Job 9

Job 9- (RV60)  – Incapacidad de Job para responder a Dios

1 Respondió Job, y dijo:
2 Ciertamente yo sé que es así;
¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?
3 Si quisiere contender con él,
No le podrá responder a una cosa entre mil.
4 El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas;
¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?
5 El arranca los montes con su furor,
Y no saben quién los trastornó;
6 El remueve la tierra de su lugar,
Y hace temblar sus columnas;
7 El manda al sol, y no sale;
Y sella las estrellas;
8 El solo extendió los cielos,
Y anda sobre las olas del mar;
9 El hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,
Y los lugares secretos del sur;
10 El hace cosas grandes e incomprensibles,
Y maravillosas, sin número.
11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré;
Pasará, y no lo entenderé.
12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir?
¿Quién le dirá: ¿Qué haces?
13 Dios no volverá atrás su ira,
Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.
14 ¿Cuánto menos le responderé yo,
Y hablaré con él palabras escogidas?
15 Aunque fuese yo justo, no respondería;
Antes habría de rogar a mi juez.
16 Si yo le invocara, y él me respondiese,
Aún no creeré que haya escuchado mi voz.
17 Porque me ha quebrantado con tempestad,
Y ha aumentado mis heridas sin causa.
18 No me ha concedido que tome aliento,
Sino que me ha llenado de amarguras.
19 Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte;
Si de juicio, ¿quién me emplazará?
20 Si yo me justificare, me condenaría mi boca;
Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.
21 Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo;
Despreciaría mi vida.
22 Una cosa resta que yo diga:
Al perfecto y al impío él los consume.
23 Si azote mata de repente,
Se ríe del sufrimiento de los inocentes.
24 La tierra es entregada en manos de los impíos,
Y él cubre el rostro de sus jueces.
Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?
25 Mis días han sido más ligeros que un correo;
Huyeron, y no vieron el bien.
26 Pasaron cual naves veloces;
Como el águila que se arroja sobre la presa.
27 Si yo dijere: Olvidaré mi queja,
Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,
28 Me turban todos mis dolores;
Sé que no me tendrás por inocente.
29 Yo soy impío;
¿Para qué trabajaré en vano?
30 Aunque me lave con aguas de nieve,
Y limpie mis manos con la limpieza misma,
31 Aún me hundirás en el hoyo,
Y mis propios vestidos me abominarán.
32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda,
Y vengamos juntamente a juicio.
33 No hay entre nosotros árbitro
Que ponga su mano sobre nosotros dos.
34 Quite de sobre mí su vara,
Y su terror no me espante.
35 Entonces hablaré, y no le temeré;
Porque en este estado no estoy en mí.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Comentario a Job 9

Fuente: “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.” Libros poéticos – Job -Tomo-2. Editorial CLIE.

Responde Job a Bildad hablando honorablemente de Dios, humildemente de sí mismo, y resentidamente de su aflicción. En este capítulo, vemos,

I. Expuesta la doctrina de la justicia de Dios (v. 2).

II. Demostrada con base en la sabiduría, el poder y la soberanía de Dios (vv. 3-13).

III. Aplicada al caso, en lo cual Job,

1. Se condena a sí mismo y confiesa que no puede contender con Dios (vv. 14-21).

2. Mantiene su punto de que no podemos juzgar el carácter de las personas por lo que aparece al exterior (vv. 22-24).

3. Se queja de la magnitud de su aflicción, de la confusión en que se ve y de su impotencia para saber qué decir o hacer (vv. 25-35).

Versículos 1-13

Bildad había comenzado su discurso reprendiendo a Job por hablar tanto (8:2). Job no responde a esto, pero en lo de que Dios no puede torcer el derecho (8:3), está de acuerdo con él (v. 2): Ciertamente yo sé que es así; ¿Y cómo se justificará el hombre ante Dios? Hay quienes entienden esto como una queja de la severidad de Dios, por la forma en que se expresa Job en otros lugares de este mismo capítulo. Pero hay que tomarlo más bien como una piadosa confesión de la pecaminosidad del hombre, y de la suya en particular, de forma que si Dios nos tratase como merecen nuestros pecados estaríamos perdidos.

I. Job sienta como verdad incontestable que nadie puede contender con su Hacedor:

1. En disputa (v. 3): Si quisiera discutir con él en litigio ante tribunal, como se ve por el contexto anterior, no le podrá responder a una cosa entre mil. Cuando Dios habló a Job desde un torbellino (caps. 38 y 39) y le dirigió múltiples preguntas, Job no pudo responder ni a una sola de ellas. Igualmente, Dios puede acusamos de mil ofensas, y no podemos responderle para excusamos de una sola de ellas.

2. En combate (v. 4): ¿Quién se enfureció contra él y le fue bien? No puede presentarse ningún caso de ningún pecador que se haya atrevido a enfurecerse contra Dios y que no haya hallado que es demasiado duro para él, pagando cara su insensatez.

II. Lo prueba mostrando con qué Dios nos las habemos (v. 4): Él es sabio de corazón y, por tanto, no podemos responderle ante la ley; y poderoso de fuerzas, por lo que no podemos luchar con él. El diablo esperaba que Job, en su aflicción, hubiera de maldecir a Dios en su cara, pero, en lugar de eso, Job honra a Dios y habla altamente de él. El Dios de la naturaleza actúa con poder incontrolable y hace lo que le place, pues él lo ha creado todo y todo depende de él. Nada hay tan firme como las montañas; sin embargo, Dios las puede mover y trastornar de tal forma y con tal rapidez, que bien puede decir Job, en bella personificación, que no se enteran de quien las trastornó (v. 5). Hace temblar la tierra con terremotos, hasta sacudirla en sus cimientos (v. 6), oscurece el sol con eclipses y nieblas, y guarda bajo sello, como en recipiente cerrado (por medio de las nubes), las estrellas (v. 7). Extiende los cielos como una cortina y camina por encima de las nubes (v. 8) (Más probable que sobre las aguas del mar). Él ha hecho las constelaciones (v. 9). Todo lo que hace es maravilloso (v. 10). Pero es extraño que Job mencione sólo obras del poder de Dios, especialmente las de poder destructivo, en vez de tener en cuenta su bondad y su rectitud. El motivo, sin duda, se deja ver en el contexto, tanto anterior como posterior: Dios es soberano y hace lo que le place. Nadie le puede pedir cuentas ni resistirle. ¡Gracias a Dios, nosotros tenemos mucha más luz! Aunque, de momento, no sepamos muchas veces por qué obra Dios de manera tan rara, sí sabemos que todo lo hace converger para bien de los que le aman (Ro. 8:28)

Versículos 14-21

Todo lo que ha dicho Job de la completa imposibilidad de contender con Dios, lo aplica ahora a sí mismo y desespera de obtener el favor de Dios. Le ronda la terrible sospecha de que Dios, sin saber por qué, está contra él. Si los más formidables poderes del caos (éste parece ser el sentido de «los que ayudan a Ráhab» -v. 13) tienen que rendirse ante el poder de Dios, ¿qué va a hacer él, un pobre hombre puesto en tan lamentable estado? (v. 14). Así que no va a insistir en querer justificarse delante de Dios. En cambio:

1. Aun suponiendo que tenga razón, no va a responder, sino que va a apelar a la clemencia de Dios (v. 15). Dice el Apóstol Juan: Si nuestro corazón nos reprocha algo, mayor que nuestro corazón es Dios y él conoce todas las cosas (1 Jn. 3:20). El v. 16 puede entenderse de dos maneras:

(A) Aunque Dios le responda, no será por la oración que le ha dirigido, sino puramente porque así le place (ésta es la opinión de M. Henry -poco probable).

(B) Aun suponiendo que Dios acuda a la cita de Job, compareciendo para litigar (v. 19), no espera Job que Dios atienda a sus cargos (opinión más probable. Nota del traductor). En todo caso, Job no halla motivo alguno para que Dios se porte así con él (v. 17). Lo peor para Job es que no puede resistir ni a la fuerza, ni a la sabiduría de Dios (v. 19). Repite una y otra vez lo que ya anunció en el v. 4. Todas las versiones que conozco -nota del traductor- traducen la última frase del v. 19 «¿quién le emplazará?» (a Dios), corrigiendo el texto hebreo que dice claramente: «¿quién me emplazará?», y siguiendo a los LXX. Pero el hebreo da a entender que Dios llama a Job a juicio, mas no hay nadie que le conceda acudir para apelar en contra de las decisiones de Dios. Podemos, pues, admitir la lectura del hebreo.

2. Pasa luego Job a decir grandes verdades que cada uno de nosotros puede aplicarse a sí mismo (vv. 20, 21). Son dos versículos muy difíciles. Su sentido parece ser el siguiente: Aun en el caso de que pudiese comparecer ante el tribunal de Dios (v. 19), si Dios seguía persiguiéndole como ahora (vv. 17. 18), no podría él alegar nada a favor de sí, ya fuese porque su boca no hallaría palabras para probar que era inocente (v. 20), o porque Dios le declararía reo, haciéndole ver que no era intachable, que no era tan inocente como él se creía y que su vida era despreciable (v. 21). Lo cierto es que toda persona buena que conozca lo engañoso y perverso del corazón humano (Jer. 17:9), ha de sospechar que alberga en su interior más ponzoña de la que él tiene conciencia y, por tanto, jamás tratará de justificarse ante Dios.

Versículos 22-24

Aquí toca Job brevemente el principal punto de discusión con sus amigos. Ellos sostenían que el que es bueno prospera siempre, y sólo los malvados sufren calamidades; él, por el contrario, afirma que es cosa corriente el que los malvados prosperen y los buenos se vean grandemente afligidos. Ahora bien,

1. Hay que reconocer que hay parte de verdad en lo que Job dice: los males caen igualmente sobre justos e impíos (v. 22). Job no dice aquí nada de los bienes, con lo que sus frases adquieren un cariz extremadamente pesimista.

2. Por otra parte. Job parece haber llegado aquí al colmo de su perturbación emocional, pues llega a decir:

(A) Que Dios se ríe del sufrimiento de los inocentes (v. 23), frase lindante con la blasfemia, de la que sólo le excusa la turbación de su ánimo a causa de la tremenda aflicción por la que está pasando ¡cuánta razón tenemos para orar: «No nos metas (lit.) en tentación»! (Mt. 6:13; Le. 11:4).

(B) Que Dios cubre el rostro de los jueces (v. 24), para que hagan la vista gorda ante las injusticias de los potentados.

En su obcecación, Job confunde la voluntad permisiva de Dios con una acción directa a favor del mal ¿Qué queda entonces para el libre albedrío y la responsabilidad de las acciones humanas? Mala cosa es pronunciar juicios a impulsos de la ira.

Versículos 25-35

Job se vuelve más y más quejumbroso. Cuando nos hallamos en un aprieto, podemos quejamos a Dios, como vemos frecuentemente en los Salmos, pero no debemos quejamos de Dios, como lo hace aquí Job.

I. Su queja de que los días de prosperidad pasaron velozmente no es censurable (vv. 25, 26). Nótese el clímax; primero, la rapidez del correo; más rápida se desliza la lancha; pero el águila se precipita mucho más velozmente sobre la presa.

II. Su queja de la situación en que se halla es también excusable (vv. 27, 28). Si alguien dice que podría haberse olvidado de su dolor y haber orado y alabado a Dios, que se ponga en el caso de Job. Como dice el refrán español: «Es muy fácil ver los toros desde la barrera».

III. Su queja de la inexorabilidad de Dios en la forma de tratarle no tiene ya tanta excusa. Él sabía muy bien que Dios no era como lo describe aquí y, en situación de calma, no habría hablado así. Las personas buenas no siempre hablan bien; pero Dios que conoce nuestra condición (Sal. 103:14), les da después oportunidades para desdecirse y corregir mediante el arrepentimiento lo que se dijo en un momento de ofuscación. Notemos que:

1. Job parece hablar aquí,

(A) Como si desesperase de obtener de Dios ningún alivio en sus dolores (v. 28): «Sé que no me tendrás por inocente. Mis aflicciones duran demasiado tiempo. ¿Para qué trabajaré en vano?» (v. 29). Es cierto que, cuando se trabaja para los hombres, se trabaja muchas veces en vano, pero el trabajo para Dios no es en vano (1 Co. 15:58).

(B) Como si Dios no tuviese en cuenta que Job era intachable (vv. 30, 31). No se daba cuenta de que, aun cuando las manos estuviesen limpias con la limpieza más esmerada. Dios ve el corazón engañoso del hombre, donde anidan pecados ocultos, suficientes para despojamos de toda pretensión de limpieza moral. Pablo, cuando era fariseo, tenía las manos limpias; era irreprensible (Fil. 3:6), pero también se reconoce como el primero de los pecadores (1 Ti. 1:15).

(C) Como si fuese imposible llegar a una conciliación con Dios (vv. 32, 33), ya que no hay arbitro que, según la costumbre de la época, pueda poner una mano sobre él y otra sobre Dios. Job no podía imaginarse que llegaría el tiempo en que tal arbitro había de existir: el único Mediador entre Dios y los hombres (1 Ti. 2:5).

(D) Como si el terror que Dios le infunde le sacase de sus casillas, de forma que de nada le sirve hablar, pues no puede hacerlo con la serenidad y confianza de antaño (vv. 34, 35).

2. De todo esto hemos de sacar un sentimiento de honda compasión hacia quienes están profundamente heridos en su ánimo, y un firme propósito de albergar siempre buenos pensamientos acerca del carácter de Dios, porque pensar duramente de él conduce siempre a desatinos de palabra y de obra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: