SOBRE LA VIDA DE JOSÉ (VII)

SOBRE LA VIDA DE JOSÉ (VII)

Estudio bíblico

Fuente: centrorey.org

Ps: Miguel Rosell Carrillo

El conflicto de los hermanos

Génesis capítulo 42

1. Cuando el hambre azuza

“Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He

aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que

podamos vivir, y no muramos. Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto. Mas

Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos; porque dijo: No sea que le acontezca

algún desastre. Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en

la tierra de Canaán”:

El hambre ya empezó a azuzar por toda la tierra, y sólo en Egipto había alimento. Nótese aquí que

cuando el justo es puesto en el lugar de tomar decisiones, el resultado es notable. Tal fue el caso

de José hacia el mismo Egipto. Leemos así en:

Proverbios 15: 6 “En la casa del justo hay gran provisión…”

Sólo fueron enviados por Jacob sus diez hijos mayores, protegiendo así a Benjamín, el menor de todos,

que tuvo con su esposa Raquel, a la que amaba.

2. Inclinándose ante el que habían entregado como esclavo

“Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los

hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. Y José, cuando vio a sus hermanos, los

conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis

venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. José, pues, conoció a sus

hermanos; pero ellos no le conocieron”:

¡Qué ironía de la vida el hecho de que los hermanos de José acabaran inclinándose a José con el

rostro a tierra, aunque no supieran en ese momento que ese supremo gobernante era él!

Con este gesto de sumisión los hermanos de José cumplen, sin darse cuenta, lo que habían preanunciado

los sueños de José (véase Gn 37: 5–11).

Para José esa fue una sorpresa absolutamente inesperada. Es evidente que el Señor no le habló por

sueños de que sus hermanos iban a venir a Egipto a por comida. Tampoco se le pasó a José por la

cabeza que eso iba a ocurrir como así fue. Y allí les tenía, de frente; ¿qué iba a hacer entonces?

Primeramente actuó como si no les conociera, y ásperamente, para aparentar cierto dominio sobre

ellos, a fin de que no se dieran cuenta de quien tenían delante, les empezó a hacer preguntas y

declaraciones.

3. La acusación de José

“Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por

ver lo descubierto del país habéis venido. Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus

siervos han venido a comprar alimentos. Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres

honrados; tus siervos nunca fueron espías. Pero José les dijo: No; para ver lo descubierto del país

habéis venido. Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra

de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece. Y José les dijo: Eso es

lo que os he dicho, afirmando que sois espías. En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis

de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro

hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y

si no, vive Faraón, que sois espías. Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días”:

En ese momento, José se percató de los sueños que tuvo cuando estuvo viviendo con ellos y con su

padre Jacob en tierra de Canaán. De ese sueño cuando vio a sus hermanos rendidos a sus pies.

Les acusó de venir a espiar la parte más vulnerable de Egipto. El nordeste de Egipto, por donde los

hermanos de José llegaron desde Canaán, era la región más vulnerable del país por ser la puerta de

entrada de las invasiones enemigas.

¿Por qué les trató con tanta dureza? No podemos pensar que fue por revanchismo. Ese espíritu no

estaba en José. Pienso que intentó dos cosas. Primero, al actuar con esa dureza, estaba intentando

que sus hermanos, a los cuales él conocía muy bien, se humillaran, se asustaran y hablaran todas las

cosas que José quería oír de ellos acerca de su familia. De no haberlo hecho así, imponiéndose sobre

ellos, y mostrándose como era él, es decir, sencillo y humilde, sus hermanos quizás le hubieran

reconocido, y no hubieran cooperado.

Segundo, podemos pensar que José no las tenía todas consigo al ver que sólo estaban los diez, y que

Benjamín no. ¿Quizás le habían hecho lo mismo que le hicieron a él? Piénsese que José y Benjamín eran

hermanos del mismo padre y madre, de Jacob y de Raquel.

Acerca de la actitud de los hermanos, dice Matthew Henry: “Ellos respondieron con mucha sumisión,

hablándole con todo respeto imaginable: “No, señor nuestro” (v.10). Qué cambio tan grande, desde que

dijeron: “He aquí, ¡viene el soñador! (37: 19)”

Así es la gente. A veces nos comportamos de una manera muy diferente dadas las circunstancias, y

según frente a quien estamos.

José juzgó que sus hermanos debían ser probados, y llegar a ver que lo que decían era la verdad o no.

4. Los hermanos puestos a prueba

“Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios. Si sois hombres honrados, quede

preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para

el hambre de vuestra casa. Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras

palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así. Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos

pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le

escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. Entonces Rubén les respondió, diciendo:

¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda

su sangre. Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. Y se

apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y

lo aprisionó a vista de ellos”:

Tres días estuvieron en la cárcel presos todos juntos. Al tercer día José se les acercó y les expresó

que él era un hombre que temía a Dios. Eso debía haberles chocado bastante, no obstante, tenían los

ojos cegados para ver y entender, porque no se dieron cuenta. ¿Cómo el gran gobernador de Egipto iba

a ser un hombre que temía a Dios, a un Dios ajeno a los de Egipto? Los hermanos no podían todavía

darse cuenta de quién tenían ante ellos.

En otras palabras, José les estaba diciendo que no le temieran, porque él no les iba a hacer ningún

daño ya que entendía que tenía a un Ser por encima de sí mismo, y que eso actuaba como un freno para

no hacer maldad.

Dice al respecto Henry: “Nótese que, de los que temen a Dios, tenemos razón para esperar una conducta

equitativa. El temor de Dios será un freno para los que están en el poder, impidiéndoles abusar de su

posición para oprimir y tiranizar a los demás”

“Nehemías también se expresó así como lo hizo José: “Yo no hice así, a causa del temor de Dios”

(Nehemías 5: 15)

José se quería cerciorar

“Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y

vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa. Pero traeréis a vuestro hermano

menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis”:

Es evidente que José quería cerciorarse de que le decían la verdad, porque les conocía, y sabía que

eran hombres que mentían muchas veces.

Cuando las conciencias hablan

“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia

de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia.

Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven, y no

escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre”

Todo ese proceso era de Dios, porque gracias a todo ello, sus conciencias empezaron a ser aireadas

por el Espíritu Santo, y se dieron cuenta de lo que hicieron a José, a pesar de que ya había pasado

tanto tiempo.

Dos cosas podemos ver aquí:

1. El tiempo no borra el sentido de culpa.

2. Las aflicciones, como las que en ese caso estaban pasando los hermanos, suelen ser “el medio

eficaz y afortunado de despertar las conciencias” (Matthew Henry)

José les entendía

“Pero ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. Y se apartó José de

ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a

vista de ellos”:

De alguna manera, ellos pensaban que José no les entendía cuando hablaban entre ellos, seguramente en

hebreo. No obstante así fue, y llegó un momento que no pudo más, y se apartó de ellos para

desahogarse llorando.

Ya calmado, les habló con tranquilidad, y cumplió con lo que les había dicho. A alguno de ellos debía

escoger, y escogió a Simeón. No hay un precedente bíblico acerca de por qué escogió a Simeón y no a

otro. Solamente destacar aquí que Simeón y su hermano Leví, vengaron sanguinariamente a su hermana

Dina (Gn. 34: 25).

Simeón se iba a quedar preso, como garantía de que el resto de los hermanos iba a volver a Egipto,

esta vez con Benjamín.

De todos modos, ¿qué podría haber sido peor, quedarse preso pero seguro en Egipto (ya que José jamás

hubiera levantado su mano contra él), o habérselas con Jacob, como tuvieron que hacer sus hermanos?

5. La pesadilla de los hermanos de José

“Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos,

poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos. Y ellos pusieron

su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí. Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a

su asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. Y dijo a sus hermanos: Mi

dinero se me ha devuelto, y helo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó el corazón, y espantados

dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?”:

José actuó con gran generosidad y amor al devolverles el dinero, aun y sin ellos dándose cuenta. No

obstante, es de resaltar la reacción de sus hermanos, los cuales reaccionaron con terror, cuando se

dieron cuenta de que su dinero se les había devuelto. Fue tal su terror, que hasta implicaron en su

comentario al propio Dios.

Escribe Henry Matthew al respecto: “Las malas conciencias son inclinadas a tomar en mal sentido las

bondades de la Providencia”

La realidad es que esos hombres, acostumbrados a una vida dura donde la amabilidad y el amor

prácticamente no existían, en lo último que podían pensar era que alguien les había favorecido, como

esa vez lo había hecho José, su hermano, a quien una vez ellos vendieron por dinero.

6. El relato de la historia

“Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido,

diciendo: Aquel varón, el señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la

tierra. Y nosotros le dijimos: Somos hombres honrados, nunca fuimos espías. Somos doce hermanos,

hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.

Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados:

dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad, y traedme

a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a

vuestro hermano, y negociaréis en la tierra. Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en

el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre los atados de su dinero,

tuvieron temor”:

En este párrafo, los ahora, nueve hermanos, le relatan al patriarca Jacob lo sucedido.

No había perplejidad en ellos, sino temor; más bien terror. De ningún modo podían entender lo que les

había ocurrido; sencillamente no había explicación. Ni por el menor de los atisbos podían imaginar

que aquel “señor de la tierra” era aquel hijo que un día un buen padre perdió, porque sus hermanos

que le aborrecían le habían hecho desaparecer.

Y es que así son las cosas de Dios. No están sujetas a la lógica del hombre. Por ello, cuando menos

lo podemos llegar a imaginar, Dios se mueve, y allí donde había caos, de repente, hay vida y

bendición. Nuestro Dios es un Dios de sorpresas.

7. La reacción de Jacob

“Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco,

y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas. Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás

morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti. Y él

dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le

aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor al

Seol”:

Es curioso ver la primera reacción de Jacob. El asume que él es la víctima primera de todas esas

cosas. ¿Quizás tenía culpabilidad por su vida anterior, cuando era un engañador? No lo sabemos. Pero

si nos ponemos en la mentalidad oriental, el patriarca de la tribu, era el responsable principal de

todo; de lo bueno y de lo malo, y debía asumir todas las cosas, tanto buenas como malas. Quizás este

era el caso.

Sin embargo, Jacob estaba aquí equivocado, porque nosotros que entendemos las cosas tal y como

ocurrieron de principio a fin, sabemos que todo aquello que estaba ocurriendo iba a redundar en

bendición sin par. Obviamente, en esos momentos, Jacob no podía darse cuenta de ello.

La intercesión de Rubén

“Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo
devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti”:

Brutos como eran, hombres que todavía no habían recibido la Ley de Dios, y que por
tanto, desconocían los principios morales de la misma, a Rubén no se le ocurre otra cosa
sino decir que le daba permiso a su padre Jacob a matar a sus dos nietos si Benjamín no
fuera a regresar; como si un mal pudiese ser destruido con otro mal. ¿Valía la vida de
Benjamín, las vidas de los dos hijos de Rubén?…No.

“Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo
ha quedado; y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis
descender mis canas con dolor al Seol”:

La primera respuesta de Jacob fue negativa. Todavía se acordaba de su querido José,
pensando de él que había muerto (tal y como sus hermanos cruelmente en su momento
le hicieron creer).

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