble cargo contra Job.

1. En cuanto a su conducta bajo la presente aflicción, le culpa de debilidad y desánimo.

(A) Reconoce todo el bien que Job ha hecho en el pasado para consuelo e instrucción de otros (vv. 3, 4). Quienes abundan en riquezas materiales o espirituales deben hacer a otros partícipes de ellas ¿Por qué menciona Elifaz esto? Para hacerle ver que, hallándose ahora él en las mismas circunstancias que aquellos a quienes ayudaba, debería reconocer que sólo sus pecados eran la causa de verse ahora castigado por Dios. Viene a decirle: «Tú que enseñabas a muchos, ¿por qué no te enseñas a ti mismo?»

(B) Le reprende por su conducta inconsecuente (v. 5): «Ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas, y cuando te ha tocado (lit.) te conturbas». Elifaz da poca importancia a la aflicción de Job: «…te ha tocado » ¡El mismo verbo que había usado Satanás en 1:11; 2:5! Si Elifaz hubiera sufrido en su propia carne lo que Job padecía, habría dicho: «me golpea, me hiere» Los hombres tendemos siempre a dar poca importancia a los sufrimientos ajenos y a exagerar los nuestros.

2. En cuanto a su conducta en general antes de esta aflicción, le acusa de maldad e hipocresía ¡Cuan injusta y falta de base era esta acusación! (v. 6): «¿No era (mejor que es -el verbo no está en el original-, pues así lo exige el contexto. Nota del traductor) tu temor de Dios tu confianza, y tu esperanza la integridad de tus caminos ?». Como diciendo: «Tu conducta actual muestra lo insincero de tu conducta anterior, pues ha cambiado al cambiar las circunstancias». Satanás había intentado demostrar a Dios lo mismo que ahora intenta de demostrar a Job valiéndose de sus amigos. Pero, por la gracia de Dios, Job fue capacitado para mantener en alto su integridad y rechazar el falso testimonio que se profería contra él. Los que, faltos de caridad y discernimiento, censuran sin razón a sus hermanos tachándoles de hipócritas hacen la labor del diablo. Es cierto que «si desmayas en día del apuro, tu fuerza es estrecha » (Pr. 24: 10, lit.); pero eso no significa que el carácter de una persona deba juzgarse por el desmayo de un momento.

Versículos 7-11

Elifaz presenta ahora otro argumento para demostrar que Job es un hipócrita: no sólo su impaciencia bajo la aflicción, sino también la aflicción misma es una evidencia contra él. Razona así:

1. Nunca sufren así los inocentes. Como si Job fuese un irreflexivo, le dice (v. 7); «Recapacita ahora: ¿qué inocente jamás ha perecido? »

Si se trata de la perdición eterna, eso es cierto (2 Ts. 2:3). Pero si hablamos de pérdidas temporales, no lo es.

2. Aplica el principio de la siembra y la siega (vv. 8,9). Este principio se halla también en Sal. 7:15; Pr. 22:8 y Os. 8:7, pero Elifaz le da un sentido exclusivo e inexorable, no atestiguado en la Biblia. También Pablo lo emplea (Gá. 6:7 y, en cierto sentido, Ro. 6:23), pero el contexto es muy distinto, pues rebasa los límites de lo temporal. Para probar la inexorabilidad de su principio, Elifaz recurre a dos ilustraciones retóricas de mucha fuerza:

(A) La ira de Dios es más temible que el viento de Yahweh (Is. 40:7), el quemante viento del desierto que había hecho desplomarse el edificio sobre los hijos e hijas de Job (1:19).

(B) Aunque los malvados sean tan fuertes como leones, la ira de Dios los dispersa y los quebranta (vv. 9-11). La lengua hebrea tiene cinco vocablos para designar al león, y los cinco se hallan en estos versículos. Es probable que la intención de Elifaz al poner esta ilustración fuese dar a entender que aunque Job hubiese sido anteriormente el hombre más grande de todos los orientales (1:3), quizá se había enriquecido, como el león, con despojos ajenos, y ahora veía su poder y su fortuna en bancarrota, y su familia deshecha y dispersa.

Versículos 12-21

Después de haber tratado de convencer a Job del pecado de impaciencia, Elifaz refiere ahora una visión que había tenido. Esta visión habría podido servir para reprender a Job por su descontento, pero no daba fundamento para acusarle de hipocresía. Las visiones en sueños o, como aquí, al despertar del sueño, eran corrientes en el A.T., pero, gracias a Dios, tenemos ahora la completa revelación de Dios por medio de Jesucristo y a la Biblia hemos de acudir (V. 2 P. 1:19), en lugar de depender de visiones y voces.

I. El mensaje le fue enviado a Elifaz en secreto (v. 12), como suelen venir las más importantes comunicaciones de Dios al hombre. Dios tiene medios de infundir en el alma convicción, consuelo, aviso y reprensión con susurros que el mundo no puede escuchar, lo mismo que por medio de la predicación del Evangelio. Le fue traído en cavilaciones de visiones nocturnas (v. 13); es decir, entre pesadillas de ensueños. Se despertó sobresaltado (v. 14) y tuvo una visión real, no soñada (v. 15), de alguien cuyos rasgos no estaban bien definidos (v. 16). Era una figura humana de contomos borrosos; no cabe duda de que Elifaz se refiere a una figura celestial, angélica.

II. El mensaje mismo, pronunciado desde el silencio y en un susurro (v. 16) viene a ser una declaración de la suma transcendencia de Dios. Delante del Dios infinito en santidad y sabiduría, no sólo los hombres, sino también los ángeles son seres limitados y, por tanto, defectibles. No son amos, sino- siervos (v. 18); y si a ellos les fuese confiado el gobierno del mundo, tendrían sus fracasos y sus errores. Son seres muy inteligentes, pero su inteligencia es limitada. Si hay tal distancia entre los ángeles y Dios, ¿Qué diremos de los hombres, cuyo espíritu, aun santificado, habita en vasos de barro? (ya desde Gn. 2:7, pasando por Sal. 103:14, hasta 2 Co. 4:7). Los ángeles son espíritus puros, libres de materia. Los hombres son espíritus enjaulados en cuerpos de barro, tan frágiles que el más pequeño accidente los quebranta como se aplasta la polilla entre los dedos (v. 19). De la mañana a la tarde desaparecen (v. 20), pues son arrancados con su tienda de campaña (v. 21, comp. con 2 Co. 5:1; 2 P. 1:14). Así, pues, ¿cómo se atreverá a contender con su Hacedor una criatura tan débil, tan pecaminosa y tan frágil como es el hombre? ¡Brillante discurso, pero fuera de lugar en esta ocasión, para el fin que Elifaz se proponía: convencer a Job de hipocresía!.

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