EL SEÑOR JESÚS, SUS SETENTA Y EL REINO MESIÁNICO QUE SE ACERCÓ (I)

EL SEÑOR JESÚS, SUS SETENTA Y EL REINO MESIÁNICO QUE SE ACERCÓ (I)

Estudio bíblico

Índice del Tema

  1. Jesús fue enviado por el Padre a Israel, en primer lugar
  • 1. El misterio de ser Setenta
    • A. Jesús vivió bajo la Ley Mosaica…para cumplir dicha Ley
    • B. La cuestión del Reino es vital aquí
      • Desde el Monte Sinaí hacia adelante
      • El Reino de los Cielos se acercó
    • C. Los setenta de Moisés
      • La unción la da el Ungido
      • El ser exactamente setenta, era cosa del Reino

 

“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.  En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;  y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid:   Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad” (Lucas 10: 1-12)

Introducción

 

En este estudio entenderemos un poco más el contexto veterotestamentario en el que se encontraba Jesús de Nazaret y su ministerio, contrastándolo con el contexto del tiempo de la Iglesia y de su misión.

 

Cuando intentamos aplicar la misión de los Setenta a nuestra realidad eclesial, nos encontramos con asuntos de base que antes hemos de comprender bien. En este estudio veremos que no es todo absoluta y detalladamente aplicable.

 

La tierra de Israel desde el espacio

 

I. Jesús fue enviado por el Padre a Israel, en primer lugar

 

(Lucas 10: 1) “…designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”:

Jesús, comisionó a Sus Setenta, enviándolos “a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”. Antes de ir Él, envió a los Setenta, y siempre en el contexto de Israel, es decir, al pueblo judío, por lo tanto, no fueron a ciudades como Tiro, Sidón, Sarepta (Fenicia), etc., que aunque cercanas geográficamente, eran ciudades gentiles.

No fueron al pueblo gentil, sino a los israelitas, “de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9: 4, 5)

 

Fueron anticipándose al Señor, por mandato de Él, a buscar las ovejas perdidas de Israel, porque ese fue el ministerio de Jesús cuando anduvo en Israel:

 

 

 

“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt. 15: 24)

 

1. El misterio de ser Setenta

 

¿Por qué setenta? Esa es una pregunta que muchos se hacen. Hoy en día, cierto sector presumiblemente eclesial especula demasiado acerca de los números – sea el doce, el setenta y dos, etc. y se han llegado a formar doctrinas – erradas – acerca de ello, como el G12, D12; etc. Nada de todo esto tiene que ver con la revelación bíblica.

 

Veamos qué es lo que la Palabra nos enseña al respecto de los Setenta, y de Jesús en relación a esos Setenta Suyos. No olvidemos, que el ministerio de Jesús en su primera venida – como venimos diciendo – fue dirigido hacia Israel en primera instancia, por lo tanto, con esos ojos tendremos que leer ese pasaje y entenderlo.

 

El contexto en el que vivió Jesús era el de la Ley de Moisés (Gl. 4: 4).

 

 

 

“Las ruinas de Betsaida desde el aire, al fondo el Mar de Galilea”

 

  1. Jesús vivió bajo la Ley Mosaica…para cumplir dicha Ley

 

No perdamos la perspectiva. Jesús actuaba conforme a su tiempo (la Ley), a su ministerio (hacia los judíos), y a su misión (la cruz). En todo ese proceso, Él fue cabal cumplidor de la Ley.

 

El mismo dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar (abolir), sino para cumplir (cumplir la ley)” (Mt. 5: 17)

 

Veamos más acerca de ello: La relación de Cristo con la ley de Moisés puede resumirse de la siguiente manera:

 

  1. Fue hecho súbdito de la ley (Gl. 4: 4)
  2. El vivió en perfecta obediencia a la Ley (Jn. 8: 46; Mt. 17: 5; 1 Pr. 2; 21-23)
  3. El fue, a favor de los judíos, un ministro de la Ley, y como tal, la purificó de las añadiduras rabínicas, e hizo sentir toda su severidad en aquellos que profesaban obedecerla (Lc. 10: 25-37), pero confirmó al mismo tiempo, las promesas hechas a los padres bajo el Pacto de Moisés (Ro. 15: 8)
  4. Por medio de su vida santa y de su muerte sacrificial, cumplió con la Ley (He. 9: 11-26)
  5. El llevó sobre Sí mismo de manera vicaria, la maldición de la ley, a fin de que todos los que creyesen en Él pudieran participar de las bendiciones del pacto concertado con Abraham (Gl. 3: 13, 14).
  6. Mediante su obra redentora, Él iba a trasladar a todos los que iban a creer (en este caso los judíos de su tiempo), del lugar de siervos de la ley, a la posición de hijos de Dios (Gl. 4: 1-7)
  7. El sirvió, por su sangre, como Mediador del Nuevo Pacto en el cual todos estamos firmes (Ro. 5: 2; He. 8: 6-13). De ese modo estableció la Ley de Cristo (Gl. 6: 2ss). Sus preceptos son mucho más elevados que los de la ley de Moisés, y su cumplimiento posible por la presencia y permanencia del Espíritu de Dios en Sus hijos.

 

Por lo tanto, habiendo sido persuadidos de que el ministerio sobre la tierra de Jesús fue el de un hombre judío y único absolutamente Justo hacia los judíos en primer lugar; prosigamos, ahora volviendo al asunto de los Setenta.

 

 

“Ruinas de Betsaida: Lamentablemente se cumplió el Ay de Cristo sobre esa hermosa ciudad que menospreció el Reino”

 

 

“Ruinas de Capernaum. Nada queda de ella excepto esas ruinas, cumpliéndose la profecía del Señor Jesús de Lc. 10: 15”

 

 

 

  1. La cuestión del Reino es vital aquí

 

“…y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Lc. 10: 9)

 

Vemos que el asunto de los Setenta, así como el asunto de los Doce, tiene que ver con el hecho de que “el Reino se había acercado” (Mt. 4: 17). Este es el Reino Mesiánico; es decir, el Reino manifestado y visible con sede en la tierra, y dirigido a Israel como nación escogida por Dios para tal efecto.

 

Para entender que entonces “el Reino se había acercado”, hay que hacer un poco de historia, y ver que el reino vino a Israel, para luego irse, para luego acercarse de nuevo…etc.

 

Desde el Monte Sinaí hacia adelante

Fue en el Monte Sinaí, en el periplo de Israel por el desierto hacia la Tierra Prometida, donde Dios entró en relación de pacto con Su nación, la que Él levantó de la nada. Escribe Stanley D. Toussaint al respecto:

 

“En el Monte Sinaí, Dios entró en una relación de pacto con Israel (que se formalizó en Ex. 24: 1-8), y esta nación se convirtió en el Reino de Dios en la tierra con territorio en Canaán como su destino evidente. Por primera vez la palabra “reino” se usa en la Biblia para referirse al reino de Dios (comp. Ex. 19: 4-6). Dios ofició Su gobierno sobre Israel primeramente a través de Moisés, luego de Josué y después por medio de jueces…”

 

“Monte Sinaí, lugar del pacto”

 

Más adelante los israelitas pidieron un rey humano, como el que tenían todas las naciones por aquel entonces, y Dios se lo concedió. Ese fue Saúl, que resultó rebelde y fue desechado. Luego Dios escogió a David como rey, le hizo promesas inquebrantables y un pacto, el cual llamamos Pacto Davídico (ver 2 Samuel 7: 12-16):

 

“Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Sam.7: 16)

 

Esta fue la promesa que Dios le hizo a David,  de ahí que Jesús fuera llamado “Hijo de David”, porque del linaje de David nacería Jesús el Cristo (Mt. 1: 20), y eso lo sabían los judíos del tiempo de Jesús, que el Mesías había de ser de ese linaje concreto (Mt. 12: 23; 21: 9)

 

Como todos sabemos, lamentablemente, el hijo propio de David, Salomón, su sucesor en el trono, al final de sus días se torció, y en el tiempo de su hijo, Roboam, el Reino fue partido. Sólo Judá permaneció  por un tiempo como nación bajo el linaje de David. Como dice Toussaint:

 

“La pequeña Judá permaneció como el reino teocrático de Dios a pesar de la apostasía de sus reyes y de la idolatría desenfrenada que iba en aumento”

 

No atendiendo a la voz de los profetas, Judá fue finalmente desechado por Dios, siendo deportada la nación entera a Babilonia. En ese punto la teocracia de Dios, es decir, el gobierno de Dios en la tierra, había terminado, y comenzó el tiempo de los gentiles (Lc. 21: 24), siendo Nabucodonosor el primer rey gentil.

 

Jesucristo profetizó que Jerusalén iba a ser hollada “hasta que los tiempos de los gentiles se cumplieran” (Lc. 21: 24). Eso implica que habrá un final de las cosas como las conocemos hoy sobre esta tierra, para empezar las nuevas y eternas (ver Dn. 2: 44). Pero vayamos por partes.

 

El Reino de los Cielos se acercó

 

El Nuevo Testamento comienza con el mensaje de Juan el Bautista: “…el Reino de los Cielos se ha acercado” (Mt. 3: 2), seguido del mismo mensaje por parte de Jesús (Mt. 4: 17)

 

Nótese que ese mensaje iba dirigido de nuevo a Israel. Dios volvía a tener misericordia de su pueblo escogido.

 

El Reino se había ido, ahora volvía de mano del propio Rey. Una manifestación visible, aunque efímera del Reino fue la que protagonizó Jesús glorioso en el Monte de la Transfiguración junto con Elías y Moisés (Mr. 9: 2-8; Lc. 9: 28-35; Mt. 17: 1-8). Ese monte está en Israel.

 

No obstante ese Reino sólo podía permanecer en la casa de Israel, si la casa de Israel, incluida Jerusalén, se arrepentía: “Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 4: 17)

 

Así pues nos quedamos en el momento en que el Reino se había acercado a Israel.

 

En los días de Jesús, Israel, a pesar de estar bajo la dominación romana, tenía su templo, y el Reino de los Cielos se había acercado, porque el Rey había venido (Jn. 1: 9, 11). Por lo tanto, por un poco de tiempo, por mano de Jesús de Nazaret, Israel volvía a tener la oportunidad de recibir el Reino de los Cielos.

 

Tener conocimiento de esto nos ayudará a entender el por qué Jesús levantó a Sus Doce y luego a Sus Setenta, porque esos números contienen un importante elemento teocrático, es decir, concerniente al Reino Mesiánico.

 

Así que volvemos a la cuestión que nos ocupa en este ensayo: los Setenta.

 

 

 

  1. Los setenta de Moisés

 

Hay que recordar que setenta eran los ancianos que Moisés nombró como sus representantes de parte de Jehová. Veámoslo en la Escritura:

 

(Números 11: 16; 24, 25) “Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo… Y salió Moisés y dijo al pueblo las palabras de Jehová; y reunió a los setenta varones de los ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo. Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron”

 

La unción la da el Ungido

 

¡Qué interesante que Dios tomara el Espíritu que estaba en Moisés, y lo pusiera en los setenta ancianos!

 

Esos setenta de Moisés iban a ser, por así llamarlo, réplicas suyas, en aquel caso para el gobierno del pueblo.

 

Esto mismo ocurrió en cuanto a Jesús en relación a Sus Setenta, como lo fue anteriormente en relación a Sus Doce, a los cuales “les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades” (Lc. 9: 1)

 

La misión de los Setenta de Cristo iba a ser la misión de Cristo: el anuncio del Reino de los Cielos, el cual se había acercado a Israel (Mt. 3: 2), con los consiguientes milagros y señales.

 

Sólo Cristo, el Rey, podía dar ese poder y autoridad.

 

El ser exactamente setenta, era cosa del Reino

 

El ser setenta, los Setenta, era cosa del Reino que se había acercado a Israel. Encontramos en el comentario de Matthew Henry al respecto:

 

“Vemos primero su número: eran setenta. Así como al escoger a los Doce, parece ser que Cristo tenía la mira puesta en los doce patriarcas de Israel, las doce tribus y los doce jefes de esas tribus, así también ahora parece que tiene la mira puesta en los setenta ancianos de Israel”

 

Véase entonces que tanto la actuación de Moisés (por mandato expreso de Dios), como la de Cristo eran en relación con la nación judía, y ese principio numérico relacionado con gobierno teocrático no es aplicable a la Iglesia, la cual está compuesta exclusivamente por hermanos (Mt. 23: 8); es decir gentes de igual condición, donde no existen mandatarios (*).

 

(*) No se está hablando aquí de la autoridad espiritual en la congregación o iglesia local, llevada a cabo por pastores o ancianos.

 

Nótese también que Moisés fue un tipo de Cristo, pero es Cristo el principal. Ningún hombre puede dar poder a otros para hacer esas cosas mencionadas, excepto Cristo, que sí lo hizo, y lo sigue haciendo.

 

Por tanto, cualquier hombre que se levanta como un líder crístico en relación a “sus doce” o a “sus setenta” (o setenta y dos), es un impostor.

 

Sólo a modo de recordatorio, y resumiéndolo:

 

  1. Jesús fue enviado por el Padre a Israel, y no a las naciones gentiles.
  2. Por lo tanto, habrá que entender este pasaje de los Setenta (y mucho de los Evangelios) en el contexto judío y no gentil, ya que la Iglesia no existía entonces.
  3. El ministerio de Jesús fue en el contexto de la Ley de Moisés.
  4. El Reino se había acercado a Israel, por tanto, el ministerio de los Setenta fue de acorde al Reino prometido a Israel.
  5. Tanto la actuación de Moisés, como la de Cristo, eran dirigidas a la nación judía,
  6. Por tanto, los “setenta” es un principio numérico relacionado con gobierno teocrático, en relación a Israel.

 

Así pues, teniendo en nuestra cabeza el entendimiento correcto a la hora de estudiar este pasaje de los Setenta, proseguiremos con ello en una nueva entrega. No dejen de leer la continuación de este ensayo.

 

(Continuará)

 

Dios les bendiga.

 

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.

Junio 2009

http://www.centrorey.org

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