ACERCA DE LOS QUE DICEN QUE QUIEREN SEGUIR A JESÚS

Índice del Tema

  • I.En tiempos de Jeremías
  • 1. Un asunto del corazón
    • Muchos son como el Pedro carnal (sin arrepentirse)
  • 2. La esencia entre la vida y la muerte
    • El hombre de doble ánimo
  • 3. Unos “cristianos” mundanos expuestos por Cristo
    • De camino a la cruz literal
    • A. Los que son sólo boca y emoción
    • B. Los que sólo esperan las recompensas de esta tierra
    • C. Los que anteponen su familia natural a la voluntad de Dios
  • 4. Concluyendo

“Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras.  12 Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón…mi pueblo me ha olvidado, incensando a lo que es vanidad…” (Jeremías 18: 11, 12, 15)

ACERCA DE LOS QUE DICEN QUE QUIEREN SEGUIR A JESÚS

I.En tiempos de Jeremías

En tiempos del profeta Jeremías, este habló la Palabra del Señor, específica y cortante, directa y sin ambages, a una generación de creyentes que vivían según su propia creencia, y no la de Dios.

1. Un asunto del corazón

Dios les habló clara y certeramente del juicio que había de alcanzarles si no se arrepentían de su falsa creencia, auspiciada por los dirigentes religiosos de su tiempo, pero no escucharon, sino que lejos de eso, aseguraron que seguirían andando conforme a la forma de pensar y sentir de su “malvado corazón”, y esto dicho desde el corazón de ellos, el cual sólo Dios puede ver y oír.

De esa manera olvidaron a Dios, aunque de continuo estaba el Santo Nombre en sus bocas, siguiendo lo que es vano, y más aún; “incensando a lo que es vanidad”, es decir, glorificando lo que no sirve para nada, ni es nada.

En tiempos de Jeremías, todo Judá era creyente profesante. Ni uno hubiera dicho o se hubiera atrevido a decir que no creía en Dios. Aunque a su manera, todos eran creyentes. No olvidemos eso.

Esto mismo está ocurriendo ahora en lo que genéricamente llamamos iglesia. No hay gran diferencia.

Aquellos creyentes judíos se creían justificados por su propia y arbitraria fe, porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sujetaron a la justicia de Dios (Ro. 10: 3)

Hoy en día exactamente lo mismo está ocurriendo. Muchos creyentes profesantes tienen mucha “fe”, pero sólo conforme a su propio entendimiento y definición. Es por tanto en el caso de muchos, una falsa fe.

Es una fe condicionada a la propia voluntad y deseo individuales.

Muchos son como el Pedro carnal (sin arrepentirse)
Si quisiéramos comparar, veríamos que la creencia de muchos profesantes no difiere en nada de la expresión de Pedro cuando este le dijo a Cristo que se cuidara mucho y jamás permitiera ir a la cruz, respondiéndole el Señor que estaba en ese momento moviéndose conforme al espíritu de Satanás, el cual no pone “la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16: 23). Es decir, que inspira a los hombres a buscar como meta final y sublime la felicidad conforme a los parámetros humanos, y no a la voluntad de Dios, la cual buscaba Jesús.

(Satanás sabe que si el hombre busca su vida, la perderá)

Como aquellos judíos vivían su propia fe, los actuales y similares creyentes viven un cristianismo totalmente mediatizado, corrompido, adulterado y falseado. No es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, el cual implica morir para vivir (Gl. 2: 20), sino que es el evangelio de Satanás, el cual implica vivir para morir (Mt. 16: 24, 25)

El Evangelio de la Gracia enseña así:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2: 20)

“…todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará…” (Mateo 16: 25)

Como en los días de Jeremías, y en el caso del mismo Jeremías, la soledad del verdadero creyente es un hecho; el vivir “contra corriente” es un hecho; el desprecio o simple falta de aprecio de los falsos profesantes hacia los verdaderos es un hecho; la resistencia a la verdad escritural por parte de los primeros, es un hecho…y siempre esto es previo al juicio que deberán padecer – de parte de Dios – estos mismos.

Como aquellos judíos que luego fueron deportados a Babilonia, estos creyentes de la actualidad serán deportados a la Gran Tribulación.

“La cruz para el verdadero creyente significa la muerte de su “yo”

“La cruz para el verdadero creyente significa la muerte de su “yo”

2. La esencia entre la vida y la muerte

“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4: 4, 5)

La Palabra aquí nos habla de amistad y de enemistad. Ambos conceptos son antagónicos e irreconciliables per se.

Esta es la base de todo el asunto: la amistad con el mundo.

“El amor al mundo (se entiende conforme al espíritu de este mundo), es siempre en oposición al amor del Padre (1 Jn. 2: 15)”

“El amor al mundo (se entiende conforme al espíritu de este mundo), es siempre en oposición al amor del Padre (1 Jn. 2: 15)”

La amistad con el mundo implica la negación de la santa negación: la negación de uno mismo. Recordemos las palabras de Jesús:

“..todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará…” (Mateo 16: 25)

La amistad con el mundo es sinónimo de muerte espiritual.

El apóstol Santiago se estaba dirigiendo en esos momentos a todos los creyentes profesantes, y por tanto, responsables ante Dios de esa profesión (aunque falsa) que amaban el mundo, llamándoles “almas adúlteras”.

¿Por qué “adúlteras”?, pues porque se mostraban a los demás y testificaban de sí mismos como creyentes en Cristo. Un adúltero es aquel cónyuge que traiciona a su pareja conyugal.

Por fuera mostraban y muestran una fe y unas palabras de compromiso, pero vivían y viven en el mundo, en dependencia del mundo.

Pensaban y piensan de sí mismos que podían y pueden vivir a doble banda sin ningún problema. No obstante, ese en sí era y es el problema.

“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1: 8)

El hombre de doble ánimo
La inconstancia está siempre presente en aquel que pretende vivir para Cristo y para el mundo. Con la inconstancia aparece la deshonestidad y el engaño hacia uno mismo y hacia los demás.

En su imaginación, él vive en ambos mundos (en el mundo y en el reino de Dios), pero es sólo en su imaginación. Para Dios él sólo vive en el mundo.

No entiende que cuando uno ama el mundo, automáticamente se constituye enemigo de Dios; y esto último de parte de Dios. No obstante sigue pensando que como Dios es amor, le perdonará aunque siga viviendo de ese modo.

Sin arrepentimiento, es decir, sin cambio, no hay perdón.

No valora ni pondera lo siguiente: el vivir para el mundo, o vivir para Cristo constituye la diferencia entre la muerte o la vida eternas.

“El creyente profesante de doble ánimo"

“El creyente profesante de doble ánimo, es decir, de dos mentes o dos formas de pensar/actuar, a causa de su no renuncia a su amor al pecado, es aborrecible ante Dios”

3. Unos “cristianos” mundanos expuestos por Cristo

“Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén… Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. 61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.62. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9: 51; 57-62)

De camino a la cruz literal
“Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén”

Jesús fue consciente de que su tiempo se estaba cumpliendo y que la hora de la cruz literal se acercaba, de ahí a encaminarse hacia Jerusalén.

Muchos que han de pasar por el quirófano para una operación a vida o muerte a causa de cualquier dolencia grave, no tienen más remedio que pasar por ese trance el cual jamás escogieron, ni quisieron, pero han de ir si quieren tener la mínima posibilidad de alargar un poco sus años sobre esta tierra. Para ello, se les convoca para un día y hora determinados a ponerse en manos del cirujano, y allí van.

No obstante – también en el contexto de un día y una hora escogidos –  a diferencia de aquellos, Jesús fue sano y puro a la cruz, esta vez, una muerte segura, sin embargo Él no fue por causa de Él mismo, sino por causa de todos nosotros, los enfermos; enfermos por el pecado (Lc. 5: 31)

¡Enorme diferencia!

Podemos ver por ese acto sublime de amor, que el compromiso de Cristo con su fe, fue total, al punto de dar voluntariamente su propia vida.

Para Él – como poco – dos cosas eran de más estimación que su propia persona:

  1. La voluntad de Su Padre
  2. Todos y cada uno de los hombres.

Por lo tanto, si alguien tenía autoridad para enseñar y decir las cosas como son ante Dios, sin lugar a dudas fue Él mismo, y en su calidad de hombre.

Por ello, Jesús expuso a la luz del día a algunos tipos de creyentes profesantes, que sólo lo eran de palabra pero no de corazón.

Creo que en estas historias bíblicas podemos aprender más sobre todo ello, no sólo de cara a los demás sino principalmente de cara a nosotros mismos.

A. Los que son sólo boca y emoción
“Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”.

Jesús, cuando iba de camino a su muerte, y muerte segura, se encontró con un presunto seguidor suyo que le aseguró que le seguiría a donde fuera (¿incluida la cruz?). Pero Cristo, que conocía el corazón de los hombres, sabía que sólo hablaba de labios para afuera.

Este es el tipo de creyente facilongo. Es el típico cristiano de domingo (o no) que en su emotividad dominical cúltica, y seguramente también en los grandes congresos de “avivamiento” donde suele acudir, cada vez le dice eso mismo al Señor. Al día siguiente; o más bien, a las pocas horas del evento, ya se olvidó de su compromiso emotivo-verbal.

¿La razón? Pues la esgrimida por el mismo Señor, pero esta vez puesta por activa: la atadura a la comodidad y a la ambicionada búsqueda de las seguridades materiales que ofrece este mundo.

Así como el Señor le dijo a ese alegre creyente profesante que seguirle a Él implica la muerte, se lo dice también a todos aquellos que como ése, no están dispuestos a renunciar a nada lícito de este mundo por causa del Evangelio.

Los grandes pulpistas (predicadores de gran púlpito de la prosperidad), dicen que Jesús era tremendamente rico. ¡Mentira! Jesús vivió en completa renuncia, al punto de que literalmente no tenía donde recostar su cabeza como Él mismo le dijo a ese creyente “de ir por casa”, y todo ello, camino de Jerusalén, a morir para que los que íbamos a creer, pudiéramos vivir.

Engañados por los “predicadores de la prosperidad”, muchos quieren ser cristianos para andar en abundancia y prosperidad. Esto último también lo quieren los impíos, pero una cosa tienen a diferencia de esos “creyentes”: no se engañan a sí mismos, ni a los demás diciendo que son lo que no son; es decir: cristianos.

Creo que no hay mucho que ofenda más a Dios que la mentira y la hipocresía.

"Levantar manos santas al cielo en adoración a Dios"

“Si hay que levantar manos santas al cielo en adoración a Dios, no será acepto esto si no viene precedido – a pesar de las imperfecciones propias de lo humano – de una vida realmente consagrada a Cristo”

B. Los que sólo esperan las recompensas de esta tierra
Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios”:

Para este, lo más importante era esperar recibir la herencia de su padre natural que la herencia de su Padre Celestial. Para recibir esa herencia, debía permanecer al lado de su padre, no fuera que se enfadara con él y le desheredase.

Para él, lo más importante eran los bienes materiales que iba a recibir que el obedecer al Señor.

“Déjame…”: Constatable es el hecho de que “beatamente” le pide al Señor “que le deje…” ¿pecar?; pues toda desobediencia a Dios es pecado.

Este que tuvo el excelso privilegio de ser llamado por el Señor, no entendió que Dios no nos ordena nada injusto, sino que lo que demanda siempre es bueno, recto, y debe ser obedecido, porque para ello Él es el Señor.

¡No tienen ningún sentido pedirle al Señor que nos permita no obedecerle!

Otra vez, el pecado de siempre: cuando se tienen los ojos puestos en las bendiciones de este mundo, antes que en las bendiciones de Arriba.

C. Los que anteponen su familia natural a la voluntad de Dios
61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”:

A este, y muchos como este, le preocupa más la opinión de los suyos, que la opinión de Dios.

Con despedirse de los que estaban en su casa, quería decir que se iba a quedar en casa hasta contentar a todos, y no iba a ir a la obra de Dios sin antes asegurarse de que todos estaban bien y bien contentos. ¡O sea, por esa regla de tres, jamás iba a ir a la obra!

“pero déjame…”: De nuevo, al igual que el anterior, este le pide al Señor que le permita desobedecerle.

Cuando el Señor da una orden, esta debe ser cumplida al momento, ya que todo retraso en el cumplimiento de Su voluntad es desobediencia. No se puede jugar con Dios.

Este creyente profesante, había hecho acto de consagración a Cristo, por eso dice que tomó el arado en sus manos, pero al mirar hacia atrás, hacia lo natural, perdió el rumbo y se desvió.

Lo mismo que fue en tiempos de Jeremías, fue en tiempos de Jesús, y es ahora.

4. Concluyendo

(Mateo 6: 24) “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”:

El Señor lo resumió con total claridad aquí. Es imposible servir a Dios y servirse  a uno mismo (en detrimento de servir a Dios).

Seamos honestos. Deberemos escoger a quien servir hoy.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Julio 2010
http://www.centrorey.org

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