Job 26

Job 26 (RV60) – Job proclama la soberanía de Dios

1 Respondió Job, y dijo:
2 ¿En qué ayudaste al que no tiene poder?
¿Cómo has amparado al brazo sin fuerza?
3 ¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia,
Y qué plenitud de inteligencia has dado a conocer?
4 ¿A quién has anunciado palabras,
Y de quién es el espíritu que de ti procede?
5 Las sombras tiemblan en lo profundo,
Los mares y cuanto en ellos mora.
6 El Seol está descubierto delante de él, y el Abadón no tiene cobertura.
7 El extiende el norte sobre vacío,
Cuelga la tierra sobre nada.
8 Ata las aguas en sus nubes,
Y las nubes no se rompen debajo de ellas.
9 El encubre la faz de su trono,
Y sobre él extiende su nube.
10 Puso límite a la superficie de las aguas,
Hasta el fin de la luz y las tinieblas.
11 Las columnas del cielo tiemblan,
Y se espantan a su reprensión.
12 El agita el mar con su poder,
Y con su entendimiento hiere la arrogancia suya.
13 Su espíritu adornó los cielos;
Su mano creó la serpiente tortuosa.
14 He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos;
¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él!
Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?

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Comentario a Job 26

Fuente: “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.” Libros poéticos – Job -Tomo-2. Editorial CLIE.

 

Breve réplica de Job al breve discurso de Bildad. En ella ratifica Job lo que ya había dicho y sobrepasa a Bildad en engrandecer a Dios.

I. Muestra que el discurso de Bildad es conforme a la verdad y a la justicia, pero no responde a su caso particular (vv. 2-4).

II. Muestra también que era innecesario, pues todo lo que ha dicho lo sabía y lo creía también él y podía hablar de ello tan bien como Bildad (vv. 5-13), concluyendo que el tema les viene demasiado grande tanto a él como a sus amigos (v. 14).

Versículos 1-4

Pensaba Bildad que había pronunciado un gran discurso, pero Job le hace ver que su intervención no había sido tan valiosa como él creía.

1. No había mucha sustancia en el tema (v. 3): «¿En qué aconsejaste al que no tiene conocimientos, etc?» Job habla aquí irónicamente y así reprocha a Bildad de impertinencia, el cual pensaba que había pronunciado un discurso claro, pertinente y exhaustivo, cuando sólo superficialmente había rozado un tema tan vasto y profundo.

2. Tampoco había utilidad alguna en lo que había dicho (v. 4): «¿A quién has dirigido tus palabras, etc?». Como diciendo: «¿Qué ayuda me prestas con lo que acabas de decir? ¿Qué servicio prestas con eso a Dios y a su causa? ¿Qué tienen que ver conmigo tus peroratas? ¿Es que te imaginas que soy un chiquillo para necesitar tus instrucciones? Intentas convencerme, instruirme y consolarme, pero ¡ay! todo lo que dices me ayuda muy poco». No todo lo que es bueno y verdadero es, de sí, oportuno y conveniente. A quien, como Job, estaba humillado y afligido, convenía haberle hablado de la gracia y de la misericordia de Dios, más bien que de su grandeza y majestad. Job le pregunta: «¿De quién es el espíritu que de ti procede?» (v. 4b). Como diciendo: «¿Quién me habla por medio de ti? ¡Ciertamente no es el Espíritu de Dios!».

Versículos 5-14

Ahora entra Job en un tema sobre el que todos ellos estaban de acuerdo: la infinita gloria y el infinito poder de Dios.

1. Se presentan aquí muchos ejemplos de la sabiduría y del poder de Dios en la creación y preservación del Universo.

(A) Si miramos en derredor nuestro: a la tierra y a las aguas, veremos ejemplos extraordinarios del poder divino, como podemos deducir de estos versículos: (a) Cuelga la tierra sobre la nada (v. 7). Admirable expresión de lo que la astronomía moderna nos da a conocer. El hombre no puede colgar una pluma sobre la nada, pero Dios cuelga sobre la nada el orbe entero,

(b) Puso límite a la superficie de las aguas (v. 10), para que no vuelvan a cubrir la tierra,

(c) las columnas del cielo tiemblan, etc. Para entender esta frase es conveniente ver Gn. 1:6 y ss.; Sal. 104:5 y ss. Las altas montañas que se divisaban en el horizonte tenían sus raíces, en opinión del autor sagrado, en el fondo mismo del mar, y sostenían, a su vez, la expansión celeste o gran lona del firmamento. Al reprender Dios a la aguas (véase el contraste con el v. siguiente), éstas se agitaban con tanta fuerza que sacudían las «columnas del cielo».

(B) Mediante los vocablos seol (morada de las almas de los muertos) y Abadón (vocablo hebreo que significa destrucción v. 6), podemos entender que aquellas regiones profundas de ultratumba, de las que los hombres de este mundo no saben nada, están totalmente descubiertas a los ojos de Dios, a cuyo conocimiento nada se le escapa.

(C) Si miramos arriba, al firmamento, vemos también estupendos ejemplos del poder soberano de Dios (v. 7a): Él extiende el norte sobre vacío. El «norte», es decir, la parte más alta del cielo o cenit, pende también del vacío por el poder soberano de Dios. Dice Brates: «El sagrado poeta considera digno de admiración y una manifestación del poder de Dios que el cielo, semejante a una extensísima lona de tienda, no necesite de percha o pértiga alguna para sostenerse» (V. Sal. 104:2). Con bellísimas metáforas describe el autor sagrado cómo ata Dios el agua en sus nubes (v. 8) como en enormes sacos y, sin embargo, las nubes no se rompen debajo de ellas, a pesar de ser tan colosal la cantidad de agua que transportan y tan fina la envoltura que las encierra (V. Pr. 30:4). En beneficio de la tierra destilan su contenido gota a gota, no de una vez.

(D) Los vv. 12 y 13 -nota del traductor- necesitan alguna explicación. El v. 12b dice literalmente: Y con sus habilidades machacó a Ráhab! Ráhab era, en la mentalidad del autor, un monstruo marino opuesto al sosiego de las aguas, con lo que la frase resulta un paralelo de la primera parte del versículo.

De la misma manera, con su soplo (el viento, mejor que el «espíritu»), Dios serena el cielo, es decir, lo limpia de nubes, traspasando así a la serpiente huidiza (lit.), otro monstruo que se opone a la claridad del cielo. Ambos son símbolos de orgullo y arrogancia (de ahí, este vocablo en nuestra versión Reina-Valera).

2. Bellamente concluye Job esta parte de su discurso diciendo que todo esto es solamente los bordes de sus caminos (v. 14); es decir, no ha hecho otra cosa que rozar superficialmente un poco (como la orla del manto) de lo que Dios ha llevado a cabo en el orden de la naturaleza. Admira Job la profundidad de lo que el hombre no ha llegado a descubrir. Lo que conocemos de Dios y de sus obras es nada en comparación con lo que Dios es y lo que Dios ha hecho. Nuestros conocimientos son ahora, como nuestras capacidades, pequeños y superficiales; el descubrimiento pleno de la gloria divina está reservado para el estado de la futura gloria nuestra.

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