Eclesiastes 2

Eclesiastés 2– (RV60)

1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;

5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.

11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.

13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.

14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro.

15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.

16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.

17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.

19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.

21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.

22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?

23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?

26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

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Comentario a Eclesiastés 2

Tomado de “Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia.”
Libros poéticos -Eclesiastés Tomo-2. Editorial CLIE.

Después de expresar su desilusión por no haber hallado en la búsqueda de la sabiduría la satisfacción que buscaba, Salomón ahora,

I. Muestra que tampoco ha de buscarse la felicidad en los deleites de los sentidos (vv. 1-11).

II. Reconsidera la sabiduría y llega a admitir su excelencia y utilidad, pero la ve insuficiente para procurar a un hombre la dicha (vv. 12-16).

III. Inquiere hasta qué punto podrá la riqueza proporcionar felicidad y concluye, por su propia experiencia, que quienes ponen en ella el corazón, hallarán que es también futilidad y afán de viento (vv. 17-23) y que, si de ella se ha de sacar algún provecho, sólo lo podrán obtener quienes no tengan el corazón apegado a ella (vv. 24-26).

Versículos 1-11

En su búsqueda de la felicidad, Salomón pasa ahora de su oficina de estudio, donde en vano había buscado la dicha, al parque de su jardín, cambiando la compañía de los filósofos por la de los músicos y las concubinas, por ver si aquí podía encontrar satisfacción verdadera y duradera. Con eso, da un paso hacia abajo, descendiendo de los nobles placeres del intelecto a los brutales del sentido.

1. Resuelve probar lo que pueden dar de sí la alegría y el jolgorio (v. 2): «…Ven ahora», una llamada a actuar, que hallamos también en Is. 1:18, pero con muy distinto objetivo. «Gozar de bienes» (lit. mirar a lo bueno) es participar en las disipaciones de los disolutos, precisamente de los que no se guían por la sabiduría. Esta alegría, a la que después equipara con la locura (v. 2), no es la carnalidad del bruto, pero tampoco la alegría seria del científico descubridor, sino la del payaso ingenioso, que a veces se halla en gente pobre y hasta, de suyo, melancólica. En inglés, nota del traductor, hay un proverbio que se aproxima algún tanto al nuestro que dice: «Cuando el español canta, o rabia o no tiene blanca». Y hay quien ha distinguido al hombre del bruto, no sólo por ser animal racional, sino también por ser animal que ríe, pues los brutos animales saben llorar, pero no reír. El buen humor es conveniente con moderación, pues ayuda a suavizar las fatigas del trabajo y las dificultades de las relaciones con el prójimo, pero si es excesivo y fuera de tono se vuelve necio y sin provecho.

2. Al verse incapaz de hallar la dicha mediante lo que place al ingenio, resolvió probar luego lo que puede satisfacer al paladar (v. 3): Darse al placer de la bebida, pero sin perder el seso, de forma que, mientras iba tras el desvarío (Lo opuesto a la cordura), mantenía la mente clara a fin de experimentar en sí mismo esa, al parecer, felicidad que alcanzan los bebedores al ponerse alegres, pero sin dar tumbos ni provocar reyertas. Resolvió, pues, darse a la bebida, pero teniendo las riendas del desvarío, en vez de dejarse dominar por él, a fin de ser así el juez imparcial del experimento. Pero también esto era futilidad, vaciedad, pues el vino es escarnecedor y, por eso, resulta punto menos que imposible, respecto del vino y del licor, decir: ‘Hasta aquí llegaré, y de aquí no pasaré’.

3. Viendo lo poco que podía conseguir del vino, trató de hallar en diversiones lo que buscaba:

(A) Se dedicó a construir casas, huertos y jardines, así como estanques para regar los parques (vv. 4-6). De los edificios de Salomón leemos en 1 R. 9:15-19, y todos eran grandes. Es cierto que, con esto, daba trabajo y ganancia a los pobres y hacía bien al país, pero su error estaba en confundir las grandes obras con las buenas obras; es la misma equivocación que sufren muchos.

(B) Para construir grandes obras necesitaba muchas manos; por eso, compró siervos y siervas, además de los nacidos en su casa (v. 7), que además de ser empleados en la construcción y en la agricultura, le cuidasen también el numeroso ganado que poseía, como también lo había poseído su padre (V. 1 Cr. 27:29, 31).

(C) Como disponía de grandes riquezas y tenía, sin duda, buen gusto para la música, se hizo con un buen orfeón de cantores y cantoras, y quizás, con una orquesta, según interpretan algunos la última frase del v. 8. Sin embargo, la frase dice literalmente ‘concubina y concubinas’, es decir, un harén de concubinas (comp. con Jue. 5:30, donde dice literalmente: ‘una doncella, dos doncellas’; es decir, varias).

(D) En resumen (vv. 9, 10), alcanzó las cotas más altas en cuanto a poder y sabiduría, así como en cuanto a gozar de todo lo que le vino en gana, sin dejar nada por probar: «No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan ni aparté mi corazón de placer alguno». ¡El sueño de Epicuro! La 2a.parte del v. 10 da claramente a entender que sacó de todos los placeres las agradables sensaciones que deseaba. Nadie como él estuvo en condiciones de sacarle a esta vida todo el jugo que se le pueda extraer.

(E) Cuando, después de haber experimentado todo lo experimentable en este mundo, se puso a reflexionar seriamente sobre el sentido de todo ello, su conclusión no pudo ser más pesimista (v. 1 b): «Hete aquí que todo era futilidad y afán de viento y ningún provecho debajo del sol». Nada, absolutamente nada, había podido llenar el vacío de su corazón.

Versículos 12-16

Después de afirmar que ni la sabiduría ni el desvarío pueden darle al hombre la felicidad, hace Salomón ahora una comparación entre la cordura y la necedad, cosa que no había hecho hasta ahora.

1. Se volvió a mirar (v. 12. El verbo es el mismo con que se encabeza el v. 11) la sabiduría, los desvaríos y la necedad. El resto de dicho versículo es difícil de traducir literalmente, pero el sentido claro es como sigue: «Si yo, el rey, con todas las ventajas de mi parte, saqué esta conclusión de mis experiencias, ¿qué provecho sacará cualquier otro sujeto en repetir mi experiencia? ¡ninguno! Le volverá a suceder algo parecido, pero no mejor.

2. Lo que sí sacó en limpio es que, después de todo, es preferible ser cuerdo a ser necio (v. 13), pues el sabio, prudente, cuerdo, tiene sus ojos en la frente (v. 14), es decir, ve lo que tiene delante y sabe cómo alcanzar sus objetivos por la ruta más directa, mientras que el necio va a ciegas por el camino de la vida.

3. Sin embargo, en las cosas más importantes que buscaba, vio que el sabio le lleva poca ventaja al necio, pues ninguno de ellos puede alcanzar la felicidad en las cosas de este mundo y, lo que es peor, tanto el sabio como el necio acaban de la misma forma. Las mismas enfermedades aquejan a uno y a otro, la misma espada puede acabar con la vida del uno y del otro (vv. 14b, 15). Ambos son olvidados después de haber pasado a una misma muerte (v. 16). Son los nombres de los justos, no los de los sabios, los que están escritos para siempre en el cielo, donde brillarán como estrellas. Así que hay una tremenda diferencia entre la muerte de un justo y la de un malvado, pero no entre la de un sabio y la de un necio.

Versículos 17-26

Para hallar la felicidad, Salomón se dedicó primero a la vida contemplativa; luego, a la vida disoluta y, finalmente, a la vida activa. Pero en ninguna halló satisfacción verdadera y duradera (v. 17): «…debajo del sol… todo es futilidad y afán de viento».

1. Todos sus quehaceres fueron sobre cosas de este mundo, aun los que desempeñaba como rey; trabajo para la comida que perece (Jn. 6:27. También Is. 55:2), aun siendo un trabajo con sabiduría, conocimiento y rectitud (v. 21); trabajo en que Salomón mostró su sabiduría (vv. 19, 20), algo que todos desearían poseer, más que ninguna otra cosa, en la tarea de llevar sus negocios por buen camino.

2. Llegó a aborrecer, no sólo todo el trabajo (v. 18) que se había tomado, sino su misma vida (v. 17). Este aborrecimiento no era el santo odio que consiste en amar a Dios por encima de todo lo demás (Lc. 14:26), aunque tampoco el pecaminoso odio que consiste en aborrecer el lugar y el puesto en que Dios nos ha colocado en este mundo, sino una especie de hastío natural de las cosas, surgido del desencanto que su disfrute nos ha causado. La desilusión que las cosas de este mundo nos producen debería conducirnos a la esperanza que no avergüenza (Ro. 5:5).

3. Dos cosas le habían hecho concebir tal aborrecimiento:

(A) El trabajo que había tomado a pecho le resultaba fastidioso (v. 17). Veía en él una ocupación penosa y sin provecho (vv. 22-23). Ni goza de la vida de día, ni reposa del trabajo por la noche. Por aquí se ve la necedad de los que se olvidan de Dios y se afanan únicamente por las cosas de esta vida; sólo sacan fatigas sin provecho.

(B) Todas las ganancias de sus fatigosos trabajos habían de ser para otros. A una persona piadosa le preocupa muy poco la forma en que otros han de disfrutar de lo que ella haya ganado honradamente. Pero el caso de Salomón, debajo del sol, era muy diferente: Había de dejar el cuidado y la responsabilidad de todo lo que había trabajado al hombre que le había de suceder en el trono (v. 18). No cabe duda de que, mucho antes de ahora, conocía bien la necedad de su hijo y sucesor Roboam.

4. Lo mejor que se puede hacer, pues, con las riquezas de este mundo es usarlas con alegría y hacer el bien con ellas. Con esto concluye este capítulo (vv. 24-26). Esta porción encabeza toda una serie de lugares (3:12, 13, 22; 5:18, 19; 8:15; 9:7-9) que, con éste, muestran claramente que la religión verdadera no está reñida con la alegría y los goces honestos de la vida. Jesús mismo adoptó este programa hasta ser tildado de ‘comilón y bebedor’. La manera de rescatar esta vida de la futilidad y del afán de viento, es disfrutar honestamente de todo lo bueno que Dios ha creado para bien del hombre. El ascetismo oriental es de base platónica, no cristiana. Pero también está lejos del sensual hedonismo de los epicúreos, cuya frase ‘comamos y bebamos, que mañana moriremos’, repetida por los necios y malvados israelitas (Is. 22:13) en vísperas de la espantosa ruina de Jerusalén, dista muchísimo de la doctrina aquí enseñada por el Predicador (comp. también 1 Co. 15:32), ya que,

(A) Aquí no se trata de desenfreno lindante con el desespero, sino del honesto disfrute de los bienes de esta vida;

(B) aquí se considera como venido de la mano de Dios (v. 24), no como incentivo del placer sensual;

(C) Salomón advierte (12:14) que de todo se ha de dar cuenta a Dios; está, pues, lejos de la permisividad y del libertinaje tan en boga en todas las épocas de decadencia moral y social. El Apóstol Pablo lo condensó en una breve frase: «Gran fuente de ganancia es la piedad, acompañada de contentamiento» (1 Ti. 6:6).

Fuente: Comentario Exegético-devocional a toda la Biblia Libros Poéticos- Tomo II -© 1988 por CLIE

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