Job 10

Job 10 (RV60) – Job lamenta su condición

1 Está mi alma hastiada de mi vida;
Daré libre curso a mi queja,
Hablaré con amargura de mi alma.
2 Diré a Dios: No me condenes;
Hazme entender por qué contiendes conmigo.
3 ¿Te parece bien que oprimas,
Que deseches la obra de tus manos,
Y que favorezcas los designios de los impíos?
4 ¿Tienes tú acaso ojos de carne?
¿Ves tú como ve el hombre?
5 ¿Son tus días como los días del hombre,
O tus años como los tiempos humanos,
6 Para que inquieras mi iniquidad,
Y busques mi pecado,
7 Aunque tú sabes que no soy impío,
Y que no hay quien de tu mano me libre?
8 Tus manos me hicieron y me formaron;
¿Y luego te vuelves y me deshaces?
9 Acuérdate que como a barro me diste forma;
¿Y en polvo me has de volver?
10 ¿No me vaciaste como leche,
Y como queso me cuajaste?
11 Me vestiste de piel y carne,
Y me tejiste con huesos y nervios.
12 Vida y misericordia me concediste,
Y tu cuidado guardó mi espíritu.
13 Estas cosas tienes guardadas en tu corazón;
Yo sé que están cerca de ti.
14 Si pequé, tú me has observado,
Y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.
15 Si fuere malo, !!ay de mí!
Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza,
Estando hastiado de deshonra, y de verme afligido.
16 Si mi cabeza se alzare, cual león tú me cazas;
Y vuelves a hacer en mí maravillas.
17 Renuevas contra mí tus pruebas,
Y aumentas conmigo tu furor como tropas de relevo.
18 ¿Por qué me sacaste de la matriz?
Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto.
19 Fuera como si nunca hubiera existido,
Llevado del vientre a la sepultura.
20 ¿No son pocos mis días?
Cesa, pues, y déjame, para que me consuele un poco,
21 Antes que vaya para no volver,
A la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;
22 Tierra de oscuridad, lóbrega,
Como sombra de muerte y sin orden,
Y cuya luz es como densas tinieblas.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Comentario a Job 10

Fuente: “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.” Libros poéticos – Job -Tomo-2. Editorial CLIE.

 

Cada vez más lleno de confusión, Job se queja ahora,

I. De su triste condición (vv. 1-7).

II. De la aparente contradicción que ve en el cuidado que Dios tuvo al formarle, y la forma como ahora le trata (vv. 8-12).

III. De la enemistad de Dios contra él, a la cual no halla Job ninguna explicación (vv. 13-22).

Versículos 1-7

I. Hallamos aquí en Job una resolución apasionada de persistir en sus quejas (v. 1). Está tan hastiado de la vida, que va a dar salida a toda la amargura que alberga en su interior. Al hablar en la amargura de su alma, podría decir como Pablo: «Ya no soy yo… sino el pecado que mora en mí (Ro. 7:17). No es mi alma la que habla, sino su amargura.»

II. Como es frecuente en los Salmos, comienza su queja con una oración (v. 2), pero es para pedir cuentas a Dios de la forma en que le trata ¿Qué motivos puede tener Dios para afligirle? (v. 3). Los hombres, falibles y mortales, podrían proceder de ese modo; pero un Dios infinitamente sabio y eterno, que no necesita darse prisa para percatarse, con el tiempo, de la sinceridad y piedad de Job, y que conoce bien su integridad, ¿cómo es que le persigue con tanto encono? (vv. 4-6). Nótense los contrastes:

1. Los ojos de carne (v. 4) ven sólo lo de fuera, pero Dios ve el interior.

2. Los ojos de carne descubren las cosas poco a poco (v. 5), pero Dios lo contempla todo de un vistazo.

3. Los ojos de carne se cansan y se cierran, pero los de Dios siempre están abiertos, pues nunca duerme ni se adormece (Sal. 121:4).

4. Los hombres se hacen sabios por la experiencia, a fuerza de tiempo (vv. 5, 6); pero Dios todo lo tiene presente.

III. Le parece a Job que Dios abusa de su omnipotencia al tener encarcelado a un preso que es inocente, únicamente porque sabe que no hay quien pueda librarle de su mano (v. 7). También puede entenderse de otra manera -nota del traductor- este versículo: la prueba a la que Dios está sometiendo a Job por tanto tiempo no es necesaria, pues sabe bien que no es un impío y, aun en el caso de que Job llegase a pecar después (si Dios le da ahora un respiro), nadie habría de librarle de las manos de Dios.

Versículos 8-12

I. Job considera a Dios como a Creador suyo, quien, después de formarle tan artísticamente, ahora parece que se deleita en arruinar su obra.

1. Dios es el que nos formó, pues nuestros padres fueron únicamente los instrumentos de su poder y providencia en nuestra producción. Job observa aquí:

(A) Que el cuerpo es moldeado como el barro (v. 9. Comp. Gn. 2:7) de la misma manera que un alfarero hace los vasos de arcilla (Jer. 18).

(B) También es formado como el queso (v. 10). (C) Con otra bella imagen, presenta nuestro organismo entretejido con nervios y huesos y revestido de carne y piel (v. 11). Los órganos más importantes para continuar viviendo: el cerebro, el corazón, el hígado, los pulmones, etc. están cubiertos para no exponerlos a la intemperie, y defendidos para no ser dañados. La estructura admirable del organismo humano es un ilustre ejemplo del poder, la sabiduría y la bondad de Dios ¡Qué lástima que estos cuerpos que fueron formados para ser templo del Espíritu Santo sean hechos instrumentos de iniquidad!

2. A este organismo tan bellamente formado, Dios le dio vida infundiéndole el espíritu (Gn. 2:7). Dios es el Padre de los espíritus (He. 12:9). Él nos hizo almas vivientes y nos otorgó el poder de razonar y amar. «¿Y por qué deshacer, sin motivo, una cosa tan bien hecha?» -viene a decir Job (vv. 8, 9). Le parece arbitrario este proceder de Dios.

Versículos 13-22

En medio de su tremenda aflicción, y confuso por el proceder de Dios contra él, Job llega a imaginar un siniestro motivo de Dios en todo esto.

1. Piensa que Dios planeaba cuando le estaba formando acecharle de cerca en todo momento hasta sorprenderle en algún pecado, aunque éste fuese involuntario, y no perdonárselo jamás (vv. 13, 14).

2. Se queja a continuación de lo estricta que es la justicia divina. Los latinos decían: Sunvnus ius, swnma iniuria = la justicia llevada al extremo se convierte en severidad dañosa.

3. Así que, haga lo que haga, está perdido (vv. 15-17). Si resulta culpable, no puede esperar perdón. Si se tiene por justo y quiere levantar la cabeza. Dios le cazará como un león y presentará contra él pruebas que, salidas del furor de Dios, son como tropas de relevo.

4. Por consiguiente, vuelve Job a su tema de quejarse contra la vida misma y desear no haber nacido (v. 18), sino, como un aborto, ser conducido desde el vientre a la sepultura (v. 19). Se equivocaba Job grandemente al pensar que una persona que sufre no tiene ningún motivo para continuar viviendo, ya que, en medio del sufrimiento, podemos servir todavía para alabanza de la gloria de Dios.

5. Termina Job este discurso con una oración a Dios, a fin de que le deje tranquilo en el poco tiempo que le resta de vivir en este mundo (v. 20), antes de marcharse para no volver (vv. 21, 22).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: