Objeto del Estudio

EL OBJETIVO SUPREMO DEL ESTUDIO DE LA BIBLIA

El que hayamos considerado varios métodos de estudio de la Palabra de Dios nos lleva de modo natural a su último objetivo y propósito en todos los usos de la Biblia. Porque hay un objetivo último y supremo en todas nuestras asociaciones con las Escrituras, y no puede ser pasado por alto, y menos puesto a un lado. Esta culminación de nuestro estudio es el uso devocional de la Biblia, es el estudio de ella como revelación de Dios al alma del hombre. En este tema del estudio devocional de la Santa Escritura hemos de notar varios puntos.

SU IMPORTANCIA ESPECIAL.

La primera fase de todo estudio en relación con la Biblia es el conocimiento como criticismo textual; el descubrimiento del verdadero texto, y la seguridad de que hemos obtenido este sentido, tan cerca como sea posible, de las palabras de los escritores sagrados. Pero este estadio de estudio evidentemente es sólo introductorio. Es esencial como fundamento, pero es sólo el fundamento.

El próximo estadio es el que se conoce como crítica literaria, el estudio de la Biblia como literatura, la consideración de su composición, autores, fechas, estilo y contenido. Esto es también importante y esencial, porque sin él nos perderíamos muchas de las hermosuras y glorias de la Biblia. Con todo hay algo mejor a lo cual hemos de dirigirnos. La Biblia es literatura, pero, es más que esto, y si nos quedamos contentos en esta fase hemos fallado en un punto vital.

El tercer estadio del estudio bíblico se refiere a la exégesis bíblica; esto es la verdadera interpretación del contenido de la Biblia, el significado exacto de los pasajes, secciones y versículos. Esto implica un conocimiento del lenguaje y la gramática, las costumbres y tradiciones, las formas retóricas y literarias de expresión. Esto es evidentemente de la mayor importancia e imperativo para todo estudio verdadero. Con todo, no es suficiente, y es posible que nos ocupemos en detalles de interpretación, y nos perdamos el poder espiritual esencial.

El estadio cuarto de nuestra obra con la Biblia se ocupa de la teología bíblica, la consideración de la religión revelada en las Escrituras, sus doctrinas morales, y sus deberes. Éste es el punto más elevado de la enseñanza cristiana, y es del máximo valor que podamos ver lo que es la enseñanza teológica en cada fase de la revelación que Dios nos da de sí mismo desde los primeros días hasta el tiempo de nuestro Señor Jesucristo. No obstante, ni aún aquí hemos llegado a nuestra finalidad; porque es posible que nos ocupemos del contenido intelectual de la Biblia, que lo tengamos todo bien ordenado y captado en nuestra mente, y a pesar de todo, carecer de la sustancia y el poder de la Palabra de Dios. El mensaje es ¡excélsior! ¡Más arriba todavía!

Por encima de estas fases, hemos de seguir adelante, para llegar a la cumbre, que es el uso de la Biblia como una Palabra de Dios personal para nuestras almas: “¿Qué dice mi Señor a su siervo?” “¿Qué quieres que haga?” Las Escrituras tienen por objeto llevar al alma directamente a Dios, introducirla a su presencia, y transmitir su revelación de verdad y de gracia. Y si fallamos en conseguir esto, si fallamos en el punto crítico, todo nuestro otro conocimiento, por grande y valioso que sea, no servirá para nada o para muy poco. El estudio de la Biblia por encima de todo significa llevar al alma al contacto directo con Dios y conservarla allí. El privilegio más alto y la posibilidad más santa de la religión cristiana es la comunión con Dios en Cristo, y esto es absolutamente imposible aparte de la devoción y trato constante con la Palabra de Dios.

SUS REQUERIMIENTOS ESPIRITUALES.

Toda persona inteligente puede hacerse un experto en las cuatro primeras fases del estudio bíblico a que nos hemos referido antes. La quinta fase requiere cualidades y condiciones distintas de la mera capacidad y logros intelectuales.

El alma ha de haber sido aceptada por Dios en Cristo. La comunión con Dios sólo es posible para el alma salvada, el que ha sido perdonado y aceptado en Cristo. El pecado tiene que haber sido tratado antes de que pueda haber comunión, y en consecuencia, no hay estudio devocional genuino de la Escritura aparte de la posición de un creyente en Cristo y la seguridad personal de la salvación. El “hombre natural” no recibe las cosas del Espíritu de Dios, o, para usar las palabras de Pablo, “no puede comprenderlas”; no tiene la facultad que le permita hacerlo. Tiene que ser cambiado a “espiritual” para que estas cosas puedan ser “discernidas espiritualmente”. Es por falta de comprensión de este hecho patente y potente que hay tanto error por todas partes hoy. Los hombres estudian la Biblia sin darse cuenta de las demandas espirituales que hacen falta, además de las calificaciones intelectuales.

Además, el alma que ha aceptado así a Cristo tiene que mantenerse en el orden debido con Dios, si el estudio de la Biblia ha de dar el fruto máximo. La vida del creyente ha de ser verdadera y auténtica para Dios. La conciencia tiene que ser mantenida pura y sensible; la mente ha de aceptar la enseñanza, desconfiar de sí misma y desear aprender de Dios; tiene que mantenerse sumisa y obediente, y estar dispuesta a hacer lo que Dios manda. Los secretos del Señor son sólo revelados a “aquellos que le temen”, porque “miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2). Muchos creyentes encuentran la Palabra de Dios oscura porque no están en forma espiritualmente. No hay visión delante de ellos porque no están bien con Dios. El estudio devocional de la Biblia es la causa y el efecto a la vez de la reacción a la vida espiritual. Es causa de una vitalidad incrementada en lo espiritual, poder, comprensión y bendición, en tanto que a su vez esta realidad espiritual de vida, le lleva a una revelación más espiritual de Dios en su Palabra. La oración y la obediencia son órganos de conocimiento, y a cuanta más oración y obediencia, más conocimiento. “Si alguno quiere hacer mi voluntad, conocerá…” Para tener poder espiritual en la vida, hemos de alimentarnos de la comida espiritual de la Palabra de Dios.

SUS SIMPLES METODOS.

Para el uso devocional y espiritual de la Palabra de Dios hay tres reglas, pero estas tres, aunque simples, comprenden mucho.

Hemos de buscar, escudriñar (Juan 5:39). Los pensamientos de Dios no se revelan a los lectores descuidados y poco atentos, sino sólo a los que escudriñan. Las glorias de las Escrituras no son descubiertas sino por medio de una búsqueda diligente. La Biblia es una mina, y sus joyas no se recogen al lado del camino. Da oportunidad para pensar y requiere ejercicio. Estas palabras, frases y cláusulas están llenas de significado y poder. Como las parábolas de nuestro Señor, la Biblia revela y esconde a la vez un mensaje. Es necesario pensar con tesón, si hemos de obtener de la Palabra las bendiciones que contiene. Hemos de considerar sus afirmaciones, insistir en su significado, captar su mensaje, entretenernos con placer y fervor en sus revelaciones de Dios en Cristo. No hay nada en ella sin algún propósito, y lo que hay, el Señor lo revela siempre a sus siervos que buscan con diligencia.

Hemos de meditar (Josué 1:8; Salmo 1:2). La meditación viene de la palabra griega que significa “atender”, y esto es esencialmente la idea de la meditación de la Biblia. Es estudiar con atención. Más que esto es leer con intención. Es interesarnos en cada punto con aplicación personal. Y tiene que ser nuestro propio pensar, nuestro propio meditar, nuestra propia aplicación. Miremos bien este texto, tan claro: “Mi meditación en Él” (Salmo 104:34). Mi meditación, no la de otro. Lo primario y esencial es que sea meditación de primera mano sobre la Palabra de Dios. Este es el secreto de la vida cristiana.

El doctor Andrew Murray nos ha recordado en uno de sus libros que la leche es un alimento que ha sido predigerido. Y así hemos de decir de todos los libritos de devoción, ayudas a la santidad, manuales de pensamiento y enseñanza, por valiosos que sean, representan alimento que ya ha sido predigerido antes de llegar a nosotros. ¿Quisiera decir esto que no sirve para mucho? En modo alguno. Consideramos que es importante, pero sólo en su lugar y con el propósito apropiado. Si se ponen delante de la Biblia o la excluyen, en su sentido de algo básico, día tras día, entonces son peligrosos y desastrosos, son muletas que nos impiden un ejercicio vigoroso y llevan a la senilidad espiritual. Si se ponen después, son deliciosos y valiosos, inspiraciones para aumentar las ideas y caminos para mayores y más profundas bendiciones. Cuando hemos hecho nuestra propia meditación de la Palabra, podemos gozar de lo que la Biblia nos enseña por medio de otros de sus hijos, especialmente aquellos a quienes Dios ha dado dones especiales de enseñanza. Así que primero y ante todo, “MI meditación de ÉL”.

La meditación ha de ser real. ha de ser “la meditación de mi corazón” (Salmo 49:3), y “el corazón” en la Escritura significa el centro del ser moral, que incluye el intelecto, las emociones y la voluntad. Implica que vamos a la Palabra para ser escudriñados a fondo, guiados de modo definitivo, y corroborados de modo efectivo. La hora de meditación no es un rato para sueños, vagas imaginaciones, fantasías, sino para una bendición viva, real, tanto si es en la forma de guía, aviso, consuelo o amonestación.

La meditación ha de ser práctica. ¿Cuáles son sus fases o elementos? Primero, una lectura cuidadosa de un pasaje o tema particular, pensando en su sentido original y real. Luego una aplicación resuelta del mismo a las necesidades de mi vida, conciencia, corazón, mente, imaginación, voluntad; hallando lo que me dice a mí. Luego un sincero entrar en oración en petición de misericordia y gracia, para que sus enseñanzas puedan pasar a ser parte de mi vida. Luego, una sincera transfusión de todo ello en una resolución de que mi vida lo reproduzca. Finalmente, una entrega total y confiada en Dios, para recibir el poder de practicarlo, de modo evidente y constante todo el día. Hay que notar que la palabra meditar procede en el original hebreo de otras dos palabras que significan: una, pensar y la otra hablar (de modo audible) Salmo 5:1). Estos dos elementos tienen que ir siempre mezclados en la Palabra, su significado y su aplicación y mensaje, y luego hablar a Dios sobre ello, en confesión de fracasos pasados, en oración pidiendo bendiciones futuras, en comunión de goces y necesidades presentes. De este modo la meditación pasará a ser práctica, vital, bendita, para que podamos hallar en ella nuestro gozo principal, y el poder diario para el servicio que nos es indispensable.

Hemos de comparar (1 Corintios 2:13). La Palabra de Dios es como un calidoscopio con muchas combinaciones. Además de nuestra búsqueda y meditación de un pasaje particular, hemos de comparar pasajes, a fin de llegar al plano significativo de la Palabra que nos ha sido dada en “muchas partes y de muchas maneras” (Hebreos 1:1). Los varios aspectos de la verdad se ven así en su totalidad y en proporción, y nuestra vida espiritual pasa a ser plenamente informada y completamente equipada. Hay tantos tópicos o temas esparcidos por la Palabra de Dios, que sólo cuando los comparamos podemos apreciar la plenitud y gloria de la revelación de Dios.

Como ilustración de esto podemos tomar dos o tres ejemplos. Sólo por medio de este método de comparación podemos llegar a la plena verdad de la doctrina de la justificación en su aspecto séxtuple. Dios el Autor (Romanos 3:26); la gracia como la fuente (Romanos 3:24); la sangre como la base (Romanos 5:9); la resurrección como el reconocimiento (Romanos 4:25), la fe como el cauce (Romanos 5:1); y las obras como el fruto (Santiago 2:24).

Además, la voluntad de Dios es el centro de toda vida, pero es sólo cuando empezamos con Mateo y vamos por todo el Nuevo Testamento, recogiendo todos los pasajes sobre la voluntad de Dios, que podemos comprender la maravillosa plenitud y la gloria de sus derechos sobre nosotros. Una vez más, cuando vamos al Antiguo Testamento es esencial establecer comparaciones de los varios títulos de Dios si queremos descubrir el significado completo de su relación con nosotros.

Se podrían dar muchos más ejemplos de la necesidad de esta comparación; realmente, apenas hay una verdad en la Palabra de Dios que pueda ser entendida sólo con un pasaje. Hemos de comparar. Sólo hay que añadir que por medio de este método es posible hallar mucha ayuda y espiritualización «sana», como por ejemplo, al comparar las montañas de la Biblia con sus asociaciones espirituales, o los valles, o las “ventanas”. O se podría tomar una frase como “todas las cosas» de la Escritura y ver como «todas las cosas son de Dios”; “todas las cosas son vuestras”; “todas las cosas son para vosotros”; “todas las cosas cooperan para bien”. Las posibilidades de este método son prácticamente ilimitadas.

Para usar de este método necesitamos una buena concordancia bíblica. Hay que usar mucha discriminación. Las referencias en muchas de las ediciones modernas son pocas veces valiosas.

Todo lo que se ha dicho se puede resumir en las palabras de Job: “He estimado las palabras de su boca más que mi comida” (23:12); y de Jeremías: “Fueron halladas tus palabras y yo las comí” (15:16); y del salmista: “Cuán dulces son tus palabras a mi paladar” (119:103). La Biblia tiene que ser. nuestro alimento diario si hemos de ser fuertes y vigorosos. No es la cantidad, sino la cualidad lo que determina el valor nutritivo del alimento. Lo que hemos de subrayar es la capacidad de recibir, el poder de asimilar,  la preparación para reproducir. Como ha dicho alguien muy bien, el proceso es triple: infusión, difusión, transfusión.

La Palabra así pasa a ser el todo en cuanto a suficiencia y poder en nuestra vida: el espejo que revela (Santiago 1); el agua que limpia (Efesios 5); la leche que nutre (1 Pedro 2); la carne que vigoriza (Hebreos 5); la miel que deleita (Salmo 119); el fuego que calienta (Jeremías 23), el martillo que rompe y une (Jeremías 23), la espada que pelea (Efesios 6); la semilla que crece (Mateo 13); la lámpara que guía (Salmo 119); el estatuto que legisla (Salmo 119); y el oro que se atesora para el tiempo y para la eternidad (Salmo 19).

LAS DOS BIBLIAS DEL ESTUDIOSO

Para todo estudio bíblico son esenciales dos Biblias, y sin ellas vamos a perder mucha bendición.

LA BIBLIA PARA CONOCIMIENTO.

Con esta expresión quiero decir el estudio de la Biblia en general, y los procesos y métodos del conocimiento e información bíblicos. Hemos de tener una Biblia especialmente dedicada al estudio intelectual, si no exclusivamente.

El conocimiento lo hemos de conseguir primero por medio de estudio personal. Hay dos métodos de estudio bíblico que se deben seguir, si es posible, uno junto al otro. Uno es el progreso constante a lo largo de toda la Biblia desde el Génesis al Apocalipsis, tomando la Palabra de Dios tal como la hemos recibido. Para este propósito es muy útil pertenecer a alguna organización que siga este método.

Junto con esta lectura regular general de toda la Biblia, debería haber, si fuera posible un estudio especial de algún libro o período, de modo particular del Nuevo Testamento. Podemos dedicar tres o seis meses a un libro y hacer todo lo posible para dominarlo. En todo caso debería haber algún sistema y método, y perseverar en él.

En este estudio de la Biblia es esencial que seamos específicos en nuestro trabajo, y esto no es meramente leer, sino pensar. Por ejemplo, cuando tenemos el capítulo o sección delante haremos bien preguntándonos: ¿Qué propósito tengo en este estudio? ¿Qué es lo que voy a hacer? Entonces podemos seguir haciéndonos alguna de estas preguntas:

1.- ¿Entiendo el significado de las palabras y frases de este pasaje? (Nunca se ha de vacilar en confesar que se necesita un diccionario.) En Éxodo 2, por ejemplo “arquilla”.

2.- ¿ Qué personas y lugares son mencionados? ¿Ocurre esto en algún otro punto en la Escritura? (Esto significa historia y geografía.)

3.- ¿Hay alusiones a las costumbres orientales que deben ser aclaradas? (La Biblia es un libro oriental y muchos pasajes sólo se pueden entender a la luz de la vida oriental.)

4.- ¿Qué referencias marginales a otros pasajes requieren atención? (La Escritura se interpreta maravillosamente a sí misma.)

5.- ¿Hay alguna enseñanza especial sobre Dios, Cristo, el Espíritu, el pecado, la gracia, la santidad la eternidad? (Ver el capítulo sobre estudio doctrinal.)

6.- Cuando leemos el Nuevo Testamento, consideremos si hay algo que se refiere al Antiguo Testamento. O si en el Antiguo Testamento se nos recuerda de algo del Nuevo Testamento.

7.- ¿Hay algo típico o profético en el punto que consideramos?

Sacamos conocimiento también de clases bíblicas y de libros escritos sobre la Biblia. El contacto con otros no puede por menos que aumentar nuestro conocimiento. Pero aquí estamos interesados sobre todo con nuestro estudio personal, y con nuestro propio estudio de la Biblia como distinto de los libros escritos sobre la Biblia. Se pueden sugerir muchas otras formas de ayuda, pero hemos tenido interés especial en insistir en que el estudioso vaya directamente a la Palabra primero, y se ocupe de ella de modo primario y principal. Hemos de captar a conciencia su contenido, descubrir su significado y recibir su mensaje en cuanto sea posible a través del contacto inmediato con sus páginas.

Hemos de recoger conocimiento. ¿Cómo podemos almacenar mejor los resultados de nuestros estudios? Primero, por medio de una Biblia con amplios márgenes o con páginas no impresas intermedias. Aquí se pueden ir anotando los resultados de nuestros estudios. En relación con esto se puede mencionar el marcar la Biblia. Hay que ir con cuidado en hacer algo más que subrayar, porque al escribir entre líneas puede hacerse todo ilegible.

De vez en cuando habrá alguna nota o extracto que no se puede poner en el margen de la Biblia. Para esto necesitamos un cuaderno aparte, que podemos arreglar y poner bajo índice, en la forma que nos sea conveniente. Es conveniente hacer el índice por temas y por textos, y poner el número de la página del cuaderno al margen de la Biblia. La referencia de esta forma es fácil. Estas son algunas de las formas de recoger y ordenar los resultados de nuestro estudio.

LA BIBLIA PARA PODER Y VIDA.

Con esto queremos decir el uso de la Biblia para obtener poder y vida espiritual. Y aquí queremos subrayar con mucho énfasis la necesidad de tener una Biblia separada para propósitos devocionales sólo, completamente aparte de la Biblia de estudio general. Además, es imperativo que esta Biblia devocional esté por completo libre de marcas. Hemos de tener el mensaje de Dios nuevo y fresco cada día, y si abrimos nuestra Biblia marcada podemos estar seguros que nuestras ideas seguirán cascadas y rodadas antiguas de mensajes anteriores sugeridos por nuestras marcas y notas. Sólo una mente muy fuerte e independiente puede evitar esta tendencia, y de ahí que sea mejor tener una Biblia con las páginas limpias para que la mente no se vea trabada al buscar su nuevo mensaje. Luego, cuando el nuevo mensaje llega podemos anotar los resultados en nuestra otra Biblia para notas. Esto insistimos, es muy importante. Su fruto será abundante. Que la Biblia usada para esto sea de calidad, porque ha de durar toda una vida y pasará a ser “nuestro pequeño santuario”.

En este estudio devocional tengamos cuidado en leer la Biblia con la mirada atenta a nuestro trabajo. Hay la tentación inevitable por parte del obrero a leer con la vista puesta en hallar material para sermones y clases. Hemos de leer la Biblia para nosotros ante todo, para nadie más.

Y este estudio devocional debería pasar a ser el mismo hábito de nuestra vida. Nuestro contacto directo y personal con la Palabra de Dios será una prueba exigente de nuestro discipulado y carácter. La Biblia es un espejo, en el cual nos vemos a nosotros mismos como somos y a Dios como Él nos ve a nosotros, y es evidente que si nunca usamos el espejo, o lo hacemos sólo de vez en cuando, no vamos a conocer cuál es nuestro estado real delante de Dios. El Cristianismo es en gran parte un asunto de la condición del alma; y se hace énfasis en el carácter, y el carácter es poder. Ahora bien, el carácter requiere soledad para el crecimiento; la soledad “es la patria de los fuertes”; pero la soledad sin la Biblia tiende a lo mórbido, mientras que con la Biblia es una garantía de vitalidad y de vigor. Procuremos, en medio de las prisas y preocupaciones de la vida, “apartar tiempo para ser santos” por medio de la meditación sobre Dios en su Palabra. Ni aun la obra cristiana tiene que quitarnos este poder del verdadero servicio y bendición. La superficialidad de muchas vidas nos advierte que “procuremos leer”, “para meditar sobre estas cosas”, para que “nuestro beneficio sea evidente a todos”, y al mismo tiempo glorifique a Dios.

Las sugerencias siguientes se ofrecen con miras al estudio devocional:

1.- Empieza estos ratos con oración para obtener luz del Espíritu Santo (Salmo 119:18).

2.- Pide ser guiado a algún pensamiento definido para ti mismo.

3.- Considera con calma y en oración el pensamiento que te sea concedido. ¿Es un consejo? ¿Un precepto? ¿Un aviso? ¿Una promesa? ¿Una experiencia? ¿Una orden?

4.- Cuando su significado es claro, hay que usarlo como base de una oración pidiendo gracia para ponerlo a la práctica en la vida.

5.- Cede toda tu alma en una entrega plena a su verdad y poder.

6.- Enlázalo con las verdades que ya conoces, y con ello refuerza la cadena de la experiencia.

7.- Confía en Dios para reproducirlo en tu vida cotidiana.

Probablemente si es necesario llamar más la atención sobre la relación necesaria e íntima que hay entre la oración y el estudio de la Biblia, sea un estudio de carácter crítico o puramente devocional. El conocimiento de la Biblia es a la vez causa y efecto de la oración. Necesitamos la oración para la iluminación intelectual y espiritual antes del estudio de la Palabra de Dios, y mientras lo hacemos, en tanto que el resultado de nuestro estudio, a su vez, va a guiarnos a más oración y a aumentar nuestra confianza y espera en Dios en la comunión. De esta manera los dos actos se influyen mutuamente, porque la oración en su definición más simple es precisamente hablar a Dios, y la Biblia es lo que Dios nos dice a nosotros. Éstos dos, combinados, constituyen una verdadera comunión, la íntima amistad que es la corona y culminación de la revelación de Dios en Cristo en relación con la vida humana (1 Juan 1:3).

Hemos llegado al fin de estos capítulos sobre el estudio de la Biblia. Como es natural, sólo hemos tocado este vasto tema, pero quizá se ha sugerido bastante para mostrar los maravillosos tesoros que poseemos en la Palabra de Dios, y lo grande que es la necesidad y valor de su estudio concienzudo, sincero y sostenido. Se puede obtener más ayuda en otros libros que tratan de este tema. Si se usan debidamente y no se le permite hacer por nosotros lo que nosotros hemos de hacer por nuestra cuenta, cumplirán su misión al enviarnos a la Biblia misma y obligarnos a pensar y captar su contenido y aplicar sus verdades a nuestra vida diaria. El objetivo del estudio de la Biblia es adquirir información y recibir inspiración y no se puede hacer demasiado énfasis en el hecho que nunca lo conseguiremos a menos que nosotros nos entreguemos a la Biblia antes y sobre todo, y no a libros sobre la Biblia. Para la plenitud de la experiencia, la realización del carácter, la claridad del testimonio, y la efectividad del servicio, no hay nada comparable con el estudio y meditación diaria de la Biblia. Entonces «seremos prosperados en nuestro camino, y tendremos éxito. Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea enteramente apto, bien pertrechado para toda buena obra» (2 Timoteo 3:16-17).

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