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LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO (II)

Capítulo Segundo

Índice del Tema

  • 4) Dones de sanidades
  • 5) El hacer milagros
  • 6) Profecía
    • La profecía es declaradamente dirigida a los demás (sean convertidos o no)
    • La razón para profetizar: La edificación del Cuerpo de Cristo
    • La profecía no es para condenar
    • La profecía como instrumento de guía direccional
    • Profetizando en el nombre del Señor
    • El orden a la hora de profetizar en la reunión

4) Dones de sanidades

‘…y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu”:

Aclaremos varias cosas antes. El sanar enfermos fue incomparable en los días de Cristo y sus apóstoles. Leemos acerca del Señor cuando estuvo aquí:

“Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8: 16, 17)

Es claro que ese don le perteneció a Cristo para que se cumpliera la palabra de Isaías, y por tanto, en ese sentido se trató de un don temporal y exclusivo en cuanto a su magnitud, de Cristo.

En ese orden de cosas, también fue un don de los doce de Cristo:

“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mateo 10: 1)

Y también de los setenta designados por el Señor:

“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir…y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios” (Lucas 10: 1, 9)

Un puñado de asociados de los 12, como Felipe (Hchs. 8: 5-7), también fueron usados de manera similar.

Insistimos en que toda esa profusión de sanidades fue un don de carácter temporal, no extrapolable a todas las épocas, como históricamente es sabido. Como acertadamente dice McArthur:

“Algunas personas sienten que la sanidad debería ser común, y que debería esperarse en todas las eras históricas, pero este no es el caso… Sólo durante la vida terrenal de Cristo y la de sus apóstoles hubo una explosión confirmada de sanidades”

Así es, y esto fue debido a la necesidad de acreditar al Mesías y autenticar el Evangelio. Nótese que el Reino se había acercado al venir el Rey, y eso implicaba un cambio sustancial en todos los órdenes, tanto en lo espiritual como en lo natural. Esto fue sólo temporal, porque así como el Reino se acercó, también se alejó por el rechazo del Mesías.

Por lo tanto, el tratar ese tipo de dones de sanidades como el explicado, que fue inherente a aquel tiempo conforme a aquellas circunstancias, e intentar trasladarlo a la era de la Iglesia, es un error.

Entendamos que aquel tipo de sanidades pertenecía a las señales milagrosas, que no se utilizaron simplemente para buscar el bienestar de las personas, sino para declarar que el estaba entre ellos era el anunciado por el profeta Isaías, y respaldar así el mensaje de que el Reino se había acercado.

Esto es así simplemente, porque más adelante en la Biblia vemos a un Pablo que había sido usado tremendamente causando diferentes milagros, incluidos los de sanidad, y sin embargo tantas veces él mismo estuvo enfermo, así como ocurrió con sus colaboradores tantas veces, como con Trófimo (2 Ti. 4: 20); Epafrodito (Fil. 2: 27); su amado hijo Timoteo (1 Ti. 5: 23), etc.

Nos damos cuenta que aquellas explosiones de sanidades de los Evangelios cesaron como tales.

¿Significa esto que Dios ya no sana? ¡No! Dios sigue sanando, aunque no es ya una señal como lo fue, sino producto de su misericordia y de su voluntad a lo largo de nuestra era común.

De ahí el don de sanidades que no todo el cuerpo de Cristo tiene, sino solamente los miembros escogidos. Veámoslo en la Escritura.

Bíblicamente, no todos tienen el don de sanar. En 1 Corintios 12: 27, 28; leemos:

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan…”

A pesar de que el tiempo y la sazón son otros, Dios sigue sanando cuando quiere y a través de quien quiere, por su misericordia.

Aunque los cristianos, a lo largo del tiempo de la Iglesia,  no han sido ni son usados como lo fueron aquellos apóstoles de Cristo al respecto, es indudable que Dios todavía escucha y contesta las oraciones fieles de sus hijos (Stgo. 5: 13-16)

‘…y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu”:

Este otro (V. 9) pudiera ser cualquier miembro de la congregación. Todos debemos estar pendientes de lo que el Espíritu quiera hacer en cada uno. Cada uno debe estar pendiente del Espíritu, en otras palabras.

…dones de sanidades…: Nótese que está en plural. Hay muchas y diferentes enfermedades, muchas de ellas causadas por demonios directamente, otras no. Por lo tanto es preciso que existan diferentes ‘dones de sanidades’ (Mateo 10: 1).

Así que, lo definiríamos como el poder sobrenatural para sanar enfermedades y dolencias varias.

No siempre llegará la sanidad a través del don mencionado. Otras veces Dios se valdrá de la medicina.

“La imposición de manos sobre los enfermos es absolutamente bíblico (Mr. 16: 18)"

“La imposición de manos sobre los enfermos es absolutamente bíblico (Mr. 16: 18)”

5) El hacer milagros

(V. 10)   “A otro, el hacer milagros…”     

A otro…: Aquí tenemos a otro y diferente creyente.

…el hacer milagros: Este hacer milagros lo traducimos literalmente del griego como: ‘acciones de poder; obras de poder’: ‘energuémata dinámeon’.

El poder de Dios es lo sobrenatural de Dios. Pablo dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder (dunamis) de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1: 16).

El milagro es la intervención ordenada y sobrenatural en el curso de las operaciones o actividades normales de la naturaleza. Es la suspensión sobrenatural de una ley natural realizada en el nombre de Jesús. (El diablo tiene cierto acceso a lo sobrenatural, pero no llamaremos milagros a eso).

La realización de un milagro siempre obedece al hecho de resaltar la intervención directa de Dios, para Su gloria.

En el tiempo de Jesús, los milagros que Él hizo servían para autenticarle. Leemos en Hechos 2: 22;

“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de Él, como vosotros mismos sabéis”

De esta manera las gentes podían saber por esas señales que Jesús venía de Dios. Sus milagros fueron hechos según nos ha llegado hasta nosotros, solamente en el periodo de su ministerio, no toda su vida.

En el evangelio de Juan, vemos en 2: 11 que Jesús hizo su primer milagro en Caná, para “manifestar su gloria”, no para que la fiesta continuara. Los milagros de Jesús son demostraciones de poder que nos llevan en la dirección de creer en Él.

¿Sigue haciendo milagros Dios hoy en día? Sí. Además, cada conversión es un milagro.
¿Existe todavía el don de hacer milagros? También.

Como vimos antes, la palabra milagro en griego energuémata dinámeon’, significa acciones de poder; y se conecta casi siempre con la expulsión de demonios. Es el mismo poder que el Señor dio a sus discípulos (McArthur) (Véase Lc. 4: 36; 6: 18; 9: 42; 10: 17-19)

Hoy en día la Iglesia deberá proseguir con esa obra.

Existe una distinción entre sanidades y milagros. Los milagros pueden ser tanto negativos y destructivos como positivos. La sanidad es invariablemente positiva.

Además, no siempre, ni mucho menos, los milagros se realizan por la fe del que se le adjudica el don, si no que Dios soberanamente actúa sobrenaturalmente, cumpliendo así con Su Naturaleza.

“El echar fuera demonios es señal de que el reino de Dios está en nosotros Lc. 11: 20”

“El echar fuera demonios es señal de que el reino de Dios está en nosotros Lc. 11: 20”

6) Profecía

‘…a otro, profecía…’:

El significado básico es “proclamar” o “hablar en público”. Desde que las Escrituras se completaron, la profecía no ha sido un medio para transmitir nueva revelación, sino que se limita a la proclamación de lo que ha sido revelado en la Palabra escrita.

Por lo tanto la profecía es la continuidad de lo que ha sido ya revelado, por reiteración.

Esta profecía, a diferencia de la ejercida por los profetas del Antiguo Testamento, es para todos los creyentes en Cristo. Leemos así en 1 Corintios 14: 1-5;

“ Seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis…el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación…el que profetiza, edifica a la iglesia. Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas, pero más aún que profetizarais…”

Profecía es el mensaje sobrenatural dado en una lengua conocida, para fortalecer, exhortar, animar, edificar, estimular, consolar o dar dirección a la gente de Dios.

El profetizar es un asunto inspiracional. Uno es inspirado por el Espíritu Santo para hablar proféticamente.

La profecía es el “don de expresión” más importante y vital en la iglesia. Obviamente el profetizar es para todos los cristianos como podemos ver.

La profecía edifica a todos los creyentes. Es el mismo Dios hablando a su pueblo o a algún hijo suyo.

Dice el mismo Pablo en 1 Tesalonicenses 5: 20, ‘No menospreciéis las profecías’.

La profecía es declaradamente dirigida a los demás (sean convertidos o no)

1 Corintios 14: 24-25 “Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros”.

‘Pero si todos profetizan…’: El deseo de Pablo es que todos lo hagan; ¡eso es señal de que todos podemos hacerlo!

‘…y entra algún incrédulo o indocto (idiotes), por todos es convencido (redargüido), por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios…’:

La palabra profética le mostrará su condición. La Palabra de Dios, el Rhema de Dios que es más penetrante y cortante que una espada de doble filo, entrará hasta las entrañas espirituales, y le convencerá de que Dios está ahí en medio.

‘…declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros’:

Si Dios está entre nosotros, Su Presencia se hará palpable al indocto (idiotes), y aun al incrédulo. La profecía es esencial cuando la Iglesia se reúne; y más aún debe ser levantada.

Cada cristiano es templo del Espíritu Santo. La presencia de Dios mora en él. Cuando todos los cristianos se reúnen en un mismo lugar, la presencia de Dios es un hecho. Cualquiera que entre, sabrá que eso es así, aunque no esté dispuesto a reconocerlo públicamente, siendo ese el caso.

La última parte de este versículo recuerda a Isaías 45: 14b, que dice: …te harán reverencia y te suplicarán diciendo: Ciertamente en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios’.

La razón para profetizar: La edificación del Cuerpo de Cristo

El sentido del por qué de la profecía está claramente explicado en el versículo 3 de 1 Corintios 14; el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación”.

Edificación: Significa construir. Construir fundamentos sólidos, levantar confianza en Dios, en los demás. Confirmar lo que Dios ya ha empezado a hacer en el individuo. Dios quiere edificarnos en fe, en amor, en confianza hacia El y a los demás. Darnos aliento, ánimo. Dar dirección.

Exhortación: A veces necesitamos ser amonestados; corregidos, animados, dirigidos.

Consolación: Es la única vez que aparece esta palabra en el Nuevo Testamento. Cuando es necesario confirmar la obra del Consolador en uno. Dios nos quiere sanar de toda herida interior; aliviar el dolor; quitar el temor; levantarnos el ánimo y la fe, etc.

La profecía no es para condenar

La Biblia dice que el que está en Cristo no está bajo condenación (Ro. 8: 1), por lo tanto, ninguna profecía que venga del Espíritu Santo traerá consigo condenación. Podrá ser especialmente dura, de reprensión (si ha de ser el caso), eso es parte de la exhortación, lo cual edifica cuando es menester, pero nunca de juicio condenatorio. No olvidemos que el que acusa y condena es el diablo (Zac. 3: 1; Ap. 12: 10). Satanás nunca dudará en levantar a alguno de sus ministros para enviar a través de ellos su “profecía” condenatoria, la cual estará comúnmente envuelta de mucha religiosidad. Todo ello deberá ser desechado inmediatamente.

La profecía como instrumento de guía direccional

Como hemos visto, bíblicamente la profecía tiene el cometido básico de edificar el Cuerpo de Cristo.

Posiblemente, dentro de este contexto, podríamos encontrarnos con profecía de tipo direccional; es decir, profecía que da un individuo a otro, o a un grupo o iglesia dando unas pautas más o menos concretas en cuanto a dirección, tiempos, lugares, acciones, etc. Veamos un ejemplo ficticio: La profecía de un hermano a otro: “En un período de dos años a partir de hoy mismo, partirás para Afganistán a servir al Señor allí predicando el Evangelio entre los talibanes…”.

A veces las profecías o supuestas profecías colocan mucha carga y peso sobre los hombros de los creyentes, y por eso es necesario saber cómo lidiar con este asunto, más aún cuando el que profetiza asegura diciendo: “Así dice el Señor”.

Otras veces, ese tipo de profecías son aduladoras, y por tanto, en ese caso, sabemos que no son de Dios, ya que sólo buscan el estimular el ego del oyente. Algo así como: “Hoy te he puesto como conquistador de las naciones, como exaltado ungido libertador de mi pueblo. Ministrarás aquí y allí en el poder de mi Espíritu como mi particular ungido, y llevarás a millones ante mi trono; sobre ti he derramado mi gloria, etc. etc.”

Este tipo de falsas profecías es y ha sido de lo más corriente, y sin embargo, Dios no hace acepción de personas, y jamás pondrá a unos por encima de otros.

Como podemos ver, la profecía direccional requiere de un tratamiento correcto. No todo lo que se profetiza es verdad, pero también es verdad que no toda profecía direccional es mentira.

Volviendo al primer caso, el de ir a Afganistán; ¿Debería creer con fe ciega esa profecía a pie juntillas sin tener una seguridad o convicción personal de parte del Señor? La respuesta es no. Debería, retener el mensaje supuestamente profético, y esperar que lo profetizado se fuera a cumplir. Si eso no viene a ocurrir, entonces es que no era de Dios.

La profecía direccional no es para saber el futuro, ni para saber que hay que hacer, sino para saber que era Dios el que la inspiró si es que se llega a cumplir.

Hace bastantes años alguien le dijo a alguien, que tenía la seguridad de que iba a volver a ministrar al Señor con la música. El hermano le contestó que eso era imposible, ya que no estaba el asunto ni en sus planes ni en su corazón. Sin embargo los años pasaron, y ese hermano está involucrado en servir al Señor con la música.

Evidentemente, aun y sin darse cuenta, aquel hermano le profetizó algo que llegó a cumplirse.

Por el contrario, hace unos años, mi esposa y yo fuimos a una conferencia donde la conocida “profetisa” norteamericana Cindy Jacobs profetizó aquí en Madrid muchas cosas (que jamás se cumplieron), entre otras, les profetizó a los creyentes gitanos que estaban allí, que irían a Irak (Oriente Medio) a predicar el Evangelio en medio de la guerra… ¿Qué deberían haber hecho aquellos hermanos ante esa “profecía”, si Dios no les había hablando antes al respecto? Lo mismo que acabo de explicar: No creer porque lo ha dicho la famosa profetisa, sino esperar confirmación de parte del Señor, y si nada ocurre, olvidarlo.

Nunca la profecía direccional de este tipo se da para ser creída por sí sola, sino que de ser verdadera de parte de Dios, estará como confirmación de lo que Dios ya nos ha hablado previamente, o de lo que nos hablará, o de lo que ocurrirá.

En esta actual dispensación en la que estamos, ya no somos dirigidos por profetas (He. 1: 1, 2), sino que cada uno de nosotros somos sacerdotes del Dios Altísimo (1 Pr. 2: 9), por lo tanto, deberemos siempre recibir directamente del Señor su dirección. Insisto, por tanto, al decir que, la profecía direccional está, o bien para confirmar lo que previamente el Señor ya nos ha hablado, o para que ésta sea confirmada posteriormente. De no ser ninguno de esos dos casos, hay que desecharla, el Señor no habló a través del que profetizó.

“Los falsos profetas siempre han estado en medio del pueblo de Dios”

“Los falsos profetas siempre han estado en medio del pueblo de Dios”

Profetizando en el nombre del Señor

Existe la costumbre de decir de antemano antes de emitir la profecía: “Así dice el Señor”. Si es el Señor que lo dice, está bien; pero si no lo dice, entonces tenemos problemas: Estamos tomando Su nombre en vano.

Cuando no tengamos la certeza absoluta de que lo que vamos a decir (estamos hablando aquí sobretodo de profecía direccional) es lo que el Señor quiere decir, lo mejor es expresarnos así: “Siento que…”; “Pienso que…”.

Evidentemente, cualquier profecía de ánimo, consolación, declaración de Su amor, etc. vendrá del Señor, y podremos decir “Así dice el Señor” sin temor a equivocarnos.

El orden a la hora de profetizar en la reunión

Leemos en 1 Corintios 14:29

“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”.

Pablo muestra que este orden en la congregación afecta al uso de, en este caso, la profecía. La profecía, que Pablo recomienda tan encarecidamente, debe efectuarse con un orden en público:

‘Asimismo, los profetas hablen dos o tres…’:

Estos profetas, tanto pueden ser ministerios, como sencillamente los que profetizan, que debemos ser todos. Lo segundo es lo más usual.

‘…y los demás juzguen’:

Ese “juzguen” es en realidad “disciernan”. Se entiende que no se debe aceptar sin más la declaración presuntamente profética. Debe ser examinada:

1) A la luz de la Palabra (1 Co.12: 3; 1 Jn 4: 1-3);

2) Discerniendo el “espíritu” o (y) la intencionalidad. Una profecía que venga de Dios, podrá traer exhortación, pero nunca condenación. Podrá traer ánimo y consolación, pero nunca ligereza ni lisonja.

3) Convenciendo el espíritu de los oyentes, confirmando en el interior que Dios está hablando.

4) Por otro lado, cuando la profecía es reconocida como proveniente de Dios, deberá ser no sólo asentida, sino creída y obedecida: Dice Pablo en 1 Tesalonicenses 4: 20,

‘No menospreciéis las profecías’

Una forma de menospreciar la profecía es, después de asentir, olvidarla. ¡Esto no es un rito religioso!

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
http://www.centrorey.org
Revisado y ampliado, diciembre 2010

(Continua en un siguiente capítulo)

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50 razones que nos indican que estamos viviendo en los últimos tiempos

La Biblia dice que nadie sabe el día, ni la hora de la venida del Señor (Mateo 25:13). Sin embargo, las Escrituras nos muestran señales que sucederán antes de este acontecimiento:

1) Las señales de la Naturaleza

“Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares…” (Lucas 21:11)
Esta categoría de señales, ha sido la menos respetada, por muchos inconversos, también por muchos creyentes. Ellos dicen: “Siempre han habido terremotos y tornados y huracanes.” Pero aquellos que tienen esta actitud no pueden olvidar que Jesús dijo que las señales serían como “dolores de parto” (Mateo 24:8). Eso significa que aumentarán en frecuencia e intensidad cuanto más nos acercamos a la venida del Señor los desastres naturales serán más frecuentes y más intensos.

2) Las señales de la Sociedad

“En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres… calumniadores irreconciliables, ingratos, sin autodominio, brutales, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios … “(2 Timoteo 3:1-4)

Note las tres cosas que dice que la gente va a amar en los últimos tiempos: El yo, el dinero y el placer. Porque raíz de todos los males es el amor al dinero. 1 Timoteo 6:10. Cuando el humanismo es tu religión, tu Dios será siempre el dinero. El amor al placer es el segundo amor que se menciona. Este es el hedonismo, el estilo de vida que siempre se produce por el Humanismo y el Materialismo.

Pero Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7). Por lo tanto, se encarga de que cuando las personas elijan el humanismo, el materialismo y el hedonismo, la recompensa será la desesperación.

3) Las Falsos maestros

Hay más señales de esta categoría que de cualquier otra. Muchos andan jugando con la fe, pero también hay algunos muy buenos, que no se han desviado de la sana doctrina. En cuanto a las señales negativas, podemos encontrar un pasaje típico en 2 Timoteo 4:3-4

“Llegará el momento en que ellos (los cristianos) no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a las fábulas “.

Los falsos Cristos, falsos profetas, herejes, apostatas y engañadores irán en aumento.

4) Las señales de la Política Mundial

“Y oiréis de guerras y rumores de guerras … Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino …” (Mateo 24:6-7). Israel es descrito siendo restablecido (Ezequiel 37:21-22) y rodeado de vecinos árabes hostiles con intención de destruir dicha nación (Ezequiel 35:1 – 36:7). Esto, por supuesto, ha sido la situación en el Oriente Medio desde la Declaración de Independencia de Israel en mayo de 1948.

Daniel profetizó que el Imperio Romano sería revivido (Daniel 2:36-41), algo que muchos hombres como Napoleón y Hitler trataron de hacer a través de la fuerza. Pero la profecía tuvo que esperar el tiempo de Dios para su cumplimiento. Se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, con la formación del Mercado Común Europeo, que se ha transformado desde entonces en la superpotencia llamada la Unión Europea.

La Biblia habla de un gran poder que se encuentra en la tierra de Magog. Esta nación invadirá a Israel en los últimos tiempos, junto a sus aliados (Los Musulmanes) (Ezequiel 38:1 – 39:16). Rusia, con todas sus repúblicas musulmanas pelearán contra Israel.

Esta profetizado que todas las naciones del mundo se unirán contra Israel en los últimos tiempos por el tema del control de Jerusalén (Zac. 12:2-3) – una profecía que se cumple hoy.

5) Las señales de la Tecnología

“desfalleciendo los hombres a causa del temor y expectación de las cosas que vendrán sobre la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” (Lucas 21:26)

El desarrollo de armas nucleares parece estar prefigurado por esta profecía. La tierra parecerá una carnicería cuando los juicios de los sellos y las trompeta de Apc 6 y 8 sean desatados sobre la tierra. Esto indica que el Anticristo va a conquistar el mundo a través del uso de las armas nucleares. Se nos dice que una tercera parte de la tierra será quemada y que la mitad de la humanidad morirá. Otra prueba de que se tratará de un holocausto. En Apocalipsis 16 dice que al final de la Tribulación los sobrevivientes serán cubiertos de llagas que no cicatrizan (Apocalipsis 16:11).

Del mismo modo, ¿cómo podría controlar el Anticristo toda compra y venta de todo el mundo (Apocalipsis 13), sin la ayuda de la informática? ¿Cómo podría el Falso Profeta crear la ilusión de dar vida a una estatua (Apocalipsis 13) sin la tecnología de hologramas, realidad virtual y la robótica? ¿Cómo podría un ejército de 200 millones de soldados salir del Lejano Oriente (Apocalipsis 9) antes de la explosión demográfica que se produjo por la tecnología médica moderna? ¿Cómo podría el Evangelio ser anunciado a todo el mundo (Mateo 24). En el tiempo de Jesús, no había cine, Radio, la televisión y el Internet, ahora tenemos la oportunidad de usar esos medios para sacarle provecho.

Entonces, que esperas, Usa lo que haya que usar para predicar el evangelio, antes de que los tiempos se hagan mas peligrosos.

6) Las señales de Israel

“Y será en aquel día, que yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, aunque todas las naciones de la tierra se junten contra ella.” (Zacarías 12:3)

Las señales de Israel son las más importante de todas, porque los Judíos son el reloj profético de Dios. Lo que quiero decir con esto es que todo lo que pasa en Israel tiene que ver con las Escrituras. Se nos dice que tenemos que mirar a Israel ya que cualquier evento profético que se cumpla, nos hará entender que también se seguirá produciendo otro acontecimiento profetizado.

Un ejemplo se puede encontrar en Lucas 21:24 donde Jesús profetizó que los Judíos se dispersarían desde Jerusalén, y serán llevados cautivos a todas las naciones. Pero luego agregó que un día volverían a ocupar Jerusalén, y cuando esto suceda, los eventos del tiempo del fin se producirán uno detras de otro dando lugar a su regreso. (Isaías 11:11-12).

En 1900 había sólo 40.000 Judíos en su tierra. Para el final de la Segunda Guerra Mundial se había elevado a 800.000. Hoy en día, hay más de 5,7 millones que han venido de todas partes del mundo. Muy pronto habrá tantos Judíos en Israel como muertos en el Holocausto. El profeta Jeremías dice que los judíos regresaran a su tierra (Jeremías 16:14-15 y 23:7-8). Realmente se vivirá tiempos trascendentales!

La segunda profecía clave sobre los Judíos es el restablecimiento de su estado que se produjo el 14 de mayo, 1948 (Isaías 66:7-8). La tercera profecía clave es la re-ocupación de Jerusalén, que ocurrió el 7 de junio 1967, durante la Guerra de los Seis Días (Zacarías 8:4-8).

La cuarta profecía clave es aquella cuyo cumplimiento lo estamos presenciando hoy – la reorientación de la política mundial sobre la nación de Israel (Zacarías 12:2-3). Todas las naciones del mundo, incluyendo los Estados Unidos, vienen contra Israel por el tema del control de la capital del país – la ciudad de Jerusalén. El Vaticano quiere poner el control en la ciudad. Las Naciones Unidas quiere internacionalizar a Palestina. La Unión Europea está exigiendo que sea dividida entre los árabes y los Judíos. Los árabes quieren todo.

Resumen

Ahi lo tienes – seis categorías de diferentes señales, cada categoría contiene profecías acerca de los últimos tiempos, los cuales se están cumpliendo ante nuestros propios ojos. Permítanme concluir con una lista específica de 50 de esas profecías.

 

1) Anomalía de la naturaleza.
(Mateo 24:7 y Lucas 21:11)

2) El aumento de la violencia.
(Mateo 24:12)

3) Aumento de la inmoralidad.
(Mateo 24:37)

4) Aumento del materialismo.
(2 Timoteo 3:2)

5) El aumento de hedonismo.
(2 Timoteo 3:4)

6) El aumento de la influencia del Humanismo.
(2 Timoteo 3:2)

7) Depravación.
(2 Timoteo 3:4)

8) Cuando se llama a lo malo bueno y a lo bueno malo.
(2 Timoteo 3:3 e Isaías 5:20)

9) El aumento del uso de las drogas.
(2 Timoteo 3:3)

10) El aumento de la blasfemia.
(2 Timoteo 3:2)

11) El aumento del paganismo.
(2 Timoteo 3:1-4)

12) El aumento de la desesperación.
(2 Timoteo 3:1)

13) Las señales en los cielos.
(Lucas 21:11,25)

14) El aumento de la ciencia.
(Daniel 12:4)

15) El aumento de los viajes. (Planeta marte, Luna etc)
(Daniel 12:4)

16) El aumento de los falsos profetas.
(Mateo 24:11)

17) Las apariciones de los falsos Cristos.
(Mateo 24:5)

18) El aumento de la apostasía en la Iglesia.
(2 Timoteo 4:3-5)

19) El aumento de los ataques a Jesús.
(Romanos 1:18-19)

20) El aumento de los ataques contra la Biblia.
(Romanos 1:18-19)

21) El aumento de la persecución a los cristianos.
(Mateo 24:9)

22) El Aumento del ocultismo.
(1 Timoteo 4:1)

23) Guerras y rumores de guerras.
(Mateo 24:6)

24) Las armas de destrucción masiva.
(Lucas 21:26)

25) El aumento de la hambruna.
(Lucas 21:11)

26) El aumento de la peste.
(Lucas 21:11)

27) La tecnología informática.
(Apocalipsis 13:0)

28) Televisión.
(Apocalipsis 11:8-9)

29) La tecnología de satélite.
(Apocalipsis 11:8-9)

30) La realidad virtual.
(Apocalipsis 13:14-15)

31) La unificación de Europa.
(Daniel 2 y 7)

32) Potencias militares del Lejano Oriente.
(Apocalipsis 9:16 y 16:12)

33) El movimiento hacia un gobierno mundial.
(Daniel 7:23-26)

34) Recogimiento de los Judios.
(Isaías 11:10-12)

35) El restablecimiento de Israel.
(Isaías 66:7-8)

36) Recuperación de la tierra de Israel.
(Ezequiel 36:34-35)

37) Avivamiento del hebreo bíblico.
(Sofonías 3:9; Jeremías 31:23)

38) Reocupación de Jerusalén.
(Lucas 21:24)

39) El resurgimiento de los militares israelíes.
(Zacarías 12:6)

40) Re-enfoque de la política mundial sobre Israel.
(Zacarías 12:3)

41) Amenaza rusa para Israel.
(Ezequiel 38 y 39)

42) Amenaza árabe a Israel.
(Ezequiel 35 y 36)

43) La negación de la Segunda Venida.
(2 Pedro 3:3-4)

44) La negación de la creación por Dios.
(Romanos 1:18-22)

45) Derramamiento del Espíritu Santo.
(Joel 2:28-29)

46) La traducción de la Biblia en muchos idiomas.
(Mateo 24:14)

47) La predicación del Evangelio en todo el mundo.
(Mateo 24:14)

48) El renacimiento del judaísmo mesiánico.
(Romanos 9:27)

49) El renacimiento de la adoración de la alabanza de David.
(Amós 9:11)

50) La comprensión de la profecía bíblica.
(Daniel 12:8-9)

Esta lista podría ampliarse enormemente, pero los 50 ejemplos anteriores deberían ser suficientes para mostrar que estamos viviendo “Tiempos proféticos”. Cristo Viene Pronto. PREPARATE!

La Biblia enseña claramente que Dios nunca derrama Su ira sin avisar porque Él es un Dios justo y amoroso que no desea que nadie perezca (2 Pedro 3:9). Por eso es que Él ha proporcionado tantas señales para alertarnos de la época más mortal nunca antes vista en la tierra, “La gran Tribulación”.

Aporte del Dr. David R. Reagan – Traducido y adaptado por Tiempos Proféticos.

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO (I)

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Capítulo Primero

Índice del Tema

  • Dios quiere que conozcamos acerca de los dones espirituales
  • Disponiéndonos a creer
  • Aquí debemos poner la fe por obra también
  • El Espíritu Santo y uno mismo
  • Veamos los dones como tales
    • 1) Palabra de sabiduría
    • 2) Palabra de ciencia
    • 3) Fe

Dios quiere que conozcamos acerca de los dones espirituales

(Veamos en 1 Corintios 12: 1, 4, 7, 11)

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales….Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo…Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho…”

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

La gracia (kharis en gr.) en general es un don emanado del favor de Dios en cuanto a la salvación (Ef. 2: 8), y la santificación del creyente. Concretamente, los dones (kharísmata en gr.) espirituales, van encaminados a la edificación de la comunidad del cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia, y siendo así, también al individuo.

Los dones del Espíritu, por tanto, pertenecen y son manifestación de la gracia de Dios.

La siguiente definición, de McArthur, nos puede servir para entender acerca de los dones del Espíritu:

“Los dones espirituales son capacidades divinas para el ministerio que el Espíritu Santo da en alguna medida a todos los creyentes, y que deben estar por completo bajo su control y ser usados para la edificación de la iglesia para gloria de Cristo”

Los dones del Espíritu son para la edificación de la Iglesia, y algunos de ellos constituyen también una ayuda muy especial a la hora de testificar de Cristo a otros.

Los dones del Espíritu los da Dios para nuestra edificación como cuerpo e individuos, jamás los da para la exhibición y el alarde.

Es la voluntad de Dios que los conozcamos. Leemos en 1 Corintios 12: 1; “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales”.

En el original griego leemos: ‘Y acerca de las cosas espirituales, hermanos, no quiero que las desconozcáis’.

las cosas espirituales’, ‘pneimatikón’, en griego. Podríamos traducir ‘cosas espirituales’ o ‘asuntos espirituales’ por ‘dones espirituales’ o ‘dones del Espíritu’.

El significado literal en griego es: lo “que pertenece al Espíritu”. Se refiere, por tanto, a aquello que tiene cualidades o características espirituales o que está bajo algún tipo de control espiritual.

(V. 4) “4Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo”:

En el griego original, traducimos este versículo literalmente como: ‘hay diversidad de dones por el mismo Espíritu’. Es decir, que todos los dones proceden del mismo Espíritu Santo.

Estas categorías de dotación espiritual no se corresponden con los meros talentos naturales o habilidades que los hombres poseen por ser hombres. Se trata de de dones impartidos por el Espíritu Santo de forma soberana y sobrenatural sobre los creyentes verdaderos.

Estas manifestaciones del Espíritu Santo gozan tanto de diversidad  como de unidad.

No todas tienen la misma importancia o propósito, aunque cada una de ellas nos es dada por el mismo y único Espíritu Santo.

Como la salvación, los dones son obra de la gracia de Dios, por lo tanto el mérito no es de la persona que los recibe y usa, sino del Dador de éstos. Es el Espíritu Santo el que los da según El quiere.

(V. 7) “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”:

‘Pero a cada uno le es dada…’: No hay acepción de personas; es para todos y cada uno de los hijos de Dios.

‘…la manifestación del Espíritu…’:

‘Manifestación’, del griego ‘fanérosis’: Significa evidencia, notoriedad, declaración ante todos, esclarecimiento.

La manifestación del Espíritu es la obra del Espíritu puesta en marcha. Es el mismo Espíritu Santo obrando, y siempre es sobrenatural.

El resultado es la adoración a Dios, y no la admiración de un don, y menos todavía la admiración hacia el creyente por el cual el Espíritu Santo se manifiesta.

“… para provecho”: O, ‘lo provechoso’; es decir,para dar la gloria a Dios; para bendecir a los demás; para que la iglesia obtenga provecho.

Por lo tanto, ‘la manifestación del Espíritu’, es tan vital hoy, como lo fue en la época neotestamentaria.

Hay que anhelar los dones, y abundar en ellos con el propósito de edificar la iglesia. Dice la Escritura en 1 Corintios 14: 12¸

“ Así pues, ya que anheláis los dones espirituales, procurad abundar en aquellos que sirvan para la edificación de la iglesia”

Disponiéndonos a creer

Es preciso creer que el Espíritu Santo hace Su obra, y la hace a través de nosotros también.

No debemos contristar al Espíritu por la incredulidad, el temor al que dirán o pensarán, testarudez, etc. Debemos ser vasos de barro; canales dispuestos a ser usados por el Espíritu Santo.

La ‘manifestación del Espíritu’ hace manifiesta la presencia del Señor en la congregación.

Así pues, la ‘manifestación del Espíritu’ es don por cuanto uno lo recibe, aunque en realidad es el obrar directo y poderoso del Espíritu Santo, por lo tanto nadie le puede manipular ni dirigir, aunque sí contristar, y apagar.

“No apaguéis al Espíritu” (1 Ts. 5: 19)

El Espíritu se apaga o sofoca cuando no se le da libertad a moverse. Dice Núñez (Matthew Henry): “Pablo ordena que se le de al Espíritu Santo plena libertad en la congregación de los santos”

Hay que aprender a fluir en el Espíritu en la congregación.

El creerle a Dios es imprescindible”

“El creerle a Dios es imprescindible”

Aquí debemos poner la fe por obra también

La manera de apagar el Espíritu es por pecar. El pecar puede ser muy variado.

El negarse a la obra del Espíritu es pecado. Una de las maneras de negarse a la obra del Espíritu es el no obrar con fe. Veamos que dice la Palabra:

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14: 26)

En este caso, el asistir a la congregación como miembro de la misma, implica una obra producto de la fe. Venimos para dar, no sólo para recibir. Hemos de tratar de venir preparados para dar. En este caso para movernos en los dones del Espíritu, y en cualquier otra manifestación espiritual.

No venimos a la congregación como simples oyentes. Si es así, de seguro que apagamos el Espíritu (o ya está apagado de antemano).

El Espíritu Santo y uno mismo

V. 11 “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”

‘Pero todas estas cosas las hace (las produce en griego) uno…’: Aquí entendemos la importancia del papel del creyente en cuanto a lanzarse en fe, así como su responsabilidad.

Quiere esto decir que, aunque el Espíritu quiera traer un mensaje, si el que debe profetizar no abre la boca, el Espíritu Santo no podrá usarle; si el creyente no se lanza a orar en lenguas, el Espíritu no podrá edificar su vida (ver 14: 4), o si el mensaje debe ser para todos, las vidas de los oyentes, a través de la interpretación, si el que debe darla no abre su boca, y así en adelante.

Si no oramos por los enfermos creyendo, ¿cómo se sanarán?, si no creemos que el Espíritu nos puede usar en palabra de ciencia o de sabiduría, etc…

‘…y el mismo Espíritu…’: Es el Espíritu, como vemos, quien hace la obra y la gloria es para Dios.

‘…repartiendo a cada uno en particular como El quiere (o le place gr.):

Es el Espíritu Santo quien escoge a quien usar porque la gloria es para El. Sin embargo, cabe insistir en la importancia que tienen los ‘vasos de barro’ que somos cada uno de nosotros, de estar dispuestos, y más que de estar dispuestos a ser usados, a dar ese paso de fe como el que dio Pedro cuando por orden de Jesús salió de la barca y caminó sobre el mar (Mt.14: 28, 29).

El Espíritu Santo usa a aquellos que se atreven a salir de la barca a caminar sobre las aguas. Recordemos, no obstante, que Pedro sólo salió de la barca cuando oyó que Jesús le dijo de salir, eso elimina toda presunción por nuestra parte.

Sin embargo, a veces sabremos que hemos de lanzarnos en las manifestaciones (fanérosis) del Espíritu, pero otras veces no será tan claro.

Muchas veces nos podremos equivocar en discernir, pero eso nunca deberá ser un motivo para desistir; todo lo contrario.

El Espíritu Santo lo coordina todo y actúa, y un don de uno, motiva a veces al don del otro. Cada uno acciona a través de la fe puesta en práctica.

Veamos los dones como tales

1 Corintios 14: 8-10;

“Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas”:

Pablo comienza a enumerar nueve manifestaciones particulares del Espíritu. A saber:

  1. 1) Palabra de sabiduría.
  2. 2) Palabra de ciencia o conocimiento.
  3. 3) Fe.
  4. 4) Dones de sanidades
  5. 5) Hacer milagros.
  6. 6) Profecía.
  7. 7) Discernimiento de espíritus.
  8. 8) Diversos géneros de lenguas.
  9. 9) Interpretación de lenguas.

Vemos que todos esos nueve dones del Espíritu, necesariamente deberán estar vigentes hoy en día, ya fueron enseñados a los creyentes que recibieron la revelación de mano de los apóstoles, en este caso de Pablo a los corintios.

Ellos recibieron esta enseñanza, para darla a otros también y así sucesivamente, de manera que la postura cesacionista (*) aplicada aquí, no ha lugar.

(*) El Cesacionismo enseña que los milagros, la sanidad, las lenguas y la interpretación de lenguas fueron señales temporales que estuvieron limitadas a la era apostólica y que ya han cesado. Dícese que su propósito fue autenticar a los apóstoles y su mensaje como la verdadera Palabra de Dios, hasta que la palabra escrita quedó completa y se convirtió en su propia prueba de autenticidad (proponente: McArthur).

Es cierto que la predicación del Evangelio en un principio fue seguida de señales y prodigios poderosos, justamente realizados por Dios para refrendar esa Palabra. Es cierto también que donde se ha predicado el Evangelio por primera vez, ha habido también señales y milagros tremendos.

También es cierto que no en todos los lugares y en todos los tiempos ha habido ni hay la misma explosión del poder aludido, seguramente por la razón contraria a la de arriba, esto es, porque ya la Palabra ha sido predicada y la tenemos por escrito.

Dicho esto, añado que no es menos cierto que Dios es Dios siempre, y sigue haciendo milagros. Por lo tanto, enseñar que han cesado los milagros, la sanidad, las lenguas y la interpretación de lenguas, tal y como propone el cesacionismo, es absolutamente exagerado y fuera de lugar. De hecho, no es cierto.

(V. 8) ‘Porque a éste le es dada por el Espíritu…’: Es el Espíritu Santo el que elige según quiere al depositario de Su manifestación.

1) Palabra de sabiduría

(V. 8) ‘...palabra de sabiduría…’:

La sabiduría es la habilidad práctica en el manejo de los asuntos de la vida obrando según la guía del Espíritu Santo. En el NT la sabiduría se usa con más frecuencia para aludir a la capacidad de entender la Palabra de Dios y Su voluntad, y de ese modo aplicar ese entendimiento a la vida individual.

Es el saber ordenar la vida de acuerdo con la voluntad de Dios; la de uno mismo, sabiendo aconsejar a otros.

Sin embargo, aquí se nos habla de ‘logos sofías’, es decir, ‘palabra de sabiduría’; esto indica un principio y un fin. A diferencia de como deberíamos ir creciendo en sabiduría por crecer en el temor de Dios, el Espíritu Santo puede dar a alguien un entendimiento en un momento dado, para una situación en concreto.

Palabra de sabiduría, por su propio nombre, es un don hablado.

Logos sofías (palabra de sabiduría), se refiere al entendimiento concreto de una porción de la Escritura para buscar su aplicación a nuestra vida o a la de los demás.

Podríamos definir ‘palabra de sabiduría’ como: Un entendimiento sobrenatural de un propósito o verdad de Dios en un momento dado.

También es una aclaración de la voluntad de Dios en cuanto a una situación determinada. Es entender el propósito de Dios en cuanto a gente, lugares o circunstancias. Es llegar a saber la solución de Dios para un problema o situación determinada.

Un ejemplo: En el seno familiar o de la iglesia surge un problema, a nadie se le ocurre qué o cómo hacer, pero de repente  a uno de los miembros se le enciende una luz y entiende claramente cual deba de ser la solución. Esto no siempre ocurrirá al pastor o a los diferentes responsables, no olvidemos que somos todos los creyentes “real sacerdocio” (1 Pedro 2: 9). Incluso puede ser que el Espíritu Santo use al que parece menos ‘espiritual’.

2) Palabra de ciencia

 (V. 8) ‘…a otro, palabra de ciencia…’:

El griego original es ‘lógos gnóseos’, es decir, ‘palabra de ciencia o de conocimiento’.

Es también por su propio nombre, un don hablado.
El conocimiento, sea por revelación, por estudio, o por experiencia facilita la comprensión del individuo.

No obstante, y al hilo de lo que venimos enseñando, aquí también existe una limitación de tiempo por haber un principio y un fin (por ser ‘palabra’).

Definamos que es ‘palabra de ciencia o conocimiento’. Antes de tener los creyentes la Biblia completa en sus manos, ese don fue muy importante para la vida de aquellos primeros cristianos. Era el Espíritu Santo llevándoles a toda verdad, en cuanto a cuestiones concretas y circunstancias concretas.

Alguien se levantaba en la congregación y decía (logos) algo en concreto de la verdad de la Escritura, sin tenerla en sus manos.

Nótese que al decir conocimiento, a diferencia de sabiduría, no está hablando aquí de la aplicación de dicho conocimiento o ciencia, que sería la sabiduría, sino del entendimiento sin más.

En nuestro tiempo, cuando ya tenemos la Revelación completa en nuestras manos, el don de palabra de conocimiento”, funciona prácticamente igual. El Espíritu Santo alumbra una porción de la Escritura, y el creyente entiende en ese momento algo que jamás antes había entendido de la misma manera.

Por sus características, al don de palabra de ciencia, le seguiría el don de palabra de sabiduría, que resultaría en el saber cómo aplicar el conocimiento recibido.

Podríamos definir el don de “palabra de ciencia” también como un entendimiento sobrenatural, no sólo de la Palabra escrita, sino también de algún hecho o hechos que pueden servir para esclarecer, convencer, mostrar o guiar.

Estaríamos hablando aquí de casos puntuales en circunstancias concretas.

Un ejemplo: El que está en el púlpito predica la Palabra de Dios, y en ese momento dice algo que no estaba en el guión de su predicación, que produce una reacción interior en uno o varios de los oyentes, ya que es una palabra concreta que sólo él o ellos entienden, con el fin de llevarles a arrepentimiento o a cualquiera que sea la voluntad de Dios para sus vidas.

Otro caso. Estamos compartiendo el evangelio con alguien, y en ese momento el Espíritu Santo nos da conocimiento de algo concreto de la vida de nuestro contertulio. Al decírselo, él puede ver que Dios está con nosotros. Esa revelación puede ayudar a que el individuo se entregue al Señor.

La palabra de conocimiento siempre es puntual y concreta, y siempre es para la edificación del destinatario de la misma.

3) Fe

(V. 9) “a otro, fe por el mismo Espíritu…:

Es decir, que el Espíritu Santo puede usar a otro creyente para esta vez dar una convicción de fe respecto de algo.

Podríamos decir que la fe en general es confianza y creencia en Dios, en sus promesas generales y personales y en su fidelidad.

Sin embargo, aquí se está refiriendo a una fe puntual de parte del Espíritu Santo. Podríamos definirlo esto como una provisión de un nivel de esclarecimiento, de certeza y confianza especial de parte de Dios para algo concreto y milagroso. Por lo tanto, tiene también un principio y un fin.

Un ejemplo podría ser: La iglesia está reunida y se plantea si tomar parte de un proyecto o no, alguien se levanta y dice: “Tengo fe que esto es del Señor”. También funciona a nivel personal en la vida del creyente, etc.

Esa fe como don espiritual concreto, es muy importante cuando el individuo pasa por una situación difícil; como dice McArthur: “…supone una confianza fuerte e inamovible en Dios en medio de las circunstancias más difíciles”

Este don funciona como un refuerzo de fe, a nuestra vida de fe.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
http://www.centrorey.org
Revisado y ampliado, diciembre 2010

(Continua en un siguiente capítulo)

Parábola del siervo vigilante

(Marcos 13:32-37, Lucas 12:35-40)

Jesús cuenta la parábola de los siervos vigilantes para ilustrar la importancia de estar listos para su regreso.

Jesús nos habla de estar en alerta y vigilar en muchas ocasiones. Sin embargo, a pesar de los diferentes contextos, el mensaje se mantiene consistente.

Jesús dice que debemos mantenernos despiertos y listos para su regreso, ya que su venida se acerca.

“Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.” ( Marcos 13:35-36)

Jesús también dice que los que velan y esperan en alerta serán bendecidos, porque van a estar listos cuando regrese.

“Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.. “(Lucas 12: 37,39,40)

Significado de la parábola de los siervos vigilantes

El permanecer despierto y estar alerta son expresiones de uso frecuente en la Biblia para indicar la disposición para la salvación de Dios, y, esencialmente, significa: arrepentirse, dejar de pecar, y obedecer a Dios. Estas frases se utilizan en oposición a estar dormido o no estar preparado, lo que significa vivir en pecado.

El mensaje de esta parábola de los siervos vigilantes es muy clara: estar listos para el regreso de Jesús, porque él vendrá cuando menos lo esperemos. Se nos exhorta a estar preparados mediante el arrepentimiento del pecado, y la obediencia a Dios.

“Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.” (Apocalipsis 3:3) Jesús compara estar dormido con no obedecer y vivir en el pecado.

“Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”(Apocalipsis 3:4-5)

Tener la ropa sucia simboliza ser pecaminoso,  Mas los que estén vestido con ropas blancas (limpios), sus nombres están en el libro de la vida y no han sido borrados por Jesús.

Cristo vendrá por su Iglesia en un momento que no pensemos, que no podremos calcular ni predecir!!! Vendrá en un tiempo, que no podrá ser predecido ni identificado!.

“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:13) y “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44).

Por lo tanto, estemos preparados.

https://youtu.be/Tg7jiBioW_E

LA FE: ¿QUÉ CREER? ¿QUÉ ESPERAR?

Índice del Tema

  • 1. El contexto judío
    • Fe es siempre conforme a la voluntad de Dios
  • 2. La pregunta que tantas veces nos hacemos
    • En términos de eternidad, siempre
  • 3. Cuando lo imposible es de acuerdo a lo imposible
    • Entendiéndolo bien, y despacio
    • El dictamen de Dios y la libertad del hombre
    • Pero volviendo al punto

Análisis muy interesante sobre cómo y qué debemos creer, que ayudará a muchos a proceder correctamente en este tiempo cuando se está haciendo un abuso tan grande del asunto de la “fe”.

LA FE: ¿QUÉ CREER? ¿QUÉ ESPERAR?

1. El contexto judío

“Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21: 21, 22)

El Señor Jesús vino al mundo en el contexto, y hacia el contexto judío en primera instancia. El no vino en primer lugar a levantar su Iglesia, sino que vino a rescatar las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mt 15: 24). La Iglesia el Señor la levantó más tarde, una vez ya ascendido a los cielos, principiando en aquel bendito día de Pentecostés (Hchs. 2).

Quiero decir con esto, que el Señor en el contexto judío, y por tanto, bajo la Ley mosaica, vino a enseñar primeramente los rudimentos del Reino de Dios a sus primeros discípulos, judíos, teniendo en cuenta que tanto ellos, como los demás correligionarios, poco sabían de lo que en realidad es la fe. De hecho la palabra fe no se menciona sino sólo dos veces en todo el AT.

Los judíos estaban muy acostumbrados a las leyes, las normas, los preceptos, y prácticamente nada en cuanto a lo relacional con Dios, incluyendo en ello la cuestión de la fe, como tal.

Por eso, el Señor les hablaba a sus discípulos de forma muy somera, muy básica en cuanto a lo que es la fe. Sus discípulos justo entonces empezaban a creer y experimentar, no lo relacionado con mandamientos y leyes, sino con la fe en sí. Esa fe era (y es) básica para el relacionamiento con Dios, cosa inverosímil hasta entonces, bajo el sistema sacerdotal mosaico.

En primera instancia, según vemos en ese texto arriba, Jesús les enseñó acerca del poder de Dios, y de que mediante la fe, ese poder de Dios iba a manifestarse.

Fe es siempre conforme a la voluntad de Dios

Ahora bien, y entendámoslo bien nosotros, ese si “tuviereis fe, y no dudareis”, presupone que lo solicitado es, efectivamente, conforme a la voluntad de Dios y sólo de ese modo.

Ese “pedir en oración creyendo”, implica la obra del Espíritu Santo en el creyente, que le guía e inspira a orar de ese modo. Esa fe será entonces auténtica.

Por tanto, ese “pedir en oración, y ese creer”, siempre será en función a la voluntad de Dios, no sólo a la nuestra. Esto es importante entenderlo así.

Muchos han abusado de esa porción de la Escritura y similares, y lo han interpretado mal, viniendo a enseñar, que tal cosa u otra que se pida, se hará con el simple hecho de decidir creer, conforme a la propia voluntad individual. Algo así como: “Voy a creer lo que quiero creer”. Esto no es lo que enseñó Jesús, y por eso todas esas veces no ocurre lo que hemos “creído”.

Por ello, la verdadera fe según la definición de Cristo, siempre implica sumisión a la voluntad de Dios.

Cuando algo es de Dios, el Espíritu Santo insufla confianza en el corazón del creyente, dándole paz al respecto. Esto no significa que las cosas se harán como y cuando el creyente espera que se hagan al detalle humano, sino que a la postre Dios las hará a su modo y tiempo.

Cuando se cree de veras que Dios está presente en el asunto que se coloca ante Él en oración, además de paz, se genera confianza, conforme a la siguiente porción de la Escritura:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4: 6-8)

Esa confianza se expresa o manifiesta por la seguridad que tenemos en Dios, por haber creído Su dicho, Su Palabra.

“Hay creyentes que lo son, basados en su propio sentido de la creencia, conforme a su voluntad, y pretenden implicar a Dios en todo ello, pero no es real”

“Hay creyentes que lo son, basados en su propio sentido de la creencia, conforme a su voluntad, y pretenden implicar a Dios en todo ello, pero no es real”

2. La pregunta que tantas veces nos hacemos

Ante la ansiada pregunta: “¿Hará Dios ese milagro, o no?”… No deberíamos decir a la ligera “pues por fe, lo hará”, puesto que por fe, significa con seguridad en Dios, y por Dios, y muchas veces esa seguridad no la tenemos si somos honestos. Es mejor decir: “Si Dios quiere”, o “Dios quiera”

Existe un ángulo ciego, una laguna, cuando no sabemos exactamente qué es lo que el Señor quiere ante una situación concreta, quizás de tipo personal.

No dudamos que Dios es poderoso para hacerlo, pero no podemos asegurar si lo va a hacer.

En ese caso, deberemos buscar a Dios en oración para obtener la confirmación del Espíritu Santo en nuestro corazón. No obstante, no siempre llegaremos a tener una certeza absoluta en este sentido. En estos casos, el saber si eso fue o no de Dios, se verá conforme al resultado final.

Esto también opera del mismo modo respecto a las profecías direccionales; se sabe si eran de Dios o no, si se llegan a cumplir.

En términos de eternidad, siempre

El creerle a Dios no siempre se concretiza en casos puntuales, sino en la generalidad de la vida.

Siempre podemos confiar en Dios. En el día a día, por esa confianza, la fe es seguridad en Dios. Esa seguridad no está basada en la concepción humana de cómo deben ser las cosas en este tiempo, sino en términos de eternidad.

El plan de Dios para el creyente va más allá de su vida aquí en la tierra.

Como creyentes, tenemos la seguridad de que Dios siempre actuará a nuestro favor en términos de eternidad:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8: 28)

Hay creyentes que se vienen abajo en su fe, porque las cosas no salen como ellos esperaban en cuanto a esto o aquello. Eso es porque su fe no es fe, sino presunción. Esto es también porque su radio de acción en cuanto a su vida, sólo se limita a esta existencia.

Esto quiere decir que no debemos esperar que en esta vida y en nuestro andar diario todas las cosas en el orden natural nos salgan exactamente conforme a lo que humanamente nos gustaría o esperaríamos, blandiendo el argumento de la fe.

De hecho, ese es el gran error que se predica desde muchos púlpitos, algo así como: “cree en Jesucristo, y todo te irá bien (según lo esperado)”. Todos sabemos que es más bien al contrario, cumpliéndose las mismas palabras de Jesús:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16: 33)

La palabra de Romanos 8: 28, resume lo que aquí se está enseñando; y entendiéndolo bien, prosigamos.

“Nuestro caminar en fe en esta vida, debe estar en la perspectiva correcta: conforme a la eternidad”

“Nuestro caminar en fe en esta vida, debe estar en la perspectiva correcta: conforme a la eternidad”

3. Cuando lo imposible es de acuerdo a lo imposible

“Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras…Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2: 14; 39-41)

Partimos de una base inamovible: lo imposible no es problema para Dios a la hora de Él intervenir según nuestra fe (que es la Suya), conforme a nuestra petición. Como cristianos sabemos eso.

Días antes de que Pedro hubiera predicado en Jerusalén (Hchs. 2: 14 ss), parecía que nada ocurría, pero cuando él se levantó junto con los once, ungidos por el Espíritu Santo, como tres mil personas, judíos todos, se convirtieron a Cristo.

Así que convenimos aquí en que, en primera instancia, la dificultad o adversidad, no son problema para Dios. Pero la cosa no queda ahí, hay más a tener en cuenta.

Existe otra verdad a considerar. Observamos que el asunto funciona a la inversa también. Esto es, cuando lo imposible no es el problema; cuando lo imposible no es el efecto sino la causa o consecuencia.

Dicho de otro modo, el obstáculo insalvable entonces no es el impedimento, sino el resultado final.

Lo que observamos entonces, no es lo imposible como posible para Dios, sino lo imposible a causa de la negación de Dios, a que sea posible.

No estamos hablando de obstáculos a superar, sino de resultados finales.

En esos casos, nada tiene que ver el asunto de la fe como lo hemos planteado arriba, sino todo lo contrario.

Siguiendo con el ejemplo de las gentes, algunos dicen que las multitudes que pueblan nuestra ciudad se convertirán, de la misma manera que aquellos del Jerusalén del libro de Hechos, pero, ¿es así?

El argumento es el siguiente: como para Dios no hay dificultad alguna en hacer esto o aquello, Dios salvará a las multitudes de mi ciudad como hizo con los de Jerusalén. Pero este argumento es muy simplista.

Comparar el plan concreto de Dios para Jerusalén, sabiendo por la Escritura que Dios ha revelado su determinación de restaurarla en un tiempo y acción (ver Daniel 9: 24), con cualquier otra ciudad o nación política de la tierra, es una insensatez.

No siempre vale cualquier evento de la Biblia, como ejemplo aplicable a cualquier situación particular, aún y suponiéndola similar. Ese es un error en el que muchos caen.

Entendiéndolo bien, y despacio

“Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Romanos 9: 15-18)

En Hechos 2, aquellos tres mil de Jerusalén estaban llamados a creer, y creyeron. Dios tuvo misericordia, pero como venimos diciendo, ¿podemos asegurar lo mismo acerca de los de cualquier otra ciudad? Aquí vemos que por pasiva, no.

Hemos leído en ese texto de arriba que Dios tiene misericordia de quien quiere, y no la tiene de quien no quiere. Eso nos da a entender que por causa de Su justicia, hay ciudades, naciones políticas, individuos, familias, de los cuales Dios no va a tener misericordia.

Dios tendrá misericordia de quien quiera, no de quien nosotros quisiéramos.

¿No pudiera ser que a causa de su incredulidad, Dios hubiera endurecido los corazones, como con Faraón? Si fuera así,  en este caso el planteamiento sería muy diferente al típico expuesto en cuanto a la “fe”, es decir, el de enfrentar lo imposible con el poder de Dios, sino que lo imposible sería el resultado final, no el inicial. Insistimos: no estaríamos hablando de obstáculos a superar, sino de resultados finales.

Si Moisés hubiera intercedido por Faraón (Faraón: tipo de gente incrédula), ¿Dios le habría escuchado? La respuesta es, no. Dios había descartado a Faraón. Del mismo modo, Dios desde antes de la fundación del mundo ya descartó a muchos seres humanos (no sabemos quienes). Esa es la razón por la cual tantos millones mueren sin Cristo.

Lo que Dios ha determinado que sea imposible, ¿quién lo va a poder cambiar?

Exponiéndolo en la perspectiva humana: las gentes que no se salvan, no se salvan, porque han rechazado la salvación. El rechazo de la salvación es el resultado final, no la dificultad para la misma (supuestamente a vencer por la fe).

No estamos diciendo aquí con todo esto, que de esta manera podemos llegar a saber acerca de cada caso en concreto, eso no es así. Sencillamente, el saber estas cosas nos ayuda a entender en lo general qué es lo que está pasando, eso es todo.

“Muchas veces el obstáculo no es el efecto, sino la causa”

“Muchas veces el obstáculo no es el efecto, sino la causa”

El dictamen de Dios y la libertad del hombre

Vemos aquí entonces, que el asunto de la fe nada tiene que ver con la dificultad, sino con la decisión final de Dios en definitiva. En este contexto, en cuanto a lo divino, podemos también encontrar la libre decisión del hombre, y sus consecuencias.

Ciertamente, el hombre escoge su destino en la libertad que Dios le ha concedido, y eso no contradice el previo dictamen de Dios.

Explicándolo mejor: en su vida aquí en la tierra, el hombre tiene suficiente capacidad de maniobra, lo que implica poder decisorio y sus consecuencias, y todo ello queda enmarcado en el destino que Dios le ha prefijado desde antes de la fundación del mundo. Ambas actuaciones van de la mano, sin existir contradicción alguna.

Por lo tanto, así como la salvación es en primera instancia decisión de Dios, lo es en segunda instancia decisión del individuo.

Pero volviendo al punto

Esta es la realidad: a veces las cosas no ocurren, no porque Dios no pueda hacerlo, sino porque hay una determinación en que sea todo lo contrario, y por parte de Él.

Poniendo otro ejemplo, diríamos que es lo mismo que ocurrió con Pedro respecto a Jesús, cuando le dijo que no fuera a la cruz. Humanamente esa hubiera sido la petición correcta, pero conforme a la voluntad de Dios, eso fue satánico. Era imposible que Jesús no fuera a la cruz (aunque Él fue libre en decidirlo). El Padre jamás hubiera escuchado a Pedro en eso.

“La Cruz según la sabiduría humana es el gran fracaso, pero según la sabiduría de Dios es el gran triunfo"

“La Cruz según la sabiduría humana es el gran fracaso, pero según la sabiduría de Dios es el gran triunfo… ¿Quién tiene razón? La respuesta es obvia”

Muchas veces pedimos cosas que entendemos son buenas, pero que Dios no aprueba, porque en realidad no son buenas. Ponemos entonces nuestra “fe” en marcha, declarando que ese “gigante” no es obstáculo para Dios… y realmente ningún gigante es obstáculo para Dios, pero hay gigantes que están ahí con el beneplácito de Dios. El Altísimo sabe por qué. Ese gigante entonces, no es el problema, sino el resultado.

Otras veces ese gigante es consecuencia de un pecado nuestro, quizás por ignorancia. En fin, será preciso discernir siempre en cuanto a cada caso.

Para terminar, y volviendo al ejemplo de la gente y el Evangelio, muchas veces el problema no es que la gente rechaza el Evangelio, sino que el rechazo del Evangelio es la consecuencia y manifestación finales. Es la gente viviendo como Faraón.

Sólo Dios sabe quien es quien al respecto, no nosotros (no olvidemos eso), no obstante, como dije, esto nos ayuda a comprender por qué en algunos casos no son contestadas nuestras oraciones en la manera que desearíamos.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
http://www.centrorey.org
Diciembre 2010

¿QUÉ ESPERA EN REALIDAD EL SEÑOR DE SU IGLESIA EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?” (2)

Parte segunda y última

Este es un estudio para reflexionar en  lo que estamos creyendo, si se ajusta o no a la verdad cabal de la Escritura.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4: 6)

 Índice del estudio

  • 1. Debemos creer la verdad por encima de cualquier otra consideración
    • A. Y… ¿Qué hay del “gran avivamiento mundial”?
  • 2. ¿Existe de veras una pugna entre el bien y el mal en este mundo?
    • Ahora bien, ¿Qué enseñan?
  • 3. Las implicaciones y consecuencias de creer lo que no se ha de creer, y hacer lo que no se debe hacer
  • 4. ¿Qué espera el Señor en realidad de Su Iglesia en estos últimos días?

 

 “¿QUÉ ESPERA EN REALIDAD EL SEÑOR DE SU IGLESIA EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?”

En la entrega primera comenté acerca de la importancia de creer; no lo que nos gustaría, sino lo que es conforme a la verdad revelada. La verdad deberá primar sobre los pareceres, gustos, deseos, anhelos y demás cuestiones personalistas, por muy espirituales que nos pudieran parecer.

Hay un reto que debemos asumir: el de creer y obedecer a Dios, por encima de nuestro entendimiento y voluntad (Jn. 4: 34)

Pedro se dejó llevar por su propia apreciación de las cosas espirituales cuando le dijo a Cristo que tuviera compasión de sí mismo y no fuera a la cruz; y ya sabemos la respuesta del Señor (ver Mt. 16: 22, 23). Pedro habló esas palabras guiado por un falso sentido de la espiritualidad y la misericordia; y cómo le agrada al diablo ese tipo de conducta.

“La Cruz es derrota en lo humano, pero victoria total en lo divino, para el hombre que cree. Si Cristo hubiera hecho caso a Pedro en ese momento, eso hubiera significado nuestra total y eterna condenación”

“La Cruz es derrota en lo humano, pero victoria total en lo divino, para el hombre que cree. Si Cristo hubiera hecho caso a Pedro en ese momento, eso hubiera significado nuestra total y eterna condenación”

1. Debemos creer la verdad por encima de cualquier otra consideración

“… porque no es de todos la fe” (2 Ts. 3: 2)

Como cristianos, desearíamos que este mundo literalmente se rindiera a los pies de Cristo; que en esta dispensación, todos – o al menos – la mayoría de los hombres se entregaran a Él, y así recibieran la vida eterna. Ese es un encomiable sentimiento; pero, ¿es realmente inspirado?

Como cristianos, en nuestra humanidad, y conforme a nuestra lógica, es fácil llegar a la conclusión de que existiendo un Dios Todopoderoso que ama a los hombres, sería fácil para Él salvarlos, más aún cuando Cristo fue a la cruz justamente para eso.

Esa es la lógica humana, no obstante siendo así, los hombres dejarían de ser hombres para convertirse en seres controlados desde afuera, en este caso por Dios. Ese no es el estilo del Altísimo.

Veamos. Si bien es cierto que el diablo no puede hacer pecar al hombre, no es menos cierto que Dios vaya a evitar que el hombre peque.

El pecado es la libre elección del hombre, con sus consecuencias eternas.

Como cristianos, anhelamos ver un mundo feliz en Cristo; una sociedad formada por individuos que amen a Dios porque le conozcan y le sigan. Sin embargo, como cristianos debemos entender que esto último es el Cielo, no la tierra.

Para Pedro era más importante lo que le fuera a ocurrir a su Maestro; para Cristo lo más importante era obedecer al Padre.

Como cristianos, una cosa es lo que nos gustaría que fuese, otra bien distinta es la que es, y va a ser, conforme a Dios.

“Un mundo feliz en este tiempo es una utopía irrealizable. Cuando vuelva el Rey, entonces sí”

“Un mundo feliz en este tiempo es una utopía irrealizable. Cuando vuelva el Rey, entonces sí”

A. Y… ¿Qué hay del “gran avivamiento mundial”?

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, prosigo. Dirigidos por la insistencia de los falsos profetas de los últimos años, cabe decir, con mucha ligereza y falta de respeto a la Escritura, hoy por hoy muchos enarbolan la falsa bandera del “avivamiento mundial”, pretendiendo hacer creer a los demás algo así como que Dios va a hacer que las gentes en masa se rindan a Cristo, pero les digo lo que la Biblia dice: Dios no va a hacer eso.

Olvidan que la palabra “avivamiento” ni siquiera viene en la Biblia, y que en todo caso, sólo se puede aplicar a aquellos que ya están vivos, y necesitan fortalecerse en el Espíritu de Dios, caso de Timoteo, aconsejado por Pablo (ver 2 Ti. 1: 6)

No existe tal concepto en la Palabra de Dios como “avivamiento mundial”, es decir, avivamiento de los incrédulos. Los incrédulos no se pueden avivar, porque no son de Dios (ver 2 Co. 4: 3, 4), y los impíos que pudieran llegar a ser salvos, en todo caso, primero deberán convertirse a Cristo para en todo caso ser avivados.

Pero los que predican el gran “avivamiento mundial” y el “avivamiento de las naciones”, no están pensando tanto en el avivamiento de lo hijos de Dios, sino en la conversión en masa de las gentes, e incluso de las naciones enteras.

Otra vez digo. Todo muy deseable, pero no cierto. Y no es cierto porque la Palabra de Dios dice todo lo contrario, y además por boca del mismo Señor Jesucristo:

“Como en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lucas 17: 26-30)

¿No es cierto que estas palabras distan mucho del concepto explicado de “avivamiento mundial” al final de este tiempo de gracia?

Por otro lado, pareciera como que las palabras de Jesús destilan derrota y fracaso. En todo caso es la derrota y el fracaso del hombre pecador que desecha a Dios, no un fracaso atribuible al Altísimo, de la misma manera que tampoco lo fue la obra de la cruz, razón de nuestra salvación.

“Un mundo conquistado por la Iglesia es imposible ante Dios. La Iglesia no ha sido glorificada todavía. Nuestro reino no es de este mundo”

“Un mundo conquistado por la Iglesia es imposible ante Dios. La Iglesia no ha sido glorificada todavía. Nuestro reino no es de este mundo”

2. ¿Existe de veras una pugna entre el bien y el mal en este mundo?

Si hiciéramos esta pregunta a muchos verdaderos cristianos, una gran mayoría rápidamente responderían que sí, y estarían equivocados. Otra vez, las apariencias nos engañan. Escuchen: si bien el diablo lucha contra Dios; Dios es Dios.

Ese concepto, especie de ying-yang “cristiano”, o dualismo “cristiano”, tan propio del G12 y de otras malas hierbas, es imposible encontrarlo en las Escrituras. Yahwéh es el Creador, y el diablo, una simple y finita criatura.

Dios es el que está en control. Dios es quien está sentado en el Trono.

“El dualismo es doctrina inexistente en el cristianismo. No existe una constante pugna entre el bien y el mal. Dios está sentado en el trono”

“El dualismo es doctrina inexistente en el cristianismo. No existe una constante pugna entre el bien y el mal. Dios está sentado en el trono”

Ahora bien, ¿Qué enseñan?

Se equivocan mucho, y hacen equivocar, los que enseñan que existe una especie de dualismo, una constante pugna entre el bien y el mal en este mundo, y que paulatinamente el bien irá imponiéndose y echando fuera el mal, supuestamente por mano de la Iglesia, hasta que toda la tierra sea llena del conocimiento de Dios, y entonces Cristo pueda volver.

Esto es falsa doctrina dominionista (*)/postmilenarista  con fuertes tintes de metafísica, y es lo que se está enseñando y creyendo, sobre todo en los medios neo-pentecostales y carismáticos.

(*) “El Dominionismo o teología del Dominio, es falsa escatología posmilenial y militante, que enseña que la única manera de que el mundo pueda ser rescatado, debe ser a través del poder temporal y terrenal previamente incautado por la Iglesia al mundo. Sólo después de que de ese modo el mundo haya sido rescatado, podría entonces regresar el Señor Jesús. Muchos lo espiritualizan diciendo que la Iglesia establecerá el Reino en este mundo con el poder de lo Alto, a modo de un juicio divino”

Enseñan esos falsos maestros que, enemigos de Cristo como el pecado, la carne, el diablo, serán erradicados paso a paso, poco a poco por la labor de una Iglesia muy militante encabezada por unos muy ungidos líderes, al ir estableciendo el Reino en la tierra.

Nota: No deja de ser eso, un concepto católico romano. Confundiendo la proclamación del Evangelio, con la imposición del evangelio.

De esta manera el bien, es decir, el evangelio, iría erradicando el mal, y por consecuencia, este mundo iría cambiando y transformándose hasta convertirse en el cielo en la tierra.

Enseñan que el bien se impondrá sobre el mal. Los malos serán destruidos, mientras los cristianos ya reinamos aquí y ahora. Luego, cuando el Padre lo haya decidido enviará a Cristo a este mundo salvado y rescatado por la labor de los ungidos y el resto de los santos. Otros creen que Cristo no será necesario que retorne físicamente porque está “corporizado” en la Iglesia.

Estos falsos maestros dominionistas, fuera de contexto citan las palabras de Pablo:

“porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Ro. 8: 21)

Escribe del siguiente modo el dominionista Daniel Cipolla, en “Una visión atrevida”; “… que el reino de los cielos baje con poder, descienda con poder a través de los hijos del reino, se arme una convulsión, una revolución y un establecimiento del reino de Dios en las naciones antes del gran día de la venida de nuestro Señor Jesucristo, es el día de la vara de almendro”

Esa manera de entender las cosas finales no es en absoluto conforme a la Biblia, sino conforme a la imaginación humana inspirada por el mismo diablo; es conforme a la mente de aquel Pedro carnal al cual Jesús llamó Satanás por un momento.

En primer lugar, la Iglesia no glorificada, no es artífice de Dios para establecer el Reino en este mundo. La Iglesia es ajena a este mundo (Col. 3: 3), así como el Reino es ajeno a este mundo (Jn. 18: 36). Este mundo está bajo el maligno (1 Jn. 5: 19) por la voluntad permisiva de Dios, hasta que la actual dispensación de la gracia haya terminado.

En segundo lugar, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido (Dn. 2: 44b). Será el Señor Jesucristo, en su venida en gloria quien lo hará:

“Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó” (Daniel 2: 34)

Esa Piedra es Jesucristo.

En tercer lugar, y en consecuencia con el segundo punto, el Reino no será paulatinamente establecido, sino que lo será de golpe y con contundencia. Veámoslo:

“…una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó (Daniel 2: 34)

y en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido…”(Daniel 2: 44)

Esos reyes son los diez mandatarios que estarán junto con la Bestia Anticristo reinando en este mundo por una hora (Ap. 17: 12), eso será durante la Gran Tribulación.

La gloria se la lleva Cristo, no la Iglesia (la cual ni siquiera ha sido todavía glorificada)

Por lo tanto, que la Iglesia sea artífice más o menos directo, co-causante del imaginario “gran avivamiento mundial”, no es algo que el Señor espera de ella. Lo que el Señor espera de la Iglesia es justamente, ni más ni menos, lo que la encomendó hacer:

“…id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”  (Mr. 16: 15; Mt. 28: 19)

Existe una insalvable diferencia entre predicar el Evangelio, y salvar a la gente. Nosotros no salvamos a nadie, sólo ayudamos a salvar.

Existe una insalvable diferencia entre hacer discípulos a todas las naciones, y discipular las naciones.

La predicación del Evangelio no es sinónimo de salvación, así como el hacer discípulos de los que creen no es sinónimo de discipular naciones que no creen, ni va a creer.

“Daniel Cipolla”

“Daniel Cipolla”

3. Las implicaciones y consecuencias de creer lo que no se ha de creer, y hacer lo que no se debe hacer

Hace algunos años, un pastor británico le decía a alguien que no veía gravedad alguna en creer algo que escatológicamente no fuera correcto, ya que al final todo vendrá a ser conforme a la voluntad de Dios. Ese razonamiento tan impropio y rebosante de ligereza, era fruto de una ignorancia manifiesta, y por qué no, de poco apego a la Palabra.

Si Dios nos ha revelado algo, ¿será que no es importante? ¿Es que Dios habla de balde?

Naturalmente que hay consecuencias por creer lo que no hay que creer al respecto de lo que hemos estado viendo.

Vamos a ver algunas de las consecuencias en este estudio, que no van a ser todas, ni muchos menos, por falta de espacio.

El creer que los cristianos estamos conquistando las naciones y estableciendo el Reino en esta tierra para que vuelva Cristo, que llegará un momento en que todo el planeta se rendirá a Cristo de una manera o de otra, y por mano de la Iglesia, no sólo es mentira, sino que esa mentira está llevando a muchos a mucho mal: engaño espiritual; triunfalismo; fanatismo; fantasía e irrealidad; idolatría (a los líderes “ungidos”); frustración; inseguridad en cuanto a la fe; rechazo de la fe; apostasía, etc…

Muchas han sido, son y van a ser en este sentido, las oraciones no contestadas levantadas con mucho fervor y pasión, pero que no pasan del techo de la sala de reunión, del congreso, o de la pieza, porque no casan con la revelación bíblica. Van a ser obras de heno y hojarasca que el fuego consumirá (1 Co. 3: 12, 13)

El creer que los cristianos ya reinamos, no sólo es mentira, sino que esa mentira está llevando a muchos a mucho mal: fanatismo; engaño espiritual (con sus obvias consecuencias); inmadurez; exigencias; carnalidad; fantasía e irrealidad; ambición y codicia; orgullo; pésimo testimonio; burla del Evangelio (por parte de los impíos), etc.

El creer que los cristianos tenemos el derecho de disfrutar de todas las bendiciones y privilegios ahora (sanidad total, posición económica, trabajo, relaciones, etc. etc.), así como que vamos a liderar todas las instituciones, las sociedades, los gobiernos, “el mundo a los pies de la Iglesia”, etc. etc. no sólo es mentira, sino que esa mentira está llevando a muchos a mucho mal: a creer más mentiras; a esperar lo inesperable;  fantasía e irrealidad; exigencias; desilusión; pérdida de la fe (cuando no ocurre lo que se espera “por fe”); ridículo ante los impíos; burla de los cristianos; pésimo testimonio; confusión; abandono; etc. etc.

Unos pocos se enriquecen a costa de muchos ingenuos, a los cuales se les enseña a que deben “pactar con Dios” para obtener esto o aquello, lo cual significa que deben dar dinero o bienes al “ministerio” de esos charlatanes engañadores. Esto es un escándalo. Muchísimos impíos nada quieren saber del Evangelio por causa de esas prácticas y abusos, y muchos cristianos se apartan también.

El creer que los cristianos estamos en este mundo para provocar y ver el “gran avivamiento mundial” no sólo es mentira, sino que esa mentira está llevando a mucho mal: un ecumenismo brutal (cuantos más seamos no importa cómo, mejor; lo importante es la “unidad” por encima de lo que creamos, y todo con la escusa del “amor”)

Argumentan que en esa unidad de todos los que se llaman cristianos, el mundo conocerá que Cristo vino, pero no es así; olvidan que no es en esa falsa unidad, sino en la perfecta unidad:

“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad…” (Juan 17: 23)

Evangelización forzada y forzosa (ganar almas como sea, con la escusa de tener “pasión” por las almas; esa expresión no la encontramos en la Biblia).

El querer “ganar el mundo para Cristo” y para eso adoptar y adaptar tantas cosas del mismo, está haciendo que el mundo esté entrando a bocajarro en las iglesias, y en las vidas de muchos creyentes.

Con la manida excusa de que no hay que juzgar a nadie (cosa que no es cierta), muchos son muy permisivos con el mal, aduciendo que el motivo es ganar a muchos para Cristo.

La cantante mejicana Yuri, la cual participa en los festivales del ecuménico Luis Palau, se presentó en el nuevo centro nocturno de West Hollywood, “The Factory”, una discoteca gay de Los Ángeles; según la intérprete, apoyar a un club de este estilo no va en contra de sus creencias, “yo no soy quién para juzgarlos. Yo voy a llevarles mi música y mi alegría” –dijo. (Agencia Órbita)

Juzguen ustedes mismos.

El “algo nuevo de Dios” (se cree que Dios está haciendo “algo nuevo”, no revelado en las Escrituras necesariamente, y hay que aceptarlo “por fe”, porque es la manera de que se produzca el “avivamiento”, ya que – dicen – es el poder del Espíritu Santo en acción. Pero veamos que dice la Escritura:

“Se levantarán falsos ungidos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mt. 24: 24)

Señales, manifestaciones, prodigios engañosos, fenómenos engañosos, etc. que compiten y aun niegan lo declarado en la Escritura: caídas y desvanecimientos, golpes con el saco (chaqueta) a los creyentes; empujones que provocan caídas, falsas invocaciones del Espíritu Santo; sacudidas y temblores incontrolados, mesmerismo e hipnosis de masas puesta en marcha por falsos hombres y mujeres de Dios, provocando las caídas en el “espíritu”. Es decir: falsedad, desorden, y la consecuente burla de muchos.

Sigo: falsos milagros (milagrería), caída de polvo de oro (falso), aceite en las manos…

Mi amigo el Dr. Antonio Bolainez me comentó que un “evangelista” se le acercó y le dijo que podría tener más éxito en su ministerio si hacía caer “polvo de oro”, que él le iba enseñar cómo se hacía. La respuesta de mi amigo a ese tunante se la pueden imaginar…

Falsas sanidades, emocionalismo y carnalidad atribuidos al Espíritu Santo, falso gozo (risa “santa”), sonidos de animales (arrastrarse por el piso como un animal, saltos y danzas estrambóticos, falso gozo), falsas lenguas del Espíritu (los demonios y los satanistas también hablan en lenguas), falsa impartición del Espíritu Santo (a personas que ni siquiera nacieron de nuevo), abuso de la imposición de manos, transferencia de espíritus inmundos (confundiéndolo con el Espíritu Santo), etc. etc. etc.

Falsas profecías y decretos proféticos; falsos diseños del “Espíritu”; derramamiento de sal (como los brujos hacen); enterramiento de Biblias (como los chamanes); ungimiento con aceite en cualquier lugar, como calles de las ciudades (usado como talismán)

¡Cualquier cosa es aceptada, porque deberá redundar en el éxito de la Iglesia a la hora de implementar el Reino en este mundo! ¿Es así?, no, ni lo uno ni lo otro.

Prácticas ajenas a la Biblia de corte metafísico, orientalista, budista y ocultista (Nueva Era): visualización, soñar para conquistar y lograr lo que se quiere; fe en la fe (Word-of-faith Movement), confesión positivista, poder de la mente y de la palabra humanas, doctrina de los pequeños cristos o dioses, etc.

Encuentros del G12 o del D12 (ya usan otros nombres pero es lo mismo), idolatría, regresiones, psicodramas, psicología ocupando el lugar de la fe escritural, falsas liberaciones, falsas maldiciones generacionales (en Cristo las maldiciones se han roto, sólo toca echar fuera demonios, en todo caso); salidas del cuerpo (proyección astral o bilocación), levitación, trances (manifestación demoníaca en realidad), etc. etc.

La lista es tan larga como penosa…

Si el “gran avivamiento mundial” o “gran reforma mundial” ha de producirse, entonces debería esperarse toda manifestación poderosa de Dios; el surgimiento de ungidos hombres; el establecimiento de un gobierno teocrático constatable y constatado; el respeto y hasta temor de los impíos hacia los cristianos; el máximo bienestar en lo natural de sus hijos (sanidad, finanzas, etc. etc.); paulatinamente, el cielo en la tierra…Curiosamente, ¡está ocurriendo todo lo contrario, como siempre fue desde el principio del cristianismo!

Además, la maldad está aumentando en este mundo a todos los niveles, como el Señor mismo dijo que iba a ocurrir (Mt. 24: 12), y esto es así porque Dios va a juzgar este mundo con toda la severidad, y espera que la maldad alcance su punto más álgido.

Escuchen bien:

¡¡NO VENDRÁ GOBIERNO TEOCRÁTICO EN ESTE MUNDO SIN  QUE ANTES VENGA JUICIO Y DERRAMAMIENTO DE LA IRA DE DIOS SOBRE EL MISMO!!

“El Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud” (Romanos 9: 28)

La misericordia y paciencia de Dios para este mundo que ha dado la espalda a Su Hijo está llegando a su fin, y empezarán los juicios hasta la consumación de Su ira santa.

Por parte de los cristianos, el ir en la dirección contraria a esta voluntad de Dios, la de efectuar Su sentencia contra este mundo, sería como hizo Pedro al aconsejar a Jesús a que no fuera a la cruz, o, a como hizo el rey Saúl de perdonar al anatema (1 S. 15), o, a como hizo Israel de no acabar con el amorreo al conquistar la tierra prometida.

¡Muchos pretendiendo “ayudar” a Dios están ayudando al diablo!

“El mundo no se doblega ante Cristo. ¡Cristo doblegará al mundo!”

“El mundo no se doblega ante Cristo. ¡Cristo doblegará al mundo!”

4. ¿Qué espera el Señor en realidad de Su Iglesia en estos últimos días?

¿Qué es lo que de veras espera Cristo de Su Iglesia en estos últimos días? Pues exactamente lo que esperó de la iglesia primera. Nada ha cambiado. Nada ha cambiado mientras la Iglesia permanece todavía en esta tierra.

Este mensaje de tantos “profetas” que se ha estado vertiendo en los últimos lustros de que la iglesia primitiva se quedó muy corta frente a la iglesia del final de los tiempos, la cual estará rebosante de poder y unción, no es más que una mentira diabólica.

El mensaje de Cristo a Su Iglesia es el mismo desde el principio hasta el final. El Señor espera de Su desposada que le ame, que desee Su venida a por ella cada día (Ti. 2: 13). Mientras tanto el Señor espera de Su Iglesia que no ponga su mira en esta tierra, porque su ciudadanía es celestial (Col. 3: 1-3), y no se le ha dado el poner un pie en ella, como a Abraham (He. 11: 8-11)

La Iglesia debe proseguir hasta aquel día, en esta tierra como extranjera y llena del poder del Espíritu Santo.

La Iglesia existe sobre la tierra para dar testimonio de Cristo al mundo, predicando el Evangelio (Mr. 16: 15; Hchs. 1 8); haciendo discípulos y bautizándolos (Mt. 28: 19); soportando la persecución cuando sea preciso (2 Ti. 3: 12), influenciando la sociedad, siendo sal y luz (Mt. 5: 13, 14), buscando mediante la oración y el buen testimonio, el cambio de los corazones de los hombres (1 Ti. 2: 1). Debe luchar espiritualmente contra las fuerzas del enemigo, bajo la dirección del Espíritu Santo (Ef. 6: 12). Debe echar fuera demonios y creer que las señales del Señor seguirán a la proclamación del Evangelio (Mr. 16: 16-18), etc. etc.

La verdadera Iglesia nunca será más que una minoría, menospreciada y rechazada como lo fue su Maestro (Mt. 7: 13, 14; 22: 14; Lc. 12: 32; Jn. 15: 20). No seamos ingenuos. No olvidemos que el mundo detesta el Reino de Dios y el Espíritu. Así como la Iglesia y el mundo son antagónicos, así el Reino de Dios y el mundo son antagónicos. Por eso el apóstol Juan nos exhorta a no amar el mundo (1 Juan 2: 15-17)

Sólo aquellos que hayan sido llamados por el Padre (Jn. 6: 65), podrán espiritualmente salir del mundo para ser parte de la Iglesia, y consecuentemente ser súbditos del Reino de los Cielos. El mundo entonces será su enemigo, pero Cristo su Señor y amigo.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
http://www.centrorey.org
Noviembre 2010

FIN

“¿QUÉ ESPERA EN REALIDAD EL SEÑOR DE SU IGLESIA EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?”

Parte primera

Este es un estudio para reflexionar en  lo que estamos creyendo, si se ajusta o no a la verdad cabal de la Escritura.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4: 6)

 Índice del estudio

  • Antecedentes
  • 1. Los dos barcos escatológicos
  • 2. El famoso Y2K (el efecto año 2000)
  •  3. ¿Qué espera realmente el Señor de Su Iglesia en estos últimos días? (sólo un atisbo)
  • 4. No es lo mismo una cosa que otra
    • ¿Todo es “por fe”…?
    • La “fe” como excusa para el egoísmo

“¿QUÉ ESPERA EN REALIDAD EL SEÑOR DE SU IGLESIA EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?”

Antecedentes

Conocí al Señor hace treinta años en mi Barcelona natal a través de un amigo de la infancia que al poco se apartó, que entienda yo, hasta la fecha.

Desde el principio experimenté un sano afán en conocer la verdad de Dios en todos sus aspectos, y eso me llevó a estudiar y aprender, no sólo lo concerniente a cuestiones de la vida y proceder cristianos, sino también en cuanto al aspecto profético de la Palabra, dándome cuenta de que la Biblia es un libro eminentemente profético.

Me apasionó la escatología, aún y cuando todavía no tenía conocimiento del término en sí. Me di cuenta de que la Biblia tiene tanto que decir acerca del principio, como del final de los tiempos… y pasaron los años.

Pasé mucho tiempo flotando en los mares de la escatología, a la vez, y sin darme cuenta, en dos diferentes e imaginarios barcos, que navegan en dos direcciones diferentes también.

1. Los dos barcos escatológicos

“Los dos barcos; una analogía a modo de metáfora marinera que nos ayudará a comprender un concepto”

“Los dos barcos; una analogía a modo de metáfora marinera que nos ayudará a comprender un concepto”

El primero de esos barcos pertenece a la armada llamada premilenarista, y navega poniendo rumbo en la dirección literal que da la Biblia.

Va a buen puerto, a recibir al Señor en las nubes. Sube a los cielos con toda la verdadera Iglesia, es testigo del paso de la Iglesia por el Tribunal de Cristo, es testigo también de las Bodas, y luego desciende con todos los santos glorificados, con el Señor como capitán, a proclamar el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado (1 Ts. 4: 13-18; 2 Co. 5: 10; Ap. 19: 7; Zac. 14: 5; Is. 61: 2, 3)

Seguidamente, a constatar que se reedifican las ruinas antiguas, se levantan los asolamientos primeros, se restauran las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones, y así empiece el Reino Milenial, etc. (Is. 61: 4)

El segundo de esos barcos pertenece a la armada posmilenarista, y navega poniendo rumbo a una exaltación triunfalista de la Iglesia en este mundo y ahora; mucho antes de que el Rey vaya a descender en gloria en él, y antes de que venga a recogerla.

Para ese tipo de escatología de tres al cuarto, la Iglesia ya reina de facto.

En ese barco, se celebran grandes fiestas triunfalistas, cargadas de emocionalismo y motivos de conquista. Hay mucha creencia para alcanzar y conquistar todos los puertos de su periplo, y muchos creen que la Iglesia que navega en él, con sus supuestos capitanes y almirantes al frente – los nuevos súper ungidos, los “nuevos apóstoles” y “apóstoles de apóstoles (y sigue)”,podrán derrotar y echar fuera de los mares y tierras de este mundo al enemigo de nuestras almas. Creen que cuando esto se haya cumplido, podrá volver el Señor Jesús. Siendo de ese modo, la venida de Jesús depende de la Iglesia.

Consecuentemente, la gloria es para esa iglesia conquistadora… pero ausente de la realidad bíblica.

Realmente, y por años me mareé bastante con tanto trajín y con tantas olas. Por un lado esperaba la venida del Señor a por su Iglesia de un momento a otro, por otro lado creía que la Iglesia tenía la encomienda del Señor de establecer el Reino en este mundo, antes de Su venida, y pensaba… ¿Cómo va a haber tiempo material para hacer toda esa tarea, si el Señor ya viene? Y ¿Cómo va la Iglesia a establecer el Reino en esta tierra sin el Rey presente?

No me salían los números. En ese momento, fui consciente de estar en dos barcos a la vez, navegando en direcciones opuestas, hasta que, definitivamente me quedé en un solo barco, el de bandera premilenarista, y en él avanzo seguro en el rumbo que marca la Biblia, sin lugar a dudas… y hasta aquí valga esta metáfora marinera.

“El llamado “poder temporal”

“El llamado “poder temporal” no es solamente el contemplado por el catolicismo romano y papal como teatral columna que sostiene su existencia, sino que es contemplado y anhelado por muchos que se llaman evangélicos, auspiciado, fomentado y alimentado por el falso movimiento apostólico, el G12, y otras hierbas venenosas”

2. El famoso Y2K (el efecto año 2000)

…Y llegaba el año 2000. Una gran mayoría esperaba el paso del terrible “efecto del año 2000”, en inglés el famoso, ya caduco y olvidado Y2K.

Ese fue el momento en el que muchos pensaban que el mundo se iba a pique por la caída de todas las computadoras. Muchos hicieron un  buen negocio con todo ello, y los falsos profetas y profetisas también, porque se les escuchó más que nunca antes.

Los profetas y profetisas de turno, sobre todo los de corte posmilenarista/dominionista, auguraban carencias, desastres y tumultos sin par.

También decían que gracias a ese evento sin precedentes, la Iglesia iba a tomar posiciones de autoridad en la tierra, y que las gentes, en desesperación iban a correr a las iglesias cristianas buscando ayuda y entregándose al Señor sin paliativos; algunos aseguraban que ese evento iba a ser el disparador del ansiado y tantas veces anunciado “Gran Avivamiento Mundial”… Todas sus falsas predicciones iban precedidas del manido “Así dice el Señor…”.

Pero llegó el uno de enero del año 2000, y nada, absolutamente nada ocurrió en el mundo, y todo lo que profetizaron esos profetas y profetisas, quedó reducido a simple y vano vapor de humo.

Muchos se acordaron de Deuteronomio 18: 22, donde la Biblia habla de los falsos profetas que hablan en el nombre del Señor, y no se cumple lo que dicen, que esa no es palabra que el Señor ha hablado.

Los deseos de muchos de ver el ansiado avivamiento quedaron truncados, aunque esto no fue del todo en vano. Gracias a lo ocurrido, y no sólo en cuanto a mi persona, sino a más hijos de Dios, fue motivo para hacerse la gran pregunta:

 “¿Qué espera realmente el Señor de Su Iglesia en estos últimos días?”

“El llamado Efecto Año 2000 fue inexistente, como inexistentes ante Dios fueron el sinfín de “profecías” que se dieron anteriormente a ese tiempo, y en relación a ello, “en el nombre del Señor”

“El llamado Efecto Año 2000 fue inexistente, como inexistentes ante Dios fueron el sinfín de “profecías” que se dieron anteriormente a ese tiempo, y en relación a ello, “en el nombre del Señor”

 3. ¿Qué espera realmente el Señor de Su Iglesia en estos últimos días? (sólo un atisbo)

“…hasta Berea…recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hchs. 17: 10, 11)

Esta pregunta ha de ser cabalmente contestada, después de escudriñar la Biblia a fondo, desechando toda influencia tanto propia  – véase deseos y entendimientos personalistas – como ajena – véase añadiduras externas, como la casi inagotable cantidad de falsas profecías, falsos “decretos proféticos”, y demás sandeces que se han emitido y vertido en papel, en audio, en video, en directo y a todo color, sobre todo, en los últimos quince o veinte años hasta la fecha.

Lo que el Señor espera de Su Iglesia – es decir, de todos aquellos salvados por Él – es clave para ir en una o en otra dirección. Por eso es tan importante el estudio de la profecía, en su proyección escatológica bíblica.

Veamos. Si uno espera que Dios ha de convertir a naciones enteras (por supuesto, la de uno), y que por tanto vamos a tener una labor indescriptible en “discipular a las naciones” (caso este que en ningún lugar encontramos en la Biblia), pues eso tiene y tendrá toda una serie de consecuencias en la vida del que así procede.

El “discipular las naciones” es algo que no encontramos en la Biblia, entonces ¿por qué se enseña eso como verdad de Dios y tantos ministros lo creen también? ¿Qué está ocurriendo?”

El “discipular las naciones” es algo que no encontramos en la Biblia, entonces ¿por qué se enseña eso como verdad de Dios y tantos ministros lo creen también? ¿Qué está ocurriendo?”

4. No es lo mismo una cosa que otra

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1: 3)

Si uno cree que todas las obras y bendiciones de Dios para Sus hijos, las cuales Dios ha dispuesto en términos de eternidad, son para aquí y ahora, entonces también eso tiene y tendrá toda una muy importante serie de consecuencias en la vida del que así cree.

Vamos a ir viendo algo de todo esto a continuación.

No es lo mismo creer que estamos ya reinando, a creer que somos siervos (Jn. 18: 36; 1 Co. 4: 8)

No es lo mismo creer que ya tenemos todas las bendiciones y privilegios, a creer que eso no es todavía (1 Co. 4: 8; 1 Jn. 3: 2)

No es lo mismo creer que conquistamos las naciones, a creer que es Cristo el que conquistará las naciones (Ap.19: 11ss)

No es lo mismo creer que los cristianos ocuparemos los medios de comunicación de este mundo, a entender que cada vez se están cerrando más las puertas (Jn. 8: 23; Ef. 2: 2)

No es lo mismo creer que los cristianos ocuparemos todas las instituciones, y manejaremos los poderes a todo nivel de este mundo, a creer y ver que cada vez a los cristianos se nos están cerrando más los accesos al respecto (Jn. 7: 7; 15: 18)

No es lo mismo creer que  las religiones falsas caerán, cuando cada vez surgen nuevas y más dispares abominaciones por todas partes (Mt. 24: 5, 11, 12)

No es lo mismo creer que los gobernantes y las naciones enteras se rinden a Cristo, que ver que ocurre todo lo contrario (Mt. 10: 25; Hchs. 24: 25; 26: 24, 28)

No es lo mismo creer que los reyes y potentados, así como los humildes, y las gentes en general en este tiempo caerán de rodillas confesando sus pecados y recibiendo a Cristo, que creer y ver que es más bien todo lo contrario (Ap. 9: 20, 21; 11: 18; 18: 3)

No es lo mismo creer que las ciudades y pueblos sucumbirán al poder del “avivamiento”, entregándose a Cristo, que ver que genéricamente ocurre todo lo opuesto (Jn. 12: 38; Ro. 10: 16; Ap. 13: 16; 9: 20; 18: 23)

No es lo mismo creer que las riquezas de este mundo pasarán a manos de los cristianos, que ver que los cristianos cada vez estamos más en todo tipo de estrechura (como siempre ha sido) (Jn. 16: 33)

No es lo mismo creer que Cristo vendrá cuando el mundo le esté esperando, a creer que el tiempo de la segunda venida de Cristo será como el tiempo de los días de Noé o de Lot (Lc. 17: 26, 28)

No es lo mismo creer que la política y el gobierno de las naciones estarán en las manos de la Iglesia, que creer que la Iglesia partirá con el Señor antes de los juicios del Altísimo (1 Ts. 4: 13-18; 1 Ts. 1: 10)

No es lo mismo creer que el mundo se rendirá a Cristo, a creer que Cristo hará que el mundo se rinda a Él (S. 2: 5 ss; Ap. 2: 27)

No es lo mismo creer que la Iglesia conquista el mundo para Cristo, a creer que es el Padre el que pone a Sus enemigos por estrado de Sus pies (S. 110: 1; 1 Co. 15: 27)

No es lo mismo creer que ya reinamos, a creer  que todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser (1 Jn. 3: 2)

No es lo mismo… ¿cierto? Entonces, deberemos de una vez y por todas escoger.

Lo primero es falsa teología posmilenarista/dominionista- triunfalista. Lo segundo es teología premilenarista y por tanto, bíblica. No hay reino sin el Rey. Cuando venga el Rey, habrá reino.

“Cash Luna disfrazado de guerrero medieval. "

“Cash Luna disfrazado de guerrero medieval. El mensaje actual y engañoso de tantos acerca del dominio y conquista de la Iglesia en este mundo, es falso porque, como poco, está sacado de contexto y tiempo, y sólo puede producir irrealidad, fantasía, falsas expectativas, falsa fe, codicia, soberbia y altivez, etc. etc. en los corazones de muchos que se lo creen”

¿Todo es “por fe”…?
¿Y ustedes creen que creer lo que no se ha de creer no tiene o tendrá consecuencias?…

¿Saben cuál es el más peligroso de los engaños del diablo? Aquel que es agradable al oído del que está dispuesto a creer cualquier cosa porque cree que “todo es por fe”.

Por un mal concepto de lo que es “por fe” se llega a creer y hacer cualquier cosa.

El diablo está encantado con las malas interpretaciones de frases bíblicas como: “Al que cree todo le es posible” (Mr. 9: 23)

Muchos creen que todo está basado en “creer”, pero olvidan que es creer conforme a lo que es de Dios, no conforme al parecer de cada cual, a pesar de la buena intención, la cual no basta.

Muchos dicen que todo “es por fe”, y así creen cualquier cosa; pero olvidan que es por fe sólo que es según la fe de Dios, no el sueño, el deseo, la interpretación al uso de cada uno, aún y sonando el asunto muy “espiritual”.

Por eso el diablo hace su agosto con ese tipo de creyentes que todo lo creen. Y, díganme, ¿Verdad que la idea de contemplar la Iglesia reinando aquí y ahora en este mundo es deseable, atractiva?  Pero ¿es digna de ser creída? y – por qué no – “por fe”?

Es deseable, pero no es de fe, porque no es bíblica. No es digna de ser creída.

¡Creamos a la verdad, no a la subjetividad!

La “fe” como excusa para el egoísmo
Genéricamente hablando, la realidad es que no hay suficiente amor por la Palabra de Dios. El motivo por el cual muchos que se dicen creyentes hacen más caso a su subjetividad que a la verdad, es porque sólo quieren encontrar en su “fe cristiana” la solución a sus problemas, necesidades y anhelos, poco más que eso.

Evidentemente, eso no es amar a Dios, sino a uno mismo, con la excusa de decir que se ama a Dios…

(Continuará)

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
http://www.centrorey.org
Noviembre 2010

FIN

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