EL PERIPLO DE LA VIDA (II)

EL PERIPLO DE LA VIDA (II)
Estudio bíblico de aplicación a nuestras vidas

Sigue de “El Periplo de la Vida (I)

Hechos 27, 28

El relato del médico Lucas de esa tempestad ocasionada por el Euroclidón, y posterior naufragio, es uno de los detallados relatos más impresionantes del Nuevo Testamento, y siguiendo con la aplicación a nuestras vidas del estudio de esta narrativa bíblica, podemos aprender muchas cosas.

Así que, vayamos adelante con ello.

viaje de Pablo

“Boceto del tercer viaje de Pablo; esta vez a Roma”

1.Siguen las dificultades

(Hechos 27: 27, 28) “Venida la decimacuarta noche, y siendo llevados a través del mar Adriático, a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas.”:

Sufrieron catorce noches seguidas de tempestad furiosa, por causa de no haber obedecido y no haberse quedado en Buenos Puertos en Creta. Estas son las consecuencias directas por no obedecer al Espíritu Santo en nuestras vidas, cuando abandonamos Buenos Puertos por seguir la “suave brisa del sur” (V. 13) sin permiso del Señor.

“…y siendo llevados a través del mar Adriático…”: En todo ese tiempo, el control de la nave no estaba en hombre alguno, sino en Dios. Cuando como creyentes nos encontramos en una situación similar, el control de nuestras vidas es enteramente de Dios también.

Pero llega un momento cuando nos apercibimos de que la tormenta de días empieza a amainar: a la medianoche los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra”. Muy posiblemente nos empecemos a dar cuenta en el momento más insospechado (a la media noche).

“y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas”:A partir de ese momento, la esperanza empieza surgir, y es el momento de calcular donde y como estamos.

Surgen nuevos temores
(Hechos 27: 29, 30) “Y temiendo dar en escollos, echaron cuatro anclas por la popa, y ansiaban que se hiciese de día. Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el esquife al mar, aparentaban como que querían largar las anclas de proa”:

Cuando ya nos parece que estamos por salir de la “tormenta perfecta”, surgen de nuevo temores. Es como si no nos creyéramos que el asunto se va a resolver finalmente. Siempre son ataques del maligno a los que tantas veces se les da crédito. Es un asunto de falta de fe.

En esos momentos la tentación es abandonar la nave. No se pudo en medio de la tempestad, pero cuando parece que ya es casi factible abandonarla, la terrible tentación es la de huir, dejando atrás nuestras responsabilidades y compromisos con los demás. Es el resultado de dejarse atrapar por el temor a lo desconocido: es egoísmo puesto en práctica.

temor

El temor a lo desconocido es uno de los mayores enemigos de nuestra alma, al cual combatimos con la fe”

(Hechos 27: 31, 32) “Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron perderse”:

La tempestad no les hubiera matado, pero sí la cobardía de los que tenían conocimiento de cómo manejar la nave e iban a huir.

Esto también ocurre generalmente. La destrucción que no consigue el euroclidón espiritual y su tempestad terrible, lo consigue a la postre el egoísmo cuando es activado por darle crédito al temor. ¡Cuántos ministerios se han quebrado por ceder ante el temor a los arrecifes de la vida, por ceder al temor y al egoísmo!

El ánimo y el consuelo del Señor
(Hechos 27: 33-38) “Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar”:

En esos momentos difíciles, siempre el Señor nos habla, y lo hace para animarnos y consolarnos, como Pablo hizo con aquellos hombres.

Cuando prestamos atención a esa consolación, el resultado es que el ánimo cambia y todo se empieza a ver de manera diferente, a tal punto, que llega un momento cuando por haber crecido nuestra confianza y fe, somos capaces de despojarnos de todo asidero al que nos agarrábamos momentos antes, y del que de ninguna manera pensábamos nos podríamos llegar a desprender: “Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.

2.El naufragio

(Hechos 27: 39-41) “Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero veían una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar, si pudiesen, la nave. Cortando, pues, las anclas, las dejaron en el mar, largando también las amarras del timón; e izada al viento la vela de proa, enfilaron hacia la playa. Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar”:

La provisión del Señor se estaba dando. No sabían donde estaban, pero veían que era tierra firme.

Por causa de la tempestad del euroclidón espiritual, quizás no llegamos a saber donde exactamente estamos en primera instancia, pero confiamos que es un lugar firme, aunque desconocido, porque sabemos que nuestro Dios es fiel y Él lo tiene todo bajo Su control.

A veces, para salir a tierra firme, nos será necesario despojarnos del todo del vehículo en el que hemos tenido nuestra seguridad todo el tiempo de nuestro periplo por el mar embravecido, pero es condición sin equanum.

naufragio en Malta

“Representación del naufragio en Malta”

Cuando al diablo no le satisface lo ocurrido
(Hechos 27: 42) “Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando. Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que pudiesen nadar se echasen los primeros, y saliesen a tierra; y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra”:

El diablo fue chasqueado esta vez, y no aceptando su derrota, utilizó el miedo de los soldados a que se les fugasen sus presos (ellos respondían con sus propias vidas si se les escapaban sus custodiados), con la intención de que Pablo muriera allí mismo.

En repetidas ocasiones, el diablo intentó destruir a Pablo, pero no pudo. Por eso él escribió así a los corintios:

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4: 8, 9)

El diablo sólo consiguió atribularlo, pero no pudo destruirlo.

El euroclidón espiritual y su casi inacabable tempestad busca el destruirnos, pero Dios, a la postre, lo usa para bendecirnos en nuestro carácter, madurez espiritual y peso en gloria.

Nada conseguirá el diablo que Dios no le permita.

“…Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra”: Aquí vemos que lo que el Señor nos dijo, por muy inverosímil que pudiera parecer cuando estamos en medio de la “tormenta perfecta”, se llega a cumplir (ver Hchs. 27: 24b).

3. Superado el euroclidón espiritual y su tempestad

(Hechos 28: 1, 2) “Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío”:

Era invierno, hacía frío, pero supieron por fin donde estaban (a veces la incertidumbre es uno de los peores enemigos de orden psicológico), y los lugareños les dieron hospitalidad. Dios intervino.

Del mismo modo, cuando recién superamos la prueba del euroclidón espiritual, llegamos a saber donde nos hallamos finalmente. Dios permite un tiempo de reposo a pesar de las inclemencias de la vida que todavía nos circundan.

isla de Malta

“Mapa actual de la isla de Malta”

Cuando el diablo tozudo, insiste e insiste
(Hechos 28: 3, 4) “Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir”:

Aun y en ese momento de benignidad, el diablo puede valerse de esa circunstancia de incipiente sosiego para atentar de nuevo y causar el mayor estrago.

¿Qué ataque satánico donde los hubiere que con una misma víbora? Esa víbora prendida en la mano de Pablo, era un ataque absolutamente directo contra la vida y testimonio del apóstol.

Cuando el diablo no nos ha podido destruir (o no puede), ni con la tempestad ni con el naufragio, puede intentar hacerlo a través del descrédito ante los demás; intenta a través de la difamación, falso testimonio o algo similar, destruir nuestra reputación y buen testimonio.

Pero el Señor lo vuelve todo para bien
(Hechos 28: 5, 6) “Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios”:

Si la víbora estaba prendida en la mano, significa que inoculó todo su veneno, por lo tanto, es lógico que los lugareños, que conocían perfectamente esos ofidios, esperaran que ese hombre cayese redondo al suelo.

No ocurrió, sino todo lo contrario. Al diablo le salió mal la jugada, y lo curioso del caso es que Dios utiliza esa misma destructiva circunstancia para nuestra honra.

Pero ¡atención!, en esos momentos es muy importante mantenerse en humildad.

Víbora áspid

“Posiblemente fue una víbora áspid (Vipera aspis), la que mordió a Pablo. Esta es la víbora europea más venenosa”

4. Cuando Dios abre puertas

(Hechos 28: 7-11) “En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias. Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux”:

Cuando al diablo se le han acabado de parte de Dios todas sus opciones de ataque por el momento, Dios abre puertas para la bendición.

Este fue el caso de Job, que después de la terrible prueba por la que pasó, recibió bendición (ver Job 42: 10-17); o el caso del mismo Señor Jesús, cuando después de la prueba del desierto y de las tentaciones del diablo, este le dejó, “y vinieron ángeles y le servían” (Mt. 4: 11).

Y si por catorce noches tuvieron tempestad, por tres meses tuvieron descanso en tierra firme.

El periplo de Pablo a Roma – o más bien, un buen extracto del mismo – es una enseñanza impresionante de aplicación práctica para nuestras vidas, como hemos podido apreciar en estos dos capítulos. Que sepamos aprovechar esta sabiduría espiritual, como poco, para poder comprender mejor no sólo el por qué, sino sobre todo el para qué de lo que nos puede llegar a ocurrir en nuestro particular periplo de la vida.

Dios les siga bendiciendo.

© Miguel Rosell Carrillo
Septiembre 2008
www.centrorey.org

FIN

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