Job 40

Job 40 (RV60)  – Manifestaciones del poder de Dios (Desde el v. 6)

1 Además respondió Jehová a Job, y dijo:
2 ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?
El que disputa con Dios, responda a esto.
3 Entonces respondió Job a Jehová, y dijo:
4 He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?
Mi mano pongo sobre mi boca.
5 Una vez hablé, mas no responderé;
Aun dos veces, mas no volveré a hablar.
6 Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo:
7 Cíñete ahora como varón tus lomos;
Yo te preguntaré, y tú me responderás.
8 ¿Invalidarás tú también mi juicio?
¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?
9 ¿Tienes tú un brazo como el de Dios?
¿Y truenas con voz como la suya?
10 Adórnate ahora de majestad y de alteza,
Y vístete de honra y de hermosura.
11 Derrama el ardor de tu ira;
Mira a todo altivo, y abátelo.
12 Mira a todo soberbio, y humíllalo,
Y quebranta a los impíos en su sitio.
13 Encúbrelos a todos en el polvo,
Encierra sus rostros en la oscuridad;
14 Y yo también te confesaré
Que podrá salvarte tu diestra.
15 He aquí ahora behemot, el cual hice como a ti;
Hierba come como buey.
16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos,
Y su vigor en los músculos de su vientre.
17 Su cola mueve como un cedro,
Y los nervios de sus muslos están entretejidos.
18 Sus huesos son fuertes como bronce,
Y sus miembros como barras de hierro.
19 El es el principio de los caminos de Dios;
El que lo hizo, puede hacer que su espada a él se acerque.
20 Ciertamente los montes producen hierba para él;
Y toda bestia del campo retoza allá.
21 Se echará debajo de las sombras,
En lo oculto de las cañas y de los lugares húmedos.
22 Los árboles sombríos lo cubren con su sombra;
Los sauces del arroyo lo rodean.
23 He aquí, sale de madre el río, pero él no se inmuta;
Tranquilo está, aunque todo un Jordán se estrelle contra su boca.
24 ¿Lo tomará alguno cuando está vigilante,
Y horadará su nariz?.

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Comentario a Job 40

Fuente: “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.” Libros poéticos – Job -Tomo-2. Editorial CLIE.

Muchas preguntas humillantes le había hecho Dios a Job; ahora, en este capítulo,

I. Le pide que las responda (vv. 1, 2).

II. Job se somete en humilde silencio (vv. 3-5).

III. Dios, para convencerle, razona con él acerca de la infinita distancia y desproporción que media entre él y Dios, mostrándole que de ningún modo puede competir con su Creador. Le reta (vv. 6, 7) a rivalizar con él si se atreve, en justicia (v. 8), poder (v. 9), majestad (v. 10) y dominio sobre los orgullosos (vv. 11-14), y le propone un ejemplo de su poder en cierto animal, llamado aquí (en hebreo) behemoth (vv. 15-24).

Versículos 1-5

1. Reto humillante que hace Dios a Job. Éste permanecía callado, por lo que Dios le obliga a responder (vv. 1, 2). Hay quienes opinan que Dios le habló ahora a Job como en un susurro, que hizo en Job mayor efecto que el torbellino, como le ocurrió también a Elías (1 R. 19:12, 13).

(A) Dios comienza con una pregunta convincente (v. 2): «¿Contenderá el discutidor con el Omnipotente?». Los que contienden con Dios obran, en efecto, como si quisieran enseñarle a enmendar sus obras, pues eso es lo que el vocablo hebreo yissor («hallador de faltas») da a entender.

(B) Dios urge a Job a que responda pronto: «El que disputa (lit. critica) con Dios, responda a esto» (v. 2b). Frases muy serias, capaces de humillar y silenciar a cualquier ser creado.

2. Humilde sumisión de Job. Vuelve ahora en sí y comienza a desleírse en sincero arrepentimiento. Mientras sus amigos razonaron con él no se rindió. Los tres le habían condenado por malvado. Eliú mismo había sido demasiado duro con él (34:7, 8, 37). Pero Dios no le había dirigido frases duras. Siempre podemos esperar mejor trato de parte de Dios que de nuestros amigos. Así es como este buen hombre es derrotado y se ofrece como cautivo, rindiéndose sin condiciones a la gracia de Dios:

(A) Se reconoce ofensor (v. 4); «He aquí que yo soy vil, abominable a mis propios ojos».

El arrepentimiento cambia la opinión que los hombres tienen de sí mismos. Al hablarle Dios, Job no supo qué responderle: «¿Qué te responderé?» Así da razón de su silencio: no se calla por mal humor, sino porque ha sido convencido de que no tenía razón.

(B) Promete no volver a ofender y se queda satisfecho con quedar en silencio (v. 4b): «Mi mano pongo sobre mi boca, como una brida, para suprimir todos los pensamientos apasionados que puedan hervir en mi mente y guardarme de prorrumpir en frases destempladas».

Job había permitido que sus malos pensamientos hallasen expresión en sus labios (v. 5): «Una vez hablé, más no responderé; aun dos veces (es decir, varias veces), mas no volveré a hablar».

Versículos 6-14

Job había sido humillado por lo que Dios le había dicho, pero no se hallaba aún suficientemente convencido; por ello. Dios continúa razonando con él como anteriormente (v. 6). Comienza ahora con un reto parecido al de 38:3 (v. 7): «Cíñete ahora, como un luchador (hebreo guéber = varón faene, apto para luchar), tus lomos; si tienes la valentía y la confianza de que has alardeado, muéstralas ahora».

1. No podemos rivalizar con Dios en justicia. El Señor es justo y santo en su modo de tratamos, pero nosotros somos injustos e inicuos en el modo de tratarle a él; tenemos muchísimo de que reprocharnos a nosotros mismos, pero nada de que reprocharle a él (v. 8): «¿invalidarás tú también mi juicio? ¿me condenarás a mí para justificarte tú? ¿Ha de sufrir mengua mi honor para mantener en alto tu reputación?».

2. Tampoco podemos rivalizar con Dios en poder, por consiguiente, así como es gran impiedad contender con él, también es gran atrevimiento oponerse a él (v. 9): «¿Tienes tú un brazo como el de Dios, igual que el suyo en fuerza y en largura? ¿Y truenas con voz como la suya? (V. 37:1 y ss.), ¿o como lo hace de nuevo desde el torbellino (v. 6)? «Ningún ser creado puede hablar tan convincente y poderosamente, ni con una fuerza tan dominadora como la de Dios, pues habla él y queda hecho lo que dice. Su voz creadora es llamada trueno (Sal. 104:7), lo mismo que cuando aterroriza y quebranta a sus adversarios (1 S. 2:10): «Sobre ellos tronará desde los cielos».

3. No podemos asimismo rivalizar con Dios en belleza y majestad (v. 10): «Si quieres entrar en competición con él y aparecer más hermoso y atractivo que él, ponte tu mejor traje: Adórnate ahora de majestad y de alteza; preséntate con pompa marcial y con todo el fausto de que puedas disponer, prueba a mostrarte con los mejores arreos que puedas hallar; y vístete de honra y de hermosura, tal que pueda espantar a tus enemigos y encantar a tus amigos; pero, ¿qué será todo eso, comparado con la belleza y la majestad de Dios? Mucho menos que la luz de una luciérnaga, comparada con la luz del sol en su cenit».

4. Finalmente, tampoco podemos rivalizar con Dios en dominio sobre los soberbios (vv. 11-14). Si Job es capaz de humillar y amilanar a los tiranos y a los opresores con la misma facilidad y efectividad que Dios, se le reconocerá que tiene alguna probabilidad de poder competir con Dios.

(A) La justicia de Job es aquí retada a humillar a los soberbios con una mirada:

(a) Se da por supuesto aquí que Dios puede hacerlo y lo hará; de no ser así, no retaría a Job a hacerlo. Dios demuestra ser Dios en que resiste a los soberbios, se sienta en su trono para juzgarlos y puede llevarlos a la ruina. Los soberbios son tan malvados que en la raíz de la mucha perversidad que hay en este mundo está el orgullo. Pero los soberbios serán abatidos. La ira de Dios, derramada sobre los altivos (v. 11), los humillará, los quebrantará (v. 12) y los hundirá en el polvo del sepulcro y en la oscuridad del seol (v. 13). Así como con una mirada de amor puede Dios reavivar el corazón de los contritos, con una mirada de ira puede abatir a los altivos. Estaban orgullosos del honor que ostentaban y de la posición que ocupaban, pero serán sepultados en el olvido y no se les recordará más que a los que están escondidos en el polvo. Dice literalmente el v. 13: «Escóndelos en el polvo juntamente; ata sus rostros en la oscuridad» (comp. 17:16). Así como ellos se unían en coaliciones y ligas para hacer el mal, así también Dios los ata y liga juntamente en su destrucción. Así de completa será la victoria que obtendrá Dios, al final, sobre los altivos pecadores que se alzan en oposición contra él.

(b) Se le propone a Job aquí que haga otro tanto. Había estado él discutiendo apasionadamente con Dios y su providencia: «Ven acá», le dice Dios, «prueba primero tu mano sobre los altivos y verás en cuan poco tienen ellos el furor de tu ira ¿y quieres que yo me sienta afectado por ella?». Si Dios, y sólo él, tiene poder suficiente para humillar y abatir a los orgullosos, no cabe duda de que también tiene la sabiduría suficiente para conocer cuándo y cómo ha de hacerlo, y no es de nuestra competencia prescribirle o enseñarle el modo de gobernar el mundo.

(B) Si Job pudiese llevar a cabo las obras que aquí se mencionan. Dios mismo promete hacerle justicia reconociendo que su diestra le ha proporcionado el triunfo (v. 14): Yo mismo te confesaré que podrá salvarte tu diestra, aunque, después de todo, no tendrá la fuerza suficiente para que puedas contender conmigo».

Versículos 15-24

Para dar más pruebas de su gran poder. Dios concluye su discurso con la descripción de dos poderosos animales, que superan con mucho al hombre en tamaño y fuerza; al primero se le llama en hebreo behemoth y se le suele identificar con el hipopótamo; al segundo se le llama livyathán y es opinión casi unánime que se trata del cocodrilo. Al primero se le describe en estos versículos; al segundo, en el cap. siguiente (en la Biblia Hebrea, el cap. 40 tiene 32 verss., comprendiendo los ocho primeros del cap. 41 de nuestras Biblias -nota del traductor).

1. Descripción que se nos da aquí del behemoth.

(A) Su cuerpo es muy fuerte y bien formado (v. 16) «Su fuerza está en sus lomos». Sus huesos, comparados con los de otras criaturas, son como bronce, y sus costillas como barras de hierro (v. 18). Su hueso posterior o cóccix es tan fuerte que, aunque su cola no es larga, la atiesa como un cedro (v. 17).

(B) Es un animal herbívoro y no devora a otros animales: «Hierba come como el buey» (v. 15b); «los montes producen hierba para él» (v. 20), y las bestias del campo no se espantan de él como del león, sino que retozan en tomo suyo (v. 20b), sabiendo que nada tienen que temer de él.

(C) Se recuesta bajo los lotos (v. 21), que lo cubren con su sombra (v. 22), disfrutando de aire fresco para respirar, mientras que los leones, que viven de su presa, cuando quieren reposar se ven obligados a retirarse a sus guaridas (38:40) para estar a cubierto de los rayos del sol ardiente. Quienes aterrorizan a otros se ven obligados, muchas veces, a esconderse; en cambio, los que permiten a otros acercarse a ellos sin peligro, pueden también vivir libres de peligro; incluso los cañaverales y juncos plantados en la humedad, aunque parezcan ser débil defensa, son suficientes para la seguridad de los que no piensan hacer daño a nadie.

(D) Vive tranquilo en el agua, y parece buen bebedor de este líquido. pues se nos dice que no se inmuta aunque se salga el río de madre y se estrelle contra su boca todo un Jordán (v. 23). El v. 24 es oscuro; su sentido más probable es: «¿Lo tomará alguien en sus ojos (es decir, de frente, cuando está mirando -mejor que «por los ojos». Nota del traductor), y horadará su nariz con arpones?».

2. Esta descripción de tan voluminosa y fuerte bestia es un motivo más para humillarnos delante de Dios, pues él lo hizo así como a nosotros (v. 15).«Él es una obra maestra (lit. principio) de Dios» (v. 19). «Sólo el que lo hizo puede acercarle la espada» (v. 19b). Es como si Dios le dijese a Job: «Yo te hice a ti igual que a él, pero él no se querella conmigo ¿por qué lo haces tú? Y, si a pesar de su gran tamaño y fuerza, mis manos lo crearon y mis manos lo pueden destruir lo mismo que a un gusano o a una mosca, ¿no puedo hacer lo que quiera con lo que me pertenece?». El que construye una máquina poniendo cada pieza en su sitio, la puede desmontar con la misma facilidad. Es probable que el behemoth y el livyathán (lit. Comúnmente se escribe leviatán) representen a los altivos opresores que Dios había mencionado anteriormente (vv. 11 y ss.), retando a Job a que los humillara y abatiera.

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