David y Betsabé (II)

2 Samuel 11: 6-17

“Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David. Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra. Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real. Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa. Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. Y David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa. Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías. Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera. Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo.”

Introducción

En vez de ir a la guerra, David se quedó confortablemente en su casa palaciega. Fue grandemente tentado por estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Pecó abiertamente, adulterando con Betsabé.

Pudiera haber cesado la cosa aquí, pero tristemente, David fue mucho más lejos. Añadió pecado al pecado, llegando incluso a cometer un asesinato encubierto.

Y es que cuando no paramos a tiempo, un embrollo lleva a otro, una mentira lleva a otra, un pecado lleva a otro.

1. La maquinación de David:

(2 S. 11: 6-8) “Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo. Y Joab envió a Urías a David. Cuando Urías vino a él, David le preguntó por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y por el estado de la guerra. Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real”:

David pensó rápido. Estratega como era, acostumbrado a pensar y decidir sobre la marcha en momentos especiales, ideó un maquiavélico plan para intentar “solucionar” el problema del embarazo de Betsabé. Utilizó en ese momento el don que Dios le había dado, para el mal.

No es que David estuviera en ese punto arrepentido de su adulterio, y quisiera de alguna manera “pasar página” complaciendo a Urías, el esposo de Betsabé.

La razón para invitar a Urías a volver a casa y acostarse con su esposa era del todo taimada y torcida.

David buscó la manera humana y carnal de deshacerse de un problema que él mismo ocasionó por consentir a la lujuria.

Vemos con claridad que el motivo de enviarle recado a Joab, general de su ejército de hacer venir a Urías para descansar y quedarse en casa con su mujer, no era otro sino el de que al dormir con su esposa, pareciera que el hijo recién engendrado era suyo, y así David se iba a quedar libre de todo compromiso ante los hombres. Era una sucia manera de lavarse las manos.

David procedió con astucia también, como vemos, lo primero que hizo para “disimular” cuando Urías se presentó ante él, fue despistar, haciéndole preguntas que nada tenían que ver con el caso:

La salud de Joab…

¿Cuál era el motivo de preguntarle por cómo estaba Joab, si estaba en continuo contacto con él?

La salud del pueblo…

¿Qué sentido real tenía el preguntarle a Urías por la salud de los combatientes, cuando David recibía todos los días los partes de guerra?

El estado de la guerra…

Exactamente y de igual manera. David estaba enterado de todo ello.

Aunque pretendía demostrar lo contrario, el mandar traer a Urías nada tenía que ver con el asunto de la guerra, aunque así pretendió hacérselo creer a él.

Todo ello era una manera de disimular la razón auténtica por la que hizo volver a Urías del frente: que se acostase con su mujer.

“Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies…”:

El lavamiento se hacía antes de meterse uno en la cama; por lo tanto David le estaba invitando a que se acostara con su mujer Betsabé. Esa era la intención de David.

“Y saliendo Urías de la casa del rey, le fue enviado presente de la mesa real”:

Este presente, tenía el designio de ayudar a Urías y a Betsabé a disfrutar de una romántica velada.

“Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa”:

No le salió bien la jugada a David. Urías, hombre muy leal, no se acostó con su esposa; ni siquiera fue a su casa. Él, a diferencia de David, estaba en guerra aunque no estuviera en ese momento en el frente, por fuerza mayor.

Además, Urías decidió ser en ese sentido del mejor ejemplo para sus hombres, los cuales estaban en el frente de batalla, y no se aprovechó del ilícito y extraño privilegio ofrecido por el rey.

2. La malévola insistencia de David:

(2 S. 11: 10, 11) “E hicieron saber esto a David, diciendo: Urías no ha descendido a su casa. Y dijo David a Urías: ¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa? Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa”:

David pensó que podría arreglar con facilidad el asunto, pero se le fue complicando cada vez más. Así ocurre cuando uno intenta ocultar un pecado.

Es evidente que David había desplegado personal para que le tuvieran informado al detalle de todo lo que sucedía con la cuestión de Urías. Esa era toda la preocupación del rey David en esos momentos: su reputación.

Una vez sus espías le informaron de que nada de lo que David había planeado había funcionado, hizo comparecer a Urías de nuevo ante su presencia, y le dijo:

“¿No has venido de camino? ¿Por qué, pues, no descendiste a tu casa?:

Apelando a la lógica natural, David usa ese argumento para intentar alcanzar su ulterior objetivo, que Urías se acostara con su mujer.
Esa, fue por parte de David una medida extremadamente manipuladora saturada de maldad. David no estaba en absoluto interesado en la felicidad de Urías o en la de Betsabé, sino en que indirectamente le encubriera su adulterio y su consecuencia, el embarazo de Betsabé.

“Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa”:

Aunque el arca del pacto normalmente estaba ya en Jerusalén en una tienda, bien en ese momento pudiera haber estado con el ejército de Israel en la guerra, en una tienda también.

Para David, la importuna, pero espiritual y moral respuesta de Urías, fue la que nunca hubiera querido escuchar en esos momentos.

Démonos cuenta que Urías, indirectamente, a sabiendas o no, estaba lanzando una seria amonestación al rey David. El se ponía como ejemplo (ejemplo que David debía haber dado también) de lo que era menester hacer en una situación como la que atravesaba Israel. Una situación de crisis:

El arca y el pueblo bajo tiendas, lo cual suponía una incomodidad, debilidad y premura extremas. Joab, al cual Urías llamaba su señor, mostrando con eso un gran respeto, estaba junto con el ejército en el campo de batalla.

Ante ese escenario, Urías no podía por principio gozar de los privilegios que en ninguna manera podían tener todos los demás…excepto el rey, que por su posición, era incontestable.

Parece evidente, que el rey David se sintió ofendido en su orgullo por la santa declaración de Urías.

Fijémonos aquí: Por un lado tenemos a Urías ocupándose y preocupándose por las cosas de magnificencia conforme a nobleza y generosidad, por el bien del Arca, del pueblo, del ejército…Por otro lado tenemos a David, vilmente ocupado en ocultar su pecado ante los ojos de los hombres… ¿y de Dios? Por lo que parece, en ese momento eso no estaba en su mente.

¡Qué gran contraste! ¡Qué bajo cayó David, qué ciego llegó a estar! Así es el pecado de horroroso, especialmente cuando se consiente y se alimenta.

3. David aumenta en maldad por momentos:

(2 S. 11: 12,13) “Y David dijo a Urías: Quédate aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y se quedó Urías en Jerusalén aquel día y el siguiente. Y David lo convidó a comer y a beber con él, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa”:

David siguió porfiando con Urías, dándole más plazo para que al fin se acostara con su mujer Betsabé, y así poder obtener su ansiada coartada, pero no lo consiguió. Urías no se acostó con su esposa esa noche; ni siquiera entró en su casa, aunque estaba en Jerusalén.

Fingiendo compañerismo y aún amistad, le convidó a comer, y a beber, hasta que consiguió embriagarlo.

Pobre Urías, ¿qué le pasaría por la mente en esos momentos? Seguramente, nada. Él ni siquiera tenía el más mínimo atisbo de lo que había ocurrido entre el rey y su esposa.

Al haber fracasado en su intento de encubrir su pecado, David pensó que emborrachándole perdería su resolución y autodisciplina, y se iría con su esposa.

Urías con el sueño del ebrio, se acostó esa tarde, pero no en su cama, sino al lado de los otros siervos, manteniendo su promesa. A pesar de todo su esfuerzo y tesón para que hiciera lo que quería, David no lo consiguió, (puedo ver la mano de Dios, fortaleciendo a Urías para seguir firme en su decisión)

4. Telón:

(2 S. 11: 14-16) “Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías. Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera. Así fue que cuando Joab sitió la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes”:

He querido llamar a este apartado “telón” porque en él se consolida el punto álgido de la maldad que David abiertamente hizo hasta ese momento.

Esperó hasta el último momento; esperó a que pasara esa noche, en la cual Urías tampoco fue a su casa a acostarse con Betsabé, su esposa. Al ver que nada conseguía por ese medio, David mal usó de su autoridad como rey para conseguir sus propósitos personales y malévolos. Mandó subrepticiamente asesinar a Urías.

David, al haber fracasado dos veces ya en su intento de encubrir su pecado y el resultado del mismo, aprovechándose de la gran lealtad de Urías hacia él, hizo que entregase su propia sentencia de muerte en forma de esa carta a Joab.

Además, puso en un terrible compromiso a Joab, ya que él no sabía por qué debía morir Urías.

Para David, su interés era superior a la vida de Urías. Así ciega el pecado.

5. Muere el fiel:

(1 S. 11: 17) “Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon contra Joab, y cayeron algunos del ejército de los siervos de David; y murió también Urías heteo”:

Como estaba previsto, Urías, absolutamente desconocedor de la tremenda intriga protagonizada por el rey, murió en acto de servicio, junto con algunos otros valientes.

Por fin, David se deshizo de un incómodo asunto… ¿o no fue así? No. Ya lo veremos.

Meditando sobre lo visto:

Cuando los rivales Saúl y Abner murieron, David demostró una sensibilidad sin precedentes, lamentándolo profundamente. En cambio, fue todo lo contrario en relación a Urías, hombre leal donde los hubiere, ¿por qué?

La respuesta es simple: David se había hecho insensible por su propio pecado. Por pretender cubrir su pecado de adulterio y las consecuencias con más pecado, su conciencia dejó de actuar.

El pecado deliberado y repetido nubló su sensibilidad a la voz de Dios y a Su ley. Aquí hay un principio que no podemos dejar de lado:

Mientras más uno trate de cubrir un pecado, más insensible se hará a él y a los consiguientes pecados.

Además, como cristianos, las consecuencias espirituales son graves. El mismo David llegó a declarar:

“Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día, porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano” (Salmo 32: 3, 4)

Si pecamos, es preciso reconocerlo, no esconderlo, y confesarlo lo antes posible. Cuanto más tiempo pase sin hacer eso, peor será.

Centrorey.org

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