SOBRE LA VIDA DE JOSE (IV)

SOBRE LA VIDA DE JOSE (IV)

Estudio bíblico

Fuente: centrorey.org

Ps: Miguel Rosell Carrillo

Capítulo 40

Introducción

En cualquier circunstancia, por adversa que fuera, José prosperó; o más bien, fue prosperado por

Dios. Cuando estuvo en la casa de Potifar, o cuando estuvo en la cárcel:

“Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio” (39: 2)

“No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque

Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba” (39: 23)

La vida de José es la expresión clarísima de lo que el apóstol Pablo expresó con claridad: “Y sabemos

que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su

propósito son llamados” (Romanos 8: 28)

Ese BIEN no es necesariamente como el hombre natural lo puede entender, sino como Dios lo ha

dispuesto.

El vivió este principio y lo experimentó por sí mismo. Con su testimonio, nos dio ejemplo para que

nosotros podamos hacer tres cosas:

1. Entender por la experiencia ajena, que es posible ser más que vencedores en circunstancias

adversas que buscan llevarnos a todo lo contrario de lo que es la fe en Dios.

2. A sentirnos consolados de que es posible vencer como lo hizo él.

3. Que como José venció, nosotros también, porque tenemos el mismo Cristo que nos fortalece.

1. La victoria a través del servicio

“Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra

su señor el rey de Egipto. Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos

y contra el jefe de los panaderos, y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la

cárcel donde José estaba preso. Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía;

y estuvieron días en la prisión”:

Se produjo una circunstancia aparentemente ajena a José. Allí en la cárcel, el lugar más inhóspito e

indeseado de todos, se congregaron tres personas. Dos de ellas de alcurnia, el tercero, el siervo

José.

Démonos cuenta como Dios hace las cosas. José, en sus fuerzas, no hubiera podido tener contacto con

personajes de la nobleza, y sin embargo, allí estaba Dios ordenando sus pasos, aun y sin él darse

perfecta cuenta.

Faraón rebajó a dos de sus grandes hasta el punto de ponerlos a la altura de un siervo.

Eso fue obra de Dios para sus propósitos.

Dice el libro de Proverbios: “De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues,
entenderá el hombre su camino?” (20: 24)

No sólo tuvo acceso con la vista a ellos, sino que se le dio la oportunidad de servirlos, y
por muchos días.

Podemos entrever que fue el mismo Potifar (capitán de la guardia) el que puso a José al
cuidado de esos dos oficiales de la corte del faraón. Quizás “se estaba convenciendo de
su inocencia, aunque no se atreviera a soltarle por miedo a desagradar a su mujer”
(Matthew Henry)

2. Los sueños. El del copero

“Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la
prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno
con su propio significado. Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que
estaban tristes. Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la
prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros
semblantes? Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete.
Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.
Entonces el jefe de los coperos contó su sueño a José, y le dijo: Yo soñaba que veía
una vid delante de mí, y en la vid tres sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba
su flor, viniendo a madurar sus racimos de uvas. Y que la copa de Faraón estaba en
mi mano, y tomaba yo las uvas y las exprimía en la copa de Faraón, y daba yo la copa
en mano de Faraón. Y le dijo José: Esta es su interpretación: los tres sarmientos son
tres días. Al cabo de tres días levantará Faraón tu cabeza, y te restituirá a tu puesto, y
darás la copa a Faraón en su mano, como solías hacerlo cuando eras su copero.
Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de
misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la

tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel”:

Aquí vemos ya la intervención directa de Dios a través de esos sueños que Él mismo proporcionó.

“Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros

jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hechos 2: 17)

Los dos soñaron la misma noche. También los impíos tuvieron sueños de Dios, porque Dios hacía algo, o

bien en relación a ellos, o bien en relación a José.

Los sueños en esos impíos tuvieron un efecto: provocaron tristeza en ambos.

Dios da la gracia al creyente frente a los impíos

Vemos que José llegó a tener confianza con ellos, porque les pudo preguntar como estaban y que les

pasaba.

Esas personas creían que los sueños podían ser interpretados. A todo ello José les dijo que la

interpretación de los sueños es de Dios. Véase que José tenía la confianza absoluta como para

pedirles que les narraran los sueños.

Vemos también aquí como Dios pone en evidencia la necesidad que tienen los impíos de buscar el

consejo de los justos. Estas son oportunidades para compartirles el evangelio.

José interpreta el sueño del jefe de los coperos

Es impresionante la manera como José interpretó el sueño del jefe de los coperos, y con qué

precisión.

Tan seguro estaba de su interpretación, que se atrevió a rogarle de que se acordara de él cuando

después de pasar esos tres días ya no estuviera en la cárcel, sino que estuviera sirviendo de nuevo

al faraón como si nada hubiera ocurrido:

“Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas

mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y

tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel”:

José aprovechó la ocasión para pedirle al jefe de los coperos que le ayudara a salir de la cárcel.
Vemos que no es ningún error buscar de ese modo la ayuda de los impíos.

Que ningún absurdo orgullo o pretendido entendimiento farisaico de la santidad, nos impida

favorecernos del compromiso de ayuda proveniente de los impíos, cuando dirigido por Dios, porque será

sin duda, como lo fue en el caso de José, una acción legítima.

Démonos cuenta de que José sólo pide y no busca vindicación. Sólo le explica lo que le ocurrió, pero

en ningún momento expresa amargura o rencor hacia sus hermanos, ni contra Potifar.

José es un claro ejemplo de un creyente que ha aprendido a no estar a la defensiva, sino a esperar en

la misericordia del Señor. José es un claro ejemplo de mansedumbre.

Dice Matthew Henry: “Cuando tengamos que vindicar (defender) nuestra conducta, debemos evitar al

máximo, en medida de lo posible, el hablar mal de otros. Contentémonos con demostrar nuestra

inocencia, sin tratar de afear la conducta, aunque sea mala, de otros”

3. El sueño e interpretación del jefe de los panaderos

“Viendo el jefe de los panaderos que había interpretado para bien, dijo a José: También yo soñé que

veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza. En el canastillo más alto había de toda clase de

manjares de pastelería para Faraón; y las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza. Entonces

respondió José, y dijo: Esta es su interpretación: Los tres canastillos tres días son. Al cabo de

tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu

carne de sobre ti. Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, el rey hizo banquete a

todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los

panaderos, entre sus servidores. E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio éste la copa

en mano de Faraón. Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había interpretado José. Y el

jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”:

Parece que el jefe de los panaderos no se atrevía a contar su sueño; ¿por qué sería? Quizás se vería

descubierto del mal que realmente habría intentado hacer al faraón (¿Una conjura contra la vida del

faraón?) Al ver que José había dado una resolución feliz al sueño del jefe de los coperos, ahora se

atrevía a narrar el suyo.

En un principio, pareciera como que la interpretación de ese sueño va pareja a la del otro. También

eran tres días los que tenía que esperar en la cárcel: “Esta es su interpretación: Los tres

canastillos tres días son”

Trágicamente pasados esos tres días no le esperaba a ese oficial la libertad, sino la muerte, como

así ocurrió.

Tal y como lo predijo, ocurrió

El jefe de los coperos fue restituido en su cargo, dando la copa en mano de Faraón, y el jefe de los

panaderos, posiblemente aquel que pretendía envenenar al faraón con los pasteles, fue ahorcado.

Lamentablemente, el jefe de los coperos se olvidó de José. Eso nos lleva a la siguiente reflexión:

A pesar de que nos puede ser lícito buscar la ayuda de los impíos en ciertas ocasiones, no olvidemos

que por ser impíos, son ingratos y egoístas. Si a Dios le place bendecirnos a través de ellos, bien

estará, pero jamás olvidemos que la verdadera ayuda sólo viene de Dios mismo, sea como quiera que Él

la canalice:

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no

hay mudanza, ni sombra de variación. El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad,

para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1: 17, 18).

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