Cantares 1

Cantar de los Cantares 1 (RV60)

1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
2 ¡Oh, si él me besara con besos de su boca!
Porque mejores son tus amores que el vino.
3 A más del olor de tus suaves ungüentos,
Tu nombre es como ungüento derramado;
Por eso las doncellas te aman.
4 Atráeme; en pos de ti correremos.
El rey me ha metido en sus cámaras;
Nos gozaremos y alegraremos en ti;
Nos acordaremos de tus amores más que del vino;
Con razón te aman.
5 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable
Como las tiendas de Cedar,
Como las cortinas de Salomón.
6 No reparéis en que soy morena,
Porque el sol me miró.
Los hijos de mi madre se airaron contra mí;
Me pusieron a guardar las viñas;
Y mi viña, que era mía, no guardé.
7 Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma,
Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía;
Pues ¿por qué había de estar yo como errante
Junto a los rebaños de tus compañeros?
8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres,
Ve, sigue las huellas del rebaño,
Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
9 A yegua de los carros de Faraón
Te he comparado, amiga mía.
10 Hermosas son tus mejillas entre los pendientes,
Tu cuello entre los collares.
11 Zarcillos de oro te haremos,
Tachonados de plata.
12 Mientras el rey estaba en su reclinatorio,
Mi nardo dio su olor.
13 Mi amado es para mí un manojito de mirra,
Que reposa entre mis pechos.
14 Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi
Es para mí mi amado.
15 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía;
He aquí eres bella; tus ojos son como palomas.
16 He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce;
Nuestro lecho es de flores.
17 Las vigas de nuestra casa son de cedro,
Y de ciprés los artesonados.


Comentario a Cantares 1

Tomado de “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.”
Libros poéticos -Cantares Tomo-2. Editorial CLIE.

Después del título,

I. hallamos a la sulamita en soliloquio, en el que expresa su nostalgia del amado ausente (vv. 2-4).

II. Al ver que las damas de la corte la espían, les explica por qué está morena (vv. 5, 6) y proclama a gritos su deseo de saber dónde está su amado (v. 7), a lo que responden las damas que vaya a buscarlo (v. 8).

III. Entra el rey, ensalza su belleza y promete adornarla con joyas (vv. 9-11).

IV. Después de marcharse el rey a comer, la sulamita cae como en un sueño, en el que, en su imaginación, tiene con el amado una conversación amorosa (vv. 12-17).

Versículos 1-6

El título Cantar de los cantares es una especie de superlativo, para decir que es un cantar muy excelente, como se llama Santo de los santos al Lugar Santísimo. Su autor es Salomón, cuyos cánticos fueron 1.005 (1R. 4:32);los demás se han perdido. No se sabe cuándo lo compuso, pero es probable que lo compusiera a principios de su reinado.

1. La sulamita se dirige, con la imaginación, a su amado ausente. Dos son las cosas que de él desea:

(A) Su amor (v. 2): «¡Oh. si él me besara con besos de su boca!». Puesto que está enamorada, desea que su amado la bese cariñosamente. Quizá es un beso de reconciliación, semejante al de Esaú a Jacob y al del padre del Hijo Pródigo que volvía arrepentido. Da varias razones de su deseo:

(a) La estima en que tiene su amor: «Porque mejores son tus amores (hebr. dodim, caricias de amor) que el vino», es decir, mejores que un buen banquete, pues eso es lo que significa aquí el vino (comp. Est. 7:2; Is. 24:9). Las almas piadosas estiman el amar a Cristo y ser amadas de él más que los más exquisitos placeres del sentido,

(b) La fragancia de los perfumes del amado (v. 3): «Tus perfumes son gratos al olfato» (espléndida versión de F. Asensio). “El Midrás, dice el rabino Lehnnan, lo aplica a Abraham, quien extendió el conocimiento del verdadero Dios del mismo modo que un perfume difunde su esencia’. Nosotros estamos llamados a difundir el buen olor de Cristo con una conducta realmente cristiana,

(c) El prestigio de su nombre: «Tu nombre es como un ungüento que se vierte»; es estimado por todos los que le conocen. «Por eso las doncellas te aman». Se imagina que todas habrían de estar tan enamoradas de su amado como lo está ella. Nótese en el v. 2 el cambio repentino de la 3a. persona a la 2 a. ¡Tan intensa es su pasión!

(B) Su compañía (v. 4). Pide ansiosa a su amado que venga y se la lleve corriendo: «Llévame en pos de ti; corramos». Vemos, pues,

(a) Su petición de ayuda; «Llévame» (Lit. atráeme. Comp. Jn. 6:44); esto es, «atráeme a ti, cerca de ti a casa contigo». También Cristo ha dicho que nadie puede venir a él a menos que el Padre lo atraiga,

(b) «¡corramos!» La sulamita tiene prisa por salir del palacio de Salomón, que simboliza el mundo con sus placeres. El deseo del alma de correr tras Cristo es efecto de la gracia de Dios (2 Co. 3:5; Fil. 4:13).

(c) Da una razón de la prisa que tiene: «El rey me ha hecho entrar en sus mansiones»; esto es, me ha sacado de mi casa por la fuerza. Cuando los mártires cristianos eran obligados por la fuerza a ofrecer incienso a los dioses falsos, les podían forzar las manos, pero no el corazón,

(d) El resto del v. 4 se puede interpretar de dos maneras; primera, la sulamita viene a decir ahora que, a pesar de eso, ella se acuerda de su amado (V. La semejanza con los vv. 2b y 3b); segunda (menos probable), las damas de la corte responden que ellas prefieren la compañía de Salomón.

2. La sulamita explica, a continuación, a las damas de la corte, por qué está morena (vv. 5, 6), literalmente negra, como las tiendas de Cedar, las negras tiendas de campaña de las tribus nómadas descendientes de Ismael (Gn. 25:13; Sal. 120:5); ello se debe a la tristeza y a los sufrimientos que padece (comp. Lam. 4:7). Pero todavía está hermosa, como las cortinas de Salomón, sus pabellones de pieles preciosas (Sal. 104:2). También la Iglesia puede estar negra por la persecución que sufre, pero hermosa con la paciencia y constancia con que la soporta. En efecto, la negrura de la sulamita no es natural, sino contraída:

(A) El sol la ha tostado (v. 6), en la ocupación fatigosa que le ha sido encomendada, pero eso ya se le pasará; así que. no tienen que reparar en ella con menosprecio; cuando se le pase, aparecerá más hermosa que ellas.

(B) Sus hermanos se enfadaron con ella y la pusieron a guardar las viñas. Probablemente, su padre había muerto; sus hermanos estaban irritados contra ella a causa de sus amores con el pastorcillo, por lo que la pusieron a cuidar las viñas para impedir que se viese con él.

Algo parecido les pasa a los creyentes, a quienes Cristo profetizó que, en muchos casos, sus propios familiares vendrían a ser sus peores enemigos. La última frase del v. 6: «Mi propia viña no guardé» puede interpretarse de tres maneras:

(a) no me cuidé de mis apariencias, al contrario que vosotras (así Ryrie);

(b) Nunca tuve viñas propias que cuidar (Ibn Ezra);

(c)Dejé de cuidar las viñas de la familia para venir en busca de mi amado (F. Asensio). Esta interpretación es la más probable.

Versículos 7-11

1. Se dirige ahora humildemente a su amado ausente. En sentido espiritual, como la pastora al pastor, así también la Iglesia (y cada creyente) a su Señor y Salvador, para tener una más íntima comunión con Él (v. 7):

«Hazme saber, etc». Nótense:

(A) El título que da a su pastorcillo (nosotros, a Cristo): «Oh, tú a quien ama mi alma» (es decir, mi persona. V. Gn. 2:7b).

(B) La opinión que tiene de él como de buen pastor de sus ovejas; no duda de que apacienta bien a las ovejas y las hace descansar al mediodía. Ambas cosas hace Cristo (Jn. 10:9; Mt. 11:28).

(C) Su petición de ser admitida a tener comunión con él: «Hazme saber…dónde…dónde…». Desea saber dónde se halla pastoreando el rebaño y abrevándolo durante las horas más calurosas del día. Es entonces, al mediodía, cuando su amado sestea con las ovejas, no por la noche como los amantes de las damas de la corte (comp. con Sal. 23:2) ¡Qué bien cumple con nosotros este oficio nuestro Buen Pastor!

2. Presenta una razón muy poderosa para no estar vagando en busca de él (v. 7b): «¿Por qué había de estar yo como vagabunda (lit. como la que se cubre), aludiendo quizás a la práctica de las rameras (V. Gn. 38:15) tras los rebaños de tus compañeros?». Dejar al Pastor de nuestras almas (1 P. 2:25), para ir en busca de otros amores, es una grave deslealtad al que nos amó y se entregó por nosotros (Gá. 2:20).

3. Las damas de la corte le responden sarcásticamente, haciéndole ver que, si no le gustan las delicias de palacio, más le vale volver a su oficio de pastora (v. 8). Como ella había dicho de sí misma que era hermosa (v. 5), ellas la llaman burlonamente (es lo más probable) ‘la más bella de las mujeres’. De manera semejante se mofan de los creyentes, como de seres extraños, los que antes eran sus amigotes y compañeros de vicio (V. 1 P. 4:4).

4. Ahora (v. 9) es Salomón, con la mayor probabilidad, quien habla, resuelto a intentar de nuevo ganarse el corazón de la sulamita.

(A) La compara a yegua de los carros de Faraón. Esta comparación sería suficiente, en nuestros países occidentales, para ganarse el enojo y el desprecio, si un enamorado le hablase así a una joven; pero ha de tenerse en cuenta que, para Salomón, el caballo egipcio poseía una belleza que le fascinaba. ‘El fue el primero en introducir el caballo y el carro como parte normal del ejército de Israel’, observa Lehrman.

(B) A continuación la lisonjea diciéndole que, aun con ornamentos sencillos como los que lleva, son hermosas sus mejillas (v. 10) y su cuello. Pero, ¡cuánto más hermosa parecerá con los pendientes de oro, incrustados de plata (v. 11), que él va a mandar hacer para ella! El apóstol Pedro señala que el atavío interior de la persona vale más que todos los adornos exteriores que una mujer pueda ponerse (1 P. 3:3, 4). Así será presentada la Iglesia a Cristo en el último día (Ef. 5:27)

Versículos 12-17

1. Mientras el rey estaba en su diván (v. 12), reclinado junto a la mesa redonda para comer, los pensamientos de la sulamita vagan, lejos de allí, hasta su amado pastorcillo (v. 13), que es para ella su saquito de mirra, como lo llevaban en estas ocasiones las mujeres suspendido del cuello por debajo del vestido. También para los creyentes. Cristo es el Amado (mejor, el Bienamado), el único Amado. Es comparable a un manojito de mirra y a un racimo de alheña, como compara la sulamita a su amado (vv. 13, 14), es decir, a todo lo más agradable y deleitoso. El vocablo hebreo para ‘alheña’ es kófer, el mismo vocablo que significa ‘el precio para redimir una vida’ ¡La sangre de Cristo es precisamente el precio con que fuimos redimidos! (1 P. 1:18, 19).

En la comparación del manojito de mirra (v. 13b), la sulamita dice que reposa entre sus pechos, cerca del corazón. Cristo permitió al discípulo amado (y a todos nosotros) reclinar la cabeza en su seno ¿Por qué, pues, no habríamos de permitir nosotros que él reposara en el pecho de cada uno de nosotros? El rey, en comparación de su amado, no significa nada para la sulamita. Lo mismo hemos de pensar los creyentes acerca de todos los atractivos que el mundo nos pueda ofrecer (1 Jn. 2:15-17).

2. Embebida en estos pensamientos, la sulamita cae como en un sueño y, con la imaginación, entabla un diálogo con su amado pastor, diálogo que se prolonga hasta 2:6. Resulta muy difícil decidir si, en el v. 15, es Salomón quien habla, continuando con sus lisonjas (como opina Lehnnan), o es el pastorcillo en el ‘sueño’ de la sulamita. La paloma se toma como símbolo de inocencia y pureza. Unos ojos hermosos son, en la mentalidad hebrea, índice de una bella personalidad, de un hermoso carácter. Jesucristo considera hermosos a los que tienen, no el ojo penetrante del águila, sino la pura y casta mirada de la paloma; no a los que son como el halcón que, cuando alza el vuelo al cielo, todavía tiene el ojo sobre la presa que hay en la tierra, sino a los que tienen ojos modestos y humildes, con los que descubren una sencillez, una piadosa sinceridad y una inocencia de paloma, iluminados y guiados por el Espíritu Santo.

3. Ignorando los requiebros de Salomón (v. 16) o, más probable, respondiendo imaginariamente a las también imaginarias frases de su pastorcillo, la sulamita responde con frases parecidas a las de él: «¡Qué hermoso eres, amado mío! ¡y qué encantador!» (New Intemational Versión). También la Iglesia, al ser reconocida como hermosa por el Señor Jesucristo, debe decirle: «¿Dices tú que yo soy hermosa? ¡Sólo lo soy por haber estampado tú en mí tu propia imagen!»

4. Con menosprecio al lujoso diván de Salomón, continúa la sulamita diciendo: «Nuestro lecho es de flores» (lit. de verdor). Piensa, dice Lehrman, en el campo donde se enamoraron’ (v. 16b). Siempre en forma de comparación con el suntuoso palacio de Salomón, agrega (v. 17): «Las vigas de nuestras casas (lit.) son de cedro, y de ciprés los artesanados». Está hablando metafóricamente, y es por demás interesante el significado de estas frases: Ellos no tienen una casa, como Salomón, sino muchas, aludiendo a los cedros bajo los que se cobijaban en lo más caluroso del día. Y los artesanados (el vocablo hebreo no sale en ningún otro lugar de la Biblia) o, más probable, el mueblaje de esas ‘casas’ es de ciprés. Como aplicación espiritual, y viendo en el pastor a nuestro amado Señor Jesús, podemos recordar que, con él, todo es nuestro (1 Co. 3:22). Y aun él mismo es para nosotros: «El cuerpo para el Señor, y el Señor para el cuerpo», dice el apóstol Pablo (1 Co. 6:13, comp. con Cant. 2:16; 6:3).

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