ALGUNAS BREVES CONSIDERACIONES ACERCA DE LA LLAMADA “NAVIDAD”

Aunque obviamente las condiciones climáticas para estar guardando los rebaños, como estaban los pastores en Belén en la fecha del nacimiento del Mesías, en campo abierto, en pleno invierno (según la tradición), no son en lo más mínimo las propicias ni usuales, hay unas cuantas razones más de peso a ser consideradas, algunas de las más importantes menciono a continuación.

En primer lugar, una de las más poderosas razones por la cual Jesús el Mesías no pudo nacer en esa fecha era precisamente que el Dios vivo y verdadero jamás ha aceptado mezclas con cultos paganos e idolátricos, como por ejemplo las celebraciones paganas ancestrales que se daban en esas fechas.

En segundo lugar, teniendo en cuenta que el Santo de Israel había prescrito a Su pueblo escogido unas cuantas fiestas anuales, las cuales tienen marcado carácter profético y en su totalidad aluden a la vida y obra del Mesías, lógicamente cabría esperar que Su nacimiento ocurriera en una de tales festividades.

Además, teniendo en cuenta el trasfondo del decreto censal del emperador Augusto César (Lucas 2:1-3),  el cual motivaba un grandísimo flujo de personas de una parte a otra de la geografía del país, claramente demuestra la inviabilidad de que eso se pudiese haber realizado en pleno invierno.  Por lo tanto, lo más lógico sería hacerlo precisamente en una de las grandes fiestas de Israel, cuando las familias se desplazaban a Jerusalén, lo cual obviamente facilitaría el acceso a sus ciudades de origen de cada una.

A la vista de esas, y muchas otras consideraciones particulares contenidas en las Sagradas Escrituras, y sumando toda la parafernalia idolátrica y excesos carnales mundanos asociada a la llamada  “Navidad”,  lo más sencillo es concluir que de manera alguna esa fiesta debería ser celebrada por los que somos llamados a salir fuera del campamento de este mundo rebelde al Dios vivo y verdadero y a Su Mesías.

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“14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

(Josué 24:14-15)

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“12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;”

(Hebreos 13:12-13)

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