SEMINARIO DE SEMANA SANTA EN LONDRES

SEMINARIO DE SEMANA SANTA EN LONDRES

El pasado jueves, cinco de Abril del corriente, y con las nubes en lontananza amenazando lluvia, partí de Madrid (Barajas) por avión, rumbo a Londres (Heathrow).

Una vez llegado a la capital del Reino Unido, y después de un pequeño retraso en la entrega del equipaje, cosa común cuando hablamos de posibles incidencias, mis hermanos y consiervos de la CONGREGACIÓN DE HABLA HISPANA EN LONDRES, me esperaban pacientes para recibirme.

Esa hermosa congregación anfitriona, presidida por dichos consiervos, y cuyas siglas son C.E.L., es la primera iglesia de habla hispana de Londres, iniciando su ministerio de bendición principalmente entre latinoamericanos y españoles, hace algo más de cuarenta años, y siendo fundada por el misionero argentino Pr. Shepherd.

El motivo de la invitación que los pastores anfitriones José Luis Domínguez, Diego Restrepo y Edgar Ibargüen de C.E.L. me cursaron, y que yo con gusto y muy honrado acepté, fue la de llevar a cabo un Seminario de enseñanza de tres días, sobre la vinculación del creyente con su iglesia local, en materia de obediencia, madurez, servicio, compromiso, sujección, etc. El Seminario, que consistiría en la exposición de la Palabra, y talleres de grupos, preguntas y ministración, culminó el domingo en el culto principal, con una enseñanza sobre la resurrección de Cristo y de los hombres.

Así pues, al poco de llegar a la gran ciudad cosmopolita, que lo es, fuimos todos a cenar en buena armonía, y en curiosa sinfonía: Unos hispano hablantes en la británica Londres, en un restaurante chino, lleno de gentes de todos los lugares y colores… ¡más no se puede hacer en pos de la diversidad!

Al día siguiente, y acompañándonos un constante y placentero sol que no nos abandonó en todos esos días, en extraño contraste con la lluvia y tiempo desapacible de Madrid, iniciamos el Seminario. Ese primer día compartí sobre la autoridad espiritual en la iglesia local.

Tema este un tanto controvertido, pero por demás necesario, requerible para un entendimiento acerca de la autoridad, que no autoritarismo, que debe existir en el contexto de la iglesia local.

Por lo tanto, y sin ambages, hablé de la imperiosa necesidad del orden de Dios en las congregaciones cristianas, dada la tendencia natural, y por demás carnal del humano hacia la rebeldía, según el parámetro de la serpiente cuando en Génesis 3: 4, 5, vino a asegurar que a éste le serían abiertos los ojos, siendo como Dios, sabiendo el bien y el mal. Esto último, en clara alusión de que iba a determinar que está bien y qué está mal.

Cuando el hombre, y aún el creyente, cree poseer la prerrogativa de determinar qué está bien y qué está mal como si fuera el juez de todas las cosas, y no según la Palabra de Dios, entonces tenemos de forma palpable, un comportamiento y acción rebeldes.

Lamentablemente, ese espíritu de sutil rebelión, ha entrado en la iglesia de parte del mundo, muchas veces, pretendiendo lo contrario, es decir, por ingenuamente acercarse la iglesia al mundo para ser influencia en él.

Después de enseñar acerca de los principios que rigen la autoridad, enseñamos acerca de las autoridades espirituales que Cristo ha puesto en la iglesia local; llámensele ancianos o pastores, etc.

El sábado fue un día de los más completos. Los pastores Restrepo e Ibargüen, me llevaron de paseo por Londres por la mañana, y tuvimos ocasión, no sólo de ver cosas muy hermosas, como el Green Park, el Big Ben, el Picadilly Circus, el Támesis o el Parlamento, sino de conversar y llegar a conocernos mejor.

Por la tarde, y después de un tiempo de adoración, principió la enseñanza sobre un asunto no menos importante que el anterior, esto es: “Cuando la gracia de Dios se convierte en libertinaje”.

Basados en Judas 3, 4, fuimos viendo cómo la verdadera gracia de Dios se puede pervertir y llegar a convertir en libertinaje, en simple impudicia. Como dice el pastor David Wilkerson con claridad:

“La verdad es que si tú no deseas ser libre de la lujuria, irás corriendo con el “don de la gracia de Dios” directo al pecado”

Acabada la exposición de la Palabra, los allí congregados se reunieron en grupos pequeños, y contestaron a las diversas preguntas de estudio que constaban previamente por escrito. Una vez acabado el tiempo, los diferentes portavoces de cada grupo, exponían sus respuestas.

Una de las preguntas era: “Según Judas 4, ¿Quiénes convierten la gracia de Dios en libertinaje, y por qué?”. Leemos el versículo:

“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 4)

La respuesta a esa pregunta, según esa porción de la Escritura, era doble:

1. Personas expresamente preparadas y enviadas para introducirse de forma encubierta en las iglesias con el fin de destruirlas.

2. Personas que entran en la iglesia de forma encubierta, presentándose como cristianos verdaderos, aunque sin ser conscientemente agentes del enemigo.

En cuanto a estos últimos, Ese CONVERTIR la gracia de nuestro Dios en libertinaje, tiene el sentido de “abatir la verdad”, es decir, ponerla en el suelo y volverla pasiva. Eso es lo que hacen esas personas.

Es decir, la gracia de Dios una vez estuvo erguida y activa en la vida de esos hombres impíos, pero como no dejaron su pecado, sino que lo mantuvieron latente, esa gracia con la cual se cubrían y se justificaban, se cayó al suelo y fue pisoteada, despojándola de todo su sentido y poder. Siguen siendo “cristianos”, pero sólo de nombre.

Así como antaño, hoy igualmente ocurre en muchas partes, la gracia de Dios sirve como excusa para seguir pecando. Haciendo así, el Evangelio de la gracia pierde su significado y se vuelve estéril.

Dice Wilkerson acerca de esos hombres:

“En un tiempo, estos hombres conocieron todo el significado de la gracia. Pero, de algún modo, se volvieron adictos a una lujuria a la cual no querían renunciar. En ese punto, comenzaron a retener la verdad en la maldad. Tuvieron que inventar una gracia falsa para excusar su lascivia. De modo que hoy predican a un Cristo falso, por medio de un concepto pervertido de la gracia”

¿Cuál es el pecado al cual no quieren renunciar?: De todo tipo. No solamente lujuria de tipo sexual; sino todo tipo de iniquidad.

El diablo se esfuerza en convencer de que su mentira es la verdad. En este caso, la cosa es así:

Convenciendo a los cristianos de que todavía pueden aferrarse a la gracia de Dios aunque sigan deleitándose en el pecado.

Esto lo hace esgrimiendo la misma Palabra de Dios, sacándola del contexto, y que leímos antes: “Cuando abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Romanos 5: 20).

En este sentido, él persuade a los cristianos de que la gracia es como un río interminable de perdón. Dice así: “Puedes regresar cuando quieras al pecado, siempre que regreses al altar; ¿no dijo Jesús que debemos perdonar a los demás por lo menos 490 veces?”

Esto casi suena verdad, ¿pero lo es? Dios siempre perdona y olvida; siempre que la persona se arrepienta, confiese su pecado, y se aleje de él. Siempre que Dios vea un corazón quebrantado, le dará la gracia. Dios no puede ser burlado.

Dios nunca dará Su gracia a un corazón que ama el pecado y se deleita en él, aunque luego vaya un millón de veces al altar.

Pablo aclara el engaño que hay en este pensamiento: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera” (Romanos 6:1-2).

No se puede presentar la gracia de Dios como excusa para seguir pecando.

Después de ese tiempo de talleres, hubo muchas preguntas, y la reunión se alargó porque había mucho interés, ganas de entender y participar, y denotada hambre por la Palabra.

El domingo, fue el último día del Seminario, pero no por ello fue menos completo, sino todo lo contrario.

Principió la sesión a las tres de la tarde, y siguiendo con el culto dominical, finalizamos hacia las nueve y media de la noche.

El tema de la enseñanza llevó por título “No permitas un Adonías en tu vida”.

Basándonos en 1 Reyes 1: 1-31, donde podemos ver allí la historia del usurpador Adonías, entendimos unos principios que son muy prácticos a la hora de vivir nuestra vida cristiana…

Hubo una vez un hombre que de poco no llega a ser rey, porque el rey, su padre, se olvidaba de hacerle rey, y otro, aprovechándose, tomaba esa posición. Ese hombre fue Salomón; su padre David, y el ventajista fue Adonías, su hermano.

David era ya viejo (pero todavía era el rey). Quizás por ser viejo y al cuidado de Abisag, se sentía como los niños pequeños arropados por su mamá, aletargado y alejado de la realidad que le rodeaba; pensando más en sí mismo que en otra cosa. Al ser así, estaba inmerso en su propio mundillo, dejando de lado sus responsabilidades. David andaba distraído, y en su propia autocomplacencia.

Al proceder así, David no se enteraba de la rebelión de su hijo Adonías, por eso leemos lo que le dijo el profeta Natán: “…reina Adonías hijo de Hagit sin saberlo David nuestro señor” A pesar de que David había jurado que su hijo Salomón (suyo y de Betsabé) sería el rey (v. 13), ya hacía tiempo que debía haber declarado al pueblo que Salomón le iba a suceder en el trono, y no lo había hecho.

Leemos en 1 R. 1: 5 “Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: «Yo reinaré». Se hizo de carros, de gente de a caballo y de cincuenta hombres que corrieran delante de él”

Por lo tanto, Adonías actuó con suma rapidez.

¡Cuando nosotros no actuamos con diligencia, el enemigo actuará con diligencia para usurpar lo que nos correspondería!

El enemigo, a causa de nuestra falta de diligencia y fidelidad, aprovechará para robarnos, ¡aun y delante de nuestras narices!

¡Cuántas veces no hemos recibido la bendición que el Señor ha querido darnos, por no haber sido lo suficientemente diligentes, fieles y perseverantes en nuestra entrega práctica al Señor! Sea eso en la vida personal, familiar, y de iglesia local.

Sólo por poco, Salomón casi se queda fuera de ser el rey de Israel.

Toda falta de diligencia puede suponer un Adonías en nuestra vida.

Cuando al igual que David, nos abandonamos y nos cerramos en nosotros mismos, dejándonos llevar por diferentes cosas, (algunas de ellas las mencionaremos seguidamente), entonces nuestro sentido de la diligencia, de la fidelidad y de la perseverancia a la hora de acometer las obras que Dios preparó de antemano para que andemos en ella, se paraliza, y seguramente que el enemigo enviará algún Adonías, que logrará para sí lo que usted y yo no estamos logrando para el Señor por nuestro pecado de omisión.

Esa es la razón por la cual, en la Iglesia entran muchas veces lobos y llegan a ocupar puestos claves en el ministerio: Cuando David se “duerme en los laureles”, Adonías entra en escena.

Por ello, el slogan fue, y así lo repetíamos: “No permitas un Adonías en tu vida”

Después del consiguiente turno de preguntas, el culto dominical como tal empezó, y después del tiempo de adoración y demás asuntos propios de la reunión del domingo, enseñé sobre la Resurrección.

Fue apropiado el tema ya que ese fue el domingo de Resurrección, y como la Palabra indica, “si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó” (1 Co. 15: 12, 13)…y lo triste, es que hoy en día, comparativamente muy poco se predica y se enseña acerca de la resurrección de los muertos, siendo ese el asunto principal de nuestra fe, dada la resurrección del mismo Cristo.

Concluyendo:

De toda esta experiencia de esos días en Londres, algunas conclusiones he podido sacar. Una de ellas es que, en estos últimos días previos a la venida del Señor a por los suyos, a pesar de todo viento de doctrina espuria que envuelve mucho del tejido eclesial actualmente, veo que hay hombres y mujeres que siguen en pie basados en la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, y que no se mueven de ahí.

Otra de ellas, y consecuencia de la anterior, es que el amor de Dios de forma práctica y sufrida, es una constante en todos ellos, y todo ello, valga la redundancia, también nos anima a proseguir en nuestra tarea de conocer a Dios, y darle a conocer.

Mi más profundo amor y respeto, así como gratitud a los pastores José Luis, Diego y Edgar, así como a toda la CONGREGACIÓN DE HABLA HISPANA EN LONDRES. Lo mismo para Dora, su hija Jessica y todos los que ahora no puedo declarar por nombre por falta de espacio, pero que quedaron en mi corazón.

Dios les bendiga a todos.

Y como dice mi amigo el Dr. Antonio Bolainez…

¡Shalom!

Miguel Rosell Carrillo, Centro Rey, Madrid, España Abril 2007

FIN

centrorey.org

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